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miércoles, 9 de junio de 2010

Biografía del obispo Galarza

El próximo sábado no podéis perderos la ocasión de acudir al establecimiento de venta de prensa que tengáis más cercano. Como algunos seguro que ya sabéis, el Ateneo de Cáceres está publicando una serie de biografías de personajes relevantes relacionados con la historia de la ciudad. Se pueden adquirir cada sábado por un módico precio, junto con el periódico HOY. Los anteriores fines de semana salieron a la venta las biografías de José González Zorrilla el Zahorí (por David Narganes Robas), Diego María Crehuet (por Marcelino Cardalliaguet Quirant) y Juan José Narbón (por Manuel Vaz-Romero Nieto). Esta semana le toca el turno al obispo don Pedro García de Galarza, cuya semblanza ha sido elaborada, tras un previo e intenso trabajo de investigación, por Mercedes Pulido Cordero y Cecilia Martín Pulido.

Pedro García de Galarza (1538-1604), natural de Bonilla de Huete (provincia de Cuenca), fue obispo de Coria desde 1579 hasta su muerte. Dotado de una profunda formación humanística, podría ser considerado como un prototipo del príncipe de la Iglesia en su época: ilustrado y sensible para las artes, a la vez que diestro en los asuntos de gobierno. Su episcopado se caracterizó fundamentalmente por la aplicación en la diócesis de las acuerdos y normativas emanadas del Concilio de Trento, labor en la que contó con no poca oposición, sobre todo de las órdenes religiosas. Para llevar a cabo dicha empresa convocó sendos sínodos: el de 1594, en Cáceres, y el de 1596, en Coria, cuyas disposiciones regirían durante varios siglos la vida eclesiástica de la diócesis cauriense.

Galarza fue amigo personal y consejero de Felipe II, a quien ayudó en diversas misiones diplomáticas, sobre todo en relación con la reciente incorporación a la Corona del reino de Portugal. De hecho, el rey estuvo alojado en casa del obispo en 1583, cuando regresaba tras ser coronado en el país vecino. El obispo Galarza fue también el promotor de las obras de reforma y ampliación del palacio episcopal cacereño, en cuya fachada queda constancia de su impronta en el escudo heráldico y la inscripción del dintel: DON GARCIA DE GALARÇA OBISPO DE CORIA 1587.


Sin duda alguna, su iniciativa más importante fue la de construir un seminario en la villa de Cáceres, de acuerdo con las disposiciones del Concilio de Trento. El cabildo catedralicio de Coria se opuso firmemente al proyecto del obispo, pues pretendían que el seminario se fundase en aquella ciudad, por ser la cabecera de la diócesis. En cambio en Cáceres, el concejo apoyó con enorme entusiasmo la empresa del obispo, pues veían en ella una fuente de grandes beneficios. Cedieron unos terrenos y finalmente quedó instituido el colegio seminario de San Pedro, popularmente conocido como el de Galarza, «en el ejido de la villa que llaman de las Parras».

Porque fue un obispo que favoreció sobre todo a la villa de Cáceres, al igual que otros prelados posteriores y como mucho después también sucedería con don Manuel Llopis Ivorra (1950-1970), los caurienses no le tuvieron en mucha estima. Sin embargo, Pedro de Galarza pidió ser enterrado en la catedral de Coria, en un magnífico mausoleo renacentista donde la estatua de alabastro del obispo se encuentra en actitud orante. La venganza, no obstante, es un plato que se sirve frío, porque años después dicho mausoleo quedó parcialmente escondido con la construcción del retablo mayor.


Sobre el obispo Galarza se podrían contar multitud de anécdotas e incluso alguna leyenda, pero prefiero que primero adquiráis y leáis su biografía --ya os digo, muy baratita, el sábado con el periódico HOY--, porque os aseguro que va a ser de lo más interesante; y en otro momento tendremos ocasión de volver sobre la figura de tan insigne personaje.

Blasón del obispo Galarza en la fachada del Palacio Episcopal (Cáceres): De sinople, una banda de plata cargada con la leyenda AVE MARÍA, resaltada de una garza de plata, sobre ondas de plata y azur. Timbrado con un capelo episcopal, y bajo él una filacteria con el grito EX ALTO (de alto), se flanquea con borlas.

viernes, 27 de febrero de 2009

Palacio de los Condes de Adanero

Hace unos meses me pareció oportuno dedicarle sendas entradas a dos de las casas palaciegas más conocidas del casco antiguo cacereño: la de los Ribera y la de la Generala. En aquella ocasión, además de comentar algunos aspectos de su arquitectura, me refería también a las familias que vivieron en ellas. Con la excusa de seguir hablando de la historia y el patrimonio artístico de nuestra ciudad, he decidido continuar este paseo por donde lo dejamos. Si ascendemos por el adarve, el siguiente edificio digno de mención que nos encontraremos es el que se conoce como Palacio de los Condes de Adanero, justo enfrente del postigo de Santa Ana.


Su fachada es sobria, toda de mampostería, y quizá por eso destaca aún más el magnífico portón, copiado de uno de los modelos que Sebastián Serlio recoge en sus Cinco libros de arquitectura, y que a su vez sigue el gusto manierista de Giulio Romano. La puerta arquitrabada se corona con un frontón que se abre para albergar las grandes dovelas superiores. En los laterales dos columnas fajadas encierran el mismo tipo de sillares, almohadillados y perforados con agujeros, que crean en el espectador la sensación de que en lugar de áspero granito puede acariciar suave terciopelo. Esta combinación plástica, capaz de generar tal efecto ilusorio, es propia del manierismo de finales del siglo XVI.


Alrededor se disponen varios vanos de manera asimétrica, con una interesante rejería el situado a la derecha. Sobre las ventanas del piso superior podemos contemplar las ya conocidas armas de Ovando-Mogollón: la cruz flordelisada cantonada de veneras y los dos osos con bordura de aspas. En la pared que hace esquina también vemos dos escudos de los Ulloa, marqueses de Castro Serna y condes de Adandero, actuales propietarios de la casa.

