sábado, 26 de junio de 2010

Amarás al líder sobre todas las cosas

Los que me conocen saben de sobra que a mí el fútbol me importa más bien poco. Sin embargo, me suele interesar las clasificaciones y resultados de algunas competiciones como el Mundial. Me sucede algo parecido con las Olimpiadas, durante las cuales me gusta consultar y comparar los medalleros de los distintos países participantes… Esto es porque en cualquier competición deportiva, más allá de los goles, records o derrotas de atletas, equipos y jugadores, se puede aprender mucho sobre estrategia geopolítca y diplomacia internacional. Algo parecido a lo que sucede con el festival de Eurovisión… No quiero decir que los resultados de los partidos estén amañados a favor de potencias occidentales o emergentes, que existan conspiraciones para elegir la sede del próximo mundial… no, simplemente que observando a las selecciones clasificadas uno entiende bastantes cosas sobre la idiosincrasia de sus respectivos países y hacia donde se encaminan en el futuro.

Que anoche la selección española volviera a ganar me da más bien igual. No entiendo estos brotes de patriotismo en un país al borde de la ruina, en el que además se quema la bandera por menos de nada. En cambio, he seguido con interés la trayectoria de otra selección durante este Mundial: se trata de la de Corea del Norte, que tras tres derrotas sucesivas en la primera fase de clasificación no pasará a la siguiente (como Francia o Italia, de cuyos fracasos, por cierto, me alegro). A lo que iba, Corea del Norte, una de las últimas dictaduras comunistas que sobreviven en este mundo, consiguió colarse en el Mundial tras una ronda de clasificación no menos curiosa. Durante esta fase previa tuvo que enfrentarse cuatro veces con su sempiterna enemiga, la capitalista Corea del Sur, que también consiguió su pase para el Mundial de Sudáfrica. Ninguno de estos partidos se jugó en territorio de Corea del Norte, sino que se eligió un estadio neutral en Shangai (China) para que la letra del himno de Corea del Sur no perturbase la paz de los campos del paraíso comunista, en que según dicen viven sus vecinos del norte. Los otros dos partidos se disputaron en Seúl, pero obviamente no acudieron espectadores de Corea del Norte para animar a su equipo.

Corea del Norte no participaba en un Mundial desde 1966, en Inglaterra, cuando derrotó a Italia y Chile, y consiguió acceder a octavos, siendo el primer país asiático en la historia del torneo que pasaba a la segunda fase. Durante el mundial que estamos viviendo, la polémica saltó ya en el primer partido contra Brasil, cuando se descubrió que la afición norcoreana no era tal, sino figurantes chinos contratados para dar el pego y hacer con que animaban a su supuesto país. Luego corrieron rumores que algunos jugadores del combinado norcoreano habían desaparecido del hotel de concentración, supuestamente porque habían desertado y no pensaban regresar a su país.


Pero más surrealista todavía resulta la manera de manipular los resultados y, en general, toda la información de lo medios de comunicación norcoreanos, al servicio del indiscutido líder y dictador hereditario Kim Jong-il. La derrota por 2-1 contra Brasil se convirtió en ¡una victoria por 29 goles a favor! Y los siete goles que les cascó Portugal, no fueron para tanto, porque Corea del Norte también ganó el partido. Si no os lo creéis, podéis ver este vídeo de en que se ve el encuentro retransmitido por la televisión oficial del régimen coreano.

Según sus medios de comunicación, Corea del Norte no ha perdido ni un solo partido en la primera fase; así que no sé cómo van a explicar que su equipo se tiene que volver a casa con las manos vacías. Seguramente vengan con la excusa de que ha sido todo obra de un complot de la CIA y el imperialismo estadounidense. Lo que sí parece seguro, es que a los derrotados miembros de su selección no las van a recibir con grandes festejos, pues en cambio piensan enviarlos a trabajos forzados en una mina de carbón. Por mi parte, no me siento tranquilo del todo y me queda cierto resquemor, pues quién sabe si Kimg Jong-il no toma también represalias contra Portugal por los siete goles y decide mandar una andanada de misiles nucleares, con lo que alguno podría no estar bien apuntado y explotarnos en Extremadura.


