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jueves, 2 de julio de 2009

Campo de trabajo «Ribera del Marco»

La propia experiencia me ha enseñado que si las buenas ideas van acompañadas de proyectos excelentes, siempre salen adelante. Así es el caso que voy a comentar, aunque tampoco creo que hubiera sido posible sin la iniciativa y el empeño de su promotor, mi amigo Víctor, a quien además aprovecho para felicitar por su magnífico trabajo y agradecerle que quisiera contar con la colaboración de quien estas líneas escribe.

Entre los días 13 y 26 de septiembre, se desarrollarán las actividades de este campo de trabajo en la Ribera del Marco. El mismo tiene un cometido arqueológico y medioambiental. Respecto al primero --que es el que me interesa--, los trabajos se centrarán en una parcela de propiedad municipal, en la zona del Cuartel de Arriba o de San Francisco, justo enfrente de la trocha que sube hacia la Montaña. Allí trataremos de sacar a la luz el antiguo sistema de riego (acequias, brazales y partidores) cercano a un molino abandonado de la ribera.

El plazo para inscribirse en el campo de trabajo concluye el próximo 31 de julio. El precio de la actividad es de 50 €, que incluye el alojamiento, comida y todos los desplazamientos que se realicen. El trabajo propio de campo será por las mañanas, de lunes a viernes, y las tardes se dedicarán a actividades lúdicas y deportivas. Para los fines de semana están programadas excursiones a distintos lugares de la provincia, donde podremos practicar deportes de aventura, como senderismo, escalada, etc.

Para más información, podéis echarle un vistazo a la página web del campo de trabajo. Sin duda, van a ser dos semanas muy entretenidas y provechosas, así que animo a quién esté interesado, que se apunte cuanto antes. Las plazas son limitadas.

martes, 7 de abril de 2009

Fragmentos de cerámica encontrados en la Ribera del Marco

Ya tuvimos ocasión de comentar en esta misma página que la Ribera del Marco, ese espacio natural, últimamente tan en boca de las autoridades municipales, además de su inestimable valor paisajístico, ecológico, sentimental… esconde un potencial arqueológico que muchos ni siquiera se imaginan.

Una prueba más nos la ofrecen nuestros amigos del blog Ribera viva del Marco, que exponen una cuidada descripción de varios fragmentos de cerámica de diferentes épocas, que encontraron cuando excavaban un pozo para el riego.



Llama la atención, sobre todo, el hallazgo de algunos fragmentos de loza andalusí, que nos indicaría de manera evidente que los musulmanes, como excelentes conocedores de las más sofisticadas técnicas de aprovechamiento hidráulico, también supieron explotar los recursos que les ofrecía la ribera. Todavía se pueden encontrar, sobre todo escondidos entre la maleza, algunos vestigios de antiguos sistemas de irrigación, ya fueran construidos por romanos o árabes, que sería interesante y conveniente conservar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Balbo, el ladrón

Al leer la siguiente noticia, no he podido evitar que una sonrisa me asomara entre los labios, sobre todo porque su contenido encierra una sutil ironía. Resulta que en el transcurso de las excavaciones que se están realizando en el teatro romano de Cádiz, con motivo de la construcción de un centro de interpretación, se ha descubierto una placa de mármol en la que aparece inscrito un graffiti con el siguiente mensaje: «Balbo, ladrón» (Latro, Balbe).


Para los arqueólogos no cabe duda de que el insulto --o la definición, según se entienda-- estaría dirigido a Lucio Cornelio Balbo el Menor, miembro de la distinguida familia gaditana de los Balbo, que además fue el promotor de la construcción del teatro donde se ha localizado el mencionado graffiti. No nos cuesta mucho imaginar que en aquellos tiempos, como en la actualidad, los casos de corrupción ligados al ladrillo estaban a la orden del día. Un ciudadano decidió entonces dejar plasmada su denuncia de manera imperecedera, grabada con un punzón en los asientos donde posiblemente se sentara este ilustre senador y procónsul. Veinte siglos después, la noticia del hallazgo ha sido publicada con profusión en los siguientes medios digitales:

La Voz Digital (30/01/2009)Diario de Cádiz (31/01/2009)20 minutos (31/01/2009)El País (31/01/2009)

Un estudio más exhaustivo del descubrimiento nos los ofrece el blog de Terrae Antiqvae.

Lo más gracioso de todo es que el tal Lucio Cornelio Balbo el Menor, al que un anónimo acusara de ladrón, también es conocido por ser patrono de la antigua Colonia Norba Caesarina, es decir, la actual ciudad de Cáceres; según reza otra inscripción aparecida en 1931 durante las obras de demolición del antiguo mercadillo, y que desde entonces se encuentra en el despacho del alcalde. ¡Qué crueles e inoportunas pueden resultar algunas coincidencias! Parece como si la mala fama se empeñara en desmontar la supuesta sinceridad y honradez de nuestros representantes municipales.

miércoles, 21 de enero de 2009

Evidencias romanas en la Ribera del Marco

La semana pasada, el periódico HOY se hacía eco de las declaraciones del presidente de la Asociación de Amigos de la Vía de la Plata de Cáceres, que proponía a la autoridades que se recupere y ponga en valor, además de la riqueza medioambiental, el importante patrimonio geológico y arqueológico que se encuentra en el entorno de la Ribera del Marco.

En la noticia se apuntaba la existencia de restos arqueológicos, concretamente de época romana, que son a los que vamos comentar en esta entrada y cuyos hallazgos trataremos de explicar y resumir.

Pero antes de entrar en materia, conviene señalar que el denominado Arroyo del Marco se nos presenta en toda su extensión como una corriente continua de agua que discurre por una vega fértil, que sumado a unas idóneas condiciones geológicas, propició desde la más remota antigüedad el asentamiento de poblaciones humanas en torno al cauce. Por tanto, no es de extrañar que los primeros indicios de la presencia de primitivos grupos de cazadores-recolectores en las inmediaciones de la ciudad de Cáceres aparezcan precisamente en este entorno (Cueva de Maltravieso, Cueva del Conejar…). Se puede afirmar que la ribera es la principal fuente de recursos con el que contó la ciudad desde sus orígenes, pues como se suele decir: donde hay agua, hay vida.

Charca del Marco, donde nace el arroyo del mismo nombre.

Dejando aparte la explicación de las especiales condiciones geomorfólogicas de la Ribera, asunto en el que no soy experto, y que además se puede consultar en páginas más especializadas, como la de mi compañero y amigo, el profesor de geología Juan Gil; consideramos que en época romana esta abundancia de agua y recursos fue decisiva para que en sus orillas del se asentara de manera definitiva la población. A continuación pasaremos a considerar en distintos puntos las huellas de este pasado romano en la Ribera:


1. La calzada romana a su paso por la Ribera.

Actualmente se asume sin discusión que la calzada romana comúnmente conocida como Vía de la Plata (iter ab Emerita Asturicam) debería coincidir con la actual Ronda de San Francisco, que desde siempre fue el camino natural para dirigirse a Mérida. J. Sanguino describía así su recorrido antes de entrar en la ciudad, paralelo a la Ribera del Marco:

Mucho más acá quedan aún las líneas del empedrado que limitaban la caja, y medido de una a otra he hallado seis metros. La dirección que trae este carril hasta llegar a la carretera de San Francisco hace presumible que la calzada, llegando al Calerizo, siguiera por lo que hoy es “Cerca de San Jorge”, donde debía de doblarse para seguir con cierto paralelismo a la antedicha carretera, pues junto al puente de la carretera y desagües de la cerca, más acá y contiguo a la tapia se advierte el empedrado como si saliera de la finca. También se ve entre la carretera y la pared del olivar del Espíritu Santo (antiguo cementerio) y continuaba tomando la parte alta de la carretera de San Francisco, entre los álamos de estas y campo actual de la feria, vía que ha seguido siendo muy frecuentada hasta nuestros días, en que llegó a estropearse de tal modo por el tránsito, que los carros fueron desviando el carril, metiéndose por aquellas tierras que son del Marqués de Castro Serna. En toda esa parte apenas se adivina ya el firme de la calzada.

