sábado, 31 de octubre de 2009

Cine de terror en Cáceres

Dejando aparte la polémica y sin entrar a discutir si se trata de un ejemplo más de la aculturación yankee, cada año que pasa nos consta que la fiesta pagana de Halloween encuentra más arraigo en nuestra sociedad. Aunque no comparto el ideal consumista que acompaña a ésta y otras tantas (la Navidad, por ejemplo), no me parece mal celebrar cuantas más mejor. Ojalá todas las semanas tuviéramos una fiesta con la que distraernos y olvidar las penalidades que nos afligen… Sería de necios negarse a disfrutar de un día festivo por la banal circunstancia de no compartir los principios o el origen de la celebración.

Esta noche conmemoramos uno de nuestros instintos más primarios: el miedo a la muerte. Por eso toda la celebración gira en torno a la sutil aduana que separa el mundo de los vivos del de los muertos (ya sea en la versión pagana o cristiana): siempre unos y otros van y vienen, unos disfrazados y otros de verdad.

Desde que Dante escribiera La Divina Comedia, las difíciles relaciones entre vivos y muertos ha sido objeto primero de la literatura y del cine después, dando origen al muy apreciado género de terror. Por esto, hoy quisiera compartir esta versión local de las películas de serie B… Luego dicen que en mi tierra no hay talento, cuando lo que sucede es que nos sobra para exportarlo. Os recomiendo unas palomitas para disfrutar del mejor cine y espero que… no paséis mucho miedo.

domingo, 4 de octubre de 2009

La botica de la abuela

Hablando de drogas. Resulta bastante curioso, y hasta divertido, comprobar cómo determinadas sustancias que en el pasado fueron consideradas remedios medicinales, hoy son peligrosos estupefacientes que, por tanto, no se pueden encontrar en ninguna farmacia legal. En cierto modo, esto me hace pensar que el límite que separa a los farmacéuticos y a los camellos no es más que una delgada línea roja. Como ejemplo de lo que digo, estos productos rescatados del botiquín de alguna de nuestras abuelas… «Mano de santo», que dirían ellas.



Las gotas de cocaína para el dolor de dientes (1885) eran populares para los niños. No solo acababan con el dolor, sino que también mejoraban el humor de los pacientes.



Un frasco de heroína Bayer. Entre 1890 y 1910 la heroína era divulgada como un substituto no adictivo de la morfina y un remedio contra la tos para niños.



El vino de coca Metcalf era uno de la gran cantidad de vinos que contenían coca disponibles en el mercado. Todos afirmaban que tenían efectos medicinales, pero indudablemente eran consumidos también por su valor recreativo.



El vino Mariani (1865) era el principal vino de coca de su tiempo. El papa León XIII llevaba siempre un frasco del mismo y premió a su creador, Ángelo Mariani, con una medalla de oro.



Este vino de coca fue fabricado por Maltine Manufacturing Company de Nueva York. La dosis recomendada señalaba: «Una copa llena junto con, o inmediatamente después, de las refecciones. Niños en proporción».



Estas tabletas de cocaína eran «indispensables para los cantantes, maestros y oradores». También calmaban el dolor de garganta y tenían un efecto reanimador para que estos profesionales rindieran el máximo de su performance.



Un peso de papel promocional de C.F. Boehringer & Soehne (Mannheim, Alemania), «los mayores fabricantes del mundo de quinina y cocaína».



Antiguamente para aquietar a los bebés recién nacidos no era necesario un gran esfuerzo de los padres, pero sí el opio. Este frasco de paregórico (sedativo) de Stickney & Poor era una mezcla de opio y alcohol, que era distribuida del mismo modo que otros condimentos por los cuales la empresa era conocida. «Dosis para niños de cinco días, 3 gotas. Dos semanas, 8 gotas. Cinco años, 25 gotas. Adultos, una cucharada llena». El producto era muy potente y contenía un 46% de alcohol.



Propaganda de heroína Martin H. Smith Company, de Nueva York. La heroína era ampliamente usada no sólo como analgésico, sino también como remedio contra el asma, tos y neumonía. Mezclar heroína con glicerina (y comúnmente azúcar y edulcorantes) volvía al opiáceo amargo más agradable para su ingestión oral.



Este Vapor-OL Treatment nº 6 estaba indicado «para el asma y otras afecciones espasmódicas». El líquido volátil era colocado en una olla y calentado con una lámpara de queroseno. Igualmente contenía opio y alcohol en elevada proporción.