Medio en broma medio en serio, ésta es la cruda y verdadera realidad de un país que, además de haber sido derrotado en el Mundial, comparte el dudoso privilegio con Cuba de ser la última dictadura de corte comunista que sobrevive en mundo. Las anécdotas que acabo de contar respecto a la selección del régimen norcoreano no superan para nada a las que, por ejemplo, se reflejan en este documental de hace unos tres años, en que el reportero Jon Sistiaga consigue entrar como turista en el país más hermético y desconocido del mundo. Si no lo habéis visto, hacedlo porque merece la pena. Después opinamos.

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miércoles, 9 de junio de 2010

Biografía del obispo Galarza

El próximo sábado no podéis perderos la ocasión de acudir al establecimiento de venta de prensa que tengáis más cercano. Como algunos seguro que ya sabéis, el Ateneo de Cáceres está publicando una serie de biografías de personajes relevantes relacionados con la historia de la ciudad. Se pueden adquirir cada sábado por un módico precio, junto con el periódico HOY. Los anteriores fines de semana salieron a la venta las biografías de José González Zorrilla el Zahorí (por David Narganes Robas), Diego María Crehuet (por Marcelino Cardalliaguet Quirant) y Juan José Narbón (por Manuel Vaz-Romero Nieto). Esta semana le toca el turno al obispo don Pedro García de Galarza, cuya semblanza ha sido elaborada, tras un previo e intenso trabajo de investigación, por Mercedes Pulido Cordero y Cecilia Martín Pulido.

Pedro García de Galarza (1538-1604), natural de Bonilla de Huete (provincia de Cuenca), fue obispo de Coria desde 1579 hasta su muerte. Dotado de una profunda formación humanística, podría ser considerado como un prototipo del príncipe de la Iglesia en su época: ilustrado y sensible para las artes, a la vez que diestro en los asuntos de gobierno. Su episcopado se caracterizó fundamentalmente por la aplicación en la diócesis de las acuerdos y normativas emanadas del Concilio de Trento, labor en la que contó con no poca oposición, sobre todo de las órdenes religiosas. Para llevar a cabo dicha empresa convocó sendos sínodos: el de 1594, en Cáceres, y el de 1596, en Coria, cuyas disposiciones regirían durante varios siglos la vida eclesiástica de la diócesis cauriense.

Galarza fue amigo personal y consejero de Felipe II, a quien ayudó en diversas misiones diplomáticas, sobre todo en relación con la reciente incorporación a la Corona del reino de Portugal. De hecho, el rey estuvo alojado en casa del obispo en 1583, cuando regresaba tras ser coronado en el país vecino. El obispo Galarza fue también el promotor de las obras de reforma y ampliación del palacio episcopal cacereño, en cuya fachada queda constancia de su impronta en el escudo heráldico y la inscripción del dintel: DON GARCIA DE GALARÇA OBISPO DE CORIA 1587.


Sin duda alguna, su iniciativa más importante fue la de construir un seminario en la villa de Cáceres, de acuerdo con las disposiciones del Concilio de Trento. El cabildo catedralicio de Coria se opuso firmemente al proyecto del obispo, pues pretendían que el seminario se fundase en aquella ciudad, por ser la cabecera de la diócesis. En cambio en Cáceres, el concejo apoyó con enorme entusiasmo la empresa del obispo, pues veían en ella una fuente de grandes beneficios. Cedieron unos terrenos y finalmente quedó instituido el colegio seminario de San Pedro, popularmente conocido como el de Galarza, «en el ejido de la villa que llaman de las Parras».

Porque fue un obispo que favoreció sobre todo a la villa de Cáceres, al igual que otros prelados posteriores y como mucho después también sucedería con don Manuel Llopis Ivorra (1950-1970), los caurienses no le tuvieron en mucha estima. Sin embargo, Pedro de Galarza pidió ser enterrado en la catedral de Coria, en un magnífico mausoleo renacentista donde la estatua de alabastro del obispo se encuentra en actitud orante. La venganza, no obstante, es un plato que se sirve frío, porque años después dicho mausoleo quedó parcialmente escondido con la construcción del retablo mayor.


