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miércoles, 17 de febrero de 2010

«Memoria e investigación en torno al setenta aniversario del final de la Guerra Civil»

Memoria e investigación en torno al setenta aniversario del final de la Guerra Civil es el título del libro coordinado por Julián Chaves Palacios y editado por la Diputación provincial de Badajoz dentro de la colección La Memoria. En el mismo se recopilan las ponencias y comunicaciones presentadas al Congreso Memoria histórica e Historia: estado de la cuestión, que tuvo lugar en Cáceres en abril de 2008. «En esta obra se recogen artículos de contenido diverso que tienen de trasfondo el enfrentamiento bélico de los años treinta; comunicaciones de jóvenes investigadores interesados en esta temática; testimonios de personas que bien por razones familiares, bien por interés particular, han rescatado del olvido las experiencias vividas por represaliados a causa de acciones violentas franquistas; y, finalmente, entrevistas realizadas por alumnos universitarios a ciudadanos que han tenido a bien contarle sus vivencias en esos años». Según el profesor Chaves se trata de «contenidos variados dentro de una misma directriz que constituyen una aportación significativa a la siempre controvertida cuestión de la Guerra Civil en el setenta aniversario de su final». Dentro de la gran variedad que asuntos que se analizan en esta obra, también podéis encontrar un artículo firmado por el que escribe que estas líneas, con el título de «Los antecedentes de la intervención militar alemana en Extremadura durante la Guerra Civil (julio-septiembre 1936)» (págs. 243-259).

jueves, 2 de octubre de 2008

Una cena comprometida

Respecto a la ponencia que presenté para los Coloquios Históricos, después de su lectura me acordé de una divertida anécdota que pude haber comentado. Como tampoco aparece mencionada en el texto que envié para su publicación en las actas, aprovecho la ocasión y me referiré a ella en esta entrada.

Castillo de la Arguijuela de Arriba.

Wilhelm von Thoma (1891-1948), el oficial alemán que estuvo al frente de la base de carros de combate que se organizó en los castillos de las Arguijuelas (Cáceres), al terminar la guerra civil española y regresar a su país, por el excelente servicio prestado y los méritos adquiridos, fue ascendido a general. Como tal participó en la Segunda Guerra Mundial, combatiendo en diferentes frentes: en la invasión de Polonia, tomando parte en la Operación Barbarroja… y, finalmente, en septiembre de 1942, en el Afrika Korps, a las órdenes del general Erwin Rommel, el Zorro del Desierto. Al comienzo la batalla de El Alamein (23 de octubre), como Rommel encontraba en Alemania recuperándose de una dolencia, von Thoma se hizo cargo del mando de las fuerzas del Eje en el Norte de África.

El 4 de noviembre, en pleno fragor de la batalla en la colina de Tel el Mampsra, al oeste de El Alamein, el tanque que conducía von Thoma sufrió el impacto de un proyectil. El general alemán pudo escapar con apenas unos rasguños, pero inmediatamente fue capturado por los británicos. Aquella misma noche, el mariscal Montgomery decidió invitarle a cenar en su tienda, como un gesto de cortesía y respeto hacia el enemigo vencido. En el transcurso de aquella comida, ambos militares comentaron y cambiaron impresiones sobre el desarrollo de los combates.

Montgomery recibe al general Ritter von Thoma con un apretón de manos tras su captura.

En Londres no sentó nada bien que Montgomery hubiese compartido mantel con el enemigo, y se creó tal polémica que incluso se discutió en alguna sesión del Parlamento. En una de éstas, sir Winston Churchill, que siempre se caracterizó por su buen apetito, frente a la fama de asceta que tenía Montgomery, dijo que se compadecía de von Thoma, porque él también tuvo ocasión de cenar con el mariscal inglés y recordaba haber pasado mucha hambre.


Hasta 1947 el general von Thoma pasó por diferentes penales de alta seguridad en el Reino Unido. En este tiempo le fue amputado un brazo, a causa de una infección. De regreso a Alemania, falleció por un ataque al corazón en Dachau (Baviera) el 30 de abril de 1948.

Wilhelm Ritter von Thoma

miércoles, 1 de octubre de 2008

Premio Fundación "Xavier de Salas" para Jóvenes Investigadores


El sábado pasado, en el Convento de la Coria de Trujillo, tuvo lugar la clausura de los XXXVII Coloquios Históricos de Extremadura, con una interesante conferencia pronunciada por el profesor Miguel Ángel Melón, que llevaba por título Extremadura, 1808-1812. Claves para entender el final traumático de una sociedad en crisis.

Al final del acto, se procedió a la entrega de los premios correspondientes a estos coloquios históricos. Tal como anuncié en su momento, el que escribe estas líneas participaba en dichos coloquios con una comunicación cuyo resumen podéis encontrar en una entrada anterior. Modestia aparte, ahora me complace comunicaros que el jurado consideró que mi ponencia era merecedora del premio otorgado por la Fundación Xavier de Salas para jóvenes investigadores.

Aprovecho la ocasión para agradecerles a la organización de los Coloquios y a la Fundación Xavier de Salas no sólo que me concedieran este galardón, sino además la oportunidad de participar en estas jornadas. Para cualquier persona como yo, que en estos momentos de su vida comienza a dar sus primeros pasos en el proceloso mundo de la investigación histórica, poder participar en actividades como estos coloquios supone una ocasión única, en primer lugar por la posibilidad de exponer los resultados de estas investigaciones, y después por la publicación de los mismos.

Los Coloquios Históricos de Extremadura, con una dilatada trayectoria de más de tres décadas, son y seguirán siendo punto de partida y referencia para todo aquel, profesional o aficionado, que sienta un especial interés por el pasado de nuestra región. Pasear por las actas de los coloquios, publicadas cada año en voluminosos tomos, supone encontrar artículos de gran calidad e interés sobre variedad de temas, épocas y lugares de la historia de Extremadura. Se trata de una fuente de documentación fundamental, a veces desconocida, de ahí que sea tan encomiable la labor de digitalización de estos fondos que actualmente se lleva a cabo. Por ello, me siento especialmente agradecido, no sólo por el premio, sino por haber tenido la oportunidad de participar en tan magnífico proyecto de difusión de nuestro pasado, nuestro patrimonio y nuestra cultura. En estos momentos ya estoy pensando en la comunicación que presentaré para el próximo año… os mantendré informados.

D. Jaime de Salas Ortueta, presidente de la Fundación Xavier de Salas, me hace entrega del Premio para Jóvenes Investigadores de los Coloquios Históricos de Extremadura en su XXXVII edición.

Foto de familia en la clausura de los XXXVII Coloquios Históricos de Extremadura. A mi izquierda, mi compañero y amigo Carlos Marín, también participante en estos coloquios.

lunes, 29 de septiembre de 2008

El día en que Hitler ganó

Hoy se conmemora --por decirlo de alguna manera-- uno de los acontecimientos más vergonzosos y con fatales consecuencias de la historia europea del pasado siglo. Me estoy refiriendo a los pactos de Múnich, que se suscribieron tal día como hoy hace exactamente setenta años, cuando los primeros ministros de las dos principales potencias democráticas de la época --esto es, Chamberlain por parte de la Gran Bretaña, y Daladier, por Francia--, creyeron conveniente ceder a las pretensiones anexionistas de Hitler sobre Checoslovaquia, que fue abandonada a su suerte, a cambio de obtener lo que denominaron una «paz honrosa», una paz que cuando fue preciso defender, ya era demasiado tarde.

El acuerdo de Múnich no sólo supuso una traición para el gobierno democrático de Checoslovaquia, sino que también significaba la sentencia de muerte para la República española, que inmersa en plena Batalla del Ebro, vio desvanecerse de la noche a la mañana sus esperanzas de poder obtener ayuda de las democracias europeas. Pero como en la Historia los mayores despropósitos se miden siempre en comparación con otros peores, pocos meses después de este «pacto entre caballeros», el mundo asistiría atónito a la firma de otro si cabe más ignominioso: el pacto de no agresión germano-soviético. Cuando después de Austria y Checoslovaquia le llegó el turno a Polonia, resultó demasiado tarde para rectificar y no cupo más respuesta que la guerra, una guerra que desangraría Europa durante cinco largos años.


El profesor Julián Casanova, de quien ya hemos hablado en otra ocasión, analizaba estos episodios de penoso recuerdo en el suplemento dominical de El País. El reportaje me ha parecido muy acertado, sobre todo por dejar de manifiesto como a veces la diplomacia se convierte en cobardía, pues por querer defender la libertad de unos se acaba sacrificando la de otros, y por esto ni siquiera se consigue apaciguar al enemigo, sino que éste se creerá más poderoso y mayor será el nivel de sus exigencias.


Recordemos los hechos. El 29 de septiembre de 1938, los jefes de Gobierno de las dos principales democracias europeas, Gran Bretaña y Francia, y los dictadores de Alemania e Italia se reunieron en Múnich para decidir el destino de Checoslovaquia, donde tres millones de alemanes vivían en las áreas fronterizas de los Sudetes, y buscar una alternativa a los planes de invasión y conquista militar puestos en marcha unos meses antes por Adolf Hitler. Tras más de 13 horas de negociaciones, Neville Chamberlain y Édouard Daladier aceptaron las propuestas de Hitler que expuso Benito Mussolini como si fueran suyas. Checoslovaquia entregaría a Alemania los territorios de los Sudetes, los cuales incluían importantes centros industriales y de comunicación, y los alemanes a cambio se comprometían a no atacar al resto del Estado checo y mantener la paz en el futuro.


El acuerdo parecía alejar el fantasma de la guerra, y Chamberlain y Daladier fueron recibidos en sus países como héroes que habían frenado las ambiciones expansionistas nazis. El tiempo, corto tiempo, pronto se encargaría de demostrar lo contrario. El sacrificio de Checoslovaquia no salvó la paz. Setenta años después, los historiadores todavía escuchamos los ecos de las explicaciones morales que los defensores y detractores del pacto dieron en su momento.

Checoslovaquia había nacido el 28 de octubre de 1918 entre las ruinas del Imperio Austrohúngaro. El nuevo Estado, organizado en torno a Bohemia, Moravia y Eslovaquia, era un rompecabezas étnico y lingüístico en el que resultaba muy difícil acomodar las diversas nacionalidades y salvar las diferencias sociales, culturales y económicas entre esos grupos. Pero, al contrario de lo que sucedió con los otros países del este de Europa y de los Balcanes, creados tras la derrota de los imperios autocráticos en la I Guerra Mundial, que sucumbieron muy pronto a dictadores con poderes absolutos, Checoslovaquia mantuvo durante esos 20 años de entreguerras una democracia parlamentaria, republicana y de respeto a las libertades individuales.

La coexistencia entre checos, eslovacos y las restantes minorías nacionales fue relativamente pacífica hasta el comienzo de los años treinta, cuando la crisis económica mundial impactó de lleno en las áreas industriales de los Sudetes donde vivía la mayoría de los ciudadanos de habla alemana. Hasta ese momento, los nazis habían contado con poco predicamento en Checoslovaquia, pero, con la subida de Hitler al poder, se organizaron en torno al liderazgo de Konrad Henlein, un profesor de gimnasia que comenzó a reclamar, con bastante éxito entre los alemanes étnicos, la separación de los Sudetes del resto del Estado checoslovaco.


Hitler creía también que esos tres millones de alemanes debían integrarse en el Reich y, tras la anexión de su Austria natal en marzo de 1938, ordenó a Henlein aumentar la agitación violenta y la intimidación a sus oponentes. Joseph Goebbels, el ministro nazi de Propaganda, difundió todo tipo de mentiras sobre las atrocidades cometidas por los checos sobre las mujeres y los niños alemanes de los Sudetes, y Hermann Göring, ministro del Aire, se sumó a la campaña denunciando a los checos como «una raza vil de enanos sin cultura». El concepto nazi de raza y su lenguaje político sobre el «espacio vital» eran incompatibles con la existencia de estados independientes en Europa central y del Este. Después de Austria, Checoslovaquia se convirtió en el siguiente objetivo.

Operación Verde fue el nombre con el que Hitler designó el plan de conquista de un país con importantes recursos económicos y que, en términos estratégicos, era la puerta que abría el dominio del Este. Las cosas, sin embargo, no iban a resultar tan fáciles como en Austria, porque Checoslovaquia era un país más rico y poderoso, con unas fuerzas armadas y una mayoría de la población dispuestas a resistir la invasión. Göring y los principales generales del Ejército alemán le advirtieron a Hitler de que era mejor asegurar concesiones graduales --que Francia y Gran Bretaña ya habían mostrado su disposición a aceptar-- que correr el riesgo de iniciar una guerra para la que Alemania no estaba todavía preparada. Pero Hitler siguió con su idea de aplastar a Checoslovaquia. «Viva la guerra», le dijo a Henlein el 1 de septiembre de 1938, convencido de que las democracias, muy divididas políticamente y sin poderío militar, no intervendrían y, si no lo hacían ellas, tampoco Rusia acudiría en su ayuda.

Septiembre fue un mes de declaraciones pomposas, intensos contactos diplomáticos, y de viajes de ida y vuelta. Dos veces voló Chamberlain a Alemania a encontrarse con Hitler para explicarle que Francia y Gran Bretaña estaban de acuerdo con la cesión de los Sudetes al Reich. Chamberlain y Daladier culminaban con Checoslovaquia su política de «apaciguamiento», esa que consistía en evitar una nueva guerra a costa de aceptar las demandas revisionistas de los dictadores fascistas, siempre y cuando no se pusieran en peligro los intereses estratégicos de sus respectivos países. En el clímax de la crisis, en los días finales de septiembre, cuando Hitler le comunicó a Chamberlain que con los Sudetes no bastaba y que quería más, toda Checoslovaquia, el primer ministro británico les dijo a sus ciudadanos, en un discurso transmitido por la BBC, que parecía «horrible, fantástico, increíble» que tuvieran que comenzar a cavar trincheras y probar máscaras de gas «a causa de una disputa en un país lejano, entre gente de la que no sabemos nada». Era el 27 de septiembre. Dos días después, firmaba, junto con Daladier, Hitler y Mussolini, la sentencia de muerte para la única democracia que se mantenía en pie en Europa al este del Rin.


A la ceremonia de desmembramiento de Checoslovaquia ni siquiera fue invitado su jefe de Gobierno, Eduard Benes, quien eludió la responsabilidad por la capitulación, culpando exclusivamente a las grandes potencias europeas, dimitió el 5 de octubre y abandonó el país dos semanas después. Los polacos y los húngaros se sumaron también al reparto del pastel, consiguiendo territorios en sus fronteras a costa de checos y eslovacos. Cuando no había pasado ni un mes desde el acuerdo de Múnich, Hitler ordenó a sus fuerzas armadas que se prepararan para la «liquidación pacífica» de lo que quedaba de Checoslovaquia. A mediados de marzo de 1939, las tropas alemanas entraban en Praga.

