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jueves, 24 de diciembre de 2009

Momotarō, el niño melocotón

En las pasadas jornadas acerca de las «Relaciones Península Ibérica-Japón» , mi amigo Fernando me regaló varios libros sobre cultura japonesa, entre ellos el cuento de Momotarō, el niño melocotón. Aunque existen varias versiones del mismo, se puede considerar como una de las leyendas más antiguas de Japón, que además desde siempre contó con una gran aceptación entre los niños nipones… Sería algo así como el equivalente de Pulgarcito o Caperucita Roja en Occidente. No os voy a contar de qué trata, sino que en su lugar inserto este corto de animación que he encontrado con la historia de Momotarō, el niño más valiente de Japón.

parte 1 - parte 2

martes, 22 de septiembre de 2009

San Jonás, patrón de Cáceres

Muy poca gente sabe que, además de la Virgen de la Montaña y San Jorge, la ciudad de Cáceres cuenta con otros santos patrones, como Santo Toribio de Liébana, Santa Catalina, San Gregorio, San Sebastián y San Fabián, Santiago el Mayor, la Virgen del Vaquero, la del Rosario, la de la Piedad… Son tantos que, de no haberse perdido la devoción por cada uno de ellos, se podría celebrar una novena detrás de otra a lo largo del año… Digo esto por no albergar la vana esperanza de que a nuestro Ayuntamiento se le antojase señalar como días festivos cada una de las celebraciones de estos santos.
De entre todos ellos, hay uno que quizá sea el menos conocido, pero que personalmente me llama mucho la atención: se trata de San Jonás, cuya onomástica se festeja precisamente hoy. Según la tradición --o más bien, la imaginación de algunos cronistas del siglo XVII, como es el caso de Juan Solano de Figueroa--, San Jonás era natural de Atenas y allí se convirtió en discípulo de otro santo de dudosa existencia, Dionisio el Aeropagita. Tras ser ordenado sacerdote, emprendió su correspondiente labor predicadora y vino a parar por estas tierras cacereñas, donde goza del mérito de haber sido el primero en dar a conocer la nueva religión. Se ve que los cacereños de antaño --¿o deberíamos llamarlos norbanos?-- eran algo duros de mollera, porque el santo ateniense estuvo por aquí nada menos que siete años. No sabemos si porque ya había cumplido su misión, o simplemente porque se aburría, San Jonás volvió a Roma y los siguientes veinte los pasó en la Galia. Después de este tiempo, por recomendación de su maestro, regresó a Cáceres, donde esta vez no le esperaban precisamente con los brazos abiertos. (Suele pasar en este pueblo, que a los que se ausentan una temporada larga terminan por considerarlos forasteros). Era el año 86 y el emperador Domiciano había emprendido su particular persecución de los cristianos. Como era de esperar, al santo ateniense fue maltratado y finalmente degollado. Por eso se le suele representar como un señor vestido de cura, que sostiene su propia cabeza cortada entre las manos.
Como hemos adelantado al principio, esta historia no tiene siquiera visos de leyenda, sino que se trata de una invención propia de los cronicones del siglo XVII, empeñados en crear y fomentar falsas devociones, entre otros motivos, para favorecer el lucrativo mercado de las reliquias. Según otras versiones de la vida del mismo santo, éste nunca pisó la Península Ibérica y su martirio tuvo lugar en las proximidades de París, donde hoy también se celebra su festividad.
Quizá porque su supuesta predicación no se la creía nadie, o porque su iconografía espantaba al más osado, apenas existieron representaciones de este santo en la ciudad. Actualmente sólo se conserva una tabla en el retablo de la ermita del Vaquero, fechado en 1668. Simón Benito Boxoyo, por su parte, nos señala que el 26 de septiembre de 1784 se colocó una imagen del santo patrón en el altar de la Virgen de la Montaña, pero desgraciadamente no se ha conservado.
Representación de San Jonás, santo patrón y evangelizador de nuestra ciudad, en el retablo de la ermita de la Virgen del Vaquero.
Bibliografía: - G. González Dávila: Teatro eclesiástico de las iglesias metropolitanas y catedrales de los reynos de las dos Castillas: vidas de sus arzobispos y obispos y cosas memorables de sus sedes... tomo segundo, que contiene las iglesias de Sevilla, Palencia, Ávila, Zamora, Coria, Calahorra y Plasencia. Madrid: [s.n.], 1647 (imp. de Pedro de Horna y Villanueva); pág. 435. - J. Solano de Figueroa: S. Ionás, presbítero y mártir, apóstol predicador y maestro de la noble y muy leal villa de Cáceres, y otros santos; sus hijos naturales piden su culto y veneración como stos. propios y naturales del obispado de Coria… [Madrid]: [s.n.], 1665. - J. Rodríguez de Molina: Papeles históricos sobre la villa de Cáceres. Manuscrito inédito del s. XVIII, fols. 22-23. - S. B. Boxoyo: Noticias históricas de la muy noble y leal villa de Cáceres, provincia de Extremadura. Monumentos de la Antigüedad que conserva. Manuscrito, [1794]; fols. 46-47. - E. Flórez: España Sagrada. Theatro geográfico-histórico de la Iglesia de España, tomo XIII: De la Lusitania antigua en común, y de su metrópoli Mérida en particular. Madrid: José del Collado, 1816; págs. 116-117. - F. García Morales: «Los santos cacereños», periódico HOY, 11 de enero de 1984. - J. F. Arroyo Mateos: «Veintidós grandes santos extremeños de la diócesis de Coria-Cáceres», XX Coloquios Históricos de Extremadura. Homenaje a Francisco Pizarro en el 450 aniversario de su muerte (1477-1541): 24 al 29 de septiembre de 1991. Cáceres: Diputación provincial, [1994]; pág. 22. - G. Sellers de Paz: Cáceres visto por un periodista (20.000 años de vida). Cáceres: EdiSell, 1995; págs. 217-222. - F. Acedo: «San Jonás olvidado», El Periódico Extremadura, 13 de agosto de 2006. - S. B. Boxoyo (ed. de E. Cerrillo Martín de Cáceres): Noticias históricas de Cáceres y monumentos de la Antigüedad que conserva. Cáceres: Cicón, 2009; págs. 259-262.

