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viernes, 23 de marzo de 2012

Taller: «El concepto de 'Revolución' a través de la Historia: ejemplos en la Literatura y el Arte»


Edificio Embarcadero (Aldea Moret, Cáceres)

9, 13, 17 y 20 de abril de 2012


La intención de este taller es analizar el concepto de revolución política y su evolución desde la Antigüedad Clásica hasta nuestros días, sirviéndonos de su plasmación e influencia en las creaciones artísticas y literarias; además, trataremos de comprender hasta qué punto éstas también motivaron o acabaron convirtiéndose en iconos de algunos movimientos revolucionarios.


Organiza: Lemon y Coco

Lugar de celebración: Edificio Embarcadero. Aldea Moret, Cáceres. Líneas de autobús: L-1 y L-8.

Fechas: 9 (lunes), 13 (viernes), 17 (martes) y 20 (viernes) de abril de 2012.

Horario: de 18:00 a 20:00 horas.

Cuota de inscripción: 12 euros.                     Ficha de inscripción



- PROGRAMA -

BLOQUE I: DEFINICIÓN Y ANÁLISIS DEL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN POLÍTICA
1. El concepto de Revolución
    1.1. Definición y campo semántico
    1.2. ¿Revolución, rebelión o revuelta?
    1.3. Clasificación y ámbito
2. ¿Por qué y cómo se inician las revoluciones?: Causas y mecanismos del cambio histórico
    2.1. ¿Cómo funciona el mundo?
          2.1.1. Breve introducción a la Teoría General de Sistemas
          2.1.2. Concepto de Crisis y sus fases: incertidumbre, miedo, alternativas, oportunidades, ruina y/o soluciones
          2.1.3. ¿Y después de la crisis, qué?: Revolución, Reacción o Reforma.
    2.2. ¿Juega Dios a los dados?: Azar y determinismo en la Historia.
          2.2.1. ¿Existe un motor de la Historia? ¿Cuál es?
          2.2.2. ¿Quién mueve los hilos?: La conspiración como motor del cambio histórico
                   2.2.2.1. Falsas banderas: el enemigo está en casa
                   2.2.2.2. Rápido y breve resumen de la Historia del siglo XX
          2.2.3. ¿Historiadores o profetas? ¿Puede el conocimiento del pasado ayudarnos a prever el futuro?
3. Momentos y fases de la revolución
4. Salidas de la revolución: autoritarismo vs. liberalismo, comunitarismo vs. individualismo


