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miércoles, 9 de junio de 2010

Biografía del obispo Galarza

El próximo sábado no podéis perderos la ocasión de acudir al establecimiento de venta de prensa que tengáis más cercano. Como algunos seguro que ya sabéis, el Ateneo de Cáceres está publicando una serie de biografías de personajes relevantes relacionados con la historia de la ciudad. Se pueden adquirir cada sábado por un módico precio, junto con el periódico HOY. Los anteriores fines de semana salieron a la venta las biografías de José González Zorrilla el Zahorí (por David Narganes Robas), Diego María Crehuet (por Marcelino Cardalliaguet Quirant) y Juan José Narbón (por Manuel Vaz-Romero Nieto). Esta semana le toca el turno al obispo don Pedro García de Galarza, cuya semblanza ha sido elaborada, tras un previo e intenso trabajo de investigación, por Mercedes Pulido Cordero y Cecilia Martín Pulido.

Pedro García de Galarza (1538-1604), natural de Bonilla de Huete (provincia de Cuenca), fue obispo de Coria desde 1579 hasta su muerte. Dotado de una profunda formación humanística, podría ser considerado como un prototipo del príncipe de la Iglesia en su época: ilustrado y sensible para las artes, a la vez que diestro en los asuntos de gobierno. Su episcopado se caracterizó fundamentalmente por la aplicación en la diócesis de las acuerdos y normativas emanadas del Concilio de Trento, labor en la que contó con no poca oposición, sobre todo de las órdenes religiosas. Para llevar a cabo dicha empresa convocó sendos sínodos: el de 1594, en Cáceres, y el de 1596, en Coria, cuyas disposiciones regirían durante varios siglos la vida eclesiástica de la diócesis cauriense.

Galarza fue amigo personal y consejero de Felipe II, a quien ayudó en diversas misiones diplomáticas, sobre todo en relación con la reciente incorporación a la Corona del reino de Portugal. De hecho, el rey estuvo alojado en casa del obispo en 1583, cuando regresaba tras ser coronado en el país vecino. El obispo Galarza fue también el promotor de las obras de reforma y ampliación del palacio episcopal cacereño, en cuya fachada queda constancia de su impronta en el escudo heráldico y la inscripción del dintel: DON GARCIA DE GALARÇA OBISPO DE CORIA 1587.


Sin duda alguna, su iniciativa más importante fue la de construir un seminario en la villa de Cáceres, de acuerdo con las disposiciones del Concilio de Trento. El cabildo catedralicio de Coria se opuso firmemente al proyecto del obispo, pues pretendían que el seminario se fundase en aquella ciudad, por ser la cabecera de la diócesis. En cambio en Cáceres, el concejo apoyó con enorme entusiasmo la empresa del obispo, pues veían en ella una fuente de grandes beneficios. Cedieron unos terrenos y finalmente quedó instituido el colegio seminario de San Pedro, popularmente conocido como el de Galarza, «en el ejido de la villa que llaman de las Parras».

Porque fue un obispo que favoreció sobre todo a la villa de Cáceres, al igual que otros prelados posteriores y como mucho después también sucedería con don Manuel Llopis Ivorra (1950-1970), los caurienses no le tuvieron en mucha estima. Sin embargo, Pedro de Galarza pidió ser enterrado en la catedral de Coria, en un magnífico mausoleo renacentista donde la estatua de alabastro del obispo se encuentra en actitud orante. La venganza, no obstante, es un plato que se sirve frío, porque años después dicho mausoleo quedó parcialmente escondido con la construcción del retablo mayor.


Sobre el obispo Galarza se podrían contar multitud de anécdotas e incluso alguna leyenda, pero prefiero que primero adquiráis y leáis su biografía --ya os digo, muy baratita, el sábado con el periódico HOY--, porque os aseguro que va a ser de lo más interesante; y en otro momento tendremos ocasión de volver sobre la figura de tan insigne personaje.

Blasón del obispo Galarza en la fachada del Palacio Episcopal (Cáceres): De sinople, una banda de plata cargada con la leyenda AVE MARÍA, resaltada de una garza de plata, sobre ondas de plata y azur. Timbrado con un capelo episcopal, y bajo él una filacteria con el grito EX ALTO (de alto), se flanquea con borlas.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Edward Bernays

El pasado sábado tuvo lugar el acto de graduación de mi hermana, que en menos de un mes será licenciada en Psicología. Además de volver a manifestar mi enhorabuena, como prometí, pensaba dedicarle una entrada relacionada con su futura profesión. Suele ser habitual que todo hijo de vecino, desde el fontanero al panadero, pasando por insignes políticos, se las den de saber y haber leído mucho sobre Psicología… pero como mi hermana también suele decir, no basta con echarle un vistazo de vez en cuando al consultorio sentimental de la Pronto. Por ese motivo, para tratar de ser humilde y no meterme en camisas de once varas, quiero referirme a un tema, más bien a un personaje, del que pueda decir algo desde el punto de vista histórico, sin temor a meter la pata. En mi opinión, se trata además de uno de los personajes más influyentes del siglo XX y, quizá --eso me lo tendrá que confirmar mi hermana--, el primero que aplicó las teorías del psicoanálisis en el campo de la sociología, es decir, con el firme propósito de estudiar (y manipular) el comportamiento de las masas.


Posiblemente muy poca gente haya oído hablar de él, pero me refiero a Edward L. Bernays (1891-1995), que además de ser conocido por su parentesco con Sigmund Freud --era su sobrino--, está considerado como el creador de la teoría de las relaciones públicas. Aunque había nacido en Viena, siendo niño sus padres emigraron a Estados Unidos, donde cursaría estudios universitarios de agricultura, para después dedicarse a su verdadera pasión: el mundo de la publicidad y el periodismo.