Piensa mi amigo D. Vicente Paredes que ésta, al llegar a Cáceres, tomaba por la calle de Mira al Río, donde se encuentra edificada sobre un peñasco la antigua ermita de San Marcos, que fue antes
sacelo romano, y desde allí iba recta a la Puerta del Río (Arco del Cristo) y seguía el rodeo de la muralla por la calle de Caleros (…).

Desde aquí la calzada descendía hacia el barrio de San Blas y el actual cementerio, para encaminar su trazado --fácilmente identificable gracias a la fotografía aérea-- en dirección al Casar de Cáceres.

En mayo del 2007, en el transcurso de unas obras de canalización en la citada Ronda de San Francisco, a la altura de la conocida como Huerta del Conde, se descubrió un tramo de la calzada. Aunque el arqueólogo que supervisó la zanja opinaba que, efectivamente, se trataba de la vía romana; desde la Dirección General de Patrimonio se concluyó que los restos encontrados pertenecían a un camino, quizá del siglo XVI. En aquellos días, la prensa local dedicó varios artículos a valorar el curso y el resultado de las excavaciones:

- «Las obras en la Ribera del Marco dejan al descubierto un camino histórico» (HOY, 14/03/2007)

- «Los arqueólogos analizan restos de un camino histórico» (El Periódico Extremadura, 15/03/2007)



Otro testimonio importante que nos señala que el trazado de la calzada discurría paralelo a la ribera es la existencia de abundante material epigráfico, que analizaremos a continuación, así como el descubrimiento de un miliario, empotrado en la base del muro de una presa, situado detrás de la Casa-Museo Pedrilla. Aunque en su momento se denunció su hallazgo en la prensa, desde un tiempo a esta parte el miliario no se encuentra en este lugar y desconocemos notica alguna sobre su paredero. Su desaparición supone una pérdida irremplazable, pues en la superficie del miliario, embutida en la pared, como puede apreciarse en la fotografía, es posible que estuviese inscrito el número de millas. Si se hubiera podido confirmar, en el mismo tendría que aparecer marcada la milla XLV, que es la distancia a la que se encuentra este tramo de la calzada desde que parte de Mérida.

(Foto: Juan Gil)

El Itinerario de Antonino señalaba una de las mansio de la vía romana en Castris Caecilis, a XLVI millas exactas de Emerita, distancia que se cumple aproximadamente en el entorno del actual barrio de San Blas. Al respecto, tampoco expondremos aquí la polémica surgida a raíz de este dato, sobre la posible identificación del campamento de Cáceres el Viejo con Castra Caecilia, asunto que nos reservamos para futuras entradas.


2. Epigrafía romana.

Es conocido que los romanos acostumbraban a situar sus necrópolis en las afueras de las poblaciones, en torno a los caminos que entraban o salían en ellas. Por este motivo, no debe extrañarnos que a lo largo del recorrido que hemos descrito para la calzada, se hayan sucedido en diferentes épocas los hallazgos de lápidas funerarias con sus correspondientes inscripciones.

Sin entrar en demasiados detalles, remitiéndonos para ello a la bibliografía correspondiente, señalamos el lugar concreto dónde fueron encontradas y la transcripción de cada una de ellas.

1. Ermita del Espíritu Santo (actualmente empotrada en la fachada del palacio del Vizconde de Roda, en el casco antiguo de la ciudad). 2 y 3. Huerta del Conde (actualmente en el patio del palacio del Vizconde de Roda).

1) M(arcus) · Ac·ciu/s · Cresce/ns · an(norum) · LX · / h(ic) · s(itus) · e(st) · s(it) · t(ibi) t(erra) l(evis) · / C(aius) · C·ur·riu/s · Privatus / de · s(uo) · f(aciendum) · c(uravit) ·

2) L(ucius) / Gavius / Scodrin/us · an(norum) / L · / h(ic) s(itus) e(st) [---] / - - - - - -

3) L(ucius) / Magiu/[s] L(uci) · f(ilius) · T(iro) / hic · situ(s)

4. Se descubrió en 2001 en el solar donde se iba a construir el edifico para la Audiencia Provincial (actualmente se encuentra en el Museo de Cáceres, nº de inv.: D-3020).

4) Q(uintus) · Pompônius · Potêntinûs / Ser(gia tribu) · h(ic) · s(itus) · e(st) · / G(aius) · Pomponius · Potentinûs / mile(es) · C(o)hort(tis) · IIII · Praêt(orianae) / test(amento) · fieri · iussit

5 y 6. Descubiertas en los años 40 en el Campo de San Francisco y donadas al Museo Provincial (nº de inv.: 2330 y 2374). 7. Junto al puente de Fuente Concejo (en el Museo, nº de inv.: 3533).

5) D(iis) · M(anibus) · s(acrum) / Accia / M(arci) · libe(rta) / Peregri/na · an(norum) / LXXX

6) Orio M/aciae / ser(vus) an(norum) / - - - - - -

7) C(aius) Iulius / Victor / annoru(m) / XXVIII h(ic) / s(itus) · e(st) · s(it) t(ibi) t(erra) l(evis) / Cirrus c(uravit)

8. En el Puente de Vadillo (desaparecida). 9. Descubierta en 1959, durante los trabajos de explanación del solar donde se construiría el edificio de la Fundación Valhondo, que sería sede de la Facultad de Filosofía y Letras (en el Museo, nº de inv.: 2384). 10. Encontrada en 1953, durante la construcción del Seminario Diocesano (en el Museo, nº de inv.: 2381).

8) L(ucio) · N(orbano) / Rufo · an(orum) / XXIIII / Labeo / auncul(o)

9) D(iis) · M(anibus) · s(acrum) / Iulia · Silo/nis · filia / Secunda / L(ucio) · Praesen/tio · Rufinọ / filio · an(forum) / IIII mater / filio · f(aciendum) · c(uravit) · / h(ic) · s(itus) · e(st) · s(it) · t(ibi) t(erra) · l(evis)

10) A(ulus) Publici/us · Viator · / h(ic) · s(itus) · e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)

De todas estas inscripciones, quizá merezca una especial atención la nº 4, ya sea por la especial calidad de su factura, realizada en mármol, o por el contenido del epitafio. Como hemos señalado, se descubrió durante las obras previas a la construcción del actual edificio de la Audiencia. Posiblemente formara parte de un monumento funerario o mausoleo, que desgraciadamente las máquinas excavadoras derribaron. La lápida sufrió desperfectos y se encuentra fracturada a la mitad, pero por fortuna se pudo recuperar íntegra. En ella se hace referencia a un soldado de la guardia pretoriana del emperador, que le dedica este epitafio a su hermano fallecido. Su adscripción a la tribu Sergia demuestra que ambos eran ciudadanos de la colonia Norba Caesarina.

Otra inscripción que debemos siquiera mencionar es la nº 10, porque en ella se hace alusión a la profesión del difunto, posiblemente un liberto, cuyo oficio era el de viator, es decir, mensajero. Un empleo muy apropiado para alguien que vivía en una de las mansio (casas de postas) de la Vía de la Plata.