BLOQUE II: REVOLUCIONES Y REVOLUCIONARIOS A LO LARGO DE LA HISTORIA: SU PLASMACIÓN EN EL PENSAMIENTO, LA LITERATURA Y EL ARTE (PINTURA, ESCULTURA, MÚSICA Y CINE)
1. La primera revolución documentada de la Historia (c. 2.200 a.C.)
2. «Bienaventurados los mansos…»: Revoltosos y conformistas en la Biblia
3. Las cadenas de Prometeo: Triunfo y fracaso de algunas rebeliones en los mitos griegos
4. Argumentos a favor y en contra de la Revolución en la Filosofía Clásica: Sócrates, Platón, Aristóteles, Polibio, Cicerón, Séneca, etc.
5. ¿Traidores o héroes?: Los rebeldes en la Historia de Roma (Remo, Junio Bruto, Viriato, Sertorio, Espartaco, Julio César, Catulo, Bruto, Marco Antonio y Cleopatra, Boudica, la revuelta de los judíos, los mártires cristianos, etc.)
6. Tiranicidio y Asambleas: La influencia de los pueblos germánicos en el pensamiento político (ss. V-VIII)
7. Un largo período de oscuridad revolucionaria: La Edad Media (ss. VIII-XV)
    7.1. Bandidos, traidores, estudiantes y herejes
    7.2. El difícil equilibrio del Cid Campeador: ¿vasallaje o insubordinación?
    7.3. El Arcipreste de Hita y su Libro de Buen Amor (1330-1343)
8. ¿Reformistas o revolucionarios?: La Reforma Protestante y las Guerras de Religión (ss. XVI-XVIII)
9. El Siglo de Oro español: «Viva el rey y muera el mal gobierno»
    9.1. La picaresca y el germen de la contestación social
    9.2. El caballero andante y el modelo de líder revolucionario: de Amadís de Gaula a Don Quijote
    9.3. El derecho de resistencia en Fuenteovejuna (Lope de Vega) y El alcalde de Zalamea (Calderón de la Barca)
    9.4. Francisco de Quevedo: ¿subversivo o reaccionario?
10. Shakespeare: ¿antisistema o romántico?
11. Del Siglo de las Luces al de las Revoluciones (ss. XVIII-XIX)
    11.1. El bueno (Rousseau), el feo (Kant) y el malo (Voltaire)
    11.2. La primera revolución contemporánea y el nacimiento de una nación
    11.3. Libertad, Igualdad y ¿Fraternidad?: el proceso revolucionario francés
          11.3.1. La Marsellesa, el himno de la Revolución
          11.3.1. David, el pintor de la Revolución Francesa
    11.4. Goya, testigo del fracaso revolucionario en España
    11.5. El Romanticismo militante: la Literatura y el Arte al servicio de la Revolución (Lord Byron, Víctor Hugo, A. Dumas, E. Delacroix, Beethoven, Wagner, Espronceda, etc.)
    11.6. Los comienzos del Movimiento Obrero: Realismo y denuncia social
12. El siglo más espantoso de todos (s. XX)
    12.1. La Primera Guerra Mundial y los orígenes del antibelicismo (E. M. Remarque)
    12.2. La Revolución Soviética y el cine (Eisenstein)
    12.3. La Gran Depresión: Steinbeck y la cruda realidad
    12.4. Guerra y revolución en España (1936-1939)
          12.4.1. Poetas al servicio de una causa
          12.4.2. El cartel como medio de propaganda
          12.4.3. ¿Cómo influyó el cine en la guerra y la guerra en el cine?
          12.4.4. El altavoz del frente: canciones revolucionarias
    12. 5. Orwell y la Revolución
    12.6. El fotoperiodismo y la memoria visual de las revoluciones contemporáneas
    12.7. «Sed realistas, pedid lo imposible». Pintadas, eslóganes y carteles en Mayo del 68
    12.8. De la copla a la canción protesta
          12.8.1. «Suspiros de España»
          12.8.2. Sudamérica: la música como arma revolucionaria
    12.9. Regreso a los orígenes: el graffiti como medio de expresión revolucionaria (Bansky)
    12.10. Superhéroes, villanos y revolucionarios en el Cómic: Tintín (Hergé), Mafalda (Quino), V de Vendetta (Alan Moore), etc.
13. Revoluciones de colores, primaveras en el desierto, indignados y #WorldRevolution: La Posmodernidad y la Revolución en curso.

BLOQUE III: ¿CÓMO EMPEZAR UNA REVOLUCIÓN?
1. La Literatura y el Arte: ¿inspiración o reflejo de los movimientos revolucionarios?
2. ¿Qué libros leer y qué películas ver antes de la última revolución?
    2.1. Noam Chomsky
    2.2. Michael Moore
    2.3. José Saramago
    2.4. José Luis Sampedro
    2.5. Carlos Taibo
    2.6. Leonardo Boff
    2.7. Hannah Arendt: Sobre la revolución (1963)
    2.8. Ayn Rand
    2.9. Stéphane Hessel: ¡Indignaos! (2010) y ¡Comprometeos! (2011)
    2.10. Edgar Morin: La Vía: para el futuro de la Humanidad (2011)
    2.11. Gene Sharp: La política de la acción no violenta (1973) y De la dictadura a la democracia (1993)
    2.12. Peter Joseph: Zeitgeist (2007-2011)
3. DOCUMENTAL: ¿Cómo empezar una revolución? (2011)

Mas información en Twitter y Facebook

miércoles, 14 de enero de 2009

El Capitán Trueno y el misterio de Thule

Si la pasión por las aventuras de Tintín me viene por parte de mi padre, como he comentado en el post anterior; de mi madre heredé su gran afición por los tebeos del Capitán Trueno. Según me cuenta, de pequeña tenía cajas repletas con sus historietas, pero tras alguna mudanza acabaron extraviándose, y desgraciadamente luego no pude disfrutar tanto de aquéllos como hubiese deseado.