La carrera de Bernays comenzó con el estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando el gobierno de los Estados Unidos y su presidente, Woodrow Wilson, contrataron sus servicios y los del periodista Walter Lippmann, con la intención de que convencieran a la opinión pública norteamericana de la necesidad de que el país interviniese en el conflicto armado europeo, modificando de este modo las preferencias mayoritarias por alemanes y austriacos, ya que Inglaterra todavía representaba en las mentes de los ciudadanos estadounidenses la opresión de la antigua potencia colonial. Para alcanzar este propósito, Bernays y Lippman convirtieron las apelaciones al inconsciente colectivo en un arma de propaganda y manipulación de masas, a fin de persuadir a la opinión pública de que el país debía ir a la guerra. Siguiendo sus consejos, el presidente Woodrow Wilson anunció que Inglaterra estaba luchando, no para restaurar su imperio, sino para extender la democracia en el mundo.


Cuando la guerra terminó, Bernays acompañó al presidente Wilson a la Conferencia de Paz de Versalles, en cuyos debates intervino activamente. Años más tarde, el propio Bernays manifestó: «Si se puede utilizar la propaganda en tiempos de guerra, también se podrá hacer en tiempos de paz. Y como la palabra propaganda llegó a estar mal vista por su uso en Alemania, entonces decidí inventar el término Relaciones Públicas».

A comienzos de la década de los veinte, Bernays decidió utilizar las poco conocidas teorías de su tío en el campo de las relaciones públicas, un término que él mismo inventó más tarde para diferenciarla de la propaganda nazi. Bernays enseñó a las corporaciones norteamericanas la manera de lograr que las personas quisieran cosas que no necesitaban, persiguiendo de esta manera un consumo masivo por parte de la sociedad, que a su vez satisficiera el incremento de la producción industrial que siguió a la guerra.

Bernays empezó sus experimentos de psicología de masas con la manipulación de las mentes de las clases populares. Se interesó por el psicoanálisis que su tío había desarrollado y utilizó sus teorías sobre el subconsciente para manipular la opinión pública, lo que enfureció a Freud, que creía que era una acción indigna. Al respecto, es muy ilustrativa la definición que Bernays nos ofrece sobre el concepto de «opinión pública»:

La opinión pública es un término que describe un grupo de juicios individuales, mal definidos, vivaces y cambiantes, a la vez que es el resultado colectivo de la opinión individual, ahora uniforme, ahora conflictiva, de los hombres y las mujeres que constituyen la sociedad o cualquier grupo social.

Su más ambicioso experimento fue convencer a las mujeres de que fumaran, algo que por aquel tiempo no estaba bien visto. Uno de sus mejores clientes, George Hill, presidente de la American Tobacco, quería encontrar la manera de romper con ese tabú. En el año 1991, el propio Bernays contaba ante una cámara de televisión cómo sucedió todo:

Estábamos perdiendo la mitad del mercado por un tabú de los hombres contra el hecho de que las mujeres fumaran en público. «¿Puedes hacer algo al respecto?», me preguntó el presidente de la tabacalera. «Déjame que piense», le dije. Y entonces fui a un psicoanalista para preguntarle qué significaba el tabaco para las mujeres. Tuve que llamar a uno de Nueva York porque mi tío vivía en Viena.



parte 1 – parte 2 – parte 3 – parte 4 – parte 5 – parte 6

En The Century of the Self, una extraordinaria y muy ilustrativa serie documental realizada hace unos cuantos años para la BBC, en la que se trata de analizar la influencia de los medios de comunicación durante el siglo XX, Adam Curtis relata como Bernays consiguió estimular el consumo de tabaco entre las mujeres. En tal sentido, comenta que uno de los primeros psicoanalistas en Estados Unidos, E. April, le contó a Bernays que en el subconsciente femenino el cigarrillo era un símbolo fálico que otorga un poder masculino y sexual. Le dijo que si podía conectar el hecho de fumar con disputar el poder masculino, las mujeres fumarían porque entonces tendrían su propio pene. Cada año en Nueva York se suele celebrar un cabalgata por la fiesta de Pascua, a la cual acuden miles de personas; Bernays decidió montar un evento en ese desfile, persuadiendo a un grupo de mujeres de la alta sociedad para que llevaran escondidos unos cigarrillos y, ante una señal suya, los encendieron de manera ostentosa. Bernays había avisado a la prensa de que un grupo de sufragistas pretendían realizar un acto de protesta reivindicando sus libertades bajo el lema antorchas de la libertad.


El experto en relaciones públicas, Pat Jackson, explicaba en el citado documental las claves ocultas de esa estrategia del sobrino de Freud:

Él sabía que todos los fotógrafos estarían ahí y que esto provocaría muchas protestas. Y estaba preparado con la frase clave: «antorchas de la libertad». Ahí enarboló el poder del símbolo; mujeres, mujeres jóvenes fumando cigarrillos, con un lema. Todo el que quiera unirse a ese lema, que es la libertad, tendrá que apoyarla. La Estatua de la Libertad es el símbolo de América, con su antorcha en la mano. Todo esto alude a la emoción, a la memoria, a los instintos inconscientes. Al día siguiente, la noticia de las mujeres que reclamaban su derecho a fumar no sólo estaba en los diarios neoyorquinos, sino de todo Estados Unidos y del resto del mundo. Desde ese momento se disparó la venta de cigarrillos a las mujeres. Bernays consiguió que fuera socialmente aceptada con un solo acto simbólico, asociando la idea de que las mujeres que fuman son más independientes, libres y poderosas.