Otras muchas inscripciones que actualmente se localizan en el barrio monumental o se exponen en el Museo, y cuya procedencia se desconoce, es muy posible que en algún momento se encontraran en las inmediaciones de la ribera y la calzada romana.


3. Restos de presas y canalizaciones.

Como señala el artículo de prensa al principio mencionado, son evidentes los restos de una pared de opus caementicium en el tramo del arroyo que discurre por encima de Fuente Fría. Quizá estemos ante los restos de una presa destinada a regar esta zona de huertas. En el mismo curso de la rivera también se pueden ver sillares de granito y restos de una pequeña alberca, con su superficie forrada de opus signinum, una especie de mortero elaborado a base de cal y ladrillos machacados, muy empleado por los ingenieros romanos para impermeabilizar este tipo de construcciones hidráulicas (v. Jean-Pierre Adam: La construcción romana. Materiales y técnicas. León: ed. de los Oficios, 2002).

Muro derribado de opus caementicium.

Restos de opus signinum ocultos por la maleza.

El suelo de buena parte de la ribera presenta un sedimento calcáreo que en algunos lugares llega a contar con más de un metro de espesor. No olvidemos que las aguas del Marco son ricas en carbonato cálcico, pues procede en buena parte, desde su nacimiento en la charca del mismo nombre, del complejo cárstico conocido como el Calerizo cacereño. El carbonato cálcico, en condiciones propicias con aguas estancadas, se precipita se deposita en el fondo del cauce formando estas características tobas calcáreas, en las que es fácil localizar fósiles de plantas y moluscos.

Toba calcárea en la Ribera del Marco.

En una época no muy lejana, quizá por causas naturales, es muy posible que hubiera provocado un estancamiento más o menos extenso del agua de la rivera; pero también es probable que los romanos construyesen represas de mayor magnitud, con el propósito de conseguir agua para el abastecimiento humano o el riego de los campos. Uno de estos pantanos pudo estar situado justo por encima de Fuente Concejo, en un lugar apropiado que señala el crestón de cuarcita que desciende desde la Montaña y prosigue hacia la parte antigua por la Torre de los Pozos.

Resulta no menos curioso que en plano militar elaborado en 1813 por Bayer, el más antiguo que existe de Cáceres, se puede observar que a Fuente Concejo se la denomina Fuente de los Romanos. Tampoco podemos olvidarnos de que no lejos de aquí J. Sanguino identificaba los restos de un sacelo o pequeño templo, también de factura romana.

Una intervención arqueológica en este punto podría demostrar si existen restos de sillares de los muros que compusieron la pared de esta presa, y poder así comprobar esta hipótesis que enunciamos. Según la misma, nos inclinamos a pensar que durante varios siglos, hasta que se arruinara la presa, gran parte del cauce de la ribera, entre la citada Fuente Concejo y Fuente Fría, estuviese inundada, posibilitando de este modo la sedimentación del carbonato cálcico. En el siguiente mapa hemos señalado a mano alzada la superficie inundada por una presa que se hubiera construido en el lugar citado.



4. Villae y domus suburbanas.

Como hemos comentado, la mansio citada en los itinerarios romanos con el nombre de Castris Caecilis, debió situarse en torno al actual barrio de San Blas. Toda la zona de la Ribera que discurre paralela a éste es un terreno de huertas, donde desde siempre se ha dado noticias de de los hallazgos más diversos: monedas, tegulae y otros materiales de construcción…, lo que viene a confirmar que en otro momento existió una población establecida en este lugar.

También hemos especificado algunos hallazgos epigráficos, tanto en los solares donde después se construyeron el Seminario y la antigua Facultad de Filosofía y Letras. En el primero se llegaron a documentar restos de mosaicos, cuando en la década de los cincuenta se instalaron cerca del mismo unas casas prefabricadas destinadas a albergar a población marginal.

Mosaicos con motivos geométricos encontrados en la zona donde estuvieron las viviendas autoconstruidas (T. Martín Gil).

El mismo entorno también fue estudiado por E. Cerrillo, que tras analizar la toponimia de algunas fincas y huertas, concluye que en la zona donde se sitúa el Edificio Valhondo debió existir una villa suburbana:

En las inmediaciones de San Blas se hallaba una propiedad denominada La Luciana. A todas luces resulta sugerente el nombre, siempre que respondiese a muchos de los nombres de propietarios romanos frecuentes en toda la toponimia peninsular. La zona pudiera relacionarse con la zona que ocupa el edificio de la Fundación Valhondo.

De todos modos no se trata del único topónimo sugerente de la zona sometida a este análisis. Se trata de una de las huertas junto al curso del agua, denominada La Torrecilla o El Torreón, situada junto al actual puente sobre la N-521, en el p. k. 45 de la misma. Dicho topónimo suele coincidir en un elevado porcentaje de los casos en los que aparece con la existencia de restos romanos. Allí fue donde J. Sanguino Michel reconoció la presencia de restos considerados como romanos.

Bibliografía:
- E. Hübner: Corpus Inscriptionum Latinarum II. Inscriptiones Hispaniae Latinae. Berlín: Reimer, 1869; nº 697, 709 y 713
- T. Martín Gil: «Últimos descubrimientos arqueológicos artísticos en la provincia de Cáceres», Revista de Estudios Extremeños, IV, 1946; pág. 405.
- S. Benito Boxoyo (1952): Historia de Cáceres y su Patrona. Cáceres: Dpto. Prov. de Seminarios de FET y de las Jons, 1952; nº 5 y 30.
- T. Pulido y Pulido: «Cáceres y la Historia. Interesante emplazamiento del Seminario Mayor»; semanario Cáceres: 23 de febrero, 2, 9, 16, 23 y 30 de marzo; 6, 13 y 20 de abril de 1953.
- J. Corchón García: «Veterrima inter Norbensia», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXXXIV, 1954; pág. 109.
- C. Callejo Serrano: «Un lustro de investigación arqueológica en la Alta Extremadura», REE, XVIII, 2, 1962; págs. 302-305.
- Id.: «Aportaciones a la epigrafía romana del campo norbense», BRAH, CLVII, 1965; nº 26 y 27.
- Id.: «La arqueología de Norba Caesarina», Archivo Español de Arqueología, XLI; págs. 131-132, nº 117-118, 1968: nº 6, 9, 10, 15-18, 20 y 32.
- R. Hurtado de San Antonio: Corpus provincial de inscripciones latinas de Cáceres. Cáceres: Diputación provincial, 1977; nº 113, 125, 129, 136, 154, 158, 159, 164 y 165.