miércoles, 18 de febrero de 2009

La leyenda de Floripes


Era señor del castillo el famoso Fierabrás, rey de Alejandría, que disputaba a Carlomagno el imperio del mundo. Llevaba en su compañía el soberbio agareno a su hermana Floripes, bellísima princesa, tan andariega como apasionada, de la que estaba perdidamente enamorado el rey, su hermano, lo que no era cosa del otro jueves, tratándose de sectarios de Mahoma. Mas en ella no hacían mella los fraternales galanteos, porque a su vez estaba loca de amor por uno de los paladines de más renombre en el mundo caballeresco, súbdito y pariente del soberano francés, llamado Guido de Borgoña, a quien había admirado en batallas y torneos, el cual correspondía a la pasión de la encantadora princesa.

Ocurrió que en una sangrienta acción, cayó Guido herido y prisionero del muslim, a la vez que otros caballeros cristianos, a los que retuvo consigo; pero percatado de la inteligencia erótica entre aquél y su hermana, y ardiendo en rabiosos celos, los relegó a todos al castillo del Puente de Mantible, edificado por un famoso mago, con el propósito de que consumiesen su vida, sobre todo el borgoñón, en la más oscura de sus mazmorras.

Era alcaide del castillo un morazo fiel a su persona más que un lebrel, llamado Brutamonte, al que encomendó con especiales prevenciones la custodia de su rival. Pero husmea Floripes el paradero de su amado, sin cuya vista no concibe la existencia, y seguida de tres de sus camaristas, se ausenta de los reales de su hermano, hacia la cárcel del de Borgoña. Llegan cerca de la torre en una noche sombría, y alumbradas por teas, que ellas mismas empuñan, y dejándose en las breñas de la loma encajes y brocados, suben hasta la fortaleza.

Brutamonte dales el «¡quién vive!» Ellas le responden. ¡Son mujeres!... Baja la poterna, y reconoce a la hermana de su amo y señor. ¿Cómo negarle hospitalidad? Pero la dama, con más enjundia y resolución que fueran de esperar, saca instantáneamente un puñal y lo hunde en el corazón del alcaide, que muere en el instante. Apodérase de las llaves, abre candados y cerrojos, y por una escala que arroja por la boca de la mina, ganan la salida de aquel antro el intrépido Oliveros, el infante Guarinos, Ricarte de Normandía y Guido de Borgoña, a los que Floripes invita a tomar armas y caballos, temerosa de que su hermano venga y los inmole.

Y vino en efecto, sospechando el embebido de la escapatoria de la aventurera dama, y comprendió que ella había sido la matadora de Brutamonte, al reconocer el puñal que permanecía incrustado en la herida de éste... y cuando se enteró de que Floripes permanecía dentro, dueña del castillo, con los cuatro caballeros, se mesó las barbas de desesperación, y juró hacer en ellos ejemplar castigo, poniendo sitio a la inexpugnable torre, que cuando no por otro medio, se rendiría por hambre.

Los sitiados, que llegaron a estar famélicos, convinieron en la necesidad de salir de aquella situación y dar cuenta a Carlomagno, del trance en que sus mejores paladines se encontraban, y por suerte correspondió salvar el campamento musulmán y dar cuenta al emperador de todo, a Guido, que salió de la torre por una puerta secreta.

¿Salvó los reales de Fierabrás? ¿Llegó sano y salvo a la corte del francés? ¿Fue hecho prisionero y pereció a manos del rey de Alejandría?...

Cada una de estas preguntas, era una espina clavada en el corazón de la agarena beldad. Pero el éxito coronó sus deseos. Carlos vino con sus huestes, venció a la morisma, cogió prisionero y mal herido a su monarca; rescató a sus sitiados vasallos, al par que a Floripes, que entregó su blanca mano al apuesto Guido, y
tutti contenti… tutti menos el cautivo Fierabrás, que murió desesperado.


Y esta historia, aunque no tan cabal, es repetida por las gentes de la comarca; habiendo quien ha visto alguna noche luces misteriosas en los desmoronados paredones de la torre y oído lamentos desgarradores que salían de sus concavidades. Indudablemente de ellos... de Brutamonte y de Fierabrás, cuyas almas vagan reclamando a Alá venganza de sus desventuras, entre las seculares ruinas; como hay también quien, al salir el sol el día de S. Juan, va al Hondo de Rochafría, a ver flotar sobre las aguas los barriles que el rey de Alejandría tiró al río desde el puente famoso, al considerarse vencido, en donde guardaba aquel bálsamo que todo lo sanaba, y que tanto soponcio deparó al buen Sancho Panza al tomarlo, como antídoto contra las contusiones que le ocasionaron los apaleamientos de los bellacos de la venta.

P. Hurtado: Supersticiones extremeñas. Anotaciones psico-fisiológicas. Huelva: [s.n.], 1989; págs. 74-77.

viernes, 31 de octubre de 2008

El Santo Grial se encuentra en España


La próxima semana se inaugurará en Valencia el I Congreso Internacional sobre el Santo Grial. La ciudad española fue escogida para celebrar este encuentro que reunirá a expertos e investigadores de todo el mundo, porque en su catedral se venera una copa que, según todos los indicios, es la verdadera reliquia, el mismo cáliz que Cristo utilizó en la última cena.

Desde el punto de vista de la religiosidad, permítaseme apuntar que siempre nos cabe el derecho a albergar nuestras dudas, pero los resultados de todas las averiguaciones arqueológicas e históricas parecen coincidir en que este vaso, muy posiblemente, procede y fue usado en Palestina durante el siglo I; y después de un extenso periplo, que también se encuentra perfectamente documentado, la estimada reliquia terminó por recalar en la catedral de Valencia.

El siguiente documental sirve para aclarar y resumir bastante bien lo relacionado con el vaso de la última cena, conocido como el Grial por la tradición de las leyendas artúricas:



parte 1 - parte 2 - parte 3 - parte 4 - parte 5

viernes, 8 de agosto de 2008

El primer emperador

Con estas calores, lo mejor que uno puede hacer es ir al cine; pero no a ver películas que te hagan sudar, sino algo ligero (como las ensaladas), para pasar un buen rato y disfrutar del aire acondicionado de la sala. Por esto mismo, como ayer por la tarde tampoco tenía demasiadas pretensiones intelectuales, me acerqué a ver qué tal resultaba la tercera entrega de La Momia. ¿O es la cuarta? Ya no lo sé… La que lleva por título La tumba del emperador Dragón, que estrenaron hace poco. En esta ocasión tampoco voy a dar mi opinión sobre la película, porque ya sabemos que sobre gustos no hay nada escrito, y lo que a unos nos agrada a otros les parecerá menos que un cuento chino (nunca mejor dicho).


Y es que en esta ocasión, el ex-legionario Rick O’Connell se las tiene que ver nada menos que con el primer emperador de China, quien ha regresado de entre los muertos con la intención invocar a su ejército de terracota (los famosos guerreros de Xi’an) y así apoderarse del mundo. Como en todas las demás películas del género, volvemos a encontrarnos con pastiche difícilmente digerible, desde el punto de vista histórico. Sin embargo, a raíz de haber visto la película, me picaba la curiosidad y he sentido la necesidad de documentarme sobre los orígenes de la historia de China.

Es una verdadera lástima que, después de cinco años de carrera, toda la Historia que hayamos estudiado sea fundamentalmente la europea, acaso con algunas asignaturas dedicadas a América y lo típico que se trata sobre las civilizaciones egipcia y mesopotámica. Por eso, mi ignorancia acerca del pasado de países como la India, China o Japón es absoluta y vergonzosa. De todos modos, intentaré explicar en unas pocas líneas quién fue el primer emperador de China, en quien se inspira la película que fui a ver ayer por la tarde.


Desde el siglo V a.C., la región más oriental de lo que actualmente es China comprendía un conglomerado de reinos feudales, enfrentados entre sí por la hegemonía y constantemente en guerra unos contra otros. No es de extrañar que a este período de la Historia se le conozca como el de los «reinos combatientes» (戰國時代). Ya en el siglo III a.C., siete estados habían alcanzado una cierta preeminencia: eran los reinos de Qi (齊), Chu (楚), Yao (燕), Han (韓), Zhao (趙), Wei (魏) y Qin (秦). Este último, que se situaba más al oeste, empezó a destacar sobre los demás cuando su población aumentó considerablemente, gracias sobre todo al empleo de sofisticadas técnicas de irrigación que favorecieron una agricultura intensiva. El incremento demográfico permitió destinar mayor número de hombres a la guerra. Además, los Qin habían desarrollado una tecnología para la fundición del hierro superior a la de sus vecinos, que les facilitaba la fabricación de armas a gran escala. Ante tales circunstancias, en pocos años la disciplinada infantería del reino Qin se impuso a los desfasados ejércitos feudales de sus enemigos. Tratando de hacer un ejercicio de comparación con el mundo occidental, podríamos identificar al ejército de Qin con las legiones romanas, integradas por soldados profesionales, perfectamente pertrechados y uniformados; mientras que las tropas de los demás reinos serían más parecidas a las mesnadas nobiliarias del feudalismo europeo: un señor montado en un carro, al que acompañaban varios clientes y su séquito, y si acaso un puñado de campesinos mal armados y peor motivados, que habrían sido arrancados de sus tierras y obligados a dejar a sus familias.