Si tuviéramos la suerte de visitar el interior, podríamos admirar un patio cuadrado con dos columnas toscanas que sujetan arcos de medio punto, en la parte baja, y un segundo piso claustrado con arcos escarzanos muy anchos. La colección de blasones que alberga también sería digna de mencionar.

El solar que actualmente ocupa el palacio perteneció a los Paredes, pero a finales del siglo XVI fue adquirido por Pedro Rol de Ovando y de la Cerda (1569-1637), segundo Alférez Mayor de Cáceres y caballero de Alcántara, quien posiblemente mandó construir la portada. La casa pasó entonces a formar parte de su mayorazgo, junto con otra de su propiedad --la que posteriormente sería conocida como la de la Generala--; por lo que durante años ambas pertenecieron a la misma rama de los Ovando, de la que ya tuvimos ocasión de hablar, y que desde 1655 ostentarían el título de marqueses de Camarena.

Tras la disputa que en el siglo XVIII dio lugar a la división de las ramas de los marqueses de Camarena la Real y Camarena la Vieja, la casa que nos ocupa pasó a pertenecer a estos últimos. Como ya comentamos, los descendientes de Francisco Antonio de Ovando Rol (1640-1679), tío del teniente general Vicente Francisco de Ovando Rol (1700-1781), le disputaron a éste el mayorazgo al que iba unido el título de marqués de Camarena. El pleito fue ganado finalmente por María Josefa de Ovando y Ovando (1751-1775), bisnieta de Francisco Antonio de Ovando, que desde entonces sería la quinta marquesa de Camarena la Vieja; mientras que el rey Carlos III compensó a Vicente Francisco de Ovando con el nuevo título de marqués de Camarena la Real.

María Josefa de Ovando era hija de Francisco Antonio Rol de Ovando y Carvajal († 1756) y Francisca Antonia de Ovando y Vargas (1731-1800), hija a su vez de Diego Antonio de Ovando y Cáceres (1691-1743), II marqués del Reyno. Al fallecer sin sucesión el nieto primogénito de éste, Diego María de Ovando y Cáceres (1755-1808), el marquesado del Reyno recayó en la descendencia de María Josefa de Ovando. Hay quien confunde a esta noble dama con María Cayetana de Ovando Calderón (1736-1802), la Generala, de la que ya tuvimos ocasión de hablar. Este error puede deberse quizá porque vivieron en la misma época, eran vecinas y ambas estuvieron casadas con militares. María Josefa de Ovando contrajo matrimonio en 1773 con Antonio Vicente de Arce y Porres, natural de Brozas y brigadier de los Reales Ejércitos; el primogénito de ambos, Antonio María de Arce y Ovando (1775-1832), como hemos dicho, acabaría reuniendo los títulos de VI marqués de Camarena la Vieja y V del Reyno.

Postal del palacio de los Condes de Adanero (1920)


Merece la pena que nos detengamos en la biografía de Antonio María de Arce, que, como su padre, fue un destacado militar que comenzó su carrera combatiendo en la Guerra de la Independencia. Con el regimiento de infantería de Plasencia tomó parte en numerosas acciones militares, como las del puerto de Mirabel y el puente de Almaraz (enero de 1809). Allí se mantuvo con su unidad hasta el 18 de marzo de ese mismo año, cuando se produjo la retirada del ejército del general Cuesta. También estuvo presente en la desgraciada batalla del Medellín (28 de marzo de 1809) y en el acantonamiento de tropas en Monesterio (Badajoz). Más tarde fue destinado con una brigada a la región del río Tiétar, donde permaneció hasta que fueron atacados por fuerzas muy superiores comandadas por los mariscales Soult, Mortier y Ney, no quedando más remedio que replegarse. Posteriormente le encontramos en Asturias, a las órdenes de su padre, y más tarde en el ejército del Marqués de la Romana. Después pasó al batallón de milicias provinciales de Trujillo, en el que estuvo destinado hasta el final de la guerra.

En 1820, encontrándose en Andalucía, se opuso a la sublevación del general Riego, que finalmente triunfó e impuso el régimen liberal de la Constitución de Cádiz. El Marqués de Camarena la Vieja se retiró entonces a Cáceres con real licencia, aunque al año siguiente estuvo destinado nueve meses en Zaragoza. Mientras tanto, en Cáceres se había desatado una feroz represión contra todo elemento realista, dirigida por el juez de primera instancia, y después jefe de lo político, don José G. Landero Corchado. A su regreso, Camarena se hizo cargo del mando militar de la provincia de Cáceres, y gracias a esta privilegiada posición, consiguió salvar la vida de algunos compañeros realistas.

Con el restablecimiento del orden absolutista en 1823, el Marqués de Camarena fue nombrado regidor perpetuo del Ayuntamiento cacereño. La Regencia le encargó también organizar el regimiento provincial de Trujillo y el de voluntarios realistas de Cáceres. Sin embargo, no se encontraba seguro en Extremadura, donde campaban a sus anchas partidas de salteadores, muchas de ellas dirigidas por liberales, como es el caso de El Empecinado, cuyas tropas saquearon Cáceres el 17 de octubre de 1823. Antes de poner en peligro su vida, decidió marcharse a Madrid, mientras su familia estuvo refugiada en Portugal. Un año antes de morir fue ascendido a mariscal de campo.

En 1816 había contraído matrimonio en Madrid con María Josefa Colón y Sierra († 1855), natural de Valladolid y descendiente nada menos que de Cristóbal Colón, con quien tuvo tres hijos. La primogenitura de los marqueses de Camarena la Real continuó con José Francisco de Paula de Arce y Colón († 1856), que en 1840 se casó con María de las Mercedes Aponte y Ortega Montañés (1822-1896), VIII marquesa de Torreorgaz y V de Camarena la Real, bisnieta de Vicente Francisco de Ovando y la Generala (v. entrada anterior). El único hijo de este matrimonio que llegó a la edad adulta fue García Ramón de Arce y Aponte (1844-1897), que reunió los títulos de VIII marqués de Camarena la Vieja, VII del Reyno y de Torreorgaz, y conde de los Corbos.

Su interesante y controvertida biografía merecería por sí sola una entrada, no sólo para detallar sus innumerables amoríos, sino para analizar cómo acumuló en su persona buena parte de los grandes títulos cacereños y sus fortunas. Murió soltero en San Juan de Foz (Portugal), y al no contar con descendencia legítima, los marquesados de Camarena la Vieja, Camarena la Real y el condado de los Corbos, pasaron a los Carvajal de la Calle Empedrada; el marquesado de Torreorgaz, a los Jaraquemada y a los Velasco; y el marquesado del Reyno quedó vacante, por tratarse de un título napolitano. El palacio que nos ocupa quedó entonces en manos de José María de Ulloa y Ortega Montañes (1839-1905), IX conde de Adanero y VIII marqués de Castro Serna, que era medio hermano de la referida doña Mercedes de Aponte y, por tanto, tío del último marqués del Reyno.

José María de Ulloa, sin embargo, no vivió nunca en el palacio del que hoy nos ocupamos, sino en el cercano y conocido como del Vizconde de Roda, que pertenecía a los Ulloa, señores de Pajarillas, de los que también era descendiente. El conde de Adanero, o marqués de Castro Serna --que cuando uno goza de tantos títulos, da lo mismo llamarlo por uno o por otro--, reunió una gran colección de obras de arte, sobre todo pinturas, muchas de las cuales adquirió de conventos desamortizados o de familias nobles arruinadas por la desaparición del régimen de mayorazgos. Tan elevada debía ser su fortuna, que existe esta frase que todavía se emplea para aplacar los caprichos infantiles: «Tú te has creído que eres hijo del Marqués de Castro Serna».

Actualmente tanto el palacio como la magnífica colección siguen perteneciendo a los condes de Adanero y marqueses de Castro Serna, descendientes de éste que comentábamos. Cada vez que paso frente a la portada manierista, no puedo evitar pensar que tras ella se esconde parte de ese rico patrimonio que alberga nuestra ciudad monumental, que sabemos que existe, pero que por hoy no podemos apreciar.

Bibliografía:
- A. C. Floriano Cumbreño: Guía histórico-artística de Cáceres. Cáceres: Diputación Provincial, 1952, 2ª ed.; pág. 102.
- J. Miguel Lodo de Mayoralgo: Viejos linajes de Cáceres. Cáceres: Caja de Ahorros y Monte de Piedad, 1971; págs. 200-202 y 305-308.
-M.ª del M. Lozano Bartolozzi: El desarrollo urbanístico de Cáceres (siglos XVI-XIX). Cáceres: Univ. de Extremadura, 1980; pág. 220.
- M.ª A. Fajardo Caldera; J. M.ª Gómez Flores: La tarjeta postal en Cáceres (1900-1940). Badajoz: Cicón Ediciones, 2002; pág. 44.
- J. M. Mayoralgo y Lodo; A. Bueno Flores: Cien personajes cacereños de todos los tiempos: sus vidas contadas en dibujos de forma divertida. [Badajoz]: Corporación de Medios de Extremadura, [2004]; págs. 49 y 66.
- F. Acedo: «Aires de Roma», El Periódico Extremadura, 4 de septiembre de 2005.

jueves, 12 de febrero de 2009

«Cáceres antiguo»


¡Oh, Cáceres vetusto! En la sedante calma
de tus calles obscuras, estrechas, tortuosas,
hay un efluvio manso que llega a nuestra alma
y nos habla, apacible, del alma de las cosas.
Junto a rancios adarves, ruinosos, desiguales,
hay palacios silentes, orlados de blasones,
con bellos ajimeces, con arcos ojivales,
artísticas portadas y esbeltos torreones.
¡Oh, Cáceres antiguo! Tú tienes el encanto
de lo grande y sublime, de lo bello y lo santo.
Tú tienes la poesía que encierra un madrigal;
y al recorrer tus calles evocando el pasado,
nuestro espíritu inquieto, de dulzura impregnado,
se esfuma y se transporta al tiempo medioeval.

miércoles, 21 de enero de 2009

Evidencias romanas en la Ribera del Marco

La semana pasada, el periódico HOY se hacía eco de las declaraciones del presidente de la Asociación de Amigos de la Vía de la Plata de Cáceres, que proponía a la autoridades que se recupere y ponga en valor, además de la riqueza medioambiental, el importante patrimonio geológico y arqueológico que se encuentra en el entorno de la Ribera del Marco.

En la noticia se apuntaba la existencia de restos arqueológicos, concretamente de época romana, que son a los que vamos comentar en esta entrada y cuyos hallazgos trataremos de explicar y resumir.

Pero antes de entrar en materia, conviene señalar que el denominado Arroyo del Marco se nos presenta en toda su extensión como una corriente continua de agua que discurre por una vega fértil, que sumado a unas idóneas condiciones geológicas, propició desde la más remota antigüedad el asentamiento de poblaciones humanas en torno al cauce. Por tanto, no es de extrañar que los primeros indicios de la presencia de primitivos grupos de cazadores-recolectores en las inmediaciones de la ciudad de Cáceres aparezcan precisamente en este entorno (Cueva de Maltravieso, Cueva del Conejar…). Se puede afirmar que la ribera es la principal fuente de recursos con el que contó la ciudad desde sus orígenes, pues como se suele decir: donde hay agua, hay vida.

Charca del Marco, donde nace el arroyo del mismo nombre.