Seguro que no podemos considerar al Capitán Trueno como un héroe políticamente correcto para los tiempos que corren, no ya porque se dedicara a matar infieles --lo que tampoco nos debe extrañar, tratándose de una caballero cruzado--, sino porque encarnaba unos valores e ideales que ya hace años que cayeron en desuso, pero que, meditándolo, no nos vendría mal actualizar. Me refiero, por supuesto, a la amistad verdadera, la honestidad, la ayuda al prójimo, la defensa de los débiles frente a los poderosos… Pero me parece que esto ya lo comenté en otra ocasión y me estoy repitiendo, así que mejor que veamos este video-cómic que he encontrado, que recoge en toda su esencia una de las numerosas aventuras del capitán en la tierra de los vikingos.

parte 1 - parte 2 - parte 3 - parte 4

martes, 13 de enero de 2009

Tintín cumple 80 años


Aunque quién lo diría, a la vista de que sigue pareciendo un chaval. Y eso que durante estas ocho décadas no se puede decir que haya tenido tiempo para descansar: cuando no andaba buscando tesoros entre los restos de un galeón hundido en el fondo del mar; ayudaba a la policía a desmantelar redes criminales de narcotraficantes, falsificadores de dinero, comerciantes de armas o negreros; combatía con los guerrilleros de las selvas sudamericanas; desbarataba los planes de un golpe de estado contra un monarca en los Balcanes; escalaba las cimas del Himalaya y conocía al Yeti… e incluso fue el primer hombre en pisar la superficie de la Luna. En todas estas aventuras siempre contó con la compañía de su inseparable Milú, y con la ayuda inestimable de sus amigos el Capitán Haddock, el Profesor Tornasol, los detectives Hernández y Fernández o la soprano Bianca Castafiore. Demasiados viajes no exentos de riesgo que, sin embargo, no parece que le pasaran demasiada factura: más aún, antes que arredrarse, su espíritu rebosaba ímpetu y juventud, a la vista de una nueva aventura. Siempre fue el mismo, sin despeinarse el mechón pelirrojo, y sin necesidad de quitarse sus pantalones bombachos, hasta que en la década de los setenta alguien le dijo que mejor con unos vaqueros, por eso de no hacer el ridículo.


Conocéis de sobra mi afición por los cómics del joven reportero belga, pues en más de una ocasión lo he mencionado en este blog. Se trata de una pasión que me acompaña desde la infancia, y con el tiempo, en vez de disminuir, ha ido en aumento. De las pocas situaciones que todavía puedo recordar de cuando era niño, no se me borrará de la memoria cuando me sentaba al lado de mi padre y éste me leía las aventuras de Las siete bolas de cristal y El templo del Sol, que por entonces, me acuerdo, publicaban por entregas cada domingo en el suplemento de El País. Cuando aprendí a leer, fueron los primeros libros que me regalaron; y quizá por este motivo, también serían para siempre mis episodios preferidos de la serie, en los que Tintín viaja a Perú y descubre una civilización inca que sobrevive oculta en las montañas.


Después, poco a poco, me iría comprando toda la colección, y por ese cariño especial que se le concede a las primeras lecturas, y a pesar de conocerme todos los álbumes de memoria, hasta el más nimio detalle, conservo cada uno en perfecto estado y ordenados cronológicamente en una estantería. Junto a ellos tengo otras obras, más específicas y propias de coleccionistas, o de otros personajes creados por Hergé, como los traviesos Quique y Flupi.