La historia de los hippies

Mi amigo Ángel me recomendó hace unos días que viera este documental del Canal Historia. Aunque es un poco largo, me pareció bastante ilustrativo y muy bien documentado (una excepción respecto a otros que suelen echar por la tele). Resulta curioso comprobar que, en muchas ocasiones a lo largo de la Historia, detrás del surgimiento de determinados movimientos culturales --o contraculturales, como es el caso-- se encuentra algo tan prosaico como el consumo de sustancias estimulantes, alucinógenas o drogas en general.

Me explico. Según leía hace poco en La historia de mundo en seis tragos (Tom Standage, 2006), un ensayo sobre la historia de la bebida que recomiendo por igual a abstemios y bebedores, el consumo de café en Europa desde el siglo XVII tuvo mucho que ver la extensión del racionalismo en la filosofía y la adopción del nuevo método científico. Como sabemos, el café es una bebida que despeja la mente y agudiza la inteligencia, sin efectos secundarios adversos como el alcohol; y casi todos, por no decir todos, los filósofos, científicos, poetas, políticos… de la época eran grandes bebedores de café. Además, los cafés como establecimientos públicos para el consumo de esta bebida pronto se convirtieron en lugares privilegiados de encuentro para la intelectualidad europea: en ellos se informaba de los últimos inventos de la industria, se intercambiaba información y se cerraban tratos comerciales, se podía a asistir a interminables tertulias literarias o filosóficas, o acaso planear conjuras políticas y revueltas sociales… Al fin y al cabo, los cafés cumplían una función parecida a Internet en nuestros días. El caso es que, ante tales circunstancias, la cafeína estuvo detrás del surgimiento de la Ilustración, la revolución industrial y las revoluciones burguesas del siglo XIX.

Se me vienen a la memoria otros casos no menos conocidos. El consumo de absenta era habitual entre los pintores impresionistas y quizá fuera la causa de su modo de ver borroso. El comercio del opio impulsó a los británicos a declararle la guerra a China para que abriera su mercado a las potencias occidentales, y ésta fue la principal causa de la decadencia y desmoronamiento de un imperio milenario. El opio y el (otro estimulante) fueron los pilares fundamentales del colonialismo en Oriente… Y cuando los colonos norteamericanos se negaron a pagar los impuestos de importación de éste último, se soltó la espoleta que dio lugar al estallido de la revolución.

Hoy en día cada movimiento juvenil se asocia con el consumo de alguna droga (no hace falta que especifique ninguna). Y el control de las plantaciones de amapolas y de coca es la causa de conflictos armados en Afganistán y Sudamérica respectivamente. En la década los 60 el consumo de una nueva droga, la dietilamida de ácido lisérgico (o LSD), trajo de la mano el surgimiento de un movimiento, cuya principal seña de identidad sería su reacción ante los valores de la sociedad tradicional. Más allá de la imagen de guarros y colocados, de lo mal que acabaron la mayoría de ellos, los hippies impusieron una nueva visión en muchos aspectos de la vida, que actualmente tenemos completamente asumida: en la música, el vestir, en conceptos como el ecologismo, el pacifismo… y, por supuesto, el consumo desaforado de drogas.


Videos tu.tv

sábado, 3 de octubre de 2009

El Plan E


Hará cosa de tres meses, una mañana me asomé al balcón y, por sorpresa, encontré un desacostumbrado trasiego de martillos neumáticos, radiales, carretillas, hormigoneras y gritos de capataz: las obras del Plan E también habían llegado a mi calle, justo debajo de mi casa. Desde entonces, de lunes a viernes, no me ha hecho falta poner el despertador, porque puntualmente a las siete empezaba la jornada para los agraciados del Plan E. (Digo lo de agraciados por los sufridos albañiles sacados de las ignominiosas colas del paro e, irónicamente, por mí, que me he visto obligado a madrugar durante todo el verano).

Poco a poco (muy poco a poco) las obras han ido tomando forma y, aunque todavía queda para que algún día se den por concluidas e inaugurado el monumento, lo que en un principio nadie sabía lo que era y todo el mundo se atrevía a pronosticar: una plaza de toros, un pipi-can gigante, los jardines colgantes de Babilonia… una paellera de hormigón para las fiestas del barrio…, finalmente ha resultado ser una fuente. Sí, una fuente con cascadas y todo que nadie había pedido, pero que tendremos que agradecer a quien corresponda. Una fuente que competirá en sofisticación y diseño con la mismísima fuente luminosa… o con la Cibeles, ya dados a ser presuntuosos ¡Qué más da, si es mía! ¡Está debajo de mi ventana! Una fuente que será lugar privilegiado para celebrar el botellón que un día nos prohibieron…