Dejando aparte la explicación de las especiales condiciones geomorfólogicas de la Ribera, asunto en el que no soy experto, y que además se puede consultar en páginas más especializadas, como la de mi compañero y amigo, el profesor de geología Juan Gil; consideramos que en época romana esta abundancia de agua y recursos fue decisiva para que en sus orillas del se asentara de manera definitiva la población. A continuación pasaremos a considerar en distintos puntos las huellas de este pasado romano en la Ribera:


1. La calzada romana a su paso por la Ribera.

Actualmente se asume sin discusión que la calzada romana comúnmente conocida como Vía de la Plata (iter ab Emerita Asturicam) debería coincidir con la actual Ronda de San Francisco, que desde siempre fue el camino natural para dirigirse a Mérida. J. Sanguino describía así su recorrido antes de entrar en la ciudad, paralelo a la Ribera del Marco:

Mucho más acá quedan aún las líneas del empedrado que limitaban la caja, y medido de una a otra he hallado seis metros. La dirección que trae este carril hasta llegar a la carretera de San Francisco hace presumible que la calzada, llegando al Calerizo, siguiera por lo que hoy es “Cerca de San Jorge”, donde debía de doblarse para seguir con cierto paralelismo a la antedicha carretera, pues junto al puente de la carretera y desagües de la cerca, más acá y contiguo a la tapia se advierte el empedrado como si saliera de la finca. También se ve entre la carretera y la pared del olivar del Espíritu Santo (antiguo cementerio) y continuaba tomando la parte alta de la carretera de San Francisco, entre los álamos de estas y campo actual de la feria, vía que ha seguido siendo muy frecuentada hasta nuestros días, en que llegó a estropearse de tal modo por el tránsito, que los carros fueron desviando el carril, metiéndose por aquellas tierras que son del Marqués de Castro Serna. En toda esa parte apenas se adivina ya el firme de la calzada.

Piensa mi amigo D. Vicente Paredes que ésta, al llegar a Cáceres, tomaba por la calle de Mira al Río, donde se encuentra edificada sobre un peñasco la antigua ermita de San Marcos, que fue antes
sacelo romano, y desde allí iba recta a la Puerta del Río (Arco del Cristo) y seguía el rodeo de la muralla por la calle de Caleros (…).

Desde aquí la calzada descendía hacia el barrio de San Blas y el actual cementerio, para encaminar su trazado --fácilmente identificable gracias a la fotografía aérea-- en dirección al Casar de Cáceres.

En mayo del 2007, en el transcurso de unas obras de canalización en la citada Ronda de San Francisco, a la altura de la conocida como Huerta del Conde, se descubrió un tramo de la calzada. Aunque el arqueólogo que supervisó la zanja opinaba que, efectivamente, se trataba de la vía romana; desde la Dirección General de Patrimonio se concluyó que los restos encontrados pertenecían a un camino, quizá del siglo XVI. En aquellos días, la prensa local dedicó varios artículos a valorar el curso y el resultado de las excavaciones:

- «Las obras en la Ribera del Marco dejan al descubierto un camino histórico» (HOY, 14/03/2007)

- «Los arqueólogos analizan restos de un camino histórico» (El Periódico Extremadura, 15/03/2007)



Otro testimonio importante que nos señala que el trazado de la calzada discurría paralelo a la ribera es la existencia de abundante material epigráfico, que analizaremos a continuación, así como el descubrimiento de un miliario, empotrado en la base del muro de una presa, situado detrás de la Casa-Museo Pedrilla. Aunque en su momento se denunció su hallazgo en la prensa, desde un tiempo a esta parte el miliario no se encuentra en este lugar y desconocemos notica alguna sobre su paredero. Su desaparición supone una pérdida irremplazable, pues en la superficie del miliario, embutida en la pared, como puede apreciarse en la fotografía, es posible que estuviese inscrito el número de millas. Si se hubiera podido confirmar, en el mismo tendría que aparecer marcada la milla XLV, que es la distancia a la que se encuentra este tramo de la calzada desde que parte de Mérida.

(Foto: Juan Gil)

El Itinerario de Antonino señalaba una de las mansio de la vía romana en Castris Caecilis, a XLVI millas exactas de Emerita, distancia que se cumple aproximadamente en el entorno del actual barrio de San Blas. Al respecto, tampoco expondremos aquí la polémica surgida a raíz de este dato, sobre la posible identificación del campamento de Cáceres el Viejo con Castra Caecilia, asunto que nos reservamos para futuras entradas.


2. Epigrafía romana.

Es conocido que los romanos acostumbraban a situar sus necrópolis en las afueras de las poblaciones, en torno a los caminos que entraban o salían en ellas. Por este motivo, no debe extrañarnos que a lo largo del recorrido que hemos descrito para la calzada, se hayan sucedido en diferentes épocas los hallazgos de lápidas funerarias con sus correspondientes inscripciones.

Sin entrar en demasiados detalles, remitiéndonos para ello a la bibliografía correspondiente, señalamos el lugar concreto dónde fueron encontradas y la transcripción de cada una de ellas.

1. Ermita del Espíritu Santo (actualmente empotrada en la fachada del palacio del Vizconde de Roda, en el casco antiguo de la ciudad). 2 y 3. Huerta del Conde (actualmente en el patio del palacio del Vizconde de Roda).

1) M(arcus) · Ac·ciu/s · Cresce/ns · an(norum) · LX · / h(ic) · s(itus) · e(st) · s(it) · t(ibi) t(erra) l(evis) · / C(aius) · C·ur·riu/s · Privatus / de · s(uo) · f(aciendum) · c(uravit) ·

2) L(ucius) / Gavius / Scodrin/us · an(norum) / L · / h(ic) s(itus) e(st) [---] / - - - - - -

3) L(ucius) / Magiu/[s] L(uci) · f(ilius) · T(iro) / hic · situ(s)

4. Se descubrió en 2001 en el solar donde se iba a construir el edifico para la Audiencia Provincial (actualmente se encuentra en el Museo de Cáceres, nº de inv.: D-3020).

4) Q(uintus) · Pompônius · Potêntinûs / Ser(gia tribu) · h(ic) · s(itus) · e(st) · / G(aius) · Pomponius · Potentinûs / mile(es) · C(o)hort(tis) · IIII · Praêt(orianae) / test(amento) · fieri · iussit

5 y 6. Descubiertas en los años 40 en el Campo de San Francisco y donadas al Museo Provincial (nº de inv.: 2330 y 2374). 7. Junto al puente de Fuente Concejo (en el Museo, nº de inv.: 3533).

5) D(iis) · M(anibus) · s(acrum) / Accia / M(arci) · libe(rta) / Peregri/na · an(norum) / LXXX

6) Orio M/aciae / ser(vus) an(norum) / - - - - - -

7) C(aius) Iulius / Victor / annoru(m) / XXVIII h(ic) / s(itus) · e(st) · s(it) t(ibi) t(erra) l(evis) / Cirrus c(uravit)

8. En el Puente de Vadillo (desaparecida). 9. Descubierta en 1959, durante los trabajos de explanación del solar donde se construiría el edificio de la Fundación Valhondo, que sería sede de la Facultad de Filosofía y Letras (en el Museo, nº de inv.: 2384). 10. Encontrada en 1953, durante la construcción del Seminario Diocesano (en el Museo, nº de inv.: 2381).

8) L(ucio) · N(orbano) / Rufo · an(orum) / XXIIII / Labeo / auncul(o)

9) D(iis) · M(anibus) · s(acrum) / Iulia · Silo/nis · filia / Secunda / L(ucio) · Praesen/tio · Rufinọ / filio · an(forum) / IIII mater / filio · f(aciendum) · c(uravit) · / h(ic) · s(itus) · e(st) · s(it) · t(ibi) t(erra) · l(evis)

10) A(ulus) Publici/us · Viator · / h(ic) · s(itus) · e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)

De todas estas inscripciones, quizá merezca una especial atención la nº 4, ya sea por la especial calidad de su factura, realizada en mármol, o por el contenido del epitafio. Como hemos señalado, se descubrió durante las obras previas a la construcción del actual edificio de la Audiencia. Posiblemente formara parte de un monumento funerario o mausoleo, que desgraciadamente las máquinas excavadoras derribaron. La lápida sufrió desperfectos y se encuentra fracturada a la mitad, pero por fortuna se pudo recuperar íntegra. En ella se hace referencia a un soldado de la guardia pretoriana del emperador, que le dedica este epitafio a su hermano fallecido. Su adscripción a la tribu Sergia demuestra que ambos eran ciudadanos de la colonia Norba Caesarina.

Otra inscripción que debemos siquiera mencionar es la nº 10, porque en ella se hace alusión a la profesión del difunto, posiblemente un liberto, cuyo oficio era el de viator, es decir, mensajero. Un empleo muy apropiado para alguien que vivía en una de las mansio (casas de postas) de la Vía de la Plata.

Otras muchas inscripciones que actualmente se localizan en el barrio monumental o se exponen en el Museo, y cuya procedencia se desconoce, es muy posible que en algún momento se encontraran en las inmediaciones de la ribera y la calzada romana.


3. Restos de presas y canalizaciones.

Como señala el artículo de prensa al principio mencionado, son evidentes los restos de una pared de opus caementicium en el tramo del arroyo que discurre por encima de Fuente Fría. Quizá estemos ante los restos de una presa destinada a regar esta zona de huertas. En el mismo curso de la rivera también se pueden ver sillares de granito y restos de una pequeña alberca, con su superficie forrada de opus signinum, una especie de mortero elaborado a base de cal y ladrillos machacados, muy empleado por los ingenieros romanos para impermeabilizar este tipo de construcciones hidráulicas (v. Jean-Pierre Adam: La construcción romana. Materiales y técnicas. León: ed. de los Oficios, 2002).

Muro derribado de opus caementicium.

Restos de opus signinum ocultos por la maleza.

El suelo de buena parte de la ribera presenta un sedimento calcáreo que en algunos lugares llega a contar con más de un metro de espesor. No olvidemos que las aguas del Marco son ricas en carbonato cálcico, pues procede en buena parte, desde su nacimiento en la charca del mismo nombre, del complejo cárstico conocido como el Calerizo cacereño. El carbonato cálcico, en condiciones propicias con aguas estancadas, se precipita se deposita en el fondo del cauce formando estas características tobas calcáreas, en las que es fácil localizar fósiles de plantas y moluscos.

Toba calcárea en la Ribera del Marco.

En una época no muy lejana, quizá por causas naturales, es muy posible que hubiera provocado un estancamiento más o menos extenso del agua de la rivera; pero también es probable que los romanos construyesen represas de mayor magnitud, con el propósito de conseguir agua para el abastecimiento humano o el riego de los campos. Uno de estos pantanos pudo estar situado justo por encima de Fuente Concejo, en un lugar apropiado que señala el crestón de cuarcita que desciende desde la Montaña y prosigue hacia la parte antigua por la Torre de los Pozos.

Resulta no menos curioso que en plano militar elaborado en 1813 por Bayer, el más antiguo que existe de Cáceres, se puede observar que a Fuente Concejo se la denomina Fuente de los Romanos. Tampoco podemos olvidarnos de que no lejos de aquí J. Sanguino identificaba los restos de un sacelo o pequeño templo, también de factura romana.

Una intervención arqueológica en este punto podría demostrar si existen restos de sillares de los muros que compusieron la pared de esta presa, y poder así comprobar esta hipótesis que enunciamos. Según la misma, nos inclinamos a pensar que durante varios siglos, hasta que se arruinara la presa, gran parte del cauce de la ribera, entre la citada Fuente Concejo y Fuente Fría, estuviese inundada, posibilitando de este modo la sedimentación del carbonato cálcico. En el siguiente mapa hemos señalado a mano alzada la superficie inundada por una presa que se hubiera construido en el lugar citado.



4. Villae y domus suburbanas.

Como hemos comentado, la mansio citada en los itinerarios romanos con el nombre de Castris Caecilis, debió situarse en torno al actual barrio de San Blas. Toda la zona de la Ribera que discurre paralela a éste es un terreno de huertas, donde desde siempre se ha dado noticias de de los hallazgos más diversos: monedas, tegulae y otros materiales de construcción…, lo que viene a confirmar que en otro momento existió una población establecida en este lugar.