Los historiadores discuten todavía si aquel pacto fue ineludible o si, por el contrario, septiembre de 1938 habría sido el momento apropiado para combatir al Ejército alemán, menos poderoso y peor preparado para la guerra que un año después. Múnich significó la victoria del Nuevo Orden nazi en Europa sobre los «defensores de una época moribunda». Un Nuevo Orden que, según le dijo Joachim von Ribbentrop al conde Galeazzo Ciano en una de esas charlas amistosas entre ministros fascistas de Asuntos Exteriores, «garantizaría la paz durante mil años». «Mil años eran muchos; con un siglo valdría», le contestó Ciano. Vista la historia, menos mal que sólo duró poco más de un quinquenio.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Una foto analgésica

Hay una fotografía que me gusta mucho. La tengo delante mientras le pego a la tecla. Fue tomada en París el 26 de agosto de 1944, al día siguiente de la liberación de la ciudad por la 2ª División Blindada del general Leclerc, donde figuraban antiguos combatientes republicanos españoles. El día anterior, la división había entrado en la ciudad llevando en cabeza a la 9ª Compañía, tan llena de compatriotas nuestros que varios de sus vehículos tenían pintados los nombres de Brunete, Ebro, Belchite, Teruel, Guernica, Don Quijote y Guadalajara; y en los partes de combate con las órdenes que el capitán de la 9ª, Raymond Dronne, dio ese día a sus unidades de vanguardia, figuran los nombres de los jefes de algunas de éstas: Montoya, Moreno, Granell, Bernal, Campos y Elías.

La foto a la que me refiero es típica de la Liberación: arco de Triunfo, vehículos con soldados y la multitud entusiasmada. El semioruga que se ve en el centro de la imagen se llama Guernica y lleva a bordo a siete soldados: cinco de pie, el conductor y otro que va a su lado, también de pie. De los siete, este último es el único que no lleva puesto el casco. Es bajito --les llega a los otros, altos y apuestos, casi por los hombros--, lleva la camisa arremangada, y en vez de mirar al frente impasible y marcial como sus compañeros, mira a la gente con una gran sonrisa y un pitillo en la boca. Con esa foto suelo bromear, poniéndosela delante a los amigos: «Ejercicio de agudeza visual. Adivina quién es el español».

Hay fotos que queman la sangre y fotos analgésicas. Ésta es de las últimas. Cuando el telediario, el titular de periódico, la mirada que diriges alrededor o el espejo mismo te recuerdan con demasiada precisión en qué infame sitio vives, de qué peña formas parte y qué pocas esperanzas hay de que este patio de Monipodio llegue a ser algún día un lugar solidario, culto, limpio y libre, esa foto y algunas otras cosas por el estilo, que uno guarda en esa imaginaria lata de galletas parecida a la que usaba de niño para guardar tesoros --canicas, cromos, un tirachinas, una navaja de hoja rota, un soldadito de metal--, ayudan a soportar las ganas de echar la pota. Permiten mirar en torno buscando, más allá del primer y desolador vistazo, al fulano bajito y sonriente que, ajeno al protocolo solemne, mira a la gente, orgulloso, feliz de protagonizar tan espléndida revancha, cinco años después de haber pasado los Pirineos con el puño en alto, y en ellos quizá, apretado, un puñado de tierra española.

No sé cómo se llamaba el soldado del Guernica. Sólo sé que fue uno de los que cantaron ¡Ay Carmela! por las calles de París –el capitán Dronne lo cuenta en sus memorias– tras llegar hasta allí desde Argelia y el Chad, y luego siguieron peleando en Francia, Alsacia y Alemania hasta Berchtesgaden, la residencia alpina de Hitler. Él y los otros, que se echaron al monte al invadir Francia los alemanes o se alistaron en la Legión Extranjera, combatiendo en Narvik, Bir Hakeim, Montecassino, Normandía y la Selva Negra, llenando Francia de lápidas donde todavía hoy se lee Aux espagnols morts pour la liberté, consuelan la memoria cuando uno piensa en el modo miserable en que la Segunda República se fue al diablo; no sólo por la sublevación del ejército rebelde, sino también –qué mala información tenemos en este país idiota e irresponsable– por la vileza de una clase política mezquina, sin escrúpulos, capaz de convertir una oportunidad espléndida en un espectáculo siniestro. En una sangrienta cochinera.

Por eso me gusta tanto esa foto. Como digo, todos necesitamos analgésicos para ir tirando. Cada uno para lo suyo. Algunos, para hilar fino sin que el malestar, la náusea, te hagan meter a todo cristo en el mismo cazo. Es cierto que, en los últimos tiempos, en España ha tomado el relevo una nueva casta política irresponsable, infame sin distinción de ideologías, pegada a la ubre de los aparatos de sus partidos. Gente sin contacto con la vida real, que ni ha trabajado nunca de verdad ni tiene intención de hacerlo en su puta vida. Parásitos de la vida pública, profesionales del camelo y el cuento chino. Los que, amos de un tinglado nacional rehecho a su medida, ya nunca irán al paro. Y es cierto, también, que esa gentuza medra con la complicidad de una sociedad indiferente, acrítica, apoltronada y voluntariamente analfabeta, que sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando le afecta a cada cual. Cuando truena. Esto es así, y el impulso, la tentación de mandarlo todo al diablo, ametrallando a mansalva, resulta lógico. Casi inevitable.

Por eso consuela tanto recordar, gracias a esa foto de París, que pese a todo, entre tanta basura y tanta chusma, siempre es posible dar con alguien que no se resigna. Que ni se rinde, ni traga. Tipos como el anónimo español de la División Leclerc: bajito, valeroso, descarado, sonriente. Con su pitillo. Capaz de recordarnos a todos, sesenta y cuatro años después, que siempre son posibles la dignidad y la vergüenza.

(Arturo Pérez-Reverte, El Semanal XL, 14 de septiembre de 2008)

sábado, 20 de septiembre de 2008

XXXVII Coloquios Históricos de Extremadura


El próximo lunes dará comienzo en Trujillo la XXXVII edición de los Coloquios Históricos de Extremadura, que este año están dedicados a la Guerra de la Independencia. La inauguración de los mismos correrá a cargo del profesor Fernando Sánchez Marroyo, que a las 21’00 h. intervendrá con una conferencia titulada Guerra y Revolución en España (1808-1814).

A partir del día siguiente se sucederán las ponencias. El miércoles 24 a eso de las ocho y media, le tocará el turno a un servidor. Por eso, aquí dejo un resumen de la comunicación que expondré.


La base alemana de carros de combate en las Arguijuelas, Cáceres (1936-1937)

En octubre de 1936 se asentó en los castillos de las Arguijuelas, en la carretera que va de Cáceres a Mérida, el cuartel general de una unidad de carros de combate enviada por el ejército alemán para apoyar militarmente a los insurrectos españoles. Al frente de la misma se situó el teniente coronel Wilhelm von Thoma, uno de los pioneros del arma blindada tras la Primera Guerra Mundial. En la base de las Arguijuelas, principalmente los alemanes se dedicaron a instruir a soldados españoles en la conducción de los tanques y el manejo de toda clase de armamento enviado por su país. Con esta comunicación se pretende dar a conocer los detalles que rodearon el establecimiento y funcionamiento de esta base militar, en uno de los lugares más emblemáticos de las cercanías de Cáceres. El carácter secreto de la misión motivó que las autoridades militares restringieran el contacto de los alemanes con la población civil. Sin embargo, era inevitable que se sospechara lo que sucedía en los castillos de las Arguijuelas, y un suceso luctuoso, como fue un accidente de circulación, acabó de aclarar las dudas sobre la nacionalidad e intenciones de quienes allí se encontraban alojados. Incluso los voluntarios alemanes fueron objeto de un homenaje municipal, por lo que todavía hoy día una de las principales avenidas de la ciudad lleva el nombre de su patria.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Al bando vencido

Con todo este asunto de que Garzón quiere investigar los crímenes de la guerra civil y demás, me ha venido a la memoria (¿histórica?) la siguiente canción de Ismael Serrano. Esta versión es la que se recoge en su segundo disco La memoria de los peces, de hace nada menos que diez años… joder, que rápido pasa el tiempo. Atentos sobre todo al acompañamiento con el órgano, que en más de una ocasión consigue poner los pelos de punta.




