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miércoles, 2 de junio de 2010

«El pueblo de Cáceres»

Hace dos años, tal día como hoy, con motivo del bicentenario de la Guerra de la Independencia, decidí escribir una entrada en la que resumía cómo se habían sucedido los acontecimientos en la villa de Cáceres con posterioridad al levantamiento popular contra los franceses en Madrid, el 2 de mayo de 1808. En su momento, comentaba que el 2 de junio apareció un pasquín clavado en la puerta de la Audiencia, en el que se animaba a la insurrección frente a los franceses y se pedía a las autoridades que declarasen la guerra. Según varios autores, a las que seguía en mi argumento, éste panfleto supuso el revulsivo que motivó a las autoridades municipales a posicionarse en contra del ejército invasor, siguiendo el ejemplo del alcalde de Móstoles. Sin embargo, siempre pensé que tal episodio no era del todo verídico, que se trataba de una manera así como literaria de adornar los acontecimientos históricos, y que, por tanto, dicho pasquín no se había escrito o, por lo menos, ni siquiera se conservaba. Pero mira por donde que andaba equivocado: el panfleto que en su día un portero de la Audiencia encontró en su puerta, firmado por el pueblo de Cáceres, en alegato contra los ejércitos de Napoleón, existe como tal documento y se conserva entre los papeles de un legajo en el Archivo Histórico Municipal. Aquí tenéis su transcripción:


Combiene para la defensa de esta monarquía que los señores jueces que componen este superior tribunal, como el corregidor, manden inmediatamente que se haga el alistamiento de todos los hombres de hedad de diez y seis años hasta cuarenta inclusive, tanto de Cáceres como de su partido, y les provean de armas, para estar defensos de cualquier novedad que según el estado de las cosas puede y aún está próxima a suceder.

Asimismo combiene que en medio de la plaza se fixe bandera encarnada con letrero a un lado que diga «Cáceres», y al otro lado un víctor con caracteres que digan «Viva Fernando Séptimo». Así lo han hecho otras provincias como tan celosas de la patria, religión y cristiandad, y no sería vien visto que una provincia como la Extremadura, tan heroica y valerosa, se levantase la última, cuando ya no puede adquirir ningún mérito.

Así combiene y así lo pide este pueblo, so pena que no verificándose esto, se tomara el gobierno por su cuenta y recaerá sobre ellos y cualquiera otra persona que vaya sobre o contra lo aquí contenido las penas o castigo de «si las varvas de tu vecino ves pelar…»

Pueblo de Cáceres.

Archivo Histórico Municipal de Cáceres. Guerra de la Independencia. 1808. Primer Expediente General de la Junta de Gobierno.

- F. Jiménez Berrocal, Mª J. Teixidó, J. C. Martín Borreguero: La Guerra de la Independencia en Cáceres. Badajoz: Caja de Extremadura, 2008; pág. 160.

sábado, 29 de mayo de 2010

Las ferias según el Fuero de Cáceres

Publio Hurtado, en su obra Recuerdos cacereños del siglo XIX, señala que las ferias, o reuniones de mercaderes y compradores, fueron unas instituciones fundamentales de la economía medieval. Por mediación de ellas periódicamente se ponían en comunicación los vendedores y quienes deseaban adquirir sus mercancías, en mercados que también atraían a los campesinos y al pueblo llano con entretenimientos festivos que les hacían olvidarse de sus penosos trabajos cotidianos, haciéndose coincidir estos mercados, en muchas ocasiones, con festividades religiosas propias de las poblaciones en que se celebraban.


El precedente más remoto de las actuales ferias de Cáceres lo encontramos en época medieval, cuando Fernando III el Santo (1217-1252) otorga a la entonces villa el privilegio y las disposiciones oportunas para celebrar una feria, que se añaden a las normas forales que unos años antes concediera y aprobara su padre, Alfonso IX de León.

En el artículo correspondiente del Fuero de Cáceres, que a continuación reproducimos, se puede apreciar, no sin cierto asombro, la excesiva duración de estas primeras ferias: abarcaban los últimos quince días de abril y los quince primeros de mayo. A las mismas podían acudir tanto cristianos (de los distintos reinos) como judíos o moros, tanto amigos como enemigos, así libres como esclavos, lo mismo de tierra de moros que de cristianos. A todos ellos se les concedía una tregua por el tiempo que estuviesen en la feria, y durante la misma no se les podían cobrar deudas ni apresar por delitos que hubieran cometido en otro lugar.

El texto está escrito en un latín romanceado, aunque con un poco de paciencia se puede leer y comprender en su totalidad. Aparte de los datos mencionados, la mayor parte de las disposiciones se refieren a las penas impuestas a aquellos que contravinieran las normas de la feria, quebrantasen la pacífica convivencia o intentaran impedir el desarrollo de las transacciones comerciales.

Mando etiam concilio de Caceres suam feriam, quod abeant I uice in anno, XV dias ultimos mense aprilis et XV dies primeros de mayo. Et quicumque uoluerint uenire ad istam feriam de Legionis, siue Castelle, Aragonum, Nauarrensis, Portugalle, siue christianus, siue iudeus, siue marus, siue inimicus, siue seruus, siue liber, uel quolibet de quibuscumque partibus fuerit, ueniant secure et atreguatus. Et qui ad istam feriam uenierit, et aliquis eum contrariauerit, pectet M haureos, medietatem regi et medietatem concilio, et quereloso dannum duplatum. Et todos los alcaldes, et los VI, et notarios con illos que escriuan todas sus calonas, et guarden et ronden la feria de die et de nocte. Et si quem pian uiderint extrare cuctello, uel armam uedatam, et percusserit, pectet X morabedis. Et si fecerit liuores, pectet C morabedis et cortent ei manum. Et qui percusserit, et si per illa percussiones mortuus fuerit, enforquenlo et perdat ei quantum ei quantum habuerit si extranus fuerit, et si uicino ad forum. Et si cum puno percusserit, uel cum tali causa que fecerit liuores, et fecerit per iram, pectet L morabedis. Et si percusserit, et liuores non fecerit , et non ouiere de que pechar, cortent ei manum. Et los alcaldes de conceio, et iuratis, et sex, et notarios, et mayordomos, anden per la feria, II a dos. Et si aliquis fecerit quod non debet facere, en el cepo iacendo, pectet las calonