Mostrando entradas con la etiqueta Defensa del Medio Ambiente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Defensa del Medio Ambiente. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de agosto de 2008

El cambio climático

A estas alturas de la película, todavía no sé si creerme eso de que la temperatura media de la Tierra está aumentando debido al efecto invernadero y como consecuencia de la negligencia humana. A mi me parece más bien lo contrario, que los veranos son cada vez más suaves, por lo menos desde hace tres años para acá y en esta región en donde no me queda más remedio que pasarlos (pues desde entonces no he visitado la playa). No sé si se estará deshaciendo el Polo Norte, como dicen, porque últimamente no he estado por allí para verlo, aunque ya me gustaría que me invitaran a un viajecito por aquellas latitudes, y así de paso comprobar que tal anda el hábitat de las focas y los osos polares.


No quiero decir, ni mucho menos, que la contaminación ni demás marranadas atribuibles a nuestra especie no incidan de manera directa y dramática sobre la naturaleza. Eso no hay más que verlo. Váyanse a un sitio donde tengan una refinería o una petroquímica cerca, verán como está el aire, el suelo, las plantas… y, lo peor de todo, cómo está la gente: con mil problemas respiratorios, cáncer de una cosa y de la otra… en resumen, que quien vive cerca suele estar jodido, pero bien jodido.


Ahora, lo del cambio climático no me acaba de convencer. En primer lugar, porque aunque no lo parezca, no todos los científicos están de acuerdo con estas teorías, y más de uno discrepa. Pero ya se encargan los medios de comunicación, tan interesados en sembrar el miedo, en que estos señores no se hagan notar demasiado. Incluso, hay quien defiende que se nos avecina una glaciación en toda regla, y no un aumento de la temperatura media en el planeta, que de todas maneras sería hasta más deseable. Puede que estos científicos estén en nómina de las grandes multinacionales del petróleo y la energía; seguramente, pero por ahora no todo el mundo piensa de la misma manera, y eso es bueno.

Por otra parte, tampoco me puedo fiar mucho de los gurús del calentamiento global, cuando leo noticias como esta: «Al Gore amplía su compromiso con el medio ambiente comprándose un yate». O cuando quienes nos gobiernan, adalides de las teorías del cambio climático y, por ende, defensores a ultranza de la madre tierra, no sienten la menor vergüenza por apoyar también la construcción de una refinería aquí, en la provincia de al lado.


Por último, me pregunto cómo pueden estar tan seguros de que el clima realmente está cambiando, si acaso no cuentan con más de cincuenta años desde que se llevan haciendo mediciones todos los días y en todos los lugares del planeta ¿Eso es suficiente para comparar? Cambios climáticos los ha habido siempre, o si no que se lo pregunten a nuestros antepasados cro-magnones, que les tocó patearse la última glaciación. O a aquellos que vivieron en el siglo XVII, una época mala en cuanto a sequías y olas de calor, que traían consigo malas cosechas, hambre y enfermedades. Es verdad que hay días en que nos asamos de calor, pero es lo que tiene el verano… y los que aún nos esperan, y esperamos disfrutar. Aquí se hace realidad el refrán castellano de que «nunca llueve a gusto del consumidor».

En más de una ocasión, hablando con personas de cierta edad, han coincidido en contarme que el día de toda su vida que recuerden que hizo más calor fue, curiosamente, el 18 de julio de 1936. Aunque puede que este día la temperatura no subiese precisamente por la acción de los rayos del sol. Pero por lo menos sabemos que hace más de setenta años también se achicharraban, lo que sucede es que entonces no había ni aire acondicionado ni seguramente a nadie le daba por anotar las temperaturas.


Bueno, esto no es del todo cierto, porque siempre podemos encontrar a alguien con más capacidad de observación que el resto, al que le gustara dejar constancia escrita de cosas aparentemente irrelevantes, pero que quizá años después nos pudieran interesar. En el manuscrito de Juan Sanguino, titulado Notas referentes a Cáceres, cuyo segundo volumen aún permanece inédito en las estanterías del Museo Provincial, encontramos las siguientes anotaciones:

168. Días de gran calor.
En este año de 1918, desde el 14 de agosto, y por más de una semana, señaló el termómetro en Cáceres 40º o más y el día 20 llegó a 43º,2 como en 1913.

172. Calor anticipado. Año 1919.
A mediados de junio tuvimos en Cáceres hasta 37º y el día 24 llegó a 40º, más finalizó el mes, y comenzó el siguiente, con un descenso grande en que hubo que abrigarse.

(J. Sanguino Michel: Notas referentes a Cáceres. Segundo volumen inédito, ff. 49r y 53r).


parte 1 - parte 2 - parte 3 - parte 4 - parte 5

viernes, 25 de julio de 2008

Publicidad reciclada

El anuncio:




La respuesta:

domingo, 6 de julio de 2008

"Alicatando el cortijo: una refinería en el jardín"

Ayer regresé de Alcántara, donde he pasado esta última semana, encargándome de la organización de los cursos de verano de la Universidad. No tengo apenas tiempo, por eso dejo para más adelante mis impresiones sobre esta preciosa localidad, cuyas calles he recorrido con inesperada admiración, y ya tendré ocasión de referirme a algunos aspectos de su historia o hablar de sus monumentos más significativos.

