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lunes, 18 de agosto de 2008

Santa Elena, patrona de los arqueólogos

Hoy 18 de agosto, aparte de ser el santo de mi hermana, los profesionales de la arqueología celebran la festividad de su patrona, Santa Elena. Aunque, si digo la verdad, no creo que a estas alturas queden muchos arqueólogos creyentes, y ni mucho menos católicos, salvo algunos eminentes especialistas en Arqueología Bíblica, que por lo general suelen ser sacerdotes y frailes franciscanos.

¿Por qué digo que Santa Elena es la patrona de los arqueólogos? Pues porque la madre del emperador Constantino fue la primera que planificó una excavación en Tierra Santa, concretamente en el Monte Calvario, donde buscaba los restos de la cruz donde fue crucificado Jesucristo. Copio del santoral su biografía, que de vez en cuando no viene mal tomar ejemplo de aquellos que fueron dechado de virtudes, más aún si se dedicaron a esta profesión.

Icono medieval que representa al emperador Constantino en compañía de su madre.

En un mesón propiedad de sus padres en Daprasano (Nicomedia) nació pobre en el seno de una familia pagana. Allí pudo, en su juventud, contemplar los efectos de las persecuciones mandadas desde Roma: vió a los cristianos que eran tomados presos y metidos en las cárceles de donde salían para ser atormentados cruelmente, quemados vivos o arrojados a las fieras. Nunca lo entendió; ella conocía a algunos de ellos y alguna de las cristianas muertas fueron de sus amigas ¿qué mal hacían para merecer la muerte? A su entender, sólo podía asegurar que eran personas excelentes.

San Ambrosio, que vivió en época inmediatamente posterior, la describe como una mujer privilegiada en dones naturales y en nobleza de corazón. Y así debía ser cuando se enamoró de ella Constancio, el que lleva el sobrenombre de Cloro por el color pálido de su tez, general valeroso y prefecto del pretorio durante Maximiano. Tenía Elena 23 años al contraer matrimonio. En Naïsus (Dardania) les nació, el 27 de febrero del 274, el hijo que llegaría a ser César de Maximiano como Galerio lo fue de Diocleciano.

Pero no todo fueron alegrías. Elena fue repudiada por motivos políticos en el 292 para poder casarse Constancio con la hijastra de Maximiano y llegar a establecer así el parentesco imprescindible entre los miembros de la tetrarquía. Le costó mucho saberse pospuesta al deseo de poder de su marido, pero esto lo aceptó mejor que el hecho de verse separada de su hijo Constantino que pasó a educarse en el palacio junto a su padre y donde se reveló como un fantástico organizador y estratega.

Muerto Constancio Cloro en el 306, Constantino decide llevarse a su madre a vivir con él a la corte de Tréveris. En esta época aún no hay certeza histórica de que su madre fuera cristiana. Sí, cuando --por testimonio de Eusebio de Cesarea-- aparezca sobre el sol el signo de la cruz con motivo de la batalla de Saxa Rubra y la leyenda «con este signo vencerás» que dio el triunfo a Constantino y lo hizo único emperador de Roma, en el 312.

Aunque el emperador retrasará su bautismo hasta la misma muerte, es complaciente con la condición de cristiana que tiene su madre que daba sonados ejemplos de humildad y caridad. Incluso parece descubrirse la influencia materna tras el Edicto de Milán que prohibía la persecución de los cristianos y los edictos posteriores que terminan vetando el culto a los dioses lares. Agasaja a su madre haciéndola augusta, acuña monedas con su efigie y le facilita levantar iglesias.

Follis de la emperatriz Elena (2,7 gr. / 18-20 mm.). Anverso: FL(avia) HELENA AVGVSTA. Reverso: SECVRITAS REIPVBLIC(a)E. Exergo: S(acra) M(oneta)
K(yzicus) A ·
(RIC VII 39; Cayón 7; Cohen 12)