Sobre el obispo Galarza se podrían contar multitud de anécdotas e incluso alguna leyenda, pero prefiero que primero adquiráis y leáis su biografía --ya os digo, muy baratita, el sábado con el periódico HOY--, porque os aseguro que va a ser de lo más interesante; y en otro momento tendremos ocasión de volver sobre la figura de tan insigne personaje.

Blasón del obispo Galarza en la fachada del Palacio Episcopal (Cáceres): De sinople, una banda de plata cargada con la leyenda AVE MARÍA, resaltada de una garza de plata, sobre ondas de plata y azur. Timbrado con un capelo episcopal, y bajo él una filacteria con el grito EX ALTO (de alto), se flanquea con borlas.

viernes, 4 de junio de 2010

El robo del cáliz de oro

Os propongo un acertijo, a ver quién es el primero en dar con la solución:

Corría el año 1978 y el famoso ladrón de obras de arte René Alphonse van den Berghe, más conocido como Erik el Belga, perpetró un robo cuya autoría nunca pudo ser probada por la policía. Como de costumbre y también en esta ocasión, su objetivo era una iglesia parroquial de un pequeño y casi deshabitado pueblo de la provincia de Palencia. De allí sustrajo un magnífico cáliz de oro, incrustado de piedras preciosas. Para poder sacar la pieza robada de España --recordemos que por entonces todavía existían controles de aduana en las fronteras--, decidió fingir que el copón era una simple bagatela dorada, un souvenir que había comprado en una tienda de recuerdos; así, se hizo fabricar siete cálices iguales cuyo aspecto era idéntico al verdadero, pero no se trataba más que de perfectas reproducciones de latón dorado, decoradas con cristales de colores. Mediante esta artimaña, Erik el Belga esperaba pasar el cáliz verdadero y sus réplicas a través de la frontera como si todas ellas fuesen piezas seriadas de artesanía de escaso valor. Las réplicas eran muy buenas: de hecho, eran demasiado buenas, y eso supuso un problema, cuando tras pasar la noche en un hotel de carretera, Erik el Belga se despertó y no fue capaz de distinguir el cáliz verdadero de los falsos.

Las extensas y deshabitadas llanuras de Tierra de Campos, escenario de muchos robos de obras de arte sacro en sus iglesias, monasterios y ermitas.

El ladrón de antigüedades no podía perder tiempo, pues temía que en un rutinario control de carretera le pudiesen requisar las piezas y, aunque él no veía dificultad para escapar del cerco de la policía, todo su esfuerzo habría sido vano al perder el codiciado producto de uno de sus mejores golpes. El único dato que le podía servir para distinguir el cáliz verdadero era que éste pesaba apenas un poco más que las reproducciones. Bajó entonces a la cocina del hotel y, evitando que nadie le viera, se hizo con una balanza de dos platillos, pesando los cálices, de dos en dos, hasta encontrar el verdadero. Pero como el tiempo corría en su contra y no quería despertar sospechas, porque alguien le pudiese sorprender pesando los cálices, trató entonces de encontrar la manera de distinguir el cáliz de oro en pocas pesadas.

¿Cuántas creéis que serían el mínimo de pesadas necesarias?

* Basado en un acertijo del libro de Daniel Samoilovich: 43 crímenes para resolver. Barcelona: RBA, 2008; págs. 21-23.

Suzume-no-kumo

Durante este curso que acaba de terminar, tras la sugerencia de algunos miembros del Club de Lectura, nos propusimos leer una novela histórica ambientada en una época y lugar alejados de los que tradicionalmente solemos tratar, que generalmente abarcan la Historia de Europa o de nuestro propio país, y quizá en alguna ocasión el ámbito islámico. La obra elegida en esta ocasión fue El honor del samurái, del escritor japonés, aunque nacido en Estados Unidos, Takashi Matsuoka. Contando con la ventaja de esta doble ascendencia cultural, el autor nos invita a adentrarnos en los tumultuosos momentos previos a la Revolución Meiji (1868), que marcarán el final de la sociedad de los samuráis, con la posibilidad de analizar estos acontecimientos tanto desde el punto de vista occidental (de unos misioneros norteamericanos) como el oriental (del protagonista de la novela: un señor feudal japonés).