En mi reciente viaje a Bruselas, aunque me quedé con ganas de ver el Museo del Cómic, no pude resistir la tentación de gastarme el dinero en una de las tiendas de Tintín. En Bélgica, todo el merchandising que rodea a las aventuras de Tintín está monopolizado por las tiendas oficiales, que, por cierto, son un poco caras. Aun así, cedí a la tentación y además de un Milú de peluche, postales, llaveros y otros zarrios, acabé comprándome esta maqueta, que reproduce la portada de El cangrejo de las pinzas de oro. Lo sé, no tengo remedio… ni remordimiento.


No quisiera soltaros más rollo, además tampoco son horas, aunque podría ponerme a contar y no parar… Por ejemplo, también me gustaría comentaros que, si bien todo el mundo sabe que la profesión de Tintín es la de reportero, nunca se le ve escribiendo una crónica, ni tampoco se sabe para qué periódico trabaja. Sólo en La oreja rota aparece tomando notas para un hipotético artículo sobre un robo en el museo, que después no llega a escribir. ¿Era un vago? ¿De dónde obtenía sus ingresos? Son preguntas que tampoco vienen al caso, y que quizá trate de contestar en otra ocasión. Por ahora, os dejo con estos capítulos de la serie de dibujos animados, que recrean los dos cómics que antes mencioné y dije que son mis favoritos: Las siete bolas de cristal y El templo del Sol. Buenas noches.



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jueves, 25 de diciembre de 2008

De paseo por Bélgica III

Me quedaba pendiente terminar de colgar las últimas fotos de mi escapada por tierras flamencas. Precisamente hoy hace ya un mes que estuve por allí. El tiempo se pasa volando, y más aun el mes de diciembre, entre tanto puente, celebraciones, comidas y demás. De aquí en adelante espero que todo me cunda más, porque si no este año que viene lo voy a tener que pedir con prórroga.


Más fotos de la fachada del Ayuntamiento. Todas las hornacinas estaban a rebosar de personajes, cada uno de ellos con su propia historia, por supuesto.

Monumento dedicado a Everard’t Serclaes, vecino de Bruselas que fue ejecutado en 1388, tras haber defendido la ciudad frente a las tropas de Luis II, conde de Flandes. Dicen que da buena suerte tocarle el brazo. Así está de desgastado, como el dedo gordo del pie del San Pedro de Alcántara en la Plaza de Santa María.

Una calle dedicada al Profesor Tornasol, nada menos...

... y un curioso trampantojo con Tintín y el Capitán Haddock.

Edificio de la Bolsa, de estilo paladiano, construido por el arquitecto Léon Suys entre 1867 y 1873. Algunos de los bajorrelieves y esculturas que decoran la fachada son obra de Auguste Rodin.

El Teatro Real se levantó en 1817 sobre el solar de una posada del siglo XV conocida como Hôtel des Monnaies, pero debido a que un incendio lo arrasó en 1855, sólo se conserva del primitivo edificio neoclásico la fachada y el frontón. El arquitecto Joseph Poelaert volvió a alzar el teatro después del desastre. El 25 de agosto de 1830, tras escuchar un encendido himno patriótico titulado Amour sacré de la patrie, la audiencia se lanzó a la calle, dando comienzo así la revuelta nacionalista que finalmente conduciría a la independencia de Bélgica respecto al Reino Unido de los Países Bajos.

Me llamó la atención: la «calle del puterío». En España somos más finos, y los solemos llamar barrios chinos.

Estatua de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934.




Edificio Old England, joya del art nouveau construido en 1899 por el arquitecto Paul Saintenoy para albergar unos grandes almacenes.

Iglesia de St-Jacques-sur-Coudenberg, en la Place Royale. Pude haber sacado más fotos por esta zona, pero, como siempre, íbamos corriendo con la hora pegada al culo.