En el 247 a.C. accedió al trono de Qin un niño de apenas trece años, de nombre Zheng (政). Según la leyenda, habían nacido en Handan (邯鄲), la capital del estado enemigo de Zhao. Su padre era un príncipe de la casa real de Qin llamado Zichu, que vivía en la corte de Zhao en calidad de rehén. Años más tarde recuperaría el trono que su hijo iba a heredar, aunque Zheng aún tuvo que dar un golpe de estado para librarse de los regentes y hacerse con el control completo del país. En estos momentos el joven Zheng tenía veintiún años, y pronto reemprendió las campañas militares para extender sus dominios a costa de los estados vecinos. Uno a uno, los reinos feudales fueron sucumbiendo al imparable empuje del ejército de Qin: Han en el 230 a.C., Wei en el 225 a.C., Chu en el 223 a.C., Yan y Zhao en el 222 a. C., y en el 221 a.C. Qi.


En este mismo año, unificada ya toda China, Zheng se proclamó emperador y adoptó el nombre por el que sería conocido para la posteridad: Qin Shi Huang (秦始皇), que viene a significar algo así como «el primer emperador de Qin». Entre sus primeras medidas estuvo abolir el feudalismo y dividir el imperio en treinta y seis provincias, que serían dirigidas por gobernadores civiles y militares. Los nobles y los miembros de las casas reales de los estados derrotados fueron trasladados a Xiangyang (咸陽), la capital de Qin, en lo que es la actual provincia de Shaanxi. La unificación y la centralización política se completaron mediante un ambicioso proyecto de obras públicas: se acometió la construcción de una extensa red de carreteras y canales, que conectaban unas provincias con otras y permitieron un fluido intercambio comercial entre ellas, además que servirían para facilitar el traslado de contingentes militares, en el caso de que se produjera alguna revuelta o conato de resistencia frente al poder imperial en cualquier región, por muy remota que fuera. También se unificaron los pesos y medidas, la moneda, la escritura, las leyes…, todo lo cual me sigue resultando sorprendentemente familiar, si comparamos esta situación con otros imperios de la antigüedad, como pudo ser el romano.


En el ámbito de las obras públicas, tampoco nos podemos olvidar de la construcción de la Gran Muralla (長城). Aunque ya existían varios muros erigidos años atrás por los reinos del norte para hacer frente a las recurrentes invasiones de los nómadas mongoles, Qin Shi Huang emprendió la restauración de los tramos existentes y su ampliación, llegando a abarcar la obra definitiva una línea continua de fortificaciones que partía desde el océano y cubría una extensión de casi 7.000 kms. de longitud. Hoy día, cuando vamos a comer a restaurante chino, es raro que no nos encontremos con el típico cuadro de la Gran Muralla (junto a otros de osos pandas y gargantas en donde parece que el agua cae en cascada). Tonterías aparte, quería decir que generalmente tenemos la imagen de que la Muralla China está toda construida con ladrillos cocidos. Pero resulta que no es así, que las fotografías que estamos acostumbrados a ver son las de los tramos más vistosos, que se corresponden, por lo general, con los levantados por la dinastía Ming, ya entre los siglos XIV y XVII. La muralla original, y la mayor parte de ella, fue construida mediante tierra apisonada. Una técnica de edificación que puede parecer muy primitiva, pero que resulta muy efectiva y da un resultado bastante duradero… y, por cierto, que también me recuerda al modo en que los almohades erigieron las murallas de Cáceres.


En la construcción de la Gran Muralla, el emperador Qin Shi Huang empleó a más de un millón de súbditos, obligados a trabajar a destajo y en un régimen de semiesclavitud. Muchos no soportaron tales condiciones calamitosas y murieron a consecuencia del hambre, el frío y las enfermedades. Los que fallecían eran enterrados junto a los mismos cimientos de la muralla, por eso a veces también es conocida como el cementerio más largo del mundo.

Pero sí nos podía parecer que el proyecto más colosal de Qin Shi Huang fue la Gran Muralla, estamos equivocados. Su fama perduraría por siglos tras la construcción de su mausoleo, que, aunque algunos no me creáis, debió de ser el monumento funerario más impresionante y colosal de la Antigüedad… sí, sí, por delante de las pirámides de Egipto, de la tumba de Halicarnaso… y que de haber sido conocido Occidente, sin duda, se habría merecido la distinción de maravilla del mundo. A un kilómetro y pico de la tumba del emperador se localizaron en 1974 los famosos guerreros de terracota (兵馬俑), más de 7.000 estatuas de infantes y caballos, que se supone deberían acompañar al emperador en la otra vida… o quizá servir bajo su mando por si decidía regresar de entre los muertos y necesitaba contar con quien restaurar su reino. No lo sé.


Pero más impresionante aún debía ser la propia tumba del emperador, situada unos 33 kms. al este de la ciudad de Xi’an. Se trataba de una gran pirámide, mayor que la de Keops, aunque fue construida (como la muralla) con tierra apisonada, y hoy día sólo se puede distinguir una especie de montaña o meseta que destaca en el centro de las extensas llanuras que rodean Xi’an. Si lo veis desde el Google Earth, todavía se puede distinguir la forma de pirámide, y la verdad es que impresiona por sus dimensiones.


Las autoridades chinas aún no han concedido permiso para excavar semejante monumento, pero las sorpresas que puede deparar el hallazgo de la tumba del emperador Qin Shi Huang quizá constituya uno de los grandes hitos de la Arqueología. Algunos datos que hasta el momento parecían formar parte de la leyenda, parece ser que viene a ser confirmados por los resultados de prospecciones realizadas mediante georadar y otros sofisticados métodos. Por ejemplo, se cuenta que el interior del túmulo alberga varias estancias, ordenadas en pisos y algunas de grandes dimensiones. En una de ellas, el techo estaba tachonado de perlas, imitando las constelaciones celestes, y por el suelo discurrían ríos de azogue, lo que ayudaba a crear una atmósfera bastante onírica (y también tóxica). La leyenda asegura, por supuesto, que la tumba del emperador alberga indescriptibles riquezas, y por eso también son abundantes las trampas preparadas para impedir que los saqueadores hagan de las suyas. (Me dice mi hermano que esto que cuento se trata en la novela de Matilde Asensi, Todo bajo el cielo. Tendré que leérmela).


A medida que avanzaba su reinado, Qin Shi Huang se volvió más despótico, y por esta razón no fueron pocos los que intentaron derrocarle y atentar contra él. El emperador se comportaba como un paranoico, veía conspiraciones por todas partes y comenzó a ejecutar a diestro y siniestro a todo aquel que consideraba que podía tener motivos para odiarle. Incluso se cuenta que cada noche dormía en un edificio diferente del palacio, para evitar que le asesinaran, y que contaba con dobles que prestaban su presencia en actos oficiales y entrevistas con embajadores.


Qin Shi Huang murió en el 210 a.C. , cuando realizaba un viaje por la China oriental, según se dice, en busca de la fuente de la vida eterna. Sobre esto, la película que vi ayer también decía algo, aunque situaban la citada fuente en el Himalaya o por ahí. Por cierto, se me ocurre que sería interesante dedicarle una entrada a los mitos sobre la fuente de la eterna juventud. Pero esto mejor en otra ocasión.

Tras la muerte del emperador, sus consejeros se las ingeniaron para falsificar el testamento y conseguir que su hijo Fusu (扶蘇), a pesar de que era el primogénito, no pudiese acceder al trono de Qin, y en su lugar colocaron a su hermano pequeño Huhai (胡亥), quien en el fondo no fue más que una marioneta en manos de estos conspiradores. En poco tiempo surgieron por doquier revueltas campesinos y los nobles de los antiguos reinos aprovecharon la ocasión para reivindicar su independencia respecto al poder imperial. En el 207 a.C. otra conjura palaciega derrocó a Huhai y le reemplazó por el hijo de Fusu, Ziying (吳廣). Pero éste duro poco tiempo, ya que un general rebelde, de nombre Liu Bang (劉邦), no sólo acabó con la vida del último representante de los Qin, sino que tras vencer a sus enemigos implantó su propia dinastía, los Han (202 a.C. - 220 d.C.), que regirían los destinos de China durante casi cuatrocientos años. La obra de Qin Shi Huang no fue tan duradera como hubiese deseado.

Ahora os dejo con un documental que he encontrado sobre la historia de China, para que juntos nos ilustremos y conozcamos mejor a este imperio que, batido por siglos de historia, guerras e invasiones, ha llegado hasta nuestros días conservando esa grandeza que desde sus orígenes lo ha caracterizado.


parte 1 - parte 2 - parte 3 - parte 4 - parte 5


Precisamente hoy se inauguraban los Juegos Olímpicos en Pekín, pero como me propuse, no pienso decir una sola palabra al respecto. Esta indiferencia es mi forma de protestar ante las continuas violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades chinas.


Ahora sí, para terminar, y porque sé que a mi amigo Francisco Acedo le va a gustar, os traigo también un fragmento de la ópera The First Emperor, del compositor chino Tan Dun, que fue encargada por la Metropolitan Opera de Nueva Cork y que se estrenó el 21 de diciembre de 2006, contando con Plácido Domingo en el papel de Qin Shi Huang.




Bibliografía:
- Franco Martinelli: Historia de China. Barcelona: Editorial de Vecchi, 1975.
- John K. Fairbank: China. Una nueva historia. Santiago de Chile/Barcelona: Andrés Bello, 1997.
- J. A. G. Roberts: A History of China. Londres: McMillan Pub. Ltd., 1999.
- Sun Tzu: El arte de la guerra. Madrid: Trotta, 2001.
- Patricia Buckley Ebrey: The Cambridge Illustrated History of China. Cambridge: Cambridge University Press, 2002.
- Bamber Gascoigne: A Brief History of the Dynasties of China. Londres: Robinson Pub. Ltd. 2003.
- José Ángel Martos: El primer emperador. Madrid: Aguilar, 2006.
- Matilde Asensi: Todo bajo el cielo. Barcelona: Planeta, 2006.
- Pedro Ceinos: Historia breve de China. Madrid: Sílex, 2006.
- Jacques Gernet: El mundo chino. Barcelona: Crítica, 2007.
- Julia Lovell: La Gran Muralla: China contra el mundo (1000 a.C. - 2000 d.C.). Barcelona: Editorial Debate, 2007.

viernes, 13 de junio de 2008

El niño y los pajaritos


Hoy es el día de mi santo. Por eso, he querido traer esta canción en la que se narra el milagro que San Antonio obró siendo niño, en su Lisboa natal. Aunque quizá sea el santo más venerado de toda la cristiandad --es rara la iglesia donde no hay una imagen suya--, luego la gente conoce muy poco sobre su vida y milagros. En mi casa se le tiene mucha devoción, sobre todo mi madre, ya que los hijos le hemos salido un poco descreídos; y si llevo el nombre que tengo, también es por tradición familiar: por mi madre, mi bisabuelo…, y así hacia atrás. Me parece que todo viene por unos antepasados portugueses, pero no estoy del todo seguro y lo tendré que investigar.

La siguiente canción recuerdo que la cantábamos en la fiesta del colegio, que se celebraba tal día como hoy. Yo pienso que con esto los frailes mataban dos pájaros de un tiro (que sutil ironía, por cierto), ya que además de intentar fortalecer nuestra fe mediante la música, nos daban gratis una clase de ornitología. Seguramente esta tarde también se escuchará en la procesión que sale de la ermita del santo y recorre las callejuelas del antiguo barrio judío y la ciudad monumental. La versión que a continuación escucharemos fue popularizada por Cecilio, ese verato internacional que con su peculiar timbre de voz llenó de casetes los expositores de las gasolineras y los mercadillos ambulantes, con grandes éxitos que cada verano se vuelven a escuchar en las verbenas de todos los pueblos de la región. Espero que sea de vuestro agrado y os reto a que seáis capaces de aprenderos la letra.




Padre mío San Antonio,
suplicad al Dios inmenso
que con su gracia divina
alumbre mi entendimiento.

Para que mi lengua
refiera el milagro
que el huerto obrasteis
de edad de ocho años.

Desde niño fue criado
con mucho temor de Dios,
de sus padres estimado
y del mundo admiración.

Fue caritativo
y perseguidor
de todo enemigo
con mucho rigor.

Su padre era un caballero
cristiano, honrado y prudente,
que mantenía su casa
con el sudor de su frente.

Y tenía un huerto
donde recogía
cosechas y frutos
que el tiempo traía.

Por la mañana un domingo
como siempre acostumbraba,
se marchó su padre a misa
cosa que nunca olvidaba.

Y le dijo: «Antonio,
ven acá, hijo amado,
escucha que tengo
que darte un recado.

Mientras yo estoy en misa
gran cuidado has de tener,
mira que los pajaritos
todo lo echan a perder.

Entran en el huerto,
pican el sembrado,
por eso te advierto
que tengas cuidado».

Cuando se ausentó su padre
y a la Iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó:

«Venid pajaritos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.

Para que mejor yo pueda cumplir
con mi obligación,
voy a encerraros a todos
dentro de esta habitación».

Y a los pajaritos
entrar les mandaba
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban.

Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó,
porque todos acudieron
cuando Antonio les llamó.

Lleno de alegría
San Antonio estaba
y los pajaritos
alegres cantaban.

Cuando se acercó su padre
luego les mandó callar,
llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar:

«Ven acá Antoñito,
dime hijito amado
¿de los pajaritos
qué tal has cuidado?»

El niño le contestó:
«Padre, no tenga cuidado,
que para que no hagan mal
todos los tengo encerrados».

El padre que vio
milagro tan grande,
al señor obispo
trató de avisarle.

Acudió el señor obispo
con gran acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.

Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se quieren marchar.

Antonio les dijo entonces:
«Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande».

Se puso en la puerta
y les dijo así:
«Ea, pajaritos,
ya podéis salir.

Salgan cigüeñas con orden,
águilas, grullas y garzas,
avutardas, gavilanes,
lechuzas, mochuelos, grajas.

Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices.

Salga el cuco y el milano,
zorzal, patos, y andarríos,
canarios y ruiseñores,
tordos, jilgueros y mirlos.

Salgan verderones
y las cardelinas,
también conjugadas
y las golondrinas».

Al instante que salieron
todos juntitos se ponen,
escuchando a San Antonio
para ver lo que dispone.

Antonio les dice:
«No entréis en sembrados,
marchad por los montes,
por riscos y prados».

Al tiempo de alzar el vuelo
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y su ilustre compañía.

El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo.

Árbol de grandiosidades,
fuente de la caridad,
depósito de bondades,
padre de inmensa piedad.
Antonio divino,
por tu intercesión
todos merezcamos
la eterna mansión.

martes, 10 de junio de 2008

El fantasma del Teatro Principal

Hace más o menos un mes, la alcaldesa, con varios concejales y algunos miembros de la plataforma que pretende recuperar el antiguo Teatro Principal, o al menos lo que queda de él, visitaron los restos del inmueble que se encuentra en la Plaza de las Canterías y se plantearon seriamente que el Ayuntamiento adquiriera este edificio para dedicarlo a usos culturales. Una magnífica propuesta, que esperemos que prospere y finalmente se lleve a cabo, por el bien de la ciudad.