Se trata de una lectura muy recomendable, sobre todo para las fechas veraniegas que se avecinan. Además de trasladarnos a unos escenarios exóticos, magistralmente descritos, la novela nos permite conocer, y comprender mucho mejor, los entresijos de la mentalidad japonesa (tan distinta, y distante, a la nuestra), así como formarnos una idea de cómo se configuró a lo largo de la historia la sociedad feudal japonesa, con el emperador relegado por el poder militar del shōgun, cada uno de los daimyō y sus leales samuráis, la elegante seducción de las geishas, etc. El realismo con que son descritas las escenas y costumbres llega al punto de resultar cruel, sobre todo cuando se trata de batallas o combates cuerpo a cuerpo, donde la sangre derramada y las amputaciones no parecen conocer límites… algo muy propio de la cultura japonesa.


Ahora que esta novela me ha servido para introducirme en el conocimiento y el estudio, verdaderamente apasionante, del mundo nipón, me gustaría detenerme a explicar algunos aspectos de su historia, su mentalidad o su sociedad; tarea que seguramente reserve para futuras entradas. Sin embargo, quisiera compartir las citas que encabezan cada uno de los capítulos de la novela, unas máximas y leyendas al estilo del Tao Te King, que nos inivtan a saborear los tan sutiles y a la vez contundentes principios de la filosofía japonesa. Recogidas en un imaginario tratado que lleva por título Suzume-no-kumo («Bandada de gorriones»), son las que siguen:


Cuando cruces un río desconocido, lejos de tu dominio, observa las turbulencias de la superficie y la pureza de las aguas. Presta atención al comportamiento de los caballos. Cuídate de las emboscadas.

Cuando vayas a cruzar un vado que conoces cerca de tu casa, escudriña las sombras de la otra orilla y el movimiento de las hierbas altas. Escucha la respiración de tus compañeros más cercanos. Cuídate del asesino solitario.

* * *

Hay quienes dicen que entre los bárbaros no hay diferencias, que todos son la misma abominación carroñera. Esto es falso. Los portugueses cambiarán armas por mujeres. Los holandeses piden oro. Los ingleses quieren tratados.

Así pues, debéis saber que es fácil entender a los portugueses y a los holandeses, y que los ingleses son los más peligrosos. Por lo tanto, estudiad con atención a los ingleses y olvidaos de los otros.

* * *

La niebla envuelve el bosque frente a nosotros y el mar a nuestras espaldas. Al mismo tiempo, el lejano pico del Monte Tosa se ve tan claramente como un el cielo de primavera. Delante los francotiradores se ocultan entre los árboles y las sombras.

Detrás, los asesinos se sumergen y se acercan, aferrados a maderos que arrastra la deriva.

¿De que sirve la claridad en la lejanía?

* * *

Te asaltan las dudas. Reina la confusión. No distingues entre el ayer y el mañana. Escucha a tu corazón y déjate guiar por él: retumba como un tambor. Ruge, como los rápidos en el invierno. Al cabo no podrás distinguir entre el sonido y el silencio.

Escucha.

Escucha.

Escucha.

Sangre, no agua.

Tu sangre.

* * *

El conocimiento puede ser un freno. La ignorancia puede liberar. Saber cuando saber y cuándo no saber es tan importante como un acero bien templado.

* * *

Ese año, el señor Shayo se congeló en el mar helado de invierno; una rama cargada de capullos primaverales mató a su sucesor, el señor Ryoto; el siguiente heredero, el señor Moritake, fue inmolado por un rayo de verano. Así fue como Koseki se convirtió en el señor del dominio.

―No hay nada que yo pueda hacer con respecto al clima ―dijo.

Durante las primeras lluvias de otoño, ejecutó a todos los miembros de la guardia de corps, envió a todas sus concubinas a un convento, expulsó a los cocineros, se casó con la hija del jefe de las caballerizas y declaró la guerra al sogún.

El señor Koseki gobernó durante 38 años.

* * *

No todas las batallas se ganan avanzando. No todas las retiradas son derrotas. Avanzar es una estrategia. Retirarse es también una estrategia.


Una retirada debe realizarse en orden. No siempre debe parecer ordenada. Las apariencias en la retirada también son una estrategia.

* * *

Algunos creen que la victoria surge de una estrategia superior.

Otros confían en el coraje.

Otros depositan sus esperanzas en el favor de sus dioses.