Se van llevando la memoria,
queda en la historia una mancha, un borrón.
Mientras el resto sufre amnesia,
un viejo recuerda una canción,

de aquella lejana batalla
donde pudo morir,
en una guerra no ganada,
a veces me pregunta por ti.

Se cree aún en la trinchera,
otra bandera, de otro color,
solemne en su viento ondea,
sobre la cima y en su salón.

A veces habla con fantasmas
de cuyo nombre se olvidó.
Vencidos, nunca regresaron
de su exilio interior.

Ni un momento, ni un recuerdo,
para los que perdieron, los que construyeron
la tumba, el mausoleo,
de la miseria, del carnicero.

¿Cómo esperas ganar sin ellos
las batallas que anteriormente perdieron?
Si han de callar, que callen aquellos,
los que firmaron pactos de silencio.

Tratan de convencerle, abuelo,
las explosiones han terminado.
Pero cuando sale a la calle,
Madrid parece bombardeado.

Y lee escritos en los muros,
gritos contra los que luchó,
y personajes de rostro oscuro
que le inculcaron el terror.

Y un día, sin darnos cuenta,
el viejo, con sus historias, se consumió
Y en la memoria de su nieto
sólo una huella, un leve borrón,

de aquella lejana batalla,
donde pudo morir,
en una guerra no ganada
donde luchó por ti.

Donde luchó por ti.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Problemas donde no los hay


Como en este país todo el mundo opina (aunque no se le pregunte), yo no iba a ser menos; y porque pienso que en cierto modo me concierne, pues he leído bastante sobre el tema, paso mi tiempo investigando por aquí y por allá, y también de vez en cuando escribo alguna cosa; quería referirme a la polémica suscitada tras la decisión del juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, de investigar los crímenes de la guerra civil y el franquismo. Como casi siempre me pierdo divagando, voy a ordenar mis opiniones al respecto en varios puntos:

• Tengo no ya la impresión, sino la certeza --como cualquier otro-- de que cuando se remueve la mierda, ésta huele. Pero también es cierto que para que las plantas crezcan hay que abonarlas, y el abono --como también todo el mundo sabe-- no es más que mierda. La guerra civil española fue una mierda, y además de las grandes. Si queremos que nuestra sociedad crezca y madure, tendremos que asumir, tragar y digerir aquello que sucedió, por mucho o poco tiempo que haya transcurrido; porque si no se corre el riesgo tantas veces repetido de «tropezar con la misma piedra» (o mierda). Perdonadme el ejemplo escatológico, pero no es mío: se lo suelo escuchar a alguien muy cercano, y razón no le falta.

• Aquellos que continuamente defienden la independencia del poder judicial, se deberían callar la boca, porque ésta ha sido la iniciativa, acertada o no, de un juez. Que yo sepa, no ha habido fiscales de por medio. Si creemos en la justicia y el sistema judicial --yo, personalmente, no; pero otros dicen que sí--, habrá que aceptar lo que un juez diga, por coherencia, sin rechistar. Y si después de la sentencia no quedas contento, siempre está la posibilidad de recurrir…

• Si todo esto es una operación orquestada para desviar la atención del problema principal y actual, que es la crisis económica, no creo que dé resultado. La crisis es muy gorda, y a la mayoría de la gente le preocupa cómo llegar a fin de mes y poco más. Estos asuntos de la guerra civil y la represión les interesan sobre todo a quienes la sufrieron en sus propias carnes --que, por razones biológicas, cada vez son menos--, algunos familiares y a los que por oficio nos dedicamos a desentrañar el pasado.

• El juez Garzón durante los últimos años, entre sus múltiples ocupaciones, se ha dedicado a investigar causas de genocidio y crímenes cometidos contra la humanidad en otros países, caso de Chile, Argentina… No está de más que se juzgara uno de los mayores genocidios de Europa en el siglo XX --exceptuando el perpetrado por los nazis--, que tuvo lugar a partir de 1936 en este país que llamamos España.

• Es cierto que después de transcurridos más de setenta años, va a ser difícil encontrar a alguien a quien juzgar y pedir responsabilidades. Aunque todavía queda alguno. Por el Paseo de Cánovas, en más de una ocasión, me he cruzado con un venerable ancianito que durante la guerra no le tembló el pulso para descerrajar un tiro en la sien a casi un centenar de inocentes y después arrojar sus cadáveres desde el puente de Alconétar. También es seguro que a este señor y a algún otro no va a ir nadie a molestarlos a su casa, porque por respeto ni siquiera los historiadores han mencionado sus nombres. A mí nadie me dijo quién era ese tipo, lo averigüé por mis propios medios. Ahora, por todos los rincones del mundo se continúan buscando criminales de guerra nazis, y a nadie le parece mal que pasen sus últimos días en la cárcel, pagando por los delitos que un día cometieron. Ya se sabe que las causas de genocidio no prescriben.

• A los que sacaron provecho político antes, durante y después de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica, ya fueran de un bando o de otro, se les ha acabado el chollo. Siempre pensé que esta ley estaba vacía de contenido, pero después de esta iniciativa judicial cobra sentido. Ahora bien, esto va a ser labor de jueces e historiadores: los políticos ya se pueden ir despidiendo de emplear la guerra civil como argumento de demagogia barata en sus discursos, ni para azuzar el rencor por el contrario. Lo de las dos Españas es un cuento que a estas alturas no se cree nadie. Como en mi caso, los nietos de los que lucharon en una parte tienen novias a cuyos abuelos les tocó hacer la guerra al otro lado de la trinchera, y viceversa. Los que piensan que van a encontrar oídos que les presten atención, cuando reivindican regímenes y formas de gobierno que tuvieron su oportunidad y fracasaron hace décadas, y aún creen que sería posible implantarlos en el presente, van de culo y no saben en qué época viven.

• Respecto a las fosas comunes: no creo que a nadie le agrade la idea de que los restos de un familiar suyo estuvieran todavía hoy esparcidos en una cuneta, en lugar de enterrados en el cementerio, que es ese lugar donde por convicción cultural y por higiene se suele dar sepultura a las personas que fallecen.


• Tampoco me haría mucha gracia que mi abuelo, si fuese el caso y aunque ya hubiera muerto, figurara en los archivos policiales o judiciales como «traidor» o «rojo rabioso». No pediría la eliminación de ese documento ni una compensación económica, pero por lo menos una reparación moral por parte del Estado.

• Para terminar. El juez Garzón ha solicitado a varias instituciones, principalmente a los ayuntamientos, que le remitan listas con los nombres de los asesinados y represaliados durante la guerra y la dictadura. Todo el que haya trabajado en archivos o haya realizado una investigación de este tipo, sabe que lleva su tiempo y además cuesta dinero. Por eso, creo que se trata de la mejor oportunidad para acometer una reforma en profundidad de los archivos públicos españoles, incluidos los militares. Y para ello necesitarán contratar personal… Cierto, lo digo por mi interés egoísta: el paro nos afecta a todos. Pero es una vergüenza que cualquier ayuntamiento tenga a veinte personas en una oficina de turismo, y sólo un tipo a media jornada en el archivo municipal.