- C. Callejo Serrano: Los orígenes de Cáceres. Cáceres: Institución cultural «El Brocense», 1980.
- J. Bueno Rocha: «Castris Caecilis», El miliario extravagante, nº 18, octubre de 1988; pág. 21.
- J. Sanguino Michel: Notas referentes a Cáceres (facsímile del manuscrito autógrafo). Cáceres: Norba, 1996; págs. 7-13, 27-28, 36-37, 107-108 y 121-123.
- S. Celestino Pérez y J. Celestino: Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia: Extremadura. Catálogo e índices. Madrid: Real Academia de la Historia, 2000; págs. 101-102.
- E. Cerrillo Martín de Cáceres: «Epigrafía latina y transmisión de inscripciones en Cáceres entre los siglos XVIII y XIX. De los manuscritos de Simón Benito Boxoyo y Claudio Constanzo al CIL II de E. Hübner», Anales de Prehistoria y Arqueología (Murcia), nº 17-18, 2002; págs. 495-508.
- Id.:
«La villa romana de las Eras de San Blas (Cáceres)», Norba. Revista de Historia, nº 16, 2003; págs. 143-156.
- J. Salas Martín y J. Esteban Ortega: Epigrafía romana y cristiana del Museo de Cáceres. Cáceres: Museo de Cáceres, 2003; nº 22, 23, 26, 28, 33 y 34.
- E. Cerrillo Martín de Cáceres, P. Le Roux y J.L. Ramírez Sádaba: «Un pretoriano hallado en Cáceres (España)», C. Auliard y L. Bodiou (dirs.), Au jardin des Hespérides. Histoire, société et épigraphie des mondes anciens. Mélanges offerts a Alain Tranoy. Rennes: [s.n.], 2004; págs. 157-162.
- A. Rodríguez González: Paseo epigráfico por el casco antiguo de Cáceres. Cáceres: Museo de Cáceres, 2007; nº 5-7.
- E. Cerrillo Martín de Cáceres: Claudio Constanzo y la epigrafía extremeña del siglo XIX. Madrid: RAH, 2007; nº 13 y 24
- J. Esteban Ortega: Corpus de inscripciones latinas de Cáceres. I. Norba. Cáceres. Univ. de Extremadura, 2007; nº 125, 128, 130, 135-137, 144, 149, 152 y 158.
- J. C. Martín Borreguero, F. Jiménez Berrocal y A. P. Flores Alcántara: La cacereña Ribera del Marco. Cáceres: Ayto. de Cáceres, 2008; págs. 132-134.

martes, 23 de diciembre de 2008

Felicitación navideña

Hace unos días, me enviaron desde el Instituto Arqueológico Alemán (Deutsches Archäologisches Institut) la fotografía de un epígrafe recién descubierto. Se trata de una inscripción totalmente inédita, pues hasta el momento nadie había documentado nada parecido:


Para el profano en materia epigráfica, le indico a continuación su trascripción correcta:

Feliz navidad

viernes, 12 de diciembre de 2008

«La Vía de la Plata a su paso por la colonia Norba Caesarina»

Entre las actividades que al principio de este curso nos planteábamos para el Club de Lectura de Historia, se encontraba la posibilidad de reunirnos con los autores de algunos de los libros que leyésemos, o bien con especialistas que nos pudiesen proporcionar una visión más amplia del contexto histórico en que se desarrollasen las novelas.

Ante el éxito de participación que está teniendo el club y por la imposibilidad de admitir más miembros, pensamos que lo mejor sería que este tipo de actividades, así como las excursiones y otras visitas, estuvieran abiertas para los miembros de otros clubs de lectura en castellano o cualquier persona que deseara participar en ellas.

Por este motivo, lo que en principio iba a ser un encuentro informal con los miembros del Club de Lectura, se ha convertido en una conferencia a la que estáis todos invitados, y en la que os animo a participar. Durante estas semanas hemos estado leyendo Las lanzas rotas, de León Arsenal, una novela ambientada en la Celtiberia romanizada. La semana pasada visitamos el campamento romano de Cáceres el Viejo… y pensamos que como colofón a esta lectura y antes de despedirnos para pasar las navidades, nuestro buen amigo Juan Gil podría ilustrarnos sobre uno de los temas que más le apasionan y en que consideramos es uno de los mayores especialistas: las calzadas romanas.


De este modo, el próximo jueves día 18 de diciembre, a las 19’00 horas, en el Salón de Actos de la Biblioteca Pública, podréis asistir a este coloquio dirigido por el profesor y geólogo Juan Gil Montes, que llevará por título La Vía de la Plata a su paso por la colonia Norba Caesarina. En el transcurso de la misma tendremos ocasión de sacar a relucir asuntos controvertidos, como la identificación del campamento de Cáceres el Viejo con Castra Caecilia, el trazado exacto de la vía romana a su paso por nuestra ciudad, o la función de algunos yacimientos enclavados a lo largo de esta ruta. Os esperamos.

(Fotos: Juan Gil)

Tesoros sumergidos de Egipto

Tras regresar de Bruselas, el resto de la semana lo pasé en Madrid. Aproveché que hasta el viernes por la tarde carecía de obligaciones, para visitar exposiciones y recorrer las calles de la capital, imbuidas por completo de ambiente navideño. Afortunadamente se ha prorrogado varios meses la exposición de los Tesoros sumergidos de Egipto, que desde antes de verano tenía pendiente de visitar, y esta vez por fin pude acercarme a verla. Simplemente puedo decir que me pareció impresionante, tanto por la calidad y la cantidad de piezas expuestas, como por el planteamiento museográfico y los recursos empleados.


Salí de allí pensando que quizá el promotor de esta muestra, el arqueólogo submarino Frank Goddio, esté a un paso de revolucionar el concepto de patrimonio arqueológico. Me refiero en el sentido de que no sólo en la investigación, sino también en su protección, cada vez tengan más peso intereses privados y menos el capital público, ya sea estatal, regional o local, sin que por ello signifique un detrimento de los resultados científicos ni tampoco de la difusión de los descubrimientos para el común de los mortales --caso específico de esta exposición--, sino más bien lo contrario.

Aún así me da miedo pensar que haya que sacrificar la propiedad del patrimonio histórico-artístico, que como siempre se ha repetido «es patrimonio de todos», para evitar que le alcance la ruina, la desidia y finalmente el olvido. En el caso concreto de la arqueología, hasta el momento la administración pública se había reservado la propiedad de las piezas y los yacimientos, pero qué pasaría si al igual que la gestión de las excavaciones y la elaboración de informes, se cedieran a empresas privadas. ¿Dejarían de existir los aburridos museos tradicionales que todos conocemos para dar paso a exposiciones-espectáculo como ésta de las que os hablo? ¿Con qué criterios se seleccionarían las piezas y se montarían salas y vitrinas: científicos o económicos? ¿Quién velaría por qué algunas piezas, las más valiosas e importantes, no acabasen en manos de coleccionistas privados?

Quizá se trate de un nuevo concepto, o no sea más que una prolongación del mercantilismo propio de este mundo cada vez más globalizado; sin embargo, pase lo que pase, sea quien sea el titular, nunca podremos soportar que sean otros los que gestionen nuestra memoria.



La exposición «Tesoros sumergidos de Egipto» se puede visitar hasta el 31 de diciembre en el Matadero de Legazpi (Madrid).
Abierto todos los días de 10’00 a 21’00 horas.
Entradas, en taquilla: 11 € (general), 9 € (reducida), 6 € (niños), 30 € (tarifa familiar). De lunes a viernes, promoción 2 x1 .

viernes, 31 de octubre de 2008

El Santo Grial se encuentra en España


La próxima semana se inaugurará en Valencia el I Congreso Internacional sobre el Santo Grial. La ciudad española fue escogida para celebrar este encuentro que reunirá a expertos e investigadores de todo el mundo, porque en su catedral se venera una copa que, según todos los indicios, es la verdadera reliquia, el mismo cáliz que Cristo utilizó en la última cena.

Desde el punto de vista de la religiosidad, permítaseme apuntar que siempre nos cabe el derecho a albergar nuestras dudas, pero los resultados de todas las averiguaciones arqueológicas e históricas parecen coincidir en que este vaso, muy posiblemente, procede y fue usado en Palestina durante el siglo I; y después de un extenso periplo, que también se encuentra perfectamente documentado, la estimada reliquia terminó por recalar en la catedral de Valencia.

El siguiente documental sirve para aclarar y resumir bastante bien lo relacionado con el vaso de la última cena, conocido como el Grial por la tradición de las leyendas artúricas:



parte 1 - parte 2 - parte 3 - parte 4 - parte 5

miércoles, 8 de octubre de 2008

Las murallas de Jericó


Uno de los momentos más inolvidables y desternillantes de Gomaespuma, cuando el alcalde de Jericó comenta en primicia los recientes descubrimientos arqueológicos realizados en esta ciudad palestina. Es una verdadera lástima que un programa como éste dejara de emitirse hace ya más de un año. En mi opinión, era de lo mejor que he escuchado por la radio.

lunes, 6 de octubre de 2008

Fuente de la Higuera

El anterior domingo por la mañana salí de excursión por las cercanías de Cáceres, contando con la siempre estimable compañía de Juan Gil y Salvador Calvo. Nuestro propósito era visitar algunos enclaves de singular valor arqueológico, pero que como suele suceder en estos casos, apenas son conocidos o se encuentran escasamente documentados. En primer lugar, llegamos al paraje conocido como la Fuente de la Higuera, en el término municipal de Torreorgaz. Después, en la vega del río Salor, a medio camino entre Torreorgaz y Torrequemada, estuvimos paseando por dehesa que llaman El Torvisco, lugar en el que abundan restos que revelan una importante ocupación en época romana.

Pero ahora tampoco quiero entrar en detalles. Voy a necesitar varias entradas para poner fotos y comentar detenidamente lo que se puede observar a lo largo de este paseo. Quizá dentro de unas semanas, cuando encuentre algo de tiempo, hablé más a propósito de ésta y otras excursiones por los alrededores de nuestra ciudad. Es una pena que paisajes y sitios como éstos a los que me refiero, en donde se puede encontrar un patrimonio natural e histórico igual de importante que el del casco urbano, permanecen olvidados, sin atención alguna ni por parte de las autoridades ni del común de los mortales, y en muchos casos --lo que es aún peor-- en evidente peligro por falta de protección adecuada.

Como he prometido, en próximas entradas iremos desgranando los detalles de estas excursiones. A modo de aperitivo, os dejo con las siguientes líneas que al respecto de la del pasado fin de semana, mi compañero Salvador Calvo escribió ayer para las páginas del Periódico Extremadura.


Aturdido aún el oído interno por las estridencias de la música horrísona y perturbado el ánimo por la evidente constatación de la corrupción de las costumbres, nos fuimos de nuevo al campo en pos del silencio y de la serenidad en la contemplación de las huellas del pasado. Hablando en plata: que después de lo visto y oído la otra noche en un evento social de ringorrango cultural, era menester aliviar el ánimo con el pacífico latido de madre Naturaleza. De modo que la del alba sería cuando con nuestros amigos Jugimo y Norbano tomamos la dirección de las Torres, carretera que dicen de Medellín.

Tan cerca las cosas ¡y tan ignoradas! Las huellas del pasado, a nada que alguno las ayude, pueden darnos muestra de aquellos tiempos perdidos. Cuando la mano ingrata y destructiva del común de los mortales no ha dejado su huella nociva, los restos nos manifiestan su ineluctable encanto. Una simple fuente y una inscripción en la roca.

Hace muchos años, siglos, una breve fuentecilla fue el alivio para la sed de los que frecuentaban aquel paraje, y un cincel, ¿de cantero?, labró en el granito un mensaje curioso que allí mismo puede hoy leerse con toda facilidad: LOCUS CONSTUS IN CIRCUM PEDES CL.

Para dar aún más encanto al lugar y también más misterio, en otra peña de granito la invocación a una diosa del pasado. Aun con dificultad, pero allí consta su nombre:
LAEANAE. Luego, al albur de una mañana seca del primer otoño, que nos hurtó el placer de la tierra mojada, merodeamos por un amplio valle del cauce del Salor. ¡Y qué triste y lamentable el espectáculo de un lecho sediento! En la ligera costana de un espeso encinar, Jugimo nos lleva a la contemplación de una prensa de aceite, y se me vienen a las mientes los versos de aquel valentón del soneto de Cervantes: «¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza / y que diera un millón por describilla».

Sillares de granito por doquier no son sino los últimos testigos de un poblamiento de considerable categoría. Hileras de piedras cónicas manifiestan una estructura de considerables dimensiones: ¿una mansión?, ¿un templo?... Al otro lado del lecho agostado del río, tégulas por doquier, y en una pared una estela en la que, presto, Norbano nos vierte al entendimiento: la piedra guarda el recuerdo del joven G. Mailo que se fue al Elíseo con 14 años. Que la tierra te sea leve, Gayo o Cayo Mailo. En fin, hay quien alimenta su intelecto con decibelios ensordecedores y con pantomimas zarrapastrosas ¡Que sea enhorabuena! Nosotros preferimos la vida retirada, la del que huye del mundanal ruido; ya sabéis
quien lo dejó en verso.

martes, 16 de septiembre de 2008

Lápida romana redescubierta en las obras del Hotel Atrio


Como prometí hace dos semanas, quedé pendiente de informar de un nuevo e interesante descubrimiento arqueológico en el mismo casco antiguo de Cáceres. En el transcurso de las obras de demolición del edificio donde se proyecta construir un hotel, propiedad de los dueños del Restaurante Atrio, para más señas, situado en la Plazuela de San Mateo, en la confluencia de las calles Condes y Olmos, se descubrió hace cosa de menos de un mes, la siguiente inscripción romana, que se encontraba empotrada en uno de los muros. Inmediatamente ha sido trasladada y depositada en el Museo de Cáceres, en cuyo jardín he podido verla y estudiarla.

Se trata de un epígrafe conocido desde que el clérigo Simón Benito Boxoyo la documentase en 1790; sin embargo, desde el siglo XIX para acá debió permanecer oculta y todos los demás investigadores la han dado por perdida.


Estela funeraria de granito, de forma rectangular, con el campo epigráfico en la parte superior, rehundido en una especie de hornacina cuadrada con remate semicircular.

Dimensiones: 97 x 47 x 24 cm.
Dimensiones del campo: 36 x 31 cm.
Altura de las letras: 1ª y 2ª línea, 8 cm.; 3ª, 7 cm. Capitales cuadradas.
Procedencia: La casa esquina de la calle Olmos y de los Condes, que fue propiedad del Marqués del Reyno y hasta hace poco estuvo ocupada por los servicios territoriales de la Junta de Extremadura. Actualmente, se ha demolido para construir en el solar un hotel de lujo.
Situación actual: Museo de Cáceres.

Q(uintus)
Uruci(us)
Câpitoni(s) f(ilius)

«Quinto Urucio, hijo de Capitón».

J. Martínez Quesada (1965): Extremadura en el siglo XVIII (Según las visitas giradas por la real Audiencia de Extremadura en 1790). Barcelona: 101, nº 13 = S. B. Boxoyo (1952): Historia de Cáceres y su Patrona. Cáceres: 150, nº 14 = E. Cerrillo Martín de Cáceres (2007): Claudio Constanzo y la epigrafía extremeña del siglo XIX. Madrid: 110, f. 21, nº 14 = Anónimo (1854): Cáceres en 1828: datos históricos estadísticos y otras curiosidades. Cáceres: 43, nº 3 = CIL II, 716 (de Masdeu, Boxoyo y Constanzo) = CPILC, 100 = C. Callejo Serrano (1968): «La arqueología de Norba Caesarina», Archivo Español de Arqueología, XLI, 117-118: 145, nº 33 = J. Esteban Ortega (2007): Corpus de inscripciones latinas de Cáceres. I. Norba. Cáceres: 140-141, nº 174.

Como ya hemos comentado, Boxoyo es quien primero documenta esta inscripción, en sus dos manuscritos: las contestaciones al interrogatorio de la Real Audiencia (1790) y en sus Noticias históricas de la muy noble y leal villa de Cáceres (1794). En este último dice: «En el Portal de la casa de Golfines de arríba hai una lapida de mas de 3 varas de largo, y dice así: Q. Vrvci. Carioni. f. “Quinto Urucio, hijo de Carion”». Constanzo la describe en el mismo lugar, aunque varía su transcripción: «En el Portal de la Casa de los Golfines de Arriva, Calle del Ólmo hay una Lapida de mas de Tres Varas con esta Ynscripcion. Q· / Vrvci· / Cayioni· / f· La tercera letra de la tercera linea es una T. Antigua. La Lapida parece Sepulcral; y puede lèerse de dòs maneras: ó Quinctus Vrucius Cationi Filius. Quinto Urucio Hijo de Cation: Ò mas bien Quinctus Vrucius Cationi: Fecit: Quinto Vrucio (Hizo este Sepulcro) á Cation.»


Una lectura correcta es la que sugiere Hübner (1869), aunque para entonces es posible que la inscripción ya no se encontrase a la vista. De todos modos, los autores anteriores le informaron de que se encontraba en el Palacio de los Golfines de Arriba, y no en las casas donde finalmente ha reaparecido. En dicho palacio, en la actualidad existe otra inscripción, empotrada en la pared al lado de una ventana, que nada tiene que ver con la que aquí mencionamos, y de cuyo análisis y estudio me ocupé al escribir mi Paseo epigráfico (nº 12).

El nomen Urucius no aparece documentado en ningún otro lugar de la Península Ibérica, por lo que estaríamos ante lo que en la jerga epigráfica se conoce como un unicum. Por su parte, de Capiton existen bastantes ejemplos en la Lusitania (VV AA (2003): Atlas antroponímico de la Lusitania romana. Mérida-Burdeos: 132-133) Forma parte del grupo de cognomina latinos que hacen referencia a las peculiaridades físicas del individuo (I. Kajanto (1965): The Latin Cognomina. Helsinki: 235), pudiendo traducirlo en esta caso como «cabezón». Capiton y, sobre todo, la forma Capito aparecen exclusivamente en la Hispania indoeuropea, es decir, en la Lusitania y la Celtiberia (J. Untermann (1965): Elementos de un atlas antroponímico de la Hispania Antigua. Madrid: 89-90, mapa n.º 29). Es interesante resaltar que en latín estos nombres terminados en –on perdieron pronto la –n. El hecho, pues, de que en la Península esté atestiguado Capiton parece indicar que entraría en ella en fecha muy temprana, probablemente en las primeras campañas militares del siglo II a. C. En la provincia de Cáceres contamos con ocho casos: en Belvís de Monroy, Brozas, Cáparra (2), Tejeda del Tiétar, Trujillo, Valdelacasa de Tajo y, finalmente, en Cáceres, en una de las dos inscripciones empotradas en la fachada del palacio del Vizconde de Roda, que en su momento también traté en mi Paseo epigráfico (nº 4).


La casa en la que ha aparecido la inscripción y que dentro de nada se convertirá en un lujoso hotel, como hemos comentado, perteneció al famoso García de Arce y Aponte, VIII Marqués del Reyno, y según dicen en ella vivía su amante, la gitana Carmen Campos, cuando no pasaba los veranos en el castillo de la Arguijuela de Arriba. Pero esta es otra historia, que algún día posiblemente os cuente…

sábado, 13 de septiembre de 2008

Reseña del "Paseo epigráfico"

Casi por casualidad, mientras le echaba un vistazo a un foro portugués sobre arqueología, he encontrado esta reseña en la que se cita mi libro Paseo epigráfico por el casco antiguo de Cáceres (2007), firmada nada menos que por el profesor José d'Encarnação, de la Universidad de Coimbra, quien actualmente puede ser considerado como el mayor especialista sobre epigrafía romana de la Península Ibérica.


Notável o incremento dos estudos sobre a epigrafia romana de Cáceres.

Depois do livro de Ricardo Hurtado de San Antonio,
Corpus Provincial de Inscripciones Latinas (Cáceres), Cáceres, 1977, naturalmente desactualizado atendendo a que já passaram mais de 30 anos sobre a investigação realizada, temos, agora, de Julio Esteban Ortega, um projecto que visa dar a conhecer por completo o que se conhece dos monumentos epigráficos da província espanhola de Cáceres. Aí está o I volume, dedicado a Norba, intitulado Corpus de Inscripciones Latinas de Cáceres, numa edição da Universidad de Extremadura (Cáceres, 2007). Os monumentos são apresentados por localidades de achamento (referidas por ordem alfabética). Ao todo, 398, sendo fornecidas de cada um as informações habituais: local e circunstâncias do achado, dimensões, leitura, comentário e bibliografia, assim como uma pequena fotografia (porque, no final, se apresenta o álbum fotográfico exaustivo, em ponto maior). Os índices epigráficos são, como sempre, preciosos, pois, além do rol dos nomina e dos cognonima registados, se apresenta um índice analítico e, de seguida, úteis tábuas de correspondência com os demais corpora, bibliografia citada e abreviaturas utilizadas.

Para além deste volume, refira-se que os responsáveis pelo Museu de Cáceres, com o incondicional apoio da Junta de Extremadura, decidiram dedicar à epigrafia duas das suas publicações:

- Na série «documentos», António Rodríguez González acompanha-nos num
Paseo Epigráfico por el Casco Antiguo de Cáceres (é o volume nº 3 da série, datado de 2007), a dar conta das 16 inscrições romanas que, ao longo dos séculos, foram sendo preservadas pelos habitantes, porque as inseriram nas paredes e nos lugares públicos cacerenhos. De cada uma há a ficha habitual, uma boa fotografia, o desenho, assim como a bibliografia respectiva.

- Na série «Memórias», também com o nº 3, Julio Esteban Ortega e José Salas Martín prepararam
Epigrafía Romana y Cristiana del Museo de Cáceres: 125 epígrafes, acompanhadas dos elementos essenciais para o seu estudo e contextualização histórica. Índices, tábuas de correspondência e fotografias completam o volume. Na capa, a belíssima e notável placa funerária de Q. Pomponius Potentinus, da tribo Sérgia, mandada lavrar por testamento de G. Pomponius Potentinus, soldado da IV coorte pretoriana (cf. HEp 13, 2003-2004, nº 216), um dos raros pretorianos documentados na epigrafia peninsular.

José d'Encarnação

miércoles, 27 de agosto de 2008

Epigrafía en Villar del Pedroso

Este fin de semana lo he dedicado al conocimiento etnográfico de las diferentes tipologías de diversión y solaz que durante el período estival se suceden a lo largo y ancho de nuestra geografía rural… es decir, que me fui a celebrar las fiestas de Valdelacasa de Tajo, el pueblo de mis amigos, y creo que todavía hoy me dura la resaca. Pero no voy a hablar de esta encantadora localidad, situada en la comarca de La Jara cacereña, ni voy a cantar las virtudes de sus mujeres, ni tampoco quiero entrar en detalles sobre mis excesos etílicos.


Entre tanta fiesta, también tuve ocasión de visitar la cercana localidad de Villar del Pedroso, y allí me sorprendió encontrarme por sus calles varias inscripciones de época romana. Tampoco resulta muy extraño, pues tanto en Villar como en Valdelacasa, y en otros pueblos del alrededor, abundan los restos procedentes de la antigua Augustobriga, ciudad romana que identificamos con Talavera la Vieja, tristemente célebre porque en 1963 quedó sumergida bajo las aguas del embalse de Valdecañas.