También hemos especificado algunos hallazgos epigráficos, tanto en los solares donde después se construyeron el Seminario y la antigua Facultad de Filosofía y Letras. En el primero se llegaron a documentar restos de mosaicos, cuando en la década de los cincuenta se instalaron cerca del mismo unas casas prefabricadas destinadas a albergar a población marginal.

Mosaicos con motivos geométricos encontrados en la zona donde estuvieron las viviendas autoconstruidas (T. Martín Gil).

El mismo entorno también fue estudiado por E. Cerrillo, que tras analizar la toponimia de algunas fincas y huertas, concluye que en la zona donde se sitúa el Edificio Valhondo debió existir una villa suburbana:

En las inmediaciones de San Blas se hallaba una propiedad denominada La Luciana. A todas luces resulta sugerente el nombre, siempre que respondiese a muchos de los nombres de propietarios romanos frecuentes en toda la toponimia peninsular. La zona pudiera relacionarse con la zona que ocupa el edificio de la Fundación Valhondo.

De todos modos no se trata del único topónimo sugerente de la zona sometida a este análisis. Se trata de una de las huertas junto al curso del agua, denominada La Torrecilla o El Torreón, situada junto al actual puente sobre la N-521, en el p. k. 45 de la misma. Dicho topónimo suele coincidir en un elevado porcentaje de los casos en los que aparece con la existencia de restos romanos. Allí fue donde J. Sanguino Michel reconoció la presencia de restos considerados como romanos.

Bibliografía:
- E. Hübner: Corpus Inscriptionum Latinarum II. Inscriptiones Hispaniae Latinae. Berlín: Reimer, 1869; nº 697, 709 y 713
- T. Martín Gil: «Últimos descubrimientos arqueológicos artísticos en la provincia de Cáceres», Revista de Estudios Extremeños, IV, 1946; pág. 405.
- S. Benito Boxoyo (1952): Historia de Cáceres y su Patrona. Cáceres: Dpto. Prov. de Seminarios de FET y de las Jons, 1952; nº 5 y 30.
- T. Pulido y Pulido: «Cáceres y la Historia. Interesante emplazamiento del Seminario Mayor»; semanario Cáceres: 23 de febrero, 2, 9, 16, 23 y 30 de marzo; 6, 13 y 20 de abril de 1953.
- J. Corchón García: «Veterrima inter Norbensia», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXXXIV, 1954; pág. 109.
- C. Callejo Serrano: «Un lustro de investigación arqueológica en la Alta Extremadura», REE, XVIII, 2, 1962; págs. 302-305.
- Id.: «Aportaciones a la epigrafía romana del campo norbense», BRAH, CLVII, 1965; nº 26 y 27.
- Id.: «La arqueología de Norba Caesarina», Archivo Español de Arqueología, XLI; págs. 131-132, nº 117-118, 1968: nº 6, 9, 10, 15-18, 20 y 32.
- R. Hurtado de San Antonio: Corpus provincial de inscripciones latinas de Cáceres. Cáceres: Diputación provincial, 1977; nº 113, 125, 129, 136, 154, 158, 159, 164 y 165.

- C. Callejo Serrano: Los orígenes de Cáceres. Cáceres: Institución cultural «El Brocense», 1980.
- J. Bueno Rocha: «Castris Caecilis», El miliario extravagante, nº 18, octubre de 1988; pág. 21.
- J. Sanguino Michel: Notas referentes a Cáceres (facsímile del manuscrito autógrafo). Cáceres: Norba, 1996; págs. 7-13, 27-28, 36-37, 107-108 y 121-123.
- S. Celestino Pérez y J. Celestino: Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia: Extremadura. Catálogo e índices. Madrid: Real Academia de la Historia, 2000; págs. 101-102.
- E. Cerrillo Martín de Cáceres: «Epigrafía latina y transmisión de inscripciones en Cáceres entre los siglos XVIII y XIX. De los manuscritos de Simón Benito Boxoyo y Claudio Constanzo al CIL II de E. Hübner», Anales de Prehistoria y Arqueología (Murcia), nº 17-18, 2002; págs. 495-508.
- Id.:
«La villa romana de las Eras de San Blas (Cáceres)», Norba. Revista de Historia, nº 16, 2003; págs. 143-156.
- J. Salas Martín y J. Esteban Ortega: Epigrafía romana y cristiana del Museo de Cáceres. Cáceres: Museo de Cáceres, 2003; nº 22, 23, 26, 28, 33 y 34.
- E. Cerrillo Martín de Cáceres, P. Le Roux y J.L. Ramírez Sádaba: «Un pretoriano hallado en Cáceres (España)», C. Auliard y L. Bodiou (dirs.), Au jardin des Hespérides. Histoire, société et épigraphie des mondes anciens. Mélanges offerts a Alain Tranoy. Rennes: [s.n.], 2004; págs. 157-162.
- A. Rodríguez González: Paseo epigráfico por el casco antiguo de Cáceres. Cáceres: Museo de Cáceres, 2007; nº 5-7.
- E. Cerrillo Martín de Cáceres: Claudio Constanzo y la epigrafía extremeña del siglo XIX. Madrid: RAH, 2007; nº 13 y 24
- J. Esteban Ortega: Corpus de inscripciones latinas de Cáceres. I. Norba. Cáceres. Univ. de Extremadura, 2007; nº 125, 128, 130, 135-137, 144, 149, 152 y 158.
- J. C. Martín Borreguero, F. Jiménez Berrocal y A. P. Flores Alcántara: La cacereña Ribera del Marco. Cáceres: Ayto. de Cáceres, 2008; págs. 132-134.

sábado, 17 de enero de 2009

Cáceres en 3D

Curioseando por la red, me he encontrado con estas recreaciones digitales de algunas calles y monumentos del casco antiguo. Me parece que están muy logradas, y la calidad de los detalles es admirable. Ahora recuerdo que hace tiempo un grupo de amigos adaptó de manera parecida parte de la ciudad monumental, para que sirviera de escenario en un videojuego, concretamente el Counter-Strike, que trata de combates callejeros entre terroristas y fuerzas especiales.