Con esto queda resumido todo lo que pienso sobre la polémica, aunque como digo, tampoco encuentro motivos para llamarla así. Vivimos en el siglo XXI, y miramos al pasado para aprender cómo encaminar el futuro. De hacer justicia se encargan los jueces, no los historiadores, y ni mucho menos los políticos. Por eso, no entiendo el afán de algunos de buscar problemas donde no los hay.

jueves, 14 de agosto de 2008

La matanza de Badajoz

Un año más nos toca conmemorar una fecha de amargo recuerdo. Al amanecer del 14 de agosto de 1936, los legionarios y regulares moros al mando del teniente coronel Yagüe había ido tomando posiciones alrededor de las murallas de Badajoz, y aguardaban el momento para lanzarse al asalto definitivo. Poco después del mediodía, y tras vencer la escasa resistencia que pudieron oponer unos milicianos con escopetas en compañía de otros pocos militares leales y guardias de asalto (el resto fueron enviados a Madrid o habían desertado), los soldados del ejército africano se abrieron paso por las calles de la ciudad a golpe de bayoneta, fusilando sin contemplaciones a todo aquel que intentara escapar o fuera delatado por una marca en el pecho, señal inequívoca de que también había empuñado un fusil.

Además, se sucedieron los saqueos y los atentados contra la propiedad, de los que no se libraron ni siquiera aquellos que apoyaban en secreto el golpe militar y habían recibido con júbilo la llegada de este ejército salvador. Y es que los moros y legionarios estaban acostumbrados a un tipo de guerra que, hasta el momento, no se estilaba en el continente: en las academias militares europeas todavía se enseñaba a matar soldados, pero a nadie se le ocurría meterse con la población civil. En Marruecos las cosas eran bien distintas: aparte de cargarse al cabileño de turno, se le arrancaba la cabeza y, si había ocasión, se le prendía fuego a su casa, se violaba a su mujer y a sus hijas, y uno arramblaba con todo lo de valor que encontrase.


Pero lo peor en Badajoz llegó después. Al caer la tarde y durante los días siguientes, se sucedieron las detenciones y las ejecuciones en masa. No entraré en detalles, ni sobre el lugar donde se cometieron estos crímenes, ni acerca del número definitivo de víctimas, para así evitar discusiones sempiternas que ya adornan otros foros. Que los fusilamientos se practicaran aquí o allá, o que tengamos que contar mil muertos más o mil muertos menos, no le quita gravedad al asunto.

A las nueve y media de la mañana del día 15, llegaban al paso fronterizo de Caya tres periodistas, un portugués y dos franceses: Mário Neves, del Diário de Lisboa, Marcel Dany, representante de la Agencia Havas en Lisboa, y Jacques Berthet, corresponsal de Temps. Ellos fueron los primeros en contarle al mundo lo que había sucedido aquel 14 de agosto en Badajoz. Especial relevancia merecen las crónicas de Mário Neves, que serían prohibidas por la censura portuguesa. Dos días después, también llegaron a Badajoz procedentes de Sevilla, los franceses Jean d’Esme, de L’intransigeant, y René Brut, fotógrafo de la Pathé Newsreels, al que debemos las únicas imágenes que existen de las víctimas de las matanzas, que fueron salvadas milagrosamente a pesar de que las autoridades golpistas se las requisaron. Finalmente, hay que mencionar al portugués Mario Pires, que tuvo que ser internado en un psiquiátrico después de lo que vio en Badajoz, y a los norteamericanos Jay Allen, corresponsal del Chicago Tribune y del London News Chronicle, y John T. Whitaker, del New York Herald Tribune, autores de algunos de los artículos y entrevistas que más influyeron posteriormente, y que sirvieron como punto de partida para crear la denominada Leyenda de Badajoz.


Como podéis suponer, las crónicas de los corresponsales extranjeros, así como las experiencias que tuvieron que soportar, es uno de los aspectos que más me interesan en relación con este momento trágico de nuestra historia. Con más tiempo y en próximas entradas, procuraré reconstruir el relato de todos ellos, que al fin y al cabo no es más que el relato de nuestra propia historia.

domingo, 13 de julio de 2008

Artículo de la Revista de Estudios Extremeños

Acaba de llegar a mis manos el último número de la Revista de Estudios Extremeños, y en ella me encuentro un interesante artículo titulado «Apuntes sobre la intervención extranjera en Extremadura y extremeños en campos de concentración nazis». Su autor se llama Manuel Pulido Mendoza y es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura. Hace unos años decidió publicar las memorias de su abuela, María de la Luz Mejías Correa, en un libro que lleva por título Así fue pasando el tiempo. Memorias de una miliciana extremeña (Sevilla: Renacimiento, 2006), y que aprovecho para recomendar si es que tuvierais ocasión de leerlo. Quien lo desee puede tomarlo por una novela de aventuras, pero como documento no tiene precio, ya que permite una aproximación de primera mano a unos acontecimientos históricos, en este caso de la guerra civil española, que son narrados directamente por sus protagonistas; pero por sus protagonistas de verdad, no por quienes escriben la Historia, ya sean políticos, militares o historiadores, sino por aquellos que realmente la construyen y, en el fondo, la sufren.

Manuel Pulido ha desempeñado su labor en el Center for the Study of the Hispanic Exile de la Universidad de Birmingham, y actualemte disfruta de un contrato posdoctoral de la Junta de Extremadura en Estados Unidos. Fruto de este trabajo son sus investigaciones, centradas fundamentalmente en la guerra civil y el exilio republicano. Para el presente artículo recuerdo que me pidió consejo e información, pues como sabéis, todo lo relativo a la intervención extranjera durante la guerra civil en tierras extremeñas entra dentro también de uno de mis ámbitos de estudio. Le agradezco a Manuel que me cite en su artículo, y espero que en breve volvamos a compartir más datos y puntos de vista, que nos enriquezcan y nos permitan seguir avanzando en esta tarea tan poco valorada como es la Historia.

sábado, 14 de junio de 2008

Masonería y Extremadura


Ayer por la tarde, el Ateneo de Cáceres celebraba su octavo aniversario. Aprovechando la ocasión, se presentaron las actas del congreso organizado en abril del año pasado en torno a la Historia de la Masonería en Extremadura, en el que tuve el placer y la ocasión de participar. Por la noche, estuve hojeando el libro y, a primera vista, me pareció bastante interesante. En cuanto tenga un poco de tiempo, me pondré con él. Lejos de la imagen esotérica y a veces casi ridícula que últimamente cierta historiografía --con sus derivaciones en la novela y en el cine-- se empeña en transmitirnos, este trabajo aporta la seriedad y el rigor que exige la Historia cuando nos adentramos, como en este caso, en un campo que roza el ámbito del misterio y, para algunos, de la conspiranoia. Investigar sobre sociedades secretas, como lo fueron los masones, entraña una dificultad tremenda, precisamente por la propia naturaleza del objeto de estudio: al ser sociedades secretas, es normal pensar que las fuentes a las que los investigadores podemos tener acceso son muy escasas o están muy limitadas.

Pero a pesar de las dificultades, tanto Cecilia como yo nos atrevimos a presentar sendas comunicaciones al congreso, y que hoy podéis leer en su publicación. La suya, titulada «Margarita Nelken: incidente en la prensa cacereña», trata sobre las graves acusaciones que se vertieron contra la diputada socialista por Badajoz en el periódico cacereño Nuevo Día, en febrero de 1932; y cómo con la ayuda de su procurador en Cáceres, consiguió que el autor de aquellas declaraciones difamatorias se retractara y pidiera perdón públicamente un año después.