Después están los que ponen su fe en espías, asesinos, seducciones, traiciones, corrupción, avaricia, miedo.

Todos éstos son caminos engañosos por una sencilla razón. Piensas en la victoria, y pierdes lo real mientras te aferras a lo falso.

¿Qué es lo real? Cuando el acero de tu enemigo te acuchille ferozmente y tu vida penda de un hilo, lo sabrás.

De lo contrario, habrás vivido la vida en vano.

* * *

El primer chambelán dijo:

―Últimamente ha habido discusiones acerca de si la virtud es innata o adquirida. ¿Cuál es tu opinión, señoría?

El señor Takanori dijo:

―Que es absurdo.

El chambelán dijo:

―Si la virtud es innata, el entrenamiento no nos sirve de nada. Si es adquirida, un marginado puede convertirse en el igual de un samurái.


El señor Takanori dijo:

―La mierda virtuosa. La mierda no virtuosa.

El chambelán se inclino respetuosamente y se retiró.

El señor Takanori volvió a dedicar toda su atención a la escena que tenía ante sí y siguió pintando
Paisaje de árboles ensombreciendo el baño de la dama Shinku.

* * *

La catana ha sido el arma del samurái desde tiempos inmemoriales. Pensad en su significado más profundo.

Sólo uno de los bordes de la hoja está afilado. ¿Por qué? Porque si apoyamos el borde romo en nuestra carne, la catana se convierte en un escudo. Con una espada de doble filo no es posible hacerlo. Un día, en pleno combate, puede que uno acabe debiéndole la vida al borde romo antes que al afilado. Que este contraste os recuerde que el ataque y la defensa no son sino uno.

Nuestra hoja es curva, no recta. ¿Por qué? Porque en una carga de caballería una hoja curva es mas eficiente que una recta. Que esta forma curvilínea os recuerde que un samurái es, ante todo, un guerrero que combate a caballo. Aun estando de pie, comportaos como si montaseis un furioso caballo de combate.

Haced que estas dos verdades formen parte de vuestro ser. Así, vuestra vida merecerá ser vivida y vuestra muerte será ciertamente honorable.

* * *

Desde el punto de vista estratégico, debo lamentar desde luego nuestra derrota en esta batalla. Nunca hay que aceptar la derrota con ligereza. Sin embargo, no puedo por menos de sentir que desde el punto de vista estético no podría haberse producido un resultado más exquisitamente hermoso.

El blanco de la nieve que cae suavemente. El rojo de la sangre derramándose. ¿Hubo alguna vez un blanco más blanco o un rojo más rojo, nieve más fría o sangre más caliente?

* * *

¿Puedes ser como el ciego frente al cuadro, el sordo en un concierto, el muerto en un banquete?

Si no puedes, entonces deshazte de tu catana y tu
wakizashi, tu arco de dos metros, tus flechas con plumas de halcón, tu caballo de combate, tu armadura y tu nombre. Careces de la disciplina necesaria para ser un samurái. Hazte granjero, cura o comerciante.

Evita también a las mujeres hermosas. Son demasiado peligrosas para ti.

* * *

Los sabios dicen que la felicidad y la pena son una misma cosa. ¿Será por que cuando hallamos la primera también encontramos la segunda?

* * *

Cuando vayas a atacar, espera el momento apropiado.

Mientras esperas, mantente como un guijarro al borde de un precipicio de tres mil metros de altura.

Cuando se revele el momento apropiado, desaparece en el ataque como un guijarro que cae al vacío.

* * *

Las palabras pueden herir. El silencio puede curar. Saber cuándo hablar y cuándo no hablar constituye la sabiduría de los sabios.

El conocimiento puede frenar. La ignorancia puede liberar. Saber cuándo saber y cuándo no saber es la sabiduría de los profetas.

Sin el freno de las palabras, el silencio, el conocimiento o la ignorancia, una hoja afilada corta limpiamente. Ésta es la sabiduría de los guerreros.

* * *

En su lecho de muerte, el señor Yakuo recibió la visita del padre Vierra. El padre Vierra le preguntó de qué se arrepentía más en su vida.

El señor Yakuo sonrió.

Perseverante, como suelen ser los sacerdotes cristianos en estos asuntos, el padre Vierra le preguntó si se arrepentía de algo que había hecho o de algo que no había hecho.