Una idea que todavía persiste, y que fue amplificada por las inversiones que las compañías tabaqueras hicieron en las películas de Hollywood, en las que las estrellas más glamorosas siempre aparecían con un cigarrillo en la mano. No hace falta que mencionemos ningún ejemplo, pues estaríamos hablando de algunas de las mejores escenas de la historia del cine. En definitiva, Bernays consagró de esta manera el uso de los medios de comunicación para manipular a las masas. Inventó las modernas técnicas de publicidad (el llamado marketing) y con ello inauguró un nuevo período en la Historia: el de la sociedad de consumo de masas.

A lo largo de su vida, Bernays contó entre sus clientes a varios presidentes estadounidenses, como Coolidge, Wilson, Hoover, Eisenhower, Reagan o George H. W. Bush, a los que ayudó primero a alcanzar la Casa Blanca, y después como asesor en sus respectivos gabinetes. También se relacionó profesionalmente con importantes personajes de la vida pública, como el inventor Edison, el cantante Caruso, el bailarín Nijinsky, el industrial Henry Ford o el multimillonario Rockefeller; y, por supuesto, prestó sus servicios en importantes empresas transnacionales, que todos conocemos (Cartier, Dodge, CBS…). Se rumorea que Bernays recibió atractivas ofertas para trabajar en Alemania, al servicio de Adolf Hitler y su servicio de propaganda, dirigido por Joseph Goebbles; pero quizá porque era judío, o porque acabó primando más su lealtad a los principios democráticos, se negó en rotundo a colaborar con los nazis. También fue tentado para trabajar al servicio del dictador nicaragüense, Anastasio Somoza, o sin ir más lejos, de nuestro general Franco, a quien, por cierto, no le hubiera venido nada mal contar con un asesor de relaciones públicas.


Después de la Segunda Guerra Mundial, Bernays trabajó en una campaña de propaganda a favor de la United Fruit Company (hoy United Brands), que como sabemos estuvo detrás del golpe de estado que, con ayuda de la CIA, derrocó al gobierno electo de Guatemala en 1954. La empresa se servía de la mano de obra casi esclava para producir plátanos baratos que luego vendía en el lucrativo mercado de Estados Unidos. Cuando el gobierno de Guatemala, que era ligeramente reformista, trató de frenar el poder de la compañía, Bernays manipuló a los medios de comunicación para tratar de mostrar ante la opinión pública que el gobierno guatemalteco era un peligro comunista: eran los paranoicos años cincuenta y se comenzaba a vislumbrar la Guerra Fría. A Bernays le pagaron por este trabajo 100.000 dólares al año, un salario que no estaba nada mal para la época.


El sobrino de Freud siempre destacó por su notable franqueza, en una industria, la de las relaciones públicas, que el mismo había inventado, caracterizada por el dominio de las evasivas y los eufemismos:

La manipulación consciente e inteligente de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática (…). Aquellos que manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder gobernante de nuestro país (…). En casi cualquier acto de nuestra vida cotidiana, ya sea en el ámbito de la política o los negocios, en nuestra conducta social o nuestro pensamiento ético, estamos dominados por un número relativamente pequeño de personas (…) que entienden los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos los que al tirar de los cables, controlan la mente del público.

La manipulación de la opinión de masas por los medios de comunicación ha estado presente a lo largo de todo el siglo XX, y resulta especialmente llamativa cuando se trata de legitimar invasiones y guerras, desde la de Vietnam a la de Irak (¿o acaso no os acordáis de las armas de destrucción masiva?). Según confesaron algunos asesores y responsables de la carrera presidencial de Barack Obama en 2008, la campaña electoral del candidato demócrata estuvo basada en gran parte en las aportaciones y estudios de Edward Bernays: en concreto, aspectos de tal interés como la coincidencia del interés público con el privado, así como la construcción e influencia de los líderes para arrastrar a las masas.

Algunos malintencionados continúan asegurando que todas estas estrategias fueron un invento de los alemanes, pero se equivocan, se las debemos exclusivamente a Edward Bernays. Él mismo escribió en sus memorias que se sorprendió al enterarse de que Goebbels contaba con sus libros en las estanterías de su biblioteca, y que por tanto sus teorías habían contribuido al éxito y ascenso del Tercer Reich. El sobrino de Freud fue capaz de cambiar el punto de vista de mucha gente y convencerlas de que hagan lo que se les sugiere, una habilidad que pocos hombres tuvieron y que muchos desearían poseer.

Bibliografía:
- E. L. Bernays: Biography of an idea: memoirs of public relations counsel Edward L. Bernays. Nueva York: Simon & Schuster, [1965].
- Keith A. Larson: Public relations, the Edward L. Bernays and the American scene: a bibliography. Westwood, Mass.: F. W. Faxon Co., 1978.
- Idem: Los últimos años: radiografía de las relaciones públicas, 1956-1986. Barcelona: PPU, 1990.
- J. D. Barquero Cabrero: Relaciones públicas: de las técnicas comunicativas a la aplicación de las ciencias sociales en los procesos de administración de las relaciones públicas: ensayo biográfico del doctor Edward L. Bernays. S.l.: s.n., 1990.
- E. L. Bernays: Cristalizando la opinión pública: un libro para relaciones públicas, empresarios, economistas... Barcelona: Gestión 2000, 1997.
- Idem: Propaganda. [Barcelona]: Melusina, [2008].
- E. L. Bernays, J. D. Barquero Cabrero, M. Barquero Cabrero: Relaciones públicas. Palma de Mallorca: Fultwagen, [2008].

jueves, 14 de enero de 2010

Crispín d'Olot

No es la primera vez que me sucede, que conozco a gente que luego sale por la televisión y, de la noche a la mañana, se convierten en famosos. Es el caso de este peculiar y genial trovador, quizá el último de su estirpe que todavía desempeña el oficio sin importarle que desde el siglo XV haya llovido bastante. Salta a la vista que es bueno, muy bueno.

Tuve ocasión de conocerle hace casi diez, cuando mi tío lo contrató para la celebración del bautizo de su hijo, mi primo. Estuvo amenizando un espectacular banquete que organizaron en la pradera del pueblo, y allí hizo las delicias de niños y adultos con sus trabalenguas, romances y cantares de gesta, chistes y adivinanzas… Por la noche hubo verbena, y entonces cambió las canciones infantiles por las odas al vino, la carne y otros pecados. Se quedó a dormir en casa. A la mañana siguiente, mientras desayunaba, tuve la ocasión de conversar con un trovador de verdad… eso sí, llevaba encima una resaca de las que hacen Historia.







miércoles, 14 de enero de 2009

El Capitán Trueno y el misterio de Thule

Si la pasión por las aventuras de Tintín me viene por parte de mi padre, como he comentado en el post anterior; de mi madre heredé su gran afición por los tebeos del Capitán Trueno. Según me cuenta, de pequeña tenía cajas repletas con sus historietas, pero tras alguna mudanza acabaron extraviándose, y desgraciadamente luego no pude disfrutar tanto de aquéllos como hubiese deseado.

Seguro que no podemos considerar al Capitán Trueno como un héroe políticamente correcto para los tiempos que corren, no ya porque se dedicara a matar infieles --lo que tampoco nos debe extrañar, tratándose de una caballero cruzado--, sino porque encarnaba unos valores e ideales que ya hace años que cayeron en desuso, pero que, meditándolo, no nos vendría mal actualizar. Me refiero, por supuesto, a la amistad verdadera, la honestidad, la ayuda al prójimo, la defensa de los débiles frente a los poderosos… Pero me parece que esto ya lo comenté en otra ocasión y me estoy repitiendo, así que mejor que veamos este video-cómic que he encontrado, que recoge en toda su esencia una de las numerosas aventuras del capitán en la tierra de los vikingos.

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martes, 13 de enero de 2009

Tintín cumple 80 años


Aunque quién lo diría, a la vista de que sigue pareciendo un chaval. Y eso que durante estas ocho décadas no se puede decir que haya tenido tiempo para descansar: cuando no andaba buscando tesoros entre los restos de un galeón hundido en el fondo del mar; ayudaba a la policía a desmantelar redes criminales de narcotraficantes, falsificadores de dinero, comerciantes de armas o negreros; combatía con los guerrilleros de las selvas sudamericanas; desbarataba los planes de un golpe de estado contra un monarca en los Balcanes; escalaba las cimas del Himalaya y conocía al Yeti… e incluso fue el primer hombre en pisar la superficie de la Luna. En todas estas aventuras siempre contó con la compañía de su inseparable Milú, y con la ayuda inestimable de sus amigos el Capitán Haddock, el Profesor Tornasol, los detectives Hernández y Fernández o la soprano Bianca Castafiore. Demasiados viajes no exentos de riesgo que, sin embargo, no parece que le pasaran demasiada factura: más aún, antes que arredrarse, su espíritu rebosaba ímpetu y juventud, a la vista de una nueva aventura. Siempre fue el mismo, sin despeinarse el mechón pelirrojo, y sin necesidad de quitarse sus pantalones bombachos, hasta que en la década de los setenta alguien le dijo que mejor con unos vaqueros, por eso de no hacer el ridículo.


Conocéis de sobra mi afición por los cómics del joven reportero belga, pues en más de una ocasión lo he mencionado en este blog. Se trata de una pasión que me acompaña desde la infancia, y con el tiempo, en vez de disminuir, ha ido en aumento. De las pocas situaciones que todavía puedo recordar de cuando era niño, no se me borrará de la memoria cuando me sentaba al lado de mi padre y éste me leía las aventuras de Las siete bolas de cristal y El templo del Sol, que por entonces, me acuerdo, publicaban por entregas cada domingo en el suplemento de El País. Cuando aprendí a leer, fueron los primeros libros que me regalaron; y quizá por este motivo, también serían para siempre mis episodios preferidos de la serie, en los que Tintín viaja a Perú y descubre una civilización inca que sobrevive oculta en las montañas.


Después, poco a poco, me iría comprando toda la colección, y por ese cariño especial que se le concede a las primeras lecturas, y a pesar de conocerme todos los álbumes de memoria, hasta el más nimio detalle, conservo cada uno en perfecto estado y ordenados cronológicamente en una estantería. Junto a ellos tengo otras obras, más específicas y propias de coleccionistas, o de otros personajes creados por Hergé, como los traviesos Quique y Flupi.



En mi reciente viaje a Bruselas, aunque me quedé con ganas de ver el Museo del Cómic, no pude resistir la tentación de gastarme el dinero en una de las tiendas de Tintín. En Bélgica, todo el merchandising que rodea a las aventuras de Tintín está monopolizado por las tiendas oficiales, que, por cierto, son un poco caras. Aun así, cedí a la tentación y además de un Milú de peluche, postales, llaveros y otros zarrios, acabé comprándome esta maqueta, que reproduce la portada de El cangrejo de las pinzas de oro. Lo sé, no tengo remedio… ni remordimiento.


No quisiera soltaros más rollo, además tampoco son horas, aunque podría ponerme a contar y no parar… Por ejemplo, también me gustaría comentaros que, si bien todo el mundo sabe que la profesión de Tintín es la de reportero, nunca se le ve escribiendo una crónica, ni tampoco se sabe para qué periódico trabaja. Sólo en La oreja rota aparece tomando notas para un hipotético artículo sobre un robo en el museo, que después no llega a escribir. ¿Era un vago? ¿De dónde obtenía sus ingresos? Son preguntas que tampoco vienen al caso, y que quizá trate de contestar en otra ocasión. Por ahora, os dejo con estos capítulos de la serie de dibujos animados, que recrean los dos cómics que antes mencioné y dije que son mis favoritos: Las siete bolas de cristal y El templo del Sol. Buenas noches.



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lunes, 22 de diciembre de 2008

¡Ay, la Virgen!

¡Ay, la Virgen! Me acuerdo que exclamaba mi abuela, cada vez que recibía un sobresalto, o cuando escuchaba una mala noticia en el transistor que, inseparable, la acompañaba allá donde fuera, en el bolsillo de su bata. No sé si hubiera dicho lo mismo, de haber visto la portada de este mes de la revista Playboy (en su edición mejicana). Lo cierto es que yo me he quedado con la boca abierta, no por considerar que esto sea una blasfemia, ni mucho menos --líbreme la Virgen de la Montaña de ser tan retrógrado--, sino al ver cómo está la moza. Como diría un amigo mío: con vírgenes así, estarían las iglesias llenas…


domingo, 28 de septiembre de 2008

San Wenceslao

Hoy es el santo de mi abuelo, y como ya es costumbre cada vez que alguien de la familia celebra su onomástica, aprovecho la ocasión para felicitarle y dedicar una entrada a la biografía de este santo mártir, que es también el patrón de la República Checa.


El joven príncipe, que nació en Bohemia hacia el año 907, personifica el ideal del héroe nacional, valientemente comprometido en la promoción cultural y religiosa del pueblo eslavo.

Cuando se derrumbó el reino moravio, en el 895, los príncipes bohemios, entrando en el juego diplomático de las potencies de ese entonces, se aliaron con el fuerte reino franco, y adoptando los principios de las antiguas civilizaciones comenzaron el proceso de europeización de los estados de Europa central.

Líder de esta política de visión hacia el futuro fue el joven duque de Bohemia, Wenceslao. El había sido educado cristianamente por la abuela Ludmila, venerada como santa. Tan pronto tuvo la edad requerida, sucedió al padre después de la breve regencia de la madre Draomira. Mujer intrigante, Draomira prefería al segundo hijo, Boleslao, y fomentó con todos los medios a su alcance la rivalidad entre los dos, hasta el punto de llevar al segundo a mancharse con el grave delito del fratricidio.

En la mañana del 28 de septiembre del 935, mientras Wenceslao salía de casa para ir a misa, Boleslao, que lo esperaba en un lugar solitario con un grupo de cómplices, le saltó encima para herirlo por la espalda. El joven rey, que todavía no tenía treinta años, detuvo el golpe y echó mano a su espada, pero cuando se dio cuenta que el asesino era su hermano bajó el arma, murmurando: «Podría matarte, pero la mano de un siervo de Dios no debe mancharse con el fratricidio». Fue asesinado por los sicarios de Boleslao.

Este ejemplarísimo príncipe cristiano anteponía sus deberes religiosos a los de soberano, hasta el punto de llegar tarde a una importante asamblea de Worms, convocada por el emperador Otón, porque estaba en misa. No era raro ver al joven rey mezclado con los otros fieles, con los pies descalzos, durante las procesiones penitenciales. Impuso a su cuerpo la dura disciplina del cilicio y las diarias mortificaciones.

Fue considerado como un rey renunciatario por haber buscado la alianza con los poderosos francos limítrofes, pero el mismo hermano Boleslao, que le sucedió, después de haberlo mandado asesinar, comprendió esa política realista y la siguió. Boleslao comprendió el error de valoración respecto de su hermano, hacia quien la devoción popular creció de día en día, por los prodigios que se obraban sobre la tumba del mártir, venerado inmediatamente como santo, el primero de los pueblos eslavos.

Estatua escuestre de San Wenceslado (1912), en la plaza de Praga que lleva su nombre (Václavske Námĕstí).

jueves, 18 de septiembre de 2008

Conductor novel


No sé si alguien dudaba de que lo aprobaría la primera, pero desde esta mañana, tras haber superado el examen práctico de conducir, soy oficialmente uno de tantos españoles con derecho a contaminar, aunque a cambio de poder llegar antes y cómodamente a los sitios. Lo que sucede es que, por ahora, no tengo coche…

A raíz de esto y para que no parezca que esta entrada la escribo sólo por presumir --o por reírme de aquellos amigos y familiares que no se sacaron el carné hasta el tercer intento o más--, quiero poner este video de una de las series de televisión más divertidas de nuestra infancia, que seguramente recordaréis.

jueves, 11 de septiembre de 2008

11 de septiembre

Han pasado ya siete años, pero parece que fue ayer. Si preguntas a cualquier persona, recordará con nitidez y podría contar con detalle dónde se encontraba o qué estaba haciendo aquel día, cuando vio por televisión estrellarse unos aviones contra las torres gemelas de Nueva York. El que escribe estas líneas, con más motivo. Aquella mañana era la primera vez que iba al instituto, en compañía de uno de los hijos de mi familia de adopción. Esto sucedió un martes, pues el sábado acaba de llegar al aeropuerto de Washington, para pasar un mes con una beca de estudios aprendiendo inglés, o por lo menos intentándolo. Me llevaron en autobús hasta el condado de Lancaster, en Pensilvania, donde me estaba esperando la familia que me acogería en su casa durante este tiempo. Cuando sucedieron los atentados, llevaba tres días en los Estados Unidos, y apenas me había dado tiempo de ver ni conocer nada.