En el 326 Elena está con su hijo en Bizancio, a orillas del Bósforo. Aunque se aproxima ya a los setenta años alienta en su espíritu un deseo altamente repensado y nunca confesado, pero que cada día crece y toma fuerza en su alma; anhela ver, tocar, palpar y venerar el sagrado leño donde Cristo entregó su vida por todos los hombres. Organiza un viaje a los Santos Lugares en cuyo relato se mezclan todos los elementos imaginables pertenecientes al mundo de la fábula por tratarse del desplazamiento de la primera dama del Imperio a los humildes a lejanos lugares donde nació, vivió, sufrió y resucitó el Redentor. Pero aparte de todo lo que de fantástico pueda haber en los relatos, fuentes suficientemente atendibles como Crisóstomo, Ambrosio, Paulino de Nola y Sulpicio Severo refieren que se dedicó a una afanosa búsqueda de la Santa Cruz con resultados negativos entre los cristianos que no saben dar respuesta satisfactoria a sus pesquisas. Sintiéndose frustrada, pasa a indagar entre los judíos hasta encontrar a un tal Judas que le revela el secreto rigurosamente guardado entre una facción de ellos que, para privar a los cristianos de su símbolo, decidieron arrojar a un pozo las tres cruces del Calvario y lo cegaron luego con tierra.

Las excavaciones resultaron con éxito. Aparecieron las tres cruces con gran júbilo de Elena. Sacadas a la luz, sólo resta ahora la grave dificultad de llegar a determinar aquella en la que estuvo clavado Jesús. Relatan que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una procesión solemne, con toda la veneración que el asunto requería, rezando plegarias y cantando salmodias, para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera mostrar la Vera Cruz. El milagro se produjo al ser colocada en sus parihuelas sobre la tercera de las cruces la pobre enferma que recuperó milagrosamente la salud.

Tres partes mandó hacer Elena de la Cruz. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma, donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.

No han faltado autores que atribuyan a la fábula el hecho de la invención por Elena basándose principalmente en que no hay noticia expresa de tamaño acontecimiento hasta un siglo después. Ciertamente es así, pero lo resuelven otros estudiosos afirmando que la fuente histórica que relata los acontecimientos es el historiador contemporáneo Eusebio de Cesarea al que en su Vita Constantini sólo le interesan los acontecimientos realizados por Constantino, bien porque sigue los cánones de la historia contemporánea, o quizá porque sólo le interesa adular a su anfitrión.

Murió Elena sin que sepamos el sitio ni la fecha. Su hijo Constantino dispuso trasladar sus restos con gran solemnidad a la Ciudad Eterna y parte de ellos se conservan en la iglesia Ara Coeli, dedicada a Santa Elena, la mujer que dejó testimonio tangible y visible en unos maderos del paso salvador por la tierra de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.

viernes, 15 de febrero de 2008

Sólido de Constancio II

En la exposición que conmemora los 75 años del Museo de Cáceres en su actual establecimiento del Palacio de las Veletas, podemos ver, en una de las vitrinas, esta espectacular moneda de oro del emperador Constancio II. Apareció en el transcurso de los trabajos de excavación que se llevaron a cabo en la ciudad romana de Cáparra durante el 2001. En el Museo Nacional de Arte Romano me parece que se expone otra moneda, si no igual, muy parecida a ésta, encontrada en Mérida.


Módulo: 22 mm.
Peso: 4,6 gr.
Anverso: Busto del emperador de frente, diademado y con casco, coraza cubriéndole el pecho, apoya una lanza sobre el hombro derecho y sostiene una adarga decorada con un caballo con la mano izquierda. Leyenda: FL(avius) IVL(ius) CONSTAN-TIVS PERP(etuus) AVG(ustus).
Reverso: Alegorías de Roma y Constantinopla entronizadas, la primera de frente y la segunda girada a la izquierda con un pie sobre la proa de una galera. Ambas sostienen un escudo con la leyenda inscrita: VOT(a) XXX MVLT(is) XXXX. Alrededor: GLORIA REI-PVBLICAE. En el exergo, nombre de la ceca: S(acra) M(oneta)
N(icomedia) Bv.

(RIC VIII 74; Cohen 112)

Se trata de un sólido (solidus aureus), moneda que comenzó a ser acuñada entre los años 309 y 310, a raíz de la reforma monetaria emprendida por emperador Constantino «el Grande». Equivalía a 1/72 de libra y también tenía divisores: los semises, que valían la mitad, y los tremises, una tercera parte. En el nombre de solidus se encuentra la etimología de la palabra actual «sueldo», aunque, a más de uno, ya nos gustaría a final de mes que nos pagasen con monedas de oro. Creo que el precio de una como ésta en el mercado de antigüedades puede rondar los 900 €.