Las inscripciones que aquí traigo no son todas las que hay en el pueblo, sino solamente las que pude ver. Me consta que debe haber más, pero éstas se encuentran en el interior de casas particulares.


Estela funeraria de granito, con el campo epigráfico en un rectángulo rehundido y en la parte inferior una media luna en huecorrelieve.

Dimensiones: 90 x 38 x 24 cm.
Altura media de las letras: 7,2 cm.
Procedencia: Villar del Pedroso. Durante algún tiempo estuvo en la casa de Facundo Dávila, en la plazuela del Puerto.
Situación actual: junto a la fachada de la iglesia parroquial.

[Duelia]
Camali · f(ilia)
an(norum) · XXV · h(ic) · s(ita) · e(st)
Camalus
Aveli · f(ilius) · et
Dvelia · A-
rmonis · f(ilia)
filiae · f(aciendum) · c(uraverunt)
s(it) · t(ibi) · t(erra) · l(evis)

«Aquí yace Duelia, hija de Camalo, de 25 años. Camalo, hijo de Avelio, y Duelia, hija de Armonio, se ocuparon de erigir (este sepulcro) para su hija. Séate la tierra leve»

Bibliografía: J. Ramón y Fernández Oxea (1951): «De epigrafía cacereña», BRAH, CXXVIII: 170 = idem (1962): «De epigrafía cacereña», BRAH, CL: 128 = A. Rodríguez Moñino: ms., fols. 73-74 = HAE, 199 y 780 = R. Hurtado de San Antonio (1977): Corpus provincial de inscripciones latinas de Cáceres: 273, nº 659; 340, nº 801 = A. González Cordero (2001): «Catálogo de inscripciones romanas del Campo Arañuelo, La Jara y Los Ibores», VII Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo: 147-148, nº 52; 149, nº 54.

Como se puede apreciar en la bibliografía citada, esta inscripción ha sido recurrentemente publicada como si se tratase de dos distintas. Fernández Oxea la leyó en dos ocasiones, con más de diez años de diferencia, y seguramente porque había sido trasladada de lugar, pensó que se trataba de dos epígrafes diferentes. Pero las dos lecturas que desde entonces se han repetido en todas las publicaciones se parecen demasiado. Una sería la siguiente: Cupiena / Camali f(ilia) / an(norum) XXV h(ic) s(ita) e(st) / Camalus / Aveli f(ilius) et / Duenia A/nmonis f(ilia) / filiae f(aciendum) c(uraverunt). La otra: Duel(ius) T(iti) f(ilius) / Camalius an/nor(um) XXV h(ic) s(itus) e(st) / Camalius / Aveli f(ilius) et / Dueliâe A/rmoni(u)s e(t) / filiae f(aciendum) c(uraverunt) / s(it) t(ibi) t(erra) l(evis). La interpretación que aquí recojo, en función de la lectura que pude hacer in situ, me parece la más correcta y razonable, sobre todo porque los nombres de la difunta y los dedicantes parecen relacionados

Todos los nomenes que aparecen en la inscripción son de evidente raigambre indígena y, salvo el del padre, no se han documentado más ejemplos de los mismos en la Península Ibérica. Los testimonios epigráficos de Camalus se concentran en el área lusitano-galaica (J. Untermann (1965): Elementos de un atlas antroponímico de la Hispania Antigua. Madrid: 85). En la provincia de Cáceres está bien representado, tanto en su forma masculina como femenina, documentándose en lugares como Berzocana, Brozas, Coria (3), Jaraicejo, Pasarón de la Vera, Santa Cruz de la Sierra (2), Tejeda de Tiétar, Trujillo (2), Valencia de Alcántara, Villar de Plasencia y otro ejemplo más en Villar del Pedroso, que aquí no comentamos (J. Salas Martín y A. González Cordero (1991-1992): «Nuevas aportaciones a la epigrafía latina de la provincia de Cáceres», Norba, 11-12: 180-182, nº 5 = HEp 5 (1995), 283 = A. González Cordero (2001): 150-151, nº 57 = M. Rico, M. de la Vega, C. Pacheco y F. Turiño (2003): «Epigrafía en La Jara cacereña: un ara romana en Villar del Pedroso», Cuaderna. Revista de estudios humanísticos de Talavera y su antigua tierra, 11: 128 y ss.).


Inscripción, probablemente funeraria, grabada sobre el lomo de un verraco de la Edad del Hierro.

Material: granito.
Dimensiones del soporte: 71 x 24 x 25 cm.
Alturas de las letras: 5,3 cm.
Situación actual: junto al arroyo Cagancha, dentro de la localidad.

[- - - - - -]
[h(ic) s(itus)] est Ba[---] ux(or) e[---]a

Bibliografía: J. Ramón y Fernández Oxea (1950): «Nuevas esculturas zoomorfas prehistóricas de Extremadura», Ampurias, XII: 55 = HAE, 4 = CPILC, 823 = A. González Cordero, M. Alvarado Gonzalo y F. Barroso Gutiérrez (1988): «Esculturas zoomorfas de la provincia de Cáceres», Anas, 1: 27 = G. López Monteagudo (1989): Esculturas zoomorfas celtas de la Península Ibérica. Madrid: 134, nº 152 = HEp 3 (1993), 149 = A. González Cordero (2001): 150, nº 56.


Estela funeraria con el campo epigráfico rehundido y enmarcado.

Material: granito
Dimensiones: 135 x 50 cm.
Altura media de las letras: 8,5 cm.
Lugar del hallazgo: se ha señalado que podría proceder de la ermita de los Mártires, en Talavera la Vieja, pero no es seguro. Esta inscripción se conoce desde 1762.
Situación actual: en la fachada de una casa, en la calle de la Pasión.

Câesio Tân-
cînî f(ilius) ân(norum) LXX
Agilio et T-
ânĉinus li-
berti (p)âtro-
no îndulg-
entissîmo e-
x testâmen-
to f(aciendum) c(uraverunt) h(ic) s(itus) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)

«Caesio, hijo de Tancino, de 70 años. Los libertos Agilio y Tancino a su patrono indulgentísimo, en cumplimiento de su testamento, se ocuparon de erigir (esta lápida). Aquí está enterrado. Séate la tierra leve»

Bibliografía: CIL II, 942 (de Hübner, 1871) = CPILC, 661 = A. González Cordero (2001): 151-152, nº 59.

El nombre Caesius suele plantear dudas, pues puede tener un origen romano o indígena (J. M. Vallejo Ruiz: Antroponimia indígena de la Lusitania romana. Vitoria: 243-246). En este caso, parece evidente que se trata de lo segundo. En la provincia de Cáceres abundan los ejemplos: Alcuéscar, Escurial, Plasencia, Robledillo de Trujillo, Trujillo (2) y Villamesías.

Tancinus, o su variante Tanginus, son también nombres muy abundantes en toda la Lusitania, concentrándose casi todos sus testimonios en el área de influencia del pueblo vetón (J. Untermann (1965): 170-171, mapa nº 74). Tanto en su forma masculina como en femenino, ocupa el puesto nº 15 de la frecuencia de los cognomina en Hispania, con más de 89 testimonios, y es el segundo de los nombres indígenas en la misma serie (J. M. Abascal Palazón (1994): Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania. Murcia: 521-523). Contamos con cerca de cuarenta ejemplos sólo en la provincia de Cáceres.