Recuerdo que a primera hora de la mañana, cuando llegue al instituto, o al highschool, como lo llaman por allí, había examen de Música. Como aquello no iba conmigo, me puse a hacer otra cosa. Me había llevado en la mochila una antología poética y me dio por ponerme a leer a Machado. Cuando iba por aquello de Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta / --no fue por estos campos el bíblico jardín--…, sonó el timbre que señalaba el final de la clase. Al cabo de un rato entró el profesor de Matemáticas, con un vaso de café en una mano y un transistor en la otra. Esto me llamó la atención, y me pregunté que si sería habitual que aquel tipo pasase de dar clase para terminar de desayunar y escuchar la radio. Como mi inglés tampoco era muy fluido, al principió no presté mucha atención a lo que decía el informativo. Como todo el mundo escuchaba las noticias, yo volví a lo mío y seguí leyenado: … son tierras para el águila, un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín.

Pasaron unos cinco minutos, y entonces advertí la cara de preocupación en todos mis compañeros de clase, que seguían absortos escuchando la radio. Hice un esfuerzo por entender auqello y me pareció que lo que estaban retransmitiendo no era nada bueno. Arranqué un trozo de papel de un cuaderno y le pedí a Tony, el hijo de la familia que me acogía, que me explicara qué estaba sucediendo. Como todos estaban en silencio y me hablaba cuchicheando, no me enteraba muy bien de lo que me quería decir; o acaso sí le entendí, pero no llegué a creérmelo, así que pensé que era yo el que no había captado correctamente la información. Cogió el papel y dibujó como dos rectángulos alargados, y un avión estrellándose contra uno de ellos. Al lado anotó: world trade center, NY y hyjackers (sic)… Entonces lo comprendí todo.


Cuando volvió a sonar el timbre, todo el colegio se reunió en los pasillos, y ya pude preguntar por los detalles de lo que estaba sucediendo. La gente andaba alterada, aunque no lo suficiente, porque nadie había visto todavía las imágenes en televisión. Algunos salimos a la puerta y miramos al cielo, pues acabábamos de escuchar que un tercer avión se había estrellado contra el Pentágono y otro sobrevolaba Pensilvania con los secuestradores a bordo. Pero el cielo estaba azul y limpio, demasiado tranquilo para presagiar que aquello fuera el fin del mundo.

Después de reunirnos en el comedor y rezar todos juntos, nos dejaron marcharnos a casa. La nuestra estaba apenas a doscientos metros del colegio, sólo había que cruzar un maizal para llegar andando. Cuando abrimos la puerta, nos encontramos a todo la familia viendo la televisión. También estaban los vecinos, que eran de la secta de los amish y, como sabéis, en casa no tienen ni radio, ni televisor ni ningún otro electrodoméstico; por eso habían venido enseguida, en cuanto se enteraron de lo que estaba sucediendo. Nada más llegar, fue el momento en que se derrumbó el primer rascacielos.

Aquella noche no dormí, aunque quienes seguramente pasaron peor noche fueron mis padres, ya que en aquellas circunstancias era casi imposible llamar por teléfono y el internet estuvo funcionando muy mal durante toda la tarde. Mis padres pensaban, según la información del programa de actividades que les habían facilitado cuando partí de España, que aquel día tenía que estar de visita en Nueva York. Finalmente no fue así, porque al llegar a América, hubo cambio de planes y se pospuso la excursión para el miércoles. Después tampoco llegué a visitar Manhattan, pero a veces se me ha pasado por la cabeza que quizá yo podría haber estado allí.

Todo me parecía un sueño, nunca pensé que me iba a tocar vivir de cerca un hecho histórico de tal magnitud, que cambiaría el rumbo de este siglo XXI que acababa de empezar; a mí, que apenas unas semanas después iba a empezar la carrera de Historia, y estaba viviendo la Historia en primera persona. Por motivos obvios, no pudimos ir a visitar Nueva York, como estaba planeado, pero sí estuve en Washignton D.C. y pude ver el enorme agujero que dejó el avión que se estrelló contra el Pentágono.


No podemos negar que aquel día marcó la vida de cada una de las personas que viven sobre este planeta, así como de las generaciones que aún están por venir. Cuando regresé a casa, mi abuelo, que de adolescente le tocó vivir la guerra civil, y había conocido una guerra mundial y otros avatares y desastres a lo largo de sus años, me dijo que nunca había pasado tanto miedo como aquel 11 de septiembre. Los atentados contra las torres gemelas, más allá de las víctimas y los daños que ocasionaron, fueron el anuncio de que a partir de entonces el mundo no iba a ser el mismo… y, en efecto, así fue. Me queda el consuelo de poder contarles a mis hijos y mis nietos que yo estuve allí.

Mi amigo Felipe y el que escribe este blog, a nuestra llegada a Cáceres. Fuimos objeto de atención por parte de todos los medios de comunicación locales.


viernes, 13 de junio de 2008

El niño y los pajaritos


Hoy es el día de mi santo. Por eso, he querido traer esta canción en la que se narra el milagro que San Antonio obró siendo niño, en su Lisboa natal. Aunque quizá sea el santo más venerado de toda la cristiandad --es rara la iglesia donde no hay una imagen suya--, luego la gente conoce muy poco sobre su vida y milagros. En mi casa se le tiene mucha devoción, sobre todo mi madre, ya que los hijos le hemos salido un poco descreídos; y si llevo el nombre que tengo, también es por tradición familiar: por mi madre, mi bisabuelo…, y así hacia atrás. Me parece que todo viene por unos antepasados portugueses, pero no estoy del todo seguro y lo tendré que investigar.