Por mi parte, presenté una comunicación que llevaba por título «La supuesta relación con la masonería de un hombre del Régimen». Del Régimen de Franco, se entiende. No voy a desvelaros de quién se trata, si estáis interesados podéis leer el artículo. Sólo os comentaré, brevemente, las circunstancias que me llevaron a escribirlo. Estando en el Archivo de la Guerra Civil en Salamanca, para investigar sobre las Brigadas Internacionales, durante una mañana que me sobraba algo de tiempo, me puse a curiosear en el Fondo del Tribunal para la Represión de la Masonería. Cuál fue mi sorpresa cuando, por pura casualidad, encontré un expediente en el que se citaba la investigación que se había abierto en 1941 para aclarar si había pertenecido o tenido alguna relación con la masonería nada menos que uno de los personajes más relevantes de Cáceres durante aquellos años de posguerra, que ocupó entonces y después importantes cargos políticos. En un principio, me quedé impresionado por el hallazgo. Después recordé que el caso de muchos militares que había secundado el golpe de Estado de julio de 1936 y que eran masones: por ejemplo, el general Cabanellas o el mismo hermano del Caudillo, el famoso aviador Ramón Franco, que tuvieron que pasar por procesos parecidos de depuración. En otros casos, posiblemente como el que me ocupaba, no me encontraba más que ante una acusación motivada por envidias personales o motivos políticos.

Para terminar, y con la intención de romper una lanza a favor de la masonería, tantas veces denostada y que, sin embargo, ha aportado tantos hombres ilustres a nuestra Historia, me gustaría reproducir aquí una de las versiones del Código Moral Masónico. Veréis que lo que dice tampoco es para echarse a temblar.


Adora al Gran Arquitecto del Universo.

El verdadero culto que se le da al Gran Arquitecto consiste principalmente en las buenas obras.

Ten siempre tu alma en un estado puro, para aparecer dignamente delante de tu conciencia.

Ama a tu prójimo como a ti mismo. No hagas a los otros lo que no quieras que ellos hicieran contigo.

No hagas mal para esperar bien.

Estima a los buenos, ama a los débiles, huye de los malos, pero no odies a nadie.

No lisonjees a tu hermano, pues es una traición; si tu hermano te lisonja, teme que te corrompa.

Escucha la voz de tu conciencia.

Se padre de los pobres, cada suspiro que tu dureza les arranque, son otras tantas maldiciones que caerán sobre tu cabeza.

Respeta al viajero nacional o extranjero; ayúdale, su persona es sagrada para ti.

Evita las querellas, prevé los insultos, deja que la razón quede siempre de tu lado.

Parte con el hambriento tu pan, y a los pobres y peregrinos mételes en tu casa; cuando vieses al desnudo, cúbrelo y no desprecies tu carne en la suya.

No seas ligero en airarte, porque la ira reposa en el seno del necio.

Detesta la avaricia, porque quien ama las riquezas ningún fruto sacará de ellas, y esto también es vanidad.

Huye de los impíos, porque su casa será arrasada, más las tiendas de los justos florecerán.

En la senda del honor y de la justicia esta la vida, más el camino extraviado conduce a la muerte.

El corazón de los sabios está donde se practica la virtud, y en el corazón de los necios donde se festeja la vanidad.

Respeta a las mujeres, no abuses jamás de su debilidad y mucho menos pienses en deshonrarlas.

Si tienes un hijo, regocíjate; tiembla del depósito que se te confía. Haz que hasta los diez años te tema, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años sé su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo. Piensa en darle buenos principios antes que bellas maneras: que te deba rectitud esclarecida y no frívola elegancia. Haz un hombre honesto antes que un hombre hábil.

Si te avergüenzas de tu destino, tienes orgullo; piensa que aquel ni te honra ni te degrada; el modo con que cumplas te hará uno u otro.

Lee y aprovecha, ve e imita, reflexiona y trabaja, ocúpate siempre en el bien de tus hermanos y trabajarás para ti mismo.

Conténtate de todo, por todo y con todo tipo de suerte que te ha tocado y conservarás la luz de la sabiduría.

No juzgues ligeramente las acciones de los hombres; no reproches y antes procura sondear bien los corazones para apreciar sus obras.

Sé entre los profanos libre sin licencia, grande sin orgullo, humilde sin bajeza; y entre los hermanos, firme sin ser tenaz, severo sin ser inflexible y sumiso sin ser servil.

Habla moderadamente con los grandes, prudentemente con tus iguales, sinceramente con amigos, dulcemente con los pequeños y tiernamente con los pobres.

Justo y valeroso defenderás al oprimido, protegerás la inocencia, sin reparar en los servicios que prestes. Honrarás a tus padres, respetaras a los ancianos, e ilustrarás a los niños.

Exacto apreciador de los hombres y de las cosas, no atenderás más que al mérito personal, sean cuales fueren el rango, el estado y la fortuna.

El día que se generalicen estas máximas entre los hombres, la especie humana será feliz y la Masonería habrá terminado su tarea y cantando su triunfo regenerador
.

domingo, 8 de junio de 2008

Contra la blasfemia

Mi amiga Almudena me envía la transcripción del siguiente acuerdo que adopta el pleno del Ayuntamiento de Badajoz, con fecha del 25 de agosto de 1939, recién terminada la guerra civil:

ESPAÑA CONTRA LA BLASFEMIA.- Se da lectura de la carta del Sr. Presidente de la Unión Diocesana de Juventud Masculina de Acción Católica, informando de la campaña que se propone desarrollar contra la blasfemia y solicitando la cooperación moral de este Ayuntamiento, excitando en celo de la Guardia Municipal para que extreme la vigilancia y la represión de tan fea costumbre, y la material de adquirir las hojas editadas, al igual que otros Municipios. El Sr. Alcalde [don Ricardo Carapeto] manifestó que ya había dado las órdenes a la Guardia Municipal para que colabore a esta labor.

Cagarse en todos los santos y maldecir al gobierno ha sido y seguirá siendo el deporte preferido de los españoles. Por eso, cuando se llega a prohibir por ley este tipo de manifestaciones verbales, se trata de un signo inequívoco de la conculcación de las libertades y derechos más fundamentales. De todos modos, estamos hablando de un tiempo que afortunadamente nos queda muy lejano, y hoy día cuando trabajando en un archivo encontramos por casualidad uno de estos bandos, no podemos evitar que se nos escape una sonrisa. Por cierto, este documento me acaba de recordar unos letreros realizados con letras de azulejo, que estuvieron hasta hace unos treinta años en las principales entradas de Cáceres, como en la calle San Antón y en Barrionuevo, que rezaban lo siguiente:

CIUDAD
DE
CÁCERES
CAPITAL DE PROVINCIA
SE PROHIBE 

LA BLASFEMIA
Y LA MENDICIDAD

viernes, 6 de junio de 2008

André Malraux

Llevo una semana bastante ajetreada, apenas me ha quedado tiempo para escribir sobre algunas cosas que me resultan interesantes y que quisiera seguir compartiendo en este blog. Por las noches, antes de acostarme, le he echado un último vistazo a las revistas de Historia del mes anterior. En un artículo de una de ellas he leído algo que me llamó la atención. Resulta que, con posterioridad a la huelga general y el levantamiento estudiantil de mayo del 68 en Francia, las manifestaciones que tuvieron lugar en apoyo a De Gaulle estaban encabezadas por un viejo conocido. Se trataba del escritor André Malraux (1901-1976), y si en un principio me sorprendió encontrármelo en esta época liderando al sector más reaccionario de la sociedad francesa, luego no me extrañó lo más mínimo, teniendo en cuenta su carácter contradictorio y su azarosa trayectoria vital. Malraux era Ministro de Cultura desde 1958 y antes había ocupado la cartera de Información durante el gobierno provisional de De Gaulle (1945-1946).