No sé si esto habrá sido obra de los mismos, pero a la vista del esfuerzo que habrá supuesto y la excelente calidad del resultado, pienso que no estaría mal que tuviese alguna aplicación práctica, sobre todo divulgativa: quizá para que fuera editado como una guía interactiva que poder ofrecer a los turistas, o con intenciones didácticas para colegios e institutos… No estaría mal recorrer de manera virtual las calles y callejones de la parte antigua, sobre todo para aquellos que por una razón u otra no se encuentren por aquí; pues personalmente prefiero y recomiendo pasear si hace una tarde tan apetecible y soleada como la que ahora mismo veo por mi ventana.





jueves, 25 de diciembre de 2008

De paseo por Bélgica III

Me quedaba pendiente terminar de colgar las últimas fotos de mi escapada por tierras flamencas. Precisamente hoy hace ya un mes que estuve por allí. El tiempo se pasa volando, y más aun el mes de diciembre, entre tanto puente, celebraciones, comidas y demás. De aquí en adelante espero que todo me cunda más, porque si no este año que viene lo voy a tener que pedir con prórroga.


Más fotos de la fachada del Ayuntamiento. Todas las hornacinas estaban a rebosar de personajes, cada uno de ellos con su propia historia, por supuesto.

Monumento dedicado a Everard’t Serclaes, vecino de Bruselas que fue ejecutado en 1388, tras haber defendido la ciudad frente a las tropas de Luis II, conde de Flandes. Dicen que da buena suerte tocarle el brazo. Así está de desgastado, como el dedo gordo del pie del San Pedro de Alcántara en la Plaza de Santa María.

Una calle dedicada al Profesor Tornasol, nada menos...

... y un curioso trampantojo con Tintín y el Capitán Haddock.

Edificio de la Bolsa, de estilo paladiano, construido por el arquitecto Léon Suys entre 1867 y 1873. Algunos de los bajorrelieves y esculturas que decoran la fachada son obra de Auguste Rodin.

El Teatro Real se levantó en 1817 sobre el solar de una posada del siglo XV conocida como Hôtel des Monnaies, pero debido a que un incendio lo arrasó en 1855, sólo se conserva del primitivo edificio neoclásico la fachada y el frontón. El arquitecto Joseph Poelaert volvió a alzar el teatro después del desastre. El 25 de agosto de 1830, tras escuchar un encendido himno patriótico titulado Amour sacré de la patrie, la audiencia se lanzó a la calle, dando comienzo así la revuelta nacionalista que finalmente conduciría a la independencia de Bélgica respecto al Reino Unido de los Países Bajos.

Me llamó la atención: la «calle del puterío». En España somos más finos, y los solemos llamar barrios chinos.

Estatua de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934.




Edificio Old England, joya del art nouveau construido en 1899 por el arquitecto Paul Saintenoy para albergar unos grandes almacenes.

Iglesia de St-Jacques-sur-Coudenberg, en la Place Royale. Pude haber sacado más fotos por esta zona, pero, como siempre, íbamos corriendo con la hora pegada al culo.


Place du Petit Sablon. Recibe este nombre por encontrarse situada en unos terrenos que antaño fueron unas marismas arenosas. La valla que encierra los jardines está rematada con cuarenta y ocho estatuas de bronce realizadas por el escultor de art noveau Paul Hankar; cada una de ellas representa un gremio medieval de la ciudad. También se puede contemplar una fuente construida en recuerdo de los condes de Egmont y Horn, que promovieron el levantamiento de los Países Bajos contra la corona y española y por este motivo Felipe II les mandó decapitar en la Grand Place. A cada lado se ubican otras doce estatuas de personajes de los siglos XV y XVI, entre ellos, Gerhard Mercator, el geógrafo flamenco que inventó el sistema de proyección cartográfica que utilizamos hoy en día.


Notre-Dame du Sablon, uno de los pocos ejemplos que quedan del gótico en el ducado de Brabante.

Y después de la caminata, nada mejor que un almuerzo. Tenía tan buena pinta, que no pude resistir a sacarle una foto para el recuerdo.

De vuelta a casa, nos encontramos con el europarlamentario y locutor de la COPE Luis Herrero, que muy amable accedió a hacerse una foto con nosotros y a firmarnos autógrafos.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Tesoros sumergidos de Egipto

Tras regresar de Bruselas, el resto de la semana lo pasé en Madrid. Aproveché que hasta el viernes por la tarde carecía de obligaciones, para visitar exposiciones y recorrer las calles de la capital, imbuidas por completo de ambiente navideño. Afortunadamente se ha prorrogado varios meses la exposición de los Tesoros sumergidos de Egipto, que desde antes de verano tenía pendiente de visitar, y esta vez por fin pude acercarme a verla. Simplemente puedo decir que me pareció impresionante, tanto por la calidad y la cantidad de piezas expuestas, como por el planteamiento museográfico y los recursos empleados.


Salí de allí pensando que quizá el promotor de esta muestra, el arqueólogo submarino Frank Goddio, esté a un paso de revolucionar el concepto de patrimonio arqueológico. Me refiero en el sentido de que no sólo en la investigación, sino también en su protección, cada vez tengan más peso intereses privados y menos el capital público, ya sea estatal, regional o local, sin que por ello signifique un detrimento de los resultados científicos ni tampoco de la difusión de los descubrimientos para el común de los mortales --caso específico de esta exposición--, sino más bien lo contrario.

Aún así me da miedo pensar que haya que sacrificar la propiedad del patrimonio histórico-artístico, que como siempre se ha repetido «es patrimonio de todos», para evitar que le alcance la ruina, la desidia y finalmente el olvido. En el caso concreto de la arqueología, hasta el momento la administración pública se había reservado la propiedad de las piezas y los yacimientos, pero qué pasaría si al igual que la gestión de las excavaciones y la elaboración de informes, se cedieran a empresas privadas. ¿Dejarían de existir los aburridos museos tradicionales que todos conocemos para dar paso a exposiciones-espectáculo como ésta de las que os hablo? ¿Con qué criterios se seleccionarían las piezas y se montarían salas y vitrinas: científicos o económicos? ¿Quién velaría por qué algunas piezas, las más valiosas e importantes, no acabasen en manos de coleccionistas privados?