La siguiente canción recuerdo que la cantábamos en la fiesta del colegio, que se celebraba tal día como hoy. Yo pienso que con esto los frailes mataban dos pájaros de un tiro (que sutil ironía, por cierto), ya que además de intentar fortalecer nuestra fe mediante la música, nos daban gratis una clase de ornitología. Seguramente esta tarde también se escuchará en la procesión que sale de la ermita del santo y recorre las callejuelas del antiguo barrio judío y la ciudad monumental. La versión que a continuación escucharemos fue popularizada por Cecilio, ese verato internacional que con su peculiar timbre de voz llenó de casetes los expositores de las gasolineras y los mercadillos ambulantes, con grandes éxitos que cada verano se vuelven a escuchar en las verbenas de todos los pueblos de la región. Espero que sea de vuestro agrado y os reto a que seáis capaces de aprenderos la letra.




Padre mío San Antonio,
suplicad al Dios inmenso
que con su gracia divina
alumbre mi entendimiento.

Para que mi lengua
refiera el milagro
que el huerto obrasteis
de edad de ocho años.

Desde niño fue criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración.

Fue caritativo
y perseguidor
de todo enemigo
con mucho rigor.

Su padre era un caballero
cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el tiempo traía.

Por la mañana un domingo
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa
cosa que nunca olvidaba.

Y le dijo: «Antonio,
ven acá, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado.

Mientras yo estoy en misa
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder.

Entran en el huerto,
pican el sembrado,
por eso te advierto
que tengas cuidado».

Cuando se ausentó su padre
y a la Iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó:

«Venid pajaritos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.

Para que mejor yo pueda cumplir
con mi obligación,
voy a encerraros a todos
dentro de esta habitación».

Y a los pajaritos
entrar les mandaba
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó,
porque todos acudieron
cuando Antonio les llamó.

Lleno de alegría
San Antonio estaba
y los pajaritos
alegres cantaban.

Cuando se acercó su padre
luego les mandó callar,
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:

«Ven acá Antoñito,
dime hijito amado
¿de los pajaritos
qué tal has cuidado?»

El niño le contestó:
«Padre, no tenga cuidado,
que para que no hagan mal
todos los tengo encerrados».

El padre que vio
milagro tan grande,
al señor obispo
trató de avisarle.

Acudió el señor obispo
con gran acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.

Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.

Antonio les dijo entonces:
«Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande».

Se puso en la puerta
y les dijo así:
«Ea, pajaritos,
ya podéis salir.

Salgan cigüeñas con orden,
águilas, grullas y garzas,
avutardas, gavilanes,
lechuzas, mochuelos, grajas.

Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices.

Salga el cuco y el milano,
zorzal, patos, y andarríos,
canarios y ruiseñores,
tordos, jilgueros y mirlos.

Salgan verderones
y las cardelinas,
también conjugadas
y las golondrinas».

Al instante que salieron
todos juntitos se ponen,
escuchando a San Antonio
para ver lo que dispone.

Antonio les dice:
«No entréis en sembrados,
marchad por los montes,
por riscos y prados».

Al tiempo de alzar el vuelo
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y su ilustre compañía.

El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo.

Árbol de grandiosidades,
fuente de la caridad,
depósito de bondades,
padre de inmensa piedad.
Antonio divino,
por tu intercesión
todos merezcamos
la eterna mansión.

martes, 10 de junio de 2008

Russian Red

Mi hermana parece que tuviera un sexto sentido. Puede llevar años escuchando a cierto cantante o un grupo de música que no los conoce ni su madre, pero tarde o temprano, he comprobado, que acabarán siendo famosos. Y no es que me haya dado cuenta una ni dos veces, sino que a fuerza de poner la radio y escuchar una música que ya conocía, porque antes se la había escuchado a ella, he llegado a la conclusión de que si a mi hermana le gusta tal cantante, tiene el éxito asegurado.

Hace unas semanas le comenté que había descubierto la música de una chica madrileña que cantaba en inglés y que me tenía enganchado; entonces, va la jodida y me dice que ya la conocía desde hacía meses. Así que lo supe de inmediato: dentro de nada estaría sonando en los 40 Principales. La cantante en cuestión se llama Lourdes Hernández y tiene 22 añitos, y con el nombre de Russian Red acaba de editar su primer trabajo, titulado I love your glasses. Me gusta por la combinación de ese aspecto inocente y la dulzura de su voz, pero además porque hacía tiempo que nadie se atrevía a interiorizar la música folk, por lo menos en este país. Como he dicho, la escucho a todas horas. Espero que sea de vuestro agrado, y ya sabéis, si lo dice mi hermana será por algo…



sábado, 26 de abril de 2008

Deixa a mão...

Primavera, tiempo de flores, canciones y libros, sobre todo de libros. Durante esta semana, han sido más los que me han regalado que los que he tenido ocasión de comprar en la feria. Primero fueron los que cogí en la maratón de lectura y, el viernes, me vine del Archivo Histórico Municipal, donde ahora paso buena parte de las mañanas, con la cartera llena. Mi amigo Fernando Jiménez Berrocal, el archivero, me regaló un buen lote, entre los que iban el poemario de José Manuel Díez titulado La caja vacía, ganador del XVIII premio Cáceres, Patrimonio de la Humanidad, y su conocido trabajo sobre las lavanderas, del que creo que soy el único empadronado en esta ciudad que no tenía un ejemplar en casa. Ojeándolo, me he llevado una sorpresa al ver nombrada a mi bisabuela, La Cañeta, que junto a su madre y sus tres hermanas vivió en el barrio de las Tenerías a principios del siglo pasado. Fernando no lo dice en su libro, pero tras casarse con mi bisabuelo Antonio y trasladarse a vivir a Aguas Vivas, siguió ganándose la vida lavando ropa, sobre todo la de los frailes franciscanos del Colegio San Antonio. Lo que sucede es que no utilizaba los lavaderos públicos, sino que hacía la colada en el pozo de su casa, la misma casa en que dio a luz a nueve hijos y después vivió con todos sus nietos… que no fueron pocos.