El Teatro Principal, también conocido como Teatro de Pedrilla o de la calle Sande, fue el primero que con carácter estable se levantó en la entonces villa de Cáceres. El 5 de diciembre de 1798 se dio cuenta de un memorial suscrito por el comerciante Ventura Carlés y Busquet, donde pedía permiso al consistorio para edificar a sus expensas un patio de comedias en el lugar donde tenía unas casas de su propiedad, situadas entre la calle de Peña y de los Peces (actualmente la plazuela de las Canterías). Según Publio Hurtado, «en noviembre de 1801 se terminaron las obras, presentando el teatro un aspecto no sólo decente sino hasta lujoso, dadas las exigencias de los espectadores de aquellos días y las necesidades de la escena».


A primeros de junio de 1802 tuvo lugar su inauguración, a la que acudió no sólo la flor y nata de la sociedad cacereña, sino hasta el último hijo de vecino. Las representaciones elegidas para aquella ocasión fueron El desdén con el desdén, de Agustín Moreto, y La Casa de Tócame Roque, de Ramón de la Cruz. Así, durante los años siguientes, el Teatro Principal siguió acogiendo las más diversas actuaciones de las compañías dramáticas que pasaban por Cáceres, e incluso vio la puesta en escena de obras escritas por autores cacereños, como Antonio Hurtado Valhondo, y otras interpretadas por algunos vecinos aficionados a la farándula.

Don Antonio Hurtado Valhondo (1824-1878)

En 1923 el teatro fue adquirido por el controvertido obispo Pedro Segura Sáez, que le cambió el nombre por el de Salón Extremadura y lo dedicó a proyecciones cinematográficas y funciones benéficas. Por cierto, que este sería el primer cine estable que hubo en la ciudad, muchos años antes de que se levantara el también desaparecido Cine Norba. En los años cuarenta el edificio de la calle Peñas se encontraba en desuso y fue comprado por la familia Alonso, que instaló en él una panadería, llamada Panadería Principal en recuerdo del antiguo teatro. Aunque se derribó buena parte de la edificación original para construir unas viviendas, la propietaria de la panadería tuvo el acierto de conservar a la vista las columnas de piedra que separaban los palcos del desaparecido coliseo y sostenían una galería superior. Y estos mismos restos son los que se conservan actualmente.

La Plaza de las Canterías, con las obras el solar donde su día estuvo el Teatro Principal, al fondo.

Hace unos días me contaron una historia sorprendente. Resulta que esta misma señora, la dueña de la panadería, a la que llamaban La Rumalda, solía decir que en más de una ocasión había visto un fantasma. En un pequeño patio que debía haber junto a lo que antes fue el teatro, más de una noche se encontró con el espectro de lo que parecía una monja, sentada en el brocal de un pozo que allí se conservaba, con aire melancólico y atisbando la profundidad del mismo.


Pero esto no me hubiera parecido más que una simple anécdota, si no es porque resulta que en el mismo lugar donde durante décadas había estado el Teatro Principal, no se sabe cuánto antes, parece ser que hubo un convento u oratorio de monjas. De hecho, tampoco hace mucho, en el transcurso de unas obras en la Plaza de las Canterías, aparecieron unos huesos humanos, que bien podrían haber sido del cementerio de este convento. Luego, existe la leyenda popular de que una novicia se enamoró de un apuesto caballero que la cortejaba, y como no podía romper sus votos ni su familia tampoco vería aquella relación con buenos ojos, más aún después de haber pagado la dote; la frágil muchacha, desesperada, decidió terminar con su vida arrojándose a un pozo.


Bibliografía:
- Germán Sellers de Paz: Cáceres visto por un periodista (20.000 años de vida). Cáceres: EdiSell, 1995; págs. 408-409.
- Miguel Muñoz de San Pedro, conde Canilleros: La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia. Cáceres: Ayuntamiento de Cáceres, 1999; págs. 44-45.
- Publio Hurtado: Recuerdos cacereños del siglo XIX. Sevilla: [s.n.], 2000; págs. 282-309.
- José Luis Bermejo: «El primer teatro estable cacereño», El Periódico Extremadura, 18 de enero de 2004.
- José Luis Bermejo: «SOS, salvemos el Teatro Principal», El Periódico Extremadura, 18 de febrero de 2005.
- Cristina Carrasco Roncero: Teatro Principal. Cáceres: la autora, 2007.

domingo, 1 de junio de 2008

La Serrana de la Vera


Ayer fue el cumpleaños de Hernando. Como se siente tan orgulloso de ser de Garganta la Olla, en mi opinión, el pueblo más bonito de toda La Vera, he aquí que se me ha ocurrido traer el romance de la Serrana. Bueno, una versión del mismo, ya que el mito de la Serrana de la Vera ha sido mil veces reinterpretado en poemas, canciones populares y hasta obras de teatro. A ver si llega otro verano en que volvamos a recorrer las sierras entre Garganta y Piornal, pisando los mismos senderos tras los que se apostaba la serrana, y bañándonos en los arroyos como también solía hacerlo ella.




En Garganta de la Olla,
legua y media de Plasencia,
se pasea una serrana,
blanca, rubia y halagüeña.
Con la honda en la cintura
y terciada su escopeta,
cuando tiene sed de agua
se sube por la ribera,
cuando tiene sed de hombres
se baja por la vereda.
Pasan hombres, pasan hombres,
no pasa el que ella desea.