Place du Petit Sablon. Recibe este nombre por encontrarse situada en unos terrenos que antaño fueron unas marismas arenosas. La valla que encierra los jardines está rematada con cuarenta y ocho estatuas de bronce realizadas por el escultor de art noveau Paul Hankar; cada una de ellas representa un gremio medieval de la ciudad. También se puede contemplar una fuente construida en recuerdo de los condes de Egmont y Horn, que promovieron el levantamiento de los Países Bajos contra la corona y española y por este motivo Felipe II les mandó decapitar en la Grand Place. A cada lado se ubican otras doce estatuas de personajes de los siglos XV y XVI, entre ellos, Gerhard Mercator, el geógrafo flamenco que inventó el sistema de proyección cartográfica que utilizamos hoy en día.


Notre-Dame du Sablon, uno de los pocos ejemplos que quedan del gótico en el ducado de Brabante.

Y después de la caminata, nada mejor que un almuerzo. Tenía tan buena pinta, que no pude resistir a sacarle una foto para el recuerdo.

De vuelta a casa, nos encontramos con el europarlamentario y locutor de la COPE Luis Herrero, que muy amable accedió a hacerse una foto con nosotros y a firmarnos autógrafos.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Capitán Trueno, la película


Después de una dilatada e impaciente espera, parece ser que todos los rumores se confirman. Ya se está rodando la película del Capitán Trueno, pero por lo demás poco se sabe: que aunque está dirigida por el valenciano Pau Vergara, la versión original va a ser en inglés --por eso de facilitar la distribución--; y que Elsa Pataki interpretará a Sigrid, la novia vikinga del Capitán Trueno. Me parece muy buena elección, por cierto. El estreno se prevé para el próximo verano, mientras tanto aprovecho mis fines de semana en la sala infantil de la Biblioteca Pública para releerme las aventuras del Capitán Trueno y sus amigos Crispín y Goliath, Ragnar el vikingo, el mago Morgano… ¡Cuántos recuerdos de mi infancia guardan estas viñetas!

domingo, 29 de junio de 2008

Ladrones de tumbas

No sé cómo les habrá sentado a los trujillanos que, en su última película, Indiana Jones se dedique a profanar la tumba del conquistador Francisco de Orellana. Bromas aparte, y hablando desde un punto de vista profesional, me parece que el trabajo de excavar una sepultura con varios siglos de antigüedad puede implicar ciertas contradicciones éticas. Me explico.

Francisco de Orellana (1511-1546)

Pongamos el caso de un individuo de otra época o cultura que fallece y es enterrado. Supondremos que, de acuerdo con sus creencias religiosas, habría deseado que sus restos permaneciesen en el mismo lugar por los siglos de los siglos, y que su tumba jamás fuera violada. Además, es muy probable que el momento de la inhumación (o de la cremación) hubiese estado ritualizado, es decir, que se desarrollasen una serie de ceremonias, con el fin de hacer más solemne si cabe el acto universal de pasar a mejor vida (según algunos). Pero he aquí, que varias centurias más tarde, aparece un tipo que, sin afán de ofender al difunto, ni tampoco con ánimo de lucro por apoderarse de su ajuar, sino porque es su trabajo, porque por allí va a pasar una carretera o porque interesa estudiar las costumbres funerarias o el comportamiento demográfico de aquella población del pasado, pues va y desentierra al finado en cuestión, como el que saca patatas de un huerto.

Nosotros mismos, en pleno siglo XXI, por muy agnósticos y laicos que nos hayamos vuelto, somos los primeros a los que no nos apetece que dentro de quinientos, mil o dos mil años, viniera un arqueólogo y, por muy profesional que fuese, nos despertara de nuestro descanso eterno. Y menos gracia nos haría aún, si además resulta que es extranjero. Los pueblos de la antigüedad en cierto modo debieron prever que esto, tarde o temprano, podía suceder; por eso se inventaron toda clase de maldiciones dirigidas tanto a aquellos simples ladrones o curiosos insaciables que osaran profanar sus tumbas.


