domingo, 6 de julio de 2008

"Alicatando el cortijo: una refinería en el jardín"

Ayer regresé de Alcántara, donde he pasado esta última semana, encargándome de la organización de los cursos de verano de la Universidad. No tengo apenas tiempo, por eso dejo para más adelante mis impresiones sobre esta preciosa localidad, cuyas calles he recorrido con inesperada admiración, y ya tendré ocasión de referirme a algunos aspectos de su historia o hablar de sus monumentos más significativos.

El curso en cuestión era sobre Gestión de Proyectos de Energías Renovables, un asunto de candente actualidad, del que reconozco que ignoro muchas cosas, aunque últimamente vengo interesándome por leer cuanto más mejor al respecto. En la inauguración estuvo presente el señor consejero de Industria, Energía y Medio Ambiente, y como era de esperar, tras su intervención, algunos alumnos le preguntaron sobre el proyecto de la refinería en Tierra de Barros. Como también era de esperar, el director del curso se lamentó por haber permitido que los alumnos pudiesen preguntar, el consejero escurrió el bulto como pudo, y al día siguiente la prensa no se hizo eco de este incidente imprevisto.


Mi posición ante el interés por parte de la Junta de implantar una industria de este tipo en pleno corazón agrícola de Extremadura está bien clara. No es que de un día para otro se me haya hinchado la vena ecologista. Soy de los que piensan que la naturaleza se encuentra al servicio del hombre, y por eso mismo, por nuestro propio beneficio, nos conviene conservarla. Pero aparte de esto, entiendo que el proyecto de la refinería en Tierra de Barros es inviable, se mire por donde se mire. En una época en que el precio del petróleo se encuentra cada vez más por las nubes, porque las reservas actuales no son suficientes para cubrir la demanda mundial, y por tanto ya nadie considera que sea una fuente de energía barata y rentable como antaño; en este momento, en que la mayor parte de los países andan enfrascados en la búsqueda de nuevos recursos energéticos y la actualización de otros ya existentes, que por una parte se caracterizan por proceder de fuentes inagotables y, por otra, porque no contaminan; me parece de chiste que en Extremadura un grupo de políticos hagan causa común con un empresario, y se empeñen en decirnos que el progreso de nuestra región pasa por construir una refinería. Posiblemente, para cuando esté terminada, no exista ni crudo que refinar, o al menos éste sea tan caro que no convenga ponerla en marcha.


Podría seguir argumentando razones en contra de la construcción de la planta petroquímica, pero, aparte de que yo no soy ningún experto en la materia, creo que existe suficiente información al respecto y al alcance de todos, por mucho que algunos se empeñen en aplicar su hábito censor. Por otra parte, albergo la sospecha de que detrás de este repentino afán por regalarnos una refinería, existen otros intereses ocultos y más oscuros, y aunque finalmente no se llegue a construir, porque, como he dicho, no es un negocio rentable, algunos habrán aprovechado el camino para llenarse los bolsillos, mientras otros se cuelgan medallas que no se merecían. Quizá en otra ocasión me explique más detalladamente, pero por ahora sólo quiero que hagáis memoria y penséis en lo que sucedió con la central nuclear de Valdecaballeros.


Por ahora, el proyecto de la refinería ya se ha cobrado sus primeras víctimas. Hace unos meses, Canal Extremadura decidió despedir de su programación a El lince con botas, en mi opinión, lo único potable que hasta el momento han emitido en nuestra televisión autonómica. El motivo fue el siguiente documental sobre el impacto que puede ocasionar la construcción de una refinería en Tierra de Barros. Como es de suponer, el programa no se llegó a emitir y, desde entonces, el personal de Libre Producciones acabó de patitas en la calle. Ya sabemos que a esto algunos también lo llaman democracia…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya estás en el Punto de Mira. No creo que te vuelvan a llamar para organizar más cursos. Enhorabuena por despertar y bienvenido al club de los defenestrados del régimen. Cada vez somos más, más listos y más cojoneros.

Antonio Norbano dijo...

El dulce sabor de la libertad no se puede comparar con las migajas el trabajo basura que nos reserva la Administración. Por cierto, amigo anónimo, ¿nos conocemos de algo?

Un saludo,

ANTONIO