Ayer por la tarde también me llevé otro libro para casa. Estuve en la IV Maratona de leitura em língua portuguesa, que se celebraba en la Plaza de San Jorge. Entre la gente que iba a Santa María a ver a la Virgen y los que acudían a Foro Sur, no había quien cupiese por la calle. El sol lucía con fuerza, pregonando una vez más una estación repleta de buenas intenciones. El poema que me tocó leer es el siguiente de Eugénio de Andrade:


Deixa a mão...

Deixa a mão
caminar
perder o alento
até onde se não respira.

Deixa a mão
errar
sobre a cintura
apenas convente
com nácar da língua.

Só um grito desde o chão
pode fulminá-la.

A morte
não é um segredo
não é em nós um jardim de areia.

De noite
no silêncio baço dos espelhos
um homem
pode trazer a morte pela mão.

Vou ensinar-te como se reconhece
repara
é ainda um rapaz
não acaba de crecer
nos hombros
a luz
desatada
a fulva
lucidez dos flancos.

A boca sobre a boca nevava.



Por la noche, cervecita en El Corral, preparando con Felipe el viaje a Madrid, mientras veíamos pasar delante de nuestra narices los suspiros de una edad que algún día perderemos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

"El embargo" (dedicada a mi padre)

Hoy es el día del padre, pero aún no he podido felicitar al mío porque se fue a visitar al suyo, que, curiosidades de ésta vida, resulta que también es mi abuelo. Y como no le voy a ver en todo el día, por eso quería dedicarle este poema. Aunque mi padre no es de aquí, siempre le han gustado mucho los poetas extremeños. Recuerdo que cuando era chico y entonces no había autovía, subíamos a León en el R-11 y los viajes se hacían interminables; por eso le gustaba recitarme poesías y yo, de tanto escucharlas y repetirlas, me las acababa aprendiendo. Las de Gabriel y Galán me ponían los pelos de punta, pues en muchas ocasiones me las recitaba mientras atravesábamos los mismos parajes y montes que evocaban historias a la vez tan tiernas y tan trágicas como Mi vaquerillo o esta que traigo hoy aquí.


El embargo

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto!...
Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!..

(Extremeñas, 1902)


jueves, 13 de marzo de 2008

Hermana muerte


El próximo martes, 18 de marzo, tendrá lugar en Segovia la presentación del libro Hermana muerte, la última obra de mi tío, Raúl Rodríguez. Al libro lo acompaña una película y ambos son fruto de una profunda reflexión motivada por la enfermedad y posterior muerte de su madre --mi abuela--, que falleció en junio del año pasado.

Podría ponerme melancólico y contaros las mil y una experiencias y afinidades que mis hermanos y yo vivimos con Felisa, sobre todo durante aquellos meses de verano de nuestra infancia que, más que nos pesara, nos sentíamos obligados a pasar en Villeza, un pueblecito de apenas cien habitantes, apartado de la mano de Dios en el páramo leonés. No conocí a otra abuela más que a ella, siempre la recordaré con una bolsa de plástico colgada del codo, esperando a que llegara el panadero, mientras tendía la ropa, cocinaba o hablaba mal del Gobierno. En eso era en lo que más nos parecíamos. Fue alcaldesa y desde entonces su nombre lo lleva la calle en donde vivía. No me faltan motivos para estar orgulloso. Pero, como digo que no quiero ponerme nostálgico, prefiero que sea mi tío quien cuente de qué trata su obra:

¿Por qué este proyecto que ahora os presento? ¿Cómo nació? ¿Qué se puede decir de mi madre? ¿Cuál era su esencia?

Mi madre, cuanto menos cuerpo tenía, más crecía su alma; era una relación inversamente proporcional: cuanto más disminuían sus fuerzas, cuanto más se debilitaba su ser físico, su alma se hacía cada vez más grande, más radiante, más transparente. Así nacieron este libro y esta película, una experiencia llena de Amor que la vida ha querido que pueda compartir con todos vosotros.

Me gustaría haceros sentir lo que yo he sentido. Os entrego estos ojos. Os doy esta piel. Reparto entre todos mi corazón. Me gustaría que os pudiera inundar también el mismo vacío, ese vacío lleno de todo que me ha conmovido, ese vacío que está detrás de todas las cosas, el vacío que puede elevar y elevar la vibración de todas las conciencias. Este vacío es nuestro verdadero hogar.

Uno de los mensajes más claros que recibí al lado de mi madre es que se puede intentar ver la muerte no como una amenaza, sino como un proceso de misterio y revelación. Aunque haya dolor y sufrimiento, la muerte puede ser un tránsito en la alegría y en el gozo. Creo que si conseguimos ver la muerte con otros ojos, cambiará también nuestra manera de vivir.

Lo de escribir puede que sea un vicio que nos venga de familia. Mi abuela también lo hacía, aunque utilizaba cualquier papel que tenía a mano y luego guardaba entre revistas, cajas de lata y misales. También escribía poesía, como aquella que recitó montada sobre un borrico en la fiesta de San Antón. Entonces era yo bien pequeño, y me acuerdo como si fuera ayer.

La presentación del libro y DVD Hermana muerte (gracias por venir a visitarme) tendrá lugar el martes, 18 de marzo, a las 20:00 horas, en la Sala Caja Segovia,
C/ Carmen 2
(Segovia)
Entrada libre. Aforo limitado.
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