En alguna ocasión, durante las campañas arqueológicas en las que he participado, he tenido la oportunidad de exhumar una tumba. Recuerdo que la primera vez fue en la alcazaba de Mérida. Se trataba del enterramiento de un varón que, aunque adulto, llamaba la atención por su pequeña estatura. Por la posición se deducía que había sido inhumado según el rito cristiano, y según me contaron, podía llevar enterrado allí desde el siglo XIII o el XV. De ajuar funerario, no había nada de nada, por lo que también podíamos imaginarnos su condición social. Mientras limpiaba con cuidado y precisión aquellos huesos, no podía evitar pensar que en su día pertenecieron a una persona como yo, que aquel hombre habría tenido su familia, sus hijos, su trabajo… su vida, en definitiva. Aquellos huesos mondos y lirondos me infundían respeto, pero también me evocaban una cotidianeidad que nos estamos acostumbrados a percibir del pasado.

Vista de la alcazaba emiral de Mérida

A pesar de los años que habían transcurrido, aunque no supiese nada sobre la vida de aquel sujeto, ni siquiera quedara nadie que se acordase de quién había sido, en todo momento procuré atender la tarea de desenterrar a este señor, o lo que quedaba del mismo, ante todo con mucho respecto, y después con la mayor solemnidad posible. Quizá en aquel momento habíamos roto siglos de anonimato, y aunque sus huesos no descansaran ya al calor de su tumba, sino metidos en una caja de plástico en un almacén del museo, este hombre del medievo podría seguir sintiéndose tranquilo, porque nadie había tenido la intención de despertarle de su descanso eterno.

Este respeto por los muertos del que hablo, me consta que es seguido a rajatabla por los arqueólogos judíos, los más profesionales de todo el mundo. Si en Oriente Próximo se descubre cualquier tipo de sepultura, sea de la época que sea, o pertenezca a una u otra cultura, se sigue un estricto protocolo en colaboración además con las autoridades religiosas.


Por todo esto se exige una profesionalidad en el ámbito de la Arqueología. Al igual que no todo el mundo está capacitado para ejercer la medicina, hay que saber diferenciar entre un aficionado y un arqueólogo profesional. Los ladrones de tumbas no sólo hacen un daño irreparable a nuestro patrimonio, sino que puede estar cometiendo un grave sacrilegio. Nos puede parecer una tontería, pero de nuevo os hago esta pregunta: ¿Qué pensaríais si un día alguien abriera la tumba de vuestros abuelos para comprobar si dentro hay algún tesoro?


- Del álbum de Las aventuras de Tintín: Las siete bolas de cristal (Hergé, 1943).

domingo, 15 de junio de 2008

La película de la semana: "Persépolis"


Vuelvo a retomar esta sección, después de varias semanas de travesía por el desierto, en las que apenas he hablado de cine. Esta vez la película elegida es Persépolis (2007), adaptación del cómic del mismo nombre y dirigida por su dibujante, la iraní Marjane Satrapi, que de manera autobiográfica narra las vicisitudes que ha atravesado su país en los últimos treinta años, desde la revolución islámica hasta la actualidad, momento en que Irán es el único país del mundo que cuenta con un régimen teocrático, en donde los derechos más fundamentales son conculcados diariamente y su pueblo permanece privado de toda clase de libertades. Nunca pensé que una película de dibujos animados pudiese resultar tan trágica y a la vez tan conmovedora.

Algunos podrían alegar que la directora, como protagonista del argumento, nos proporciona una visión subjetiva, y puede que hasta interesada, de la situación política en su país. Yo no creo que sea así. Pero a estas alturas, no creo que nadie tenga la mala sangre de encontrar algo bueno en el régimen de los ayatolás, que desprecia la dignidad de las mujeres, condena a la horca a los homosexuales, impone preceptos religiosos en la legislación civil, que tiene entre manos un ambicioso programa nuclear y una desbocada carrera armamentística, etc. Puede que otros países, incluso algunos que reconocemos como democráticos, no sean mejores en algunos aspectos; pero éste no es un argumento que nos sirva para defender el régimen iraní, por mucho que se empeñen algún que otro político ignorante, en compañía incluso de profesores de universidad, que a mi entender, sólo pueden pensar así porque están a sueldo del gobierno de Teherán.



