Imágenes como ésta me cuecen la sangre y, por el mismo motivo, siento vergüenza de este país donde me tocó nacer.
Los compañeros de partida de Ignacio Uría, asesinado ayer por un pistolero de ETA, se entretienen como cada tarde jugando a las cartas, como si no hubiera pasado nada, como si muy cerca de allí una madre y unos hijos no estuviesen velando un cadáver (Foto publicada por El Mundo).




















