Si la semana pasada hablábamos de F. A. Mitchell Hedges y otros ilustres arqueólogos-aventureros, podemos decir que la juventud de Malraux transcurrió más o menos por los mismos derroteros. Sin embargo, aunque quisiéramos considerar igual de románticas las expediciones que realizó a Extremo Oriente, sobre todo en Indochina, Malraux no pasó de ser más que un vulgar saqueador de obras de arte, que antes apenas había pisado la universidad y, por tanto, despreciaba el trabajo académico. En Saigón se libró por los pelos de ir a la cárcel, acusado de expolio y contrabando, por lo que se fue desentendiendo de la arqueología e interesando cada vez más por el periodismo y la defensa de los derechos humanos. En 1924 funda el periódico L’Indochine, desde cuyas páginas criticaría la política colonial francesa y asumió la custodia de los derechos y libertades de los indígenas.


En la década de los treinta decide regresar a Francia y en julio de 1936 le sorprende el estallido de la guerra civil española. Malraux no duda en apoyar al gobierno legítimo de la República, por lo que inmediatamente decide organizar una unidad de bombarderos, cazas y aviones de escolta que ayudara a los republicanos españoles a sofocar el golpe de Estado. Aunque cuenta con la colaboración del Ministro del Aire, Pierre Colt, la entrada de Francia en el Comité de No Intervención viene a frustrar sus planes iniciales. No obstante, logra reunir medio centenar de aparatos, que serían tripulados por voluntarios y profesionales, muchos de ellos procedentes de la Compagnie Genérále Aéropostale francesa, junto con algunos mercenarios de distintas nacionalidades. Este heterogéneo grupo recibió el nombre de Escuadrilla España y el 16 de agosto la unidad ya estaba plenamente operativa con su base establecida en Madrid.


La actividad de Malraux, que nunca había pilotado un avión, fue durante criticada incluso por algunos oficiales del ejército republicano. Al respecto, el general Hidalgo de Cisneros, jefe del Estado Mayor de la Fuerzas Aéreas y Ministro de Marina y del Aire, diría en sus Memorias:

Yo no puedo decir que Malraux en aquella época no fuese, a su manera, un hombre progresista, ni que no viniese a España de buena fe para ayudar a los republicanos, tal vez ilusionado con el pensamiento de hacer en nuestro país el papel de lord Byron en Grecia. Lo que sí puedo y debo decir es que Malraux, que por su personalidad como escritor podía habernos sido útil, se anuló él mismo al pretender hacerse jefe de una escuadrilla, sin haber visto en su vida un avión, sin tener la menor idea de lo que es la aviación, y sin darse cuenta de que no se puede jugar a los aviadores sin serlo, y mucho menos en una guerra (…). Más que una ayuda, fueron para nosotros una carga. En varias ocasiones intenté licenciarlos, pero el gobierno se oponía, alegando la mala impresión que produciría en Francia cuando se supiese que habíamos tenido que echar de España, por inútiles y sinvergüenzas, a estos aviadores que una falsa propaganda había convertido en "heroicos defensores de la libertad".

Algunos cazas y bombarderos de la escuadrilla sobrevolaron los cielos extremeños en el verano de 1936, donde llegaron a entablar combate con otros aparatos de la aviación rebelde que protegían el avance hacia Madrid de la columna del teniente coronel Yagüe. Es muy probable que Malraux nunca formase parte de algunas de sus tripulaciones; sin embargo, en su novela L’espoir asegura que el 20 de agosto pasó por encima de la ciudad de Badajoz en un bombardero Potez-54, y he aquí la magnífica descripción de lo que pudo observar:

Por último, áspera como su tierra de rocas, techos sin árboles, viejas tejas grises de sol, esqueleto berberisco sobre tierras africanas: Badajoz, su alcázar, su plaza de toros vacía (...). Abajo, una vieja ciudad española roída, con sus mujeres negras detrás de las ventanas, sus olivos y sus anises al fresco en baldes con agua de pozo, sus pianos en los que jugaban los niños tocando con un dedo, y sus gatos flacos al acecho de las notas que se perdían una tras otra en el calor... Y una impresión de sequedad tal, que parecía que tejas y piedras, casa y calles debiesen resquebrajarse y pulverizarse a la primera bomba, con un gran ruido de huesos y cascajos. Por encima de la plaza, Karlitch y Jaime agitaron sus pañuelos. Los bombarderos españoles lanzaban pañuelos con los colores de la República.


En febrero de 1937, ante el número de bajas y tras más de una deserción, la escuadrilla fue disuelta. Malraux se dedicaría durante el resto de la guerra a labores de propaganda y, sobre todo, a escribir su novela L’espoir («La esperanza»), en la que idealizaba la labor desempeñada por la Escuadrilla España. En 1945 la adaptaría al cine con el título de Sierra de Teruel, y en el montaje de la película empleó imágenes de documentales rodados durante la misma guerra civil.


Bibliografía:
- Ignacio Hidalgo de Cisneros: Memorias. París: Société d’Editiones, 1964.
- André Malraux et al.: Los que fueron a España. [Buenos Aires]: Jorge Álvarez, 1966.
- Andreu Castells: Las Brigadas Internacionales de la Guerra de España. Esplugues de Llobregat: Ariel, 1974. Págs. 49-52 y 482-483.
- Óscar Collazos: André Malraux. Barcelona: Barcanova, 1982.
- André Malraux: La Esperanza. Barcelona: Orbis, 1987 (1937). Pág. 78.
- Jean Lacouture: André Malraux. Valencia: Edicions Alfons el Maganànim, 1992.
- Olivier Todd: André Malraux. Una vida. Madrid: Tusquets, 2002.
- Paul Nothomb: Malraux en España. Madrid: Edhasa, 2001.
- Manuel Florentín: «Malraux, historia y ficción», La Aventura de la Historia, nº 37, 2001, págs. 60-65.
- Michel Lefebvre, Rémi Skoutelsky: Las Brigadas Internacionales: Imágenes recuperadas. Barcelona: Lunwerg, 2003.
- Antonio Rodríguez González: «La presencia de combatientes extranjeros en el frente de Extremadura», en A. Rodríguez Celada, D. Pastor García y R. M.ª López Alonso (eds.): Las Brigadas Internacionales: 70 años de memoria histórica. Salamanca: Univ. de Salamanca, 2007. Págs. 377-386.

domingo, 25 de mayo de 2008

Franco y la SGAE

Hay noticias que son para ponerse a mear y no echar gota:

«Convocan una manifestación contra la SGAE por apropiarse del 10 por ciento de un festival benéfico»

Cada día que pasa me sorprendo menos de lo que esta panda de gangsters, que es la Sociedad General de Autores, son capaces de perpetrar. Sobre todo, después de enterarme de quién fue socio allá por los años sesenta. Pincha en la imagen y verás…


Fuente: Rogelio Baon: La cara humana de un Caudillo. 401 anécdotas. Madrid: San Martín, 1975.

P.D.: Para quien no lo sepa, mucho antes de ser Generalísmo, Franco había escrito Diario de una bandera (1922), una novela con cierto tono autobiográfico. Después de la guerra, utilizando el seudónimo de Jaime de Andrade, retomó su carrera literaria y vio la luz otra novela con el elocuente título de Raza, que fue adaptada al cine por José Luis Sáenz de Heredia (1942) y, por supuesto, con guión del propio Franco. Además, esta vez con el seudónimo de Jakim Boor, publicó una serie de artículos antimasónicos, que luego serían reunidos en un libro titulado Masonería (1952).

lunes, 28 de abril de 2008

Los nombres de las calles II

Continuamos con nuestro particular recorrido por las calles de Cáceres, analizando cómo algunas han mudado su nombre en el transcurrir de los siglos. He introducido varias correcciones en la entrada de la semana pasada, pues después me di cuenta que mientras que olvidé aludir unas cuantas calles, me equivoqué al referirme a otras con un nombre que no tenían antiguamente.