www.persepolislapelicula.es

viernes, 4 de abril de 2008

Tintín, la película

Parece ser que ya es definitivo. Después de años de rumores --al igual que ha sucedido con la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, otro clásico de mi infancia--, al final se vislumbra que es cierto que fueran a rodar una película con Tintín como protagonista. Va a consistir en algo así como medio digital, tipo animación… no lo sé muy bien, porque tampoco me acabo de enterar; lo que sí parece seguro es que el actor que finalmente encarnará al joven reportero va a ser el británico Thomas Sangster, de tan sólo 17 años, y que algunos ya le conoceréis por la versión cinematográfica de la novela de Manfredi, La última legión, en donde interpretaba al último emperador romano, el niño Rómulo Augústulo. Reconozco que no vi esta peli porque ya había leído el libro, que me gustó bastante, y me comentaron que si iba al cine me defraudaría el resultado tan pobre de la adaptación.


La producción y la dirección de la película de Tintín va estar repartida entre dos dinosaurios del cine: Steven Spielberg y Peter Jackson. Lo que todavía no se sabe es si el argumento girará en torno a alguno de los álbumes publicados por Hergé o, por si el contrario, para respetar el deseo del dibujante de que no se llevaran al cine las aventuras de su personaje, van a inventarse una trama completamente original.


La verdad es que los intentos de adaptar los comics de Tintín a la gran pantalla no son algo nuevo. Existen dos precedentes, bastante penosos, a mi entender y el de otros muchos, que, sin embargo, como mera curiosidad, merecen que sean nombrados. Se trata de Tintín y el misterio del Toisón de Oro (1961), del director francés Jean-Jacques Vierne, y Tintín y las naranjas azules (1964), del también francés Philippe Condroyer. Ésta última, por cierto, está ambientada en España, más concretamente en algún sitio que bien podría ser de la Costa del Sol; pero, de lo poco que recuerdo desde que la vi, sólo me vienen a la memoria los topicazos que, más en esta época en que se rodó, circulaban por ahí sobre nuestro país. En ambas películas, el personaje de Tintín estaba interpretado por el actor belga Jean-Pierre Talbot, que ante el rechazo que las dos cintas suscitaron entre los seguidores acérrimos de los cómics y su fracaso en las taquillas, se retiró de la profesión y no volvió a actuar más en ninguna otra película. El propio Hergé, como ya he comentado, parece ser que tampoco estaba muy conforme con la adaptación cinematográfica de sus viñetas, y ni siquiera se prestó a colaborar en el guión. Además, no vio con buenos ojos que se utilizara de manera casi paródica la figura de su personaje, a quien estimaba tanto como a un hijo. Aquí os dejo una prueba de lo que digo:

sábado, 15 de marzo de 2008

Libertad para el Tíbet

Mi primer conocimiento sobre el Tíbet lo tuve cuando era un niño, y entonces leía y releía Las aventuras de Tintín. No voy ha hablar ahora del héroe de mi infancia, porque seguro que tendré otra ocasión para hacerlo, pero recuerdo que aquel libro, el de Tintín en el Tíbet, era quizá en el que más evidentes se hacían los valores de compañerismo y amistad que Hergé trató siempre de transmitir a través de las historias del joven reportero. A diferencia de otros libros de la colección, en este caso no había ni una sola alusión a la situación política del país, a pesar de que se escribió en 1959, con motivo de la brutal represión con que el ejército chino había ahogado la rebelión iniciada unos años antes, y que tuvo como consecuencia la huida al exilio del Dalai Lama. Pero a medida que más me sumergía en aquellas viñetas --y con la ayuda de una enciclopedia--, lo iba comprendiendo todo. No se trataba más que de una bella metáfora.