Quizá se trate de un nuevo concepto, o no sea más que una prolongación del mercantilismo propio de este mundo cada vez más globalizado; sin embargo, pase lo que pase, sea quien sea el titular, nunca podremos soportar que sean otros los que gestionen nuestra memoria.



La exposición «Tesoros sumergidos de Egipto» se puede visitar hasta el 31 de diciembre en el Matadero de Legazpi (Madrid).
Abierto todos los días de 10’00 a 21’00 horas.
Entradas, en taquilla: 11 € (general), 9 € (reducida), 6 € (niños), 30 € (tarifa familiar). De lunes a viernes, promoción 2 x1 .

jueves, 11 de diciembre de 2008

De paseo por Bélgica II

El día 25 por la mañana nos dedicamos a visitar las instituciones europeas, motivo principal de este viaje. Desayunamos, como no podía ser menos, un tazón de chocolate con dulces también rellenos de chocolate… pero chocolate de verdad, no como el que te sirven en España, que como le echan vete a saber qué para espesarlo, acaba no sabiendo a nada.

A la salida del hotel, la torre del Ayuntamiento al fondo, construida en 1449 por Jan van Ruysbroeck.

Bruselas se despierta como cualquier otra ciudad europea: la gente corre para no perder el metro, los niños van en bicicleta al colegio, los comerciantes descargan las furgonetas…

Las famosas maisons de maître (casas de los maestros), viviendas de los antiguos artesanos que evidencian el pasado gremial de la ciudad.

Chapelle de la Madeleine. Esta pequeña iglesia se ubicaba en el lugar que ahora ocupa la Estación Central, pero a principios de la década de los cincuenta, se trasladó, piedra a piedra, algo más abajo para permitir la construcción de la estación art decó y un aparcamiento.

Galeries St-Hubert, la primera galería comercial de Europa y una de las más elegantes. Inauguradas en 1847 por Leopoldo I, el primer rey de Bélgica, fueron diseñadas en un estilo neorrenacentista por Jean-Pierre Cluysenaar. Comprende tres galerías: Galerie du Roi, Galerie de la Reine y Galerie des Princes, todas ellas cubiertas por una bóveda de vidrio. En ellas se concentran tiendas de lujo, cafés, restaurantes, un cine y un teatro.


El Parlamento Europeo cuenta con tres sedes: una permanente en Estrasburgo (Francia), donde se celebran una vez al mes las sesiones plenarias; el centro administrativo que se encuentra en Luxemburgo; y ésta, donde se desarrollan las reuniones del comité y los períodos ordinarios de sesiones. Se trata de un enorme complejo de acero y vidrio, y por su espectacularidad popularmente es conocido como caprice des dieux («el capricho de los dioses»).

Junto a la alegoría del euro, premonición de quizá este año (esta vez sí) me toque la lotería de Navidad.

Raro, ¿verdad?

¿A quién no le gustaría ser europarlamentario? No solo por sus sueldos y dietas millonarias, sino por esos sillones tan cómodos…

Edificio Justus Lipsius, sede del Consejo de la UE.

El edificio Berlaymont, cuartel general de la Comisión Europea. Durante la década de los noventa tuvo que ser desalojado y prácticamente desmontado entero para volver a construirlo de nuevo, ya que sus estructura contenía amianto en grandes proporciones, lo que suponía un grave riesgo para la salud de los miles de funcionarios europeos que trabajan allí.

Comimos en el restaurante del edificio de la Comisión, y por cierto, todo estaba para chuparse los dedos. Un motivo más para pensarse en preparar unas oposiciones para funcionario europeo. Después del almuerzo, nos recibieron en la Oficina de Extremadura en Bruselas; y acompañados de compatriotas, nos fuimos a tomar unas cervezas a la Grand Place y a cenar en el Chez Léon, uno de los restaurantes más típicos de Bruselas.



El Ayuntamiento (Hôtel de Ville) del siglo XV, impresionante demostración del poder civil. La torre mide 96 m de altura y está ligeramente torcida.

Detalle de la fachada del palacio de los duques de Brabante, conjunto neoclásico de raíz flamenca diseñado por Guillaume de Bruyn.

Edificios gremiales de la Grand Place. En el centro, la sede del sindicato de los cerveceros (brasseurs). A estos me afiliaba yo sin dudarlo…

La Maison du Roi, construida en 1536 y reformada en 1873. Fue la residencia de los monarcas españoles y actualmente acoge el Musée de la Ville, con pinturas del siglo XVI, tapices y los trajes del Manneken Pis. (Los adornos navideños me impedían hacer fotos panorámicas).


Estuvimos tomando unas cervezas en Le Roi d’Espagne, el bar más famoso de la Grand Place. El busto dorado que hay sobre la puerta representa a Saint Aubert, patrón de los panaderos, con lo que deducimos que este edificio fuese propiedad de dicho gremio.

En la tercera planta de Le Roi d’Espagne se encuentra este busto de Carlos II, el rey más subnormal de todos los que nos han caído en gracia a los españoles.


A la izquierda se encuentra Le Cornet, edificio de estilo flamenco italianizante, que fue la sede del gremio de los remeros (1697). Es muy conocido por su frontispicio, construido en forma de fragata del siglo XVII.


La Grand Place iluminada por la noche, con espectaculares juegos de luz y color.

Cenamos en el Chez Léon, uno de los restaurantes más típicos de Bruselas. No faltaron los famosos Moules-frites: mejillones al vapor en su jugo con cebolla y vino blanco, servidos con patatas fritas y mayonesa. Estaban muy buenos, pero prefiero los mejillones gallegos, mucho más gordos y con mejor color.

Resumen de nuestro viaje a Bruselas en la página web del Ayuntamiento de Cáceres.
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