viernes, 4 de junio de 2010

Suzume-no-kumo

Durante este curso que acaba de terminar, tras la sugerencia de algunos miembros del Club de Lectura, nos propusimos leer una novela histórica ambientada en una época y lugar alejados de los que tradicionalmente solemos tratar, que generalmente abarcan la Historia de Europa o de nuestro propio país, y quizá en alguna ocasión el ámbito islámico. La obra elegida en esta ocasión fue El honor del samurái, del escritor japonés, aunque nacido en Estados Unidos, Takashi Matsuoka. Contando con la ventaja de esta doble ascendencia cultural, el autor nos invita a adentrarnos en los tumultuosos momentos previos a la Revolución Meiji (1868), que marcarán el final de la sociedad de los samuráis, con la posibilidad de analizar estos acontecimientos tanto desde el punto de vista occidental (de unos misioneros norteamericanos) como el oriental (del protagonista de la novela: un señor feudal japonés).

Se trata de una lectura muy recomendable, sobre todo para las fechas veraniegas que se avecinan. Además de trasladarnos a unos escenarios exóticos, magistralmente descritos, la novela nos permite conocer, y comprender mucho mejor, los entresijos de la mentalidad japonesa (tan distinta, y distante, a la nuestra), así como formarnos una idea de cómo se configuró a lo largo de la historia la sociedad feudal japonesa, con el emperador relegado por el poder militar del shōgun, cada uno de los daimyō y sus leales samuráis, la elegante seducción de las geishas, etc. El realismo con que son descritas las escenas y costumbres llega al punto de resultar cruel, sobre todo cuando se trata de batallas o combates cuerpo a cuerpo, donde la sangre derramada y las amputaciones no parecen conocer límites… algo muy propio de la cultura japonesa.


Ahora que esta novela me ha servido para introducirme en el conocimiento y el estudio, verdaderamente apasionante, del mundo nipón, me gustaría detenerme a explicar algunos aspectos de su historia, su mentalidad o su sociedad; tarea que seguramente reserve para futuras entradas. Sin embargo, quisiera compartir las citas que encabezan cada uno de los capítulos de la novela, unas máximas y leyendas al estilo del Tao Te King, que nos inivtan a saborear los tan sutiles y a la vez contundentes principios de la filosofía japonesa. Recogidas en un imaginario tratado que lleva por título Suzume-no-kumo («Bandada de gorriones»), son las que siguen:


Cuando cruces un río desconocido, lejos de tu dominio, observa las turbulencias de la superficie y la pureza de las aguas. Presta atención al comportamiento de los caballos. Cuídate de las emboscadas.

Cuando vayas a cruzar un vado que conoces cerca de tu casa, escudriña las sombras de la otra orilla y el movimiento de las hierbas altas. Escucha la respiración de tus compañeros más cercanos. Cuídate del asesino solitario.

* * *

Hay quienes dicen que entre los bárbaros no hay diferencias, que todos son la misma abominación carroñera. Esto es falso. Los portugueses cambiarán armas por mujeres. Los holandeses piden oro. Los ingleses quieren tratados.

Así pues, debéis saber que es fácil entender a los portugueses y a los holandeses, y que los ingleses son los más peligrosos. Por lo tanto, estudiad con atención a los ingleses y olvidaos de los otros.

* * *

La niebla envuelve el bosque frente a nosotros y el mar a nuestras espaldas. Al mismo tiempo, el lejano pico del Monte Tosa se ve tan claramente como un el cielo de primavera. Delante los francotiradores se ocultan entre los árboles y las sombras.

Detrás, los asesinos se sumergen y se acercan, aferrados a maderos que arrastra la deriva.

¿De que sirve la claridad en la lejanía?

* * *

Te asaltan las dudas. Reina la confusión. No distingues entre el ayer y el mañana. Escucha a tu corazón y déjate guiar por él: retumba como un tambor. Ruge, como los rápidos en el invierno. Al cabo no podrás distinguir entre el sonido y el silencio.

Escucha.

Escucha.

Escucha.

Sangre, no agua.

Tu sangre.

* * *

El conocimiento puede ser un freno. La ignorancia puede liberar. Saber cuando saber y cuándo no saber es tan importante como un acero bien templado.

* * *

Ese año, el señor Shayo se congeló en el mar helado de invierno; una rama cargada de capullos primaverales mató a su sucesor, el señor Ryoto; el siguiente heredero, el señor Moritake, fue inmolado por un rayo de verano. Así fue como Koseki se convirtió en el señor del dominio.

―No hay nada que yo pueda hacer con respecto al clima ―dijo.

Durante las primeras lluvias de otoño, ejecutó a todos los miembros de la guardia de corps, envió a todas sus concubinas a un convento, expulsó a los cocineros, se casó con la hija del jefe de las caballerizas y declaró la guerra al sogún.

El señor Koseki gobernó durante 38 años.

* * *

No todas las batallas se ganan avanzando. No todas las retiradas son derrotas. Avanzar es una estrategia. Retirarse es también una estrategia.


Una retirada debe realizarse en orden. No siempre debe parecer ordenada. Las apariencias en la retirada también son una estrategia.

* * *

Algunos creen que la victoria surge de una estrategia superior.

Otros confían en el coraje.

Otros depositan sus esperanzas en el favor de sus dioses.

Después están los que ponen su fe en espías, asesinos, seducciones, traiciones, corrupción, avaricia, miedo.

Todos éstos son caminos engañosos por una sencilla razón. Piensas en la victoria, y pierdes lo real mientras te aferras a lo falso.

¿Qué es lo real? Cuando el acero de tu enemigo te acuchille ferozmente y tu vida penda de un hilo, lo sabrás.

De lo contrario, habrás vivido la vida en vano.