Tintín se entera por un telegrama que su amigo Tchang, el niño chino que le ayudó en El Loto Azul, tiene la intención de viajar a Europa y visitarle; pero al poco tiempo recibe una trágica noticia: el avión que Tchang había cogido acababa de estrellarse en las cimas del Himalaya. Desesperado y angustiado, el muchacho del mechón pelirrojo comienza a tener la premonición de que Tchang no ha muerto. A pesar de que el capitán Haddock intenta hacerle desistir de tal idea, Tintín decide viajar hasta el Tíbet para encontrar a su amigo. Esta historia no era sino una manera de llamar la atención de los occidentales, a quienes se nos pedía no perder la esperanza ni dejar de apoyar al pueblo tibetano; pues igual que Tintín no la perdió en ningún momento y, al final, consiguió encontrar a su amigo sano y salvo, así podríamos mantener con vida a aquellos que el gobierno chino, desde entonces hasta el día de hoy, pretende doblegar y arrebatarles el bien más preciado con el que cuentan: su libertad.


En 1950 el ejército chino invadió el Tíbet, y entonces los monjes budistas, defensores acérrimos de la «no violencia», no opusieron resistencia a la ocupación. Pero en 1956 la situación de opresión era ya tan insostenible que estalló la rebelión. Los tibetanos poco pudieron hacer frente a uno de los ejércitos más poderosos (y numerosos) del mundo, cuando apenas contaban con un par de oxidados cañones de alguna lejana época medieval, y la comunidad internacional, una vez más, prefirió mirar a otro lado.


Desde hace unos días se ha vuelto a repetir la historia, y los tibetanos se han manifestado en las calles de Lhasa, desafiando a los soldados chinos, a quienes, de nuevo, no les ha temblado el pulso para abrir fuego contra gente indefensa. Nadie sabe cuantos muertos puede haber ni el alcance que están teniendo las protestas, pues el gobierno de Pekín mantiene una férrea censura sobre los medios de comunicación, incluso sobre los extranjeros, y poco o nada se conoce de lo que está sucediendo o pueda suceder.


En solidaridad con el Tíbet, me sumo a la campaña para boicotear los Juegos Olímpicos que este año se celebrarán en Pekín. Quedarse de brazos cruzados significaría volver a vivir unas olimpiadas que fueran la exaltación de un régimen totalitario, como las de Berlín en 1936. De nuevo, en nuestras manos está conservar la esperanza del pueblo tibetano y su deseo de alcanzar un futuro de paz y libertad. Hagamos como Tintín, y no cejemos en nuestro empeño.

El 1 de junio de 2006, Tintín se convirtió en el primer personaje de ficción galardonado con el premio Luz de la Verdad otorgado por el Dalai Lama. Simon van Melick, director de la Campaña Internacional por el Tíbet, dijo que «para mucha gente alrededor del mundo Tintín en el Tíbet es su primer contacto con el Tíbet, la belleza de sus paisajes y su cultura. Y es algo que ha ido pasando a través de generaciones».

La BBC es uno de los pocos canales de televisión que presta atención a lo que sucede en el Tíbet, aunque la información es muy confusa y llega por cuentagotas:

martes, 19 de febrero de 2008

Sócrates

Para conocer y comprender la Historia no siempre hay que recurrir a voluminosos y aburridos tomos, escritos con letra diminuta y que no contagian un ápice de entusiasmo o sensibilidad. La Historia --y la Filosofía, en este caso-- pueden resultar disciplinas incluso divertidas, dependiendo de quien las cuente. Es lo que sucede con las viñetas de mi compañero de carrera Luis M. Pelaz, en las que, en mi opinión, no creo que ridiculice, sino que retrata vivamente al filósofo más importante e influyente de la Grecia Clásica.

Le deseo a Luis (y a su socio David) mucha suerte en su recién estrenada andadura empresarial. Espero con impaciencia que en su blog aparezcan en los próximos días nuevas aventuras y ocurrencias de Sócrates, en compañía de sus disícpulos Alcibíades y Platón.




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