Constancio (317-361 d. C.) era el tercer hijo de Constantino «el Grande» y la emperatriz Fausta. A la muerte de su padre, ocurrida en el 337, con sus hermanos Constantino y Constante --por lo que se ve, no debieron quebrarse mucho la cabeza a la hora de elegir los nombres--, se dividió el Imperio. Constantino II recibió Britania, la Galia e Hispania; Constante reinó sobre Italia, África y las provincias ilíricas, y a Constancio II le correspondió Constantinopla y todo Oriente.

Este reparto se modificó en el 340, cuando Constantino II murió tratando de derrocar a Constante en Italia, y éste quedó como único soberano de la parte occidental del Imperio. Otro cambio en la división se produjo en el 350, año en que Constante falleció en una batalla frente a las tropas del usurpador Magnencio. Hasta entonces, Constancio II sólo se había preocupado de combatir contra el Imperio Persa, pero el desarrollo de los acontecimientos le obligó a elevar a su primo Constancio Galo a la categoría de césar y colaborador suyo, y de este modo poder prestarle más atención a la insurrección de Magnencio. Un año después, éste fue derrotado en la batalla de Mursa Major, una de las más sangrientas de la historia de Roma.

Sofocada la rebelión, Constancio II ordenó el asesinato de su primo Galo, por miedo a que pudiera encabezar un nuevo golpe de estado. Durante el resto de su vida se destacó por perseguir tenazmente la religión pagana, que todavía se practicaba y contaba con buen número de seguidores a lo largo y ancho del Imperio. Sin embargo, su punto de vista era coincidente con el del arrianismo, y trató de favorecer esta rama del cristianismo frente a la oficial surgida del concilio de Nicea (325).

Tras las purgas con que el emperador había tratado de librarse de posibles enemigos, no tuvo más remedio que nombrar césar a su cuñado Juliano, casado con su hermana Helena, el único varón de su familia que permanecía con vida. Pero este nombramiento le costó caro al emperador, pues Juliano se alzó en armas y fue proclamado augusto por sus tropas en la Galia. El 3 de noviembre de 361 Constancio murió cerca de Tarso a causa de unas fiebres, dejando a su enemigo el campo expedito para proclamarse emperador del Imperio Romano y restituir la religión pagana, de ahí su apodo de «el Apóstata».

Busto del emperador Constancio II en el Museo Centrale Montemartini (Roma).

La moneda que aquí nos ocupa conmemora el cumplimiento de los votos decenales por parte del emperador Constancio II. La expresión vota tricennalia multis votis quadracennalibus viene a indicar que se han cumplido treinta años del ascenso al trono del emperador y que éste espera renovar esos votos dentro de otros diez años. Por tanto, si consideramos como fecha del inicio del reinado de Constancio II la de su coronación como césar (324), podemos deducir que esta moneda fue acuñada en torno al 354.

Otro aspecto interesante es el de la representación alegórica de las ciudades de Roma y Constantinopla, que identifica la doble capitalidad establecida por el emperador Constantino con la fundación de la segunda en el año 330, quedando Roma como la ciudad más importante en el Imperio de Occidente y Constantinopla en el de Oriente. La marca de la ceca nos indica que esta moneda fue acuñada en Nicomedia, capital de la provincia de Bitinia (actual Izmit), y las letras Bv señalan la denominación de la oficina o el taller. Una moneda acuñada en una ciudad frente a la costa del Mar Negro que aparece en el otro extremo del Imperio, en este caso en la Lusitania, da pie a interesantes interpretaciones acerca de la fluidez de los contactos comerciales, en una época que tradicionalmente se consideró por parte de la historiografía como de decadencia y de crisis, aunque la evidencia de los hallazgos arqueológicos nos vienen a demostrar más bien lo contrario.

La cantidad de datos que se pueden extraer de una simple moneda, aparte del valor material que éstas puedan tener, es lo que hace de la numismática una de las disciplinas más sugerentes y entretenidas. También, por esta misma razón, es tan importante que los hallazgos monetarios tengan lugar en su contexto arqueológico, pues fuera de él, como en el caso de los expolios que tanto proliferan de manos de desaprensivos y piratas, las monedas pierden buena parte de su valor y la información que nos pudiera haber proporcionado.

Arco de Cáparra.


Para ver otras monedas acuñadas durante el mandato de Constancio II, se puede visitar la página: http://www.wildwinds.com/coins/ric/constantius_II/i.html

La exposición «En delicada forma. 75 años del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas» se puede visitar hasta el 13 de abril en la Casa de los Caballos,
de martes a sábados: 9,00 - 14,30
domingos: 10,15 - 14,30
(entrada gratuita)
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