El señor Yakuo dijo que el arrepentimiento era un elixir para los poetas. Él había vivido como un guerrero iletrado y tosco, y moriría como tal.

El padre Vierra, al ver la sonrisa en los labios del señor Yakuo, le preguntó si se arrepentía de haber sido guerrero en lugar de poeta.

El señor Yakuo siguió sonriendo, pero no respondió.

Mientras el padre Vierra hacía preguntas, el señor Yakuo entró en la Tierra Pura.

* * *

Dioses y Budas, antepasados y fantasmas, demonios y ángeles, ninguno de ellos puede vivir tu vida o morir tu muerte. Tampoco la capacidad de ver el futuro o de leer el pensamiento de los demás te mostrarán tu verdadero camino.

Esto es lo que he aprendido.

El resto deberás descubrirlo tú.

* * *

Ésta es tu catana.

Para hacerla, el acero fue lanzado al fuego, fue doblado y golpeado una y otra vez hasta que veinte mil capas de metal purificado se convirtieron en una. De cada lingote que lamieron las llamas, sólo una sexta parte sobrevivió para volverse hoja y espiga.

Reflexiona acerca de esto con atención. Capta claramente la diferencia entre definición y metáfora, y las limitaciones de cada una. Solo entonces estarás capacitado para desenvainar esta arma y emplearla en asuntos de vida o muerte.

miércoles, 2 de junio de 2010

«El pueblo de Cáceres»

Hace dos años, tal día como hoy, con motivo del bicentenario de la Guerra de la Independencia, decidí escribir una entrada en la que resumía cómo se habían sucedido los acontecimientos en la villa de Cáceres con posterioridad al levantamiento popular contra los franceses en Madrid, el 2 de mayo de 1808. En su momento, comentaba que el 2 de junio apareció un pasquín clavado en la puerta de la Audiencia, en el que se animaba a la insurrección frente a los franceses y se pedía a las autoridades que declarasen la guerra. Según varios autores, a las que seguía en mi argumento, éste panfleto supuso el revulsivo que motivó a las autoridades municipales a posicionarse en contra del ejército invasor, siguiendo el ejemplo del alcalde de Móstoles. Sin embargo, siempre pensé que tal episodio no era del todo verídico, que se trataba de una manera así como literaria de adornar los acontecimientos históricos, y que, por tanto, dicho pasquín no se había escrito o, por lo menos, ni siquiera se conservaba. Pero mira por donde que andaba equivocado: el panfleto que en su día un portero de la Audiencia encontró en su puerta, firmado por el pueblo de Cáceres, en alegato contra los ejércitos de Napoleón, existe como tal documento y se conserva entre los papeles de un legajo en el Archivo Histórico Municipal. Aquí tenéis su transcripción:


Combiene para la defensa de esta monarquía que los señores jueces que componen este superior tribunal, como el corregidor, manden inmediatamente que se haga el alistamiento de todos los hombres de hedad de diez y seis años hasta cuarenta inclusive, tanto de Cáceres como de su partido, y les provean de armas, para estar defensos de cualquier novedad que según el estado de las cosas puede y aún está próxima a suceder.

Asimismo combiene que en medio de la plaza se fixe bandera encarnada con letrero a un lado que diga «Cáceres», y al otro lado un víctor con caracteres que digan «Viva Fernando Séptimo». Así lo han hecho otras provincias como tan celosas de la patria, religión y cristiandad, y no sería vien visto que una provincia como la Extremadura, tan heroica y valerosa, se levantase la última, cuando ya no puede adquirir ningún mérito.

Así combiene y así lo pide este pueblo, so pena que no verificándose esto, se tomara el gobierno por su cuenta y recaerá sobre ellos y cualquiera otra persona que vaya sobre o contra lo aquí contenido las penas o castigo de «si las varvas de tu vecino ves pelar…»

Pueblo de Cáceres.

Archivo Histórico Municipal de Cáceres. Guerra de la Independencia. 1808. Primer Expediente General de la Junta de Gobierno.

- F. Jiménez Berrocal, Mª J. Teixidó, J. C. Martín Borreguero: La Guerra de la Independencia en Cáceres. Badajoz: Caja de Extremadura, 2008; pág. 160.