* * *

El primer chambelán dijo:

―Últimamente ha habido discusiones acerca de si la virtud es innata o adquirida. ¿Cuál es tu opinión, señoría?

El señor Takanori dijo:

―Que es absurdo.

El chambelán dijo:

―Si la virtud es innata, el entrenamiento no nos sirve de nada. Si es adquirida, un marginado puede convertirse en el igual de un samurái.


El señor Takanori dijo:

―La mierda virtuosa. La mierda no virtuosa.

El chambelán se inclino respetuosamente y se retiró.

El señor Takanori volvió a dedicar toda su atención a la escena que tenía ante sí y siguió pintando
Paisaje de árboles ensombreciendo el baño de la dama Shinku.

* * *

La catana ha sido el arma del samurái desde tiempos inmemoriales. Pensad en su significado más profundo.

Sólo uno de los bordes de la hoja está afilado. ¿Por qué? Porque si apoyamos el borde romo en nuestra carne, la catana se convierte en un escudo. Con una espada de doble filo no es posible hacerlo. Un día, en pleno combate, puede que uno acabe debiéndole la vida al borde romo antes que al afilado. Que este contraste os recuerde que el ataque y la defensa no son sino uno.

Nuestra hoja es curva, no recta. ¿Por qué? Porque en una carga de caballería una hoja curva es mas eficiente que una recta. Que esta forma curvilínea os recuerde que un samurái es, ante todo, un guerrero que combate a caballo. Aun estando de pie, comportaos como si montaseis un furioso caballo de combate.

Haced que estas dos verdades formen parte de vuestro ser. Así, vuestra vida merecerá ser vivida y vuestra muerte será ciertamente honorable.

* * *

Desde el punto de vista estratégico, debo lamentar desde luego nuestra derrota en esta batalla. Nunca hay que aceptar la derrota con ligereza. Sin embargo, no puedo por menos de sentir que desde el punto de vista estético no podría haberse producido un resultado más exquisitamente hermoso.

El blanco de la nieve que cae suavemente. El rojo de la sangre derramándose. ¿Hubo alguna vez un blanco más blanco o un rojo más rojo, nieve más fría o sangre más caliente?

* * *

¿Puedes ser como el ciego frente al cuadro, el sordo en un concierto, el muerto en un banquete?

Si no puedes, entonces deshazte de tu catana y tu
wakizashi, tu arco de dos metros, tus flechas con plumas de halcón, tu caballo de combate, tu armadura y tu nombre. Careces de la disciplina necesaria para ser un samurái. Hazte granjero, cura o comerciante.

Evita también a las mujeres hermosas. Son demasiado peligrosas para ti.

* * *

Los sabios dicen que la felicidad y la pena son una misma cosa. ¿Será por que cuando hallamos la primera también encontramos la segunda?

* * *

Cuando vayas a atacar, espera el momento apropiado.

Mientras esperas, mantente como un guijarro al borde de un precipicio de tres mil metros de altura.

Cuando se revele el momento apropiado, desaparece en el ataque como un guijarro que cae al vacío.

* * *

Las palabras pueden herir. El silencio puede curar. Saber cuándo hablar y cuándo no hablar constituye la sabiduría de los sabios.

El conocimiento puede frenar. La ignorancia puede liberar. Saber cuándo saber y cuándo no saber es la sabiduría de los profetas.

Sin el freno de las palabras, el silencio, el conocimiento o la ignorancia, una hoja afilada corta limpiamente. Ésta es la sabiduría de los guerreros.

* * *

En su lecho de muerte, el señor Yakuo recibió la visita del padre Vierra. El padre Vierra le preguntó de qué se arrepentía más en su vida.

El señor Yakuo sonrió.

Perseverante, como suelen ser los sacerdotes cristianos en estos asuntos, el padre Vierra le preguntó si se arrepentía de algo que había hecho o de algo que no había hecho.

El señor Yakuo dijo que el arrepentimiento era un elixir para los poetas. Él había vivido como un guerrero iletrado y tosco, y moriría como tal.

El padre Vierra, al ver la sonrisa en los labios del señor Yakuo, le preguntó si se arrepentía de haber sido guerrero en lugar de poeta.

El señor Yakuo siguió sonriendo, pero no respondió.

Mientras el padre Vierra hacía preguntas, el señor Yakuo entró en la Tierra Pura.

* * *

Dioses y Budas, antepasados y fantasmas, demonios y ángeles, ninguno de ellos puede vivir tu vida o morir tu muerte. Tampoco la capacidad de ver el futuro o de leer el pensamiento de los demás te mostrarán tu verdadero camino.

Esto es lo que he aprendido.

El resto deberás descubrirlo tú.

* * *

Ésta es tu catana.

Para hacerla, el acero fue lanzado al fuego, fue doblado y golpeado una y otra vez hasta que veinte mil capas de metal purificado se convirtieron en una. De cada lingote que lamieron las llamas, sólo una sexta parte sobrevivió para volverse hoja y espiga.

Reflexiona acerca de esto con atención. Capta claramente la diferencia entre definición y metáfora, y las limitaciones de cada una. Solo entonces estarás capacitado para desenvainar esta arma y emplearla en asuntos de vida o muerte.

2 comentarios:

Juanita is dead dijo...

lo estoy leyendo , me lo comprè hace 5 dìas y ya voy por la mitad!!!!!!
particularmente la cultura japonesa me atrae mucho, pero este libro es muy especial , creo yo, en todas sus maneras , logra transportarte.
Tambien recomiendo , investigar un poco antes de leerlo para no perderse nada, porque habla de varios personajes històricos.
Saludos y que lo disfruten!

Anónimo dijo...

Cuando acabes con este puedes leerte el Puente de otoño, que es la continuación... La verdad es que me han gustado mucho ambos libros.