Hace dos semanas, durante el Congreso sobre la Memoria Histórica que se celebró en la Facultad de Filosofía y Letras, tuve la ocasión de preguntarle al Concejal de Cultura por los recientes cambios en la denominación del callejero, advirtiendo que la eliminación de los nombres que hacían referencia a personajes del régimen franquista o acontecimientos de la guerra civil es un proceso que se inició a principios de los años noventa, como se puede comprobar en las fechas del cambio de denominación de las calles que a continuación veremos ¿Por qué se ha tardado tanto tiempo en quitar algunos de estos nombres? ¿Por qué en su momento se eliminaron unos y mantuvieron otros?

Aún hoy quedan reminiscencias en calles que recuerdan a algún militar (aunque no tuviese la importancia de otros generales) y en dos avenidas que llevan el nombre de sendos países que apoyaron el levantamiento militar de julio del 36. Por otra parte, y he aquí donde di mi opinión, el año pasado se les cambió el nombre a algunas calles que aludían a batallas de la guerra civil (Belchite, Brunete…); sin embargo, otras que se encuentran en los mismos barrios (p. ej. La Marañosa), han seguido conservando su denominación. En el caso particular de los nombres de batallas, no consideraría que su recuerdo ofenda a nadie, simplemente podríamos tenerlas por pequeñas lecciones de Historia, mas cuando en el caso de la de Brunete se considera que terminó en tablas. Además, puestos a ser equitativos, la solución más coherente habría sido añadir al callejero el nombre de aquellos episodios en los que brilló el genio militar del bando republicano, por lo que no sería mala idea haber dedicado una calle a la Batalla del Ebro.

- Era o ejido de los Mártires = Plaza de Argel (s. XX)
- Cerro del Teso = Paseo del Rollo = Paseo Alto = Paseo de Ibarrola (s. XX)
- Matadero (s. XV) = Juan Caramaño (s. XVI) = Barrio Nuevo (colación de San Juan) = Zurbarán
- Travesía de San Felipe = Gran Capitán (s. XX)
- Barrio Nuevo (colación de Santiago) = Canalejas (1904) = José Antonio Primo de Rivera (1936) = Barrio Nuevo (1990)
- Gutierre Tomaso = Valdés (s. XVI)
- Calle de las Ruizas (s. XVI) / Cadena (s. XVII) = (integradas en la) Plaza de la Concepción (s. XIX)
- Empedrada (s. XVI) = General Ezponda (s. XIX)
- Portería de Santo Domingo (s. XVI) = Andrada (s. XVI) = La Machacona* (S. XIX)
- Horno de Pizarro = de la Cruz (s. XVIII)
- Bernal Díaz = Panera (s. XVI)
- Pintores (s. XVI) = Alfonso XIII (1893) = Pablo Iglesias (1931) = Pintores (1936) = Generalísimo Franco (1937) = Pintores (1990)
- Corte o Cortes (s. XVI) = Moret (s. XX)
- Parras (s. XVII) = Cervantes = Parras
- Peña Redonda = Plaza Italia (1940) = Plaza del alcalde Antonio Canales (1990)
- Resbaladero (s. XVI) = Barrio de Busquet (s. XVIII)
- 14 de Abril (1931) = 18 de Julio (1936) = Cayo Norbano Flaco (2007)
- Santa María de la Cabeza = Huesca (2007)
- Barrio del Resbalón = Casas de Cotallo (s. XIX)
- Afueras de San Antón de los Escambrones = San Antón
- Comandante Manuel Sánchez Herrero (1937) = Comandante Sánchez Herrero (1990)
- Paseo de las Afueras de San Antón = Paseo de San Juan del Puerto = Paseo de Cánovas (1897) = Avda. del 2 de Mayo = Avda. de Luis Armiñán y Pérez (1913) = Avda. de la República (1931) = Avda. de Lerroux (1933) = Paseo de Asturias (1936) = Paseo de Cánovas (1936) = Paseo de Calvo Sotelo (1936: hasta la estatua de Muñoz Chaves)
- General Yagüe = Obispo Ciriaco Benavente (2007)
- Plaza del Alférez Provisional = Plaza de Hernán Cortés (2007)
- Paseo de las Acacias = Avda. Virgen de Guadalupe (s. XX)
- Cuesta de Mirín* = Motril
- Calle de la Pulmonía* = Gómez Becerra
- Belchite = Zaragoza (2007)
- Brunete = Calatayud (2007)
- División Azul = Tintoretto (2007)
- Trav. Héroes de Baler = Calle de la Cruz Roja (2007)
- Avda. de los Quijotes = Avda. de la Universidad (1993)
- Tarrasa = Fernando Bravo (2001)
- Ronda del Carmen Baja = Profesor Hernández Pacheco
- Calleja de Mansaborá = Fuente Fría
- Avda. de Millán Astray = Avda. Pablo Naranjo Porras (2001)

(*) Nombre no oficial, por el que durante algún tiempo fue conocida popularmente.

martes, 22 de abril de 2008

¡Viva la República!

Cada uno tiene sus manías. Suelo ver los programas de televisión, no cuando los emiten, sino varios días después. Gracias al video y a Internet no hay ningún problema para hacer esto. Además, creo que tiene sus ventajas por dos razones: primera, porque me libro de tragarme todos los anuncios y nada me impide levantarme cuando quiera para ir al baño o a donde sea, sólo tengo que pulsar el stop; y, segundo, porque como el resto del personal ya sabe de que va la película, el documental… o lo que sea, previamente me lo habrán comentado y así no me arriesgo a perder el tiempo viendo algo que seguro no me va a gustar.

El pasado martes emitieron en La Sexta una especie de documental que pretendía recrear cómo habría sido la historia reciente de España en el supuesto de que el bando de la República hubiera ganado la guerra. Como de costumbre, hasta ayer no tuve ocasión de verlo. Reconozco que me pareció no menos que curiosa la posibilidad de que la Historia de nuestro país hubiera dado un vuelco en el verano de 1938: que Negrín hubiera dimitido, la República hubiera ganado la batalla del Ebro, que a la vez se iniciara una nueva ofensiva en Extremadura (el plan P del que tanto se habló) y, al final, el régimen republicano resurgiese de sus cenizas, para que con un renovado espíritu condujese a nuestro país por la senda del progreso de las demás potencias democráticas europeas, eso sí, después de salvar el duro trance de la Segunda Guerra Mundial. Me pareció además muy adecuado que interviniesen en este juego algunos historiadores de reconocido prestigio como Gabriel Cardona y Paul Preston.


Mientras que en el futuro no sabemos qué va a ocurrir, el pasado es más oscuro si cabe, ya que nunca podremos aventurar qué hubiera sucedido si… El futuro al menos está por venir, y podemos acertar o equivocarnos; el pasado es irreversible. De todo lo que se dijo en el programa, creo que en mayor o medida podría haber sucedido si las circunstancias hubieran sido otras. Pero, desgraciadamente, aquello no fue así. Ahora, de lo que estoy seguro es que los ingleses nunca nos habrían devuelto Gibraltar.

Este tipo de experimentos reciben el nombre de ucronías o historia contrafactual. La mayoría de los historiadores los consideran como un simple entretenimiento o juego literario. Sin embargo, hay algunos, como Niall Ferguson, que han promovido la historia contrafactual como un método válido del estudio de la Historia. En mi opinión, me parece una manera diferente a la vez que divertida de acercarse a determinados acontecimientos, aunque creo que tampoco se debe abusar. Dado el alto grado de ignorancia histórica del que presume nuestra sociedad, sería peligroso que más de uno tomara por ciertos algunos hechos que nunca sucedieron.



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