Ha pasado un soldadito,
licenciado va a su tierra,
le ha agarrado de la mano,
para su cueva le lleva.
Le ha mandado hacer la lumbre
con huesos y calaveras
y el soldado le pregunta:
-¿De qué es esta leña seca?

-Es de un hombre como tú
que he matado en esta cueva
y lo mismo haré contigo
cuando la rabia me venga.
De conejos y perdices
ha puesto una rica cena:
los conejos para él,
las perdices para ella.

Acabados de cenar
le mandó atrancar la puerta
y el soldado que no es torpe,
la dejó solo entreabierta.
En cuanto la vio dormida,
se echó fuera de la cueva,
legua y media lleva andada
sin volverse la cabeza.

Una vez que la volvió
--y ojalá no la volviera--
vio venir a la serrana,
bramando como una fiera.
Una honda que traía,
la cargó de una gran piedra;
con el aire que la arroja
le derriba la montera.

En la encina que pegó,
partida cayó por tierra.
- Vuelve, vuelve, soldadito,
vuélvete por tu montera.
- Mis padres que son muy ricos
me comprarán otra nueva
y si no me la compraran,
me pasaría sin ella.


P.D.: Por cierto, aquí tenéis una edición digital de la obra dramática de Luis Vélez de Guevara.

sábado, 5 de abril de 2008

Romance del Conde Niño

La primavera ya está aquí. Se ha resistido un poco, pero por fin ha llegado. No hace falta echar mano de refranes para saber cómo nos afecta el buen tiempo. Estos días ando un poco más aplatanado que de costumbre, pero no es más que un efecto secundario que se cura en una semana con un par de paseos por el campo. Por el contrario, en primavera gozamos de una mayor sensibilidad y, por eso, es un tiempo propicio para disfrutar de la poesía.

Ya conocéis mi debilidad por el romancero y los motivos por los que tanto me gustan los poemas medievales y tradicionales. Hay uno con el que, siempre que lo escucho, se me ponen los pelos de punta, sino es como en este caso, que lo canta Paco Ibáñez, y entonces se me saltan hasta las lágrimas. Emocionante, de verdad.



Se conocen más de setenta y cinco versiones de este mismo romance: he aquí una de las más repetidas.


Romance del Conde Niño

Conde Niño, por amores
es niño y pasó a la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar;
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
si no es el Conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar;
della naciera una garza,
dél un fuerte gavilán
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par.

(Anónimo español, ss. XV-XVI)

domingo, 10 de febrero de 2008

La leyenda de las yeguas lusitanas

Ayer estuve de excursión en Alter do Chão, una bonita localidad en cuyas inmediaciones se encuentra el mayor criadero de caballos de Portugal, la Coudelaria Alter-Real, fundada por el rey D. João V en 1748. Durante toda la mañana recorrimos sus instalaciones y tuvimos la ocasión de admirar los ejercicios de monta y doma de los alumnos de la escuela de equitación. En los pastos de alrededor, los caballos más jóvenes disfrutaban de la vida al aire libre, mientras que en las cuadras estaban los machos elegidos para la competición y las yeguas dedicadas sólo a dar a luz. Entre éstas había un buen número de las famosas yeguas lusitanas, de la raza también conocida como garrana, características por su color tordo y complexión musculosa.


Admirando la belleza y el porte de estos animales, enseguida vino a mi mente el recuerdo del mito clásico. Quizá se trate de una de las más antiguas leyendas relacionadas con Hispania, a la que incluso Homero hace referencia en la Ilíada, y que nos cuenta que estas yeguas lusitanas eran fecundadas por el viento del Oeste, el Zephyrus, como lo llamaban los griegos. De tal unión las yeguas daban a luz unos potros veloces «como el viento», aunque solían tener muy corta vida. Los caballos lusitanos fueron admirados en las carreras que se celebraban en cada uno de los confines del Imperio romano, y era tal la pasión que se sentía por ellos que, en no pocas ocasiones, aparecen representados en mosaicos, como el tan conocido en la villa de Torre de Palma, en Monforte, muy cerca precisamente de Alter do Chão.


Recientemente, Alicia M. Canto defendía la posibilidad de que el mito de las yeguas lusitanas tuviera un trasfondo racional. La profesora de la Universidad Autónoma proponía la teoría de que podíamos estar ante un caso de partenogénesis provocado por una bacteria. Ésta, cuyo nombre científico es Wolbachia, puede desencadenar la procreación de las hembras, sin intervención de ningún macho. El resultado es que la yegua siempre va a parir una hembra, idéntica genéticamente a su madre: lo que en nuestro lenguaje cotidiano conocemos desde hace tiempo como un clon. Esta circunstancia explicaría también el porqué de la corta vida de los potros lusitanos, pues si se recuerda el caso de la oveja Dolly, los animales que hasta el momento han nacido mediante técnicas de clonación no alcanzaron en ningún caso la esperanza de vida de su especie.

Me pregunto si la Ciencia podrá explicar en adelante el significado de otros mitos, como, por ejemplo, el de las alas de Pegaso o los cabellos de serpiente de Medusa.

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