jueves, 6 de noviembre de 2008

La esperanza del cambio

Hay momentos en la Historia que la llama de la esperanza ilumina el camino que antes parecía sombrío y tenebroso. Esa misma Historia que en un tiempo inmemorial los dioses encomendaron a los hombres para que en ella pudieran aplicar sus principales virtudes: la inteligencia y la responsabilidad. La Historia es obra de los hombres, y como tal, sólo los hombres pueden cambiarla.

Ahora me acuerdo de un comentario de mi profesor de lengua y literatura en el colegio, don Antonio Serradilla. En cierta ocasión, nos confesó que no le interesaba para nada la política nacional, que escuchar al presidente del gobierno o al líder de la oposición, o ver por televisión los debates parlamentarios, no eran más que otras tantas maneras de perder el tiempo. Según su opinión, lo único realmente importante eran las elecciones en los Estados Unidos. Al fin y al cabo, en un mundo como el nuestro, cualquier decisión que se tome en la Casa Blanca va a determinar en última instancia la vida cotidiana de cada habitante del planeta. Como esto es así de cierto, lo justo sería que todos los seres humanos pudiésemos votar al presidente de los EEUU; pero como por ahora no podemos, nos conformamos con opinar acerca de este país, en ocasiones odiado como tantas veces deseado.


A lo largo del siglo XX, Europa siempre depositó su última esperanza en los Estados Unidos de América. Cuando el paro y el hambre se extendían como una epidemia, cientos de miles de hijos del Viejo Continente cruzaron el océano para ganar un provenir; cuando las garras del nazismo atenazaban los últimos reductos de resistencia, los descendientes de aquellos que en su día emigraron regresaron para liberar la tierra de sus padres. Y después --no todos-- le dimos la bienvenida a Mr. Marshall… Y años más tarde agradecimos que nos sofocaran el incendio que de pronto prendió en nuestro patio trasero.

Como se ha repetido hasta la saciedad, hoy ha sido un día histórico. Pero no creo que porque el próximo presidente de EEUU vaya a ser negro. Sólo era cuestión de tiempo que en un país donde el 12% de la población es de raza negra hubiese un inquilino que hiciese un poco de contraste en la Casa Blanca. Quizá dentro de poco le toque el turno a un hispano, y nos sintamos orgullosos de nuestra semilla sembrada en América… Pero a lo que iba, hoy vuelve a ser un día histórico, porque una vez más, aunque más que nunca, el mundo entero vuelve a depositar su esperanza en los Estados Unidos. Al presidente Obama le espera la fácil tarea de defraudarnos o la complicada misión de sentar las bases para un mundo mejor. No serán pocos los que tratarán de impedírselo.

Quizá el mundo no ha escogido aún su derrota. Cada uno es libre para desconfiar, pero en tiempos de crisis ser optimista resulta gratis.

2 comentarios:

Clares dijo...

Hola, vengo del blog de Minerva. Soy profesora de lengua y literatura. Yo sí me intereso por la política nacional, además de por otras políticas, como la de EEUU.
Verdaderamente tu blog es bonito, y la cabecera, un lujo. El artículo sobre el cambio, tan deseado, es muy bueno. Lo único que me ha dejado perpleja es tu lectura... Qué cosas lees. Lo entiendo por tu dedicación, Yo ya no leo cosas tan complicadas desde hace tiempo. Saludos.

Antonio Norbano dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Fuensanta. No entiendas que generalizaba al hablar de mi profesor de lengua ni literatura, una persona entrañable al que admiro y que enseñó a amar la lectura. Para mí, la literatura y la historia están intímamente unidos, por eso no comprendería a un filólogo que no se interesase por la actualidad política, igual que un historiador que no estuviese al día de las novedades editoriales.
Respecto a mis gustos literarios, no te asustes... esto es pos obligación, cuestión de oposiciones y demás... No es una lectura recomendable, lo sé.
Por cierto, muy buenos tus blogs.
Saludos,
ANTONIO