El curso en cuestión era sobre Gestión de Proyectos de Energías Renovables, un asunto de candente actualidad, del que reconozco que ignoro muchas cosas, aunque últimamente vengo interesándome por leer cuanto más mejor al respecto. En la inauguración estuvo presente el señor consejero de Industria, Energía y Medio Ambiente, y como era de esperar, tras su intervención, algunos alumnos le preguntaron sobre el proyecto de la refinería en Tierra de Barros. Como también era de esperar, el director del curso se lamentó por haber permitido que los alumnos pudiesen preguntar, el consejero escurrió el bulto como pudo, y al día siguiente la prensa no se hizo eco de este incidente imprevisto.


Mi posición ante el interés por parte de la Junta de implantar una industria de este tipo en pleno corazón agrícola de Extremadura está bien clara. No es que de un día para otro se me haya hinchado la vena ecologista. Soy de los que piensan que la naturaleza se encuentra al servicio del hombre, y por eso mismo, por nuestro propio beneficio, nos conviene conservarla. Pero aparte de esto, entiendo que el proyecto de la refinería en Tierra de Barros es inviable, se mire por donde se mire. En una época en que el precio del petróleo se encuentra cada vez más por las nubes, porque las reservas actuales no son suficientes para cubrir la demanda mundial, y por tanto ya nadie considera que sea una fuente de energía barata y rentable como antaño; en este momento, en que la mayor parte de los países andan enfrascados en la búsqueda de nuevos recursos energéticos y la actualización de otros ya existentes, que por una parte se caracterizan por proceder de fuentes inagotables y, por otra, porque no contaminan; me parece de chiste que en Extremadura un grupo de políticos hagan causa común con un empresario, y se empeñen en decirnos que el progreso de nuestra región pasa por construir una refinería. Posiblemente, para cuando esté terminada, no exista ni crudo que refinar, o al menos éste sea tan caro que no convenga ponerla en marcha.


Podría seguir argumentando razones en contra de la construcción de la planta petroquímica, pero, aparte de que yo no soy ningún experto en la materia, creo que existe suficiente información al respecto y al alcance de todos, por mucho que algunos se empeñen en aplicar su hábito censor. Por otra parte, albergo la sospecha de que detrás de este repentino afán por regalarnos una refinería, existen otros intereses ocultos y más oscuros, y aunque finalmente no se llegue a construir, porque, como he dicho, no es un negocio rentable, algunos habrán aprovechado el camino para llenarse los bolsillos, mientras otros se cuelgan medallas que no se merecían. Quizá en otra ocasión me explique más detalladamente, pero por ahora sólo quiero que hagáis memoria y penséis en lo que sucedió con la central nuclear de Valdecaballeros.


Por ahora, el proyecto de la refinería ya se ha cobrado sus primeras víctimas. Hace unos meses, Canal Extremadura decidió despedir de su programación a El lince con botas, en mi opinión, lo único potable que hasta el momento han emitido en nuestra televisión autonómica. El motivo fue el siguiente documental sobre el impacto que puede ocasionar la construcción de una refinería en Tierra de Barros. Como es de suponer, el programa no se llegó a emitir y, desde entonces, el personal de Libre Producciones acabó de patitas en la calle. Ya sabemos que a esto algunos también lo llaman democracia…

sábado, 14 de junio de 2008

viernes, 2 de febrero de 2007

Apagón

Ayer a las ocho menos cinco se había convocado un apagón. Se trataba de un gesto simbólico que tenía la intención de concienciar sobre el cambio climático y el consumo responsable de energía. Proponían que durante cinco minutos, en todos los hogares y algún edificio público, se apagaran las luces. No sé hasta qué punto la iniciativa fue un éxito: si el personal aceptó participar, o si los cinco minutos de oscuridad tuvieron un efecto visible sobre el índice de consumo eléctrico de ayer tarde.

Cinco minutos sin luz no son nada. Existen apagones más largos, más intensos… más tristes. Más allá de los que no conocen qué es un bombilla (ni lo que es comer todos los días, porque ni siquiera tienen sueños con los que soñar…), a miles de kilómetros de ellos, existe el apagón de las conciencias de los que no quieren ver, no porque la luz no venga al pulsar el interruptor, sino porque les han enseñado a eso: a vivir a oscuras. La corriente eléctrica regresa a los cinco minutos, pero este otro apagón del que hablo suele ser eterno y heredarse de unas generaciones a otras. Igual o más peligroso que el calentamiento terrestre puede ser la ignorancia, pues sus efectos (el hambre y el crimen) siempre estarán más cerca de abocarnos al final de nuestra especie.

Quizás sería bueno llamar la atención sobre esto, idear una manera de apagón espontáneo y colectivo, para señalar que se está en contra de esta otra oscuridad que dura ya siglos y amenaza con dejarnos ciegos para siempre. Apaguemos nuestra mente durante cinco minutos y pensemos sólo en qué podemos hacer para cambiar el mundo. Y si acaso cayésemos en la cuenta de que lo peligroso es pensar, dediquemos ese tiempo a hacer el amor con quien más nos apetezca. A oscuras.
Vota por CÁCERES. Candidata a Capital Europea de la Cultura 2016