Hasta el momento, sólo contamos de un ejemplo más con el nombre Agilio en una inscripción de la localidad portuguesa de Condeixa-a-Velha (Coimbra).


Esta otra inscripción se encuentra al lado de la anterior, empotrada en la pared de la misma casa. Es casi imposible distinguir alguna letra legible, ya que la superficie del campo epigráfico está muy deteriorada, después de que durante años haya permanecido cubierta de cal y, por tanto, oculta a la vista de cualquier autor que hubiera podido localizarla. Además, se encuentra dada la vuelta.

Material: granito
Dimensiones: 120 x 56 cm.
Altura media de las letras: 5 cm.

Inédita

A. González Cordero piensa que una de las lecturas de la inscripción de Duelia podía corresponderse con ésta otra, que seguramente él localizó, pero se encontraba tapada. Por eso persistió en el error y no cayó en la cuenta de que las dos lecturas que en su momento hizo J. Ramón y Fernández Oxea correspondían sino a la misma inscripción.

lunes, 18 de agosto de 2008

Santa Elena, patrona de los arqueólogos

Hoy 18 de agosto, aparte de ser el santo de mi hermana, los profesionales de la arqueología celebran la festividad de su patrona, Santa Elena. Aunque, si digo la verdad, no creo que a estas alturas queden muchos arqueólogos creyentes, y ni mucho menos católicos, salvo algunos eminentes especialistas en Arqueología Bíblica, que por lo general suelen ser sacerdotes y frailes franciscanos.

¿Por qué digo que Santa Elena es la patrona de los arqueólogos? Pues porque la madre del emperador Constantino fue la primera que planificó una excavación en Tierra Santa, concretamente en el Monte Calvario, donde buscaba los restos de la cruz donde fue crucificado Jesucristo. Copio del santoral su biografía, que de vez en cuando no viene mal tomar ejemplo de aquellos que fueron dechado de virtudes, más aún si se dedicaron a esta profesión.

Icono medieval que representa al emperador Constantino en compañía de su madre.

En un mesón propiedad de sus padres en Daprasano (Nicomedia) nació pobre en el seno de una familia pagana. Allí pudo, en su juventud, contemplar los efectos de las persecuciones mandadas desde Roma: vió a los cristianos que eran tomados presos y metidos en las cárceles de donde salían para ser atormentados cruelmente, quemados vivos o arrojados a las fieras. Nunca lo entendió; ella conocía a algunos de ellos y alguna de las cristianas muertas fueron de sus amigas ¿qué mal hacían para merecer la muerte? A su entender, sólo podía asegurar que eran personas excelentes.

San Ambrosio, que vivió en época inmediatamente posterior, la describe como una mujer privilegiada en dones naturales y en nobleza de corazón. Y así debía ser cuando se enamoró de ella Constancio, el que lleva el sobrenombre de Cloro por el color pálido de su tez, general valeroso y prefecto del pretorio durante Maximiano. Tenía Elena 23 años al contraer matrimonio. En Naïsus (Dardania) les nació, el 27 de febrero del 274, el hijo que llegaría a ser César de Maximiano como Galerio lo fue de Diocleciano.

Pero no todo fueron alegrías. Elena fue repudiada por motivos políticos en el 292 para poder casarse Constancio con la hijastra de Maximiano y llegar a establecer así el parentesco imprescindible entre los miembros de la tetrarquía. Le costó mucho saberse pospuesta al deseo de poder de su marido, pero esto lo aceptó mejor que el hecho de verse separada de su hijo Constantino que pasó a educarse en el palacio junto a su padre y donde se reveló como un fantástico organizador y estratega.

Muerto Constancio Cloro en el 306, Constantino decide llevarse a su madre a vivir con él a la corte de Tréveris. En esta época aún no hay certeza histórica de que su madre fuera cristiana. Sí, cuando --por testimonio de Eusebio de Cesarea-- aparezca sobre el sol el signo de la cruz con motivo de la batalla de Saxa Rubra y la leyenda «con este signo vencerás» que dio el triunfo a Constantino y lo hizo único emperador de Roma, en el 312.

Aunque el emperador retrasará su bautismo hasta la misma muerte, es complaciente con la condición de cristiana que tiene su madre que daba sonados ejemplos de humildad y caridad. Incluso parece descubrirse la influencia materna tras el Edicto de Milán que prohibía la persecución de los cristianos y los edictos posteriores que terminan vetando el culto a los dioses lares. Agasaja a su madre haciéndola augusta, acuña monedas con su efigie y le facilita levantar iglesias.

Follis de la emperatriz Elena (2,7 gr. / 18-20 mm.). Anverso: FL(avia) HELENA AVGVSTA. Reverso: SECVRITAS REIPVBLIC(a)E. Exergo: S(acra) M(oneta)
K(yzicus) A ·
(RIC VII 39; Cayón 7; Cohen 12)

En el 326 Elena está con su hijo en Bizancio, a orillas del Bósforo. Aunque se aproxima ya a los setenta años alienta en su espíritu un deseo altamente repensado y nunca confesado, pero que cada día crece y toma fuerza en su alma; anhela ver, tocar, palpar y venerar el sagrado leño donde Cristo entregó su vida por todos los hombres. Organiza un viaje a los Santos Lugares en cuyo relato se mezclan todos los elementos imaginables pertenecientes al mundo de la fábula por tratarse del desplazamiento de la primera dama del Imperio a los humildes a lejanos lugares donde nació, vivió, sufrió y resucitó el Redentor. Pero aparte de todo lo que de fantástico pueda haber en los relatos, fuentes suficientemente atendibles como Crisóstomo, Ambrosio, Paulino de Nola y Sulpicio Severo refieren que se dedicó a una afanosa búsqueda de la Santa Cruz con resultados negativos entre los cristianos que no saben dar respuesta satisfactoria a sus pesquisas. Sintiéndose frustrada, pasa a indagar entre los judíos hasta encontrar a un tal Judas que le revela el secreto rigurosamente guardado entre una facción de ellos que, para privar a los cristianos de su símbolo, decidieron arrojar a un pozo las tres cruces del Calvario y lo cegaron luego con tierra.

Las excavaciones resultaron con éxito. Aparecieron las tres cruces con gran júbilo de Elena. Sacadas a la luz, sólo resta ahora la grave dificultad de llegar a determinar aquella en la que estuvo clavado Jesús. Relatan que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una procesión solemne, con toda la veneración que el asunto requería, rezando plegarias y cantando salmodias, para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera mostrar la Vera Cruz. El milagro se produjo al ser colocada en sus parihuelas sobre la tercera de las cruces la pobre enferma que recuperó milagrosamente la salud.

Tres partes mandó hacer Elena de la Cruz. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma, donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.

No han faltado autores que atribuyan a la fábula el hecho de la invención por Elena basándose principalmente en que no hay noticia expresa de tamaño acontecimiento hasta un siglo después. Ciertamente es así, pero lo resuelven otros estudiosos afirmando que la fuente histórica que relata los acontecimientos es el historiador contemporáneo Eusebio de Cesarea al que en su Vita Constantini sólo le interesan los acontecimientos realizados por Constantino, bien porque sigue los cánones de la historia contemporánea, o quizá porque sólo le interesa adular a su anfitrión.

Murió Elena sin que sepamos el sitio ni la fecha. Su hijo Constantino dispuso trasladar sus restos con gran solemnidad a la Ciudad Eterna y parte de ellos se conservan en la iglesia Ara Coeli, dedicada a Santa Elena, la mujer que dejó testimonio tangible y visible en unos maderos del paso salvador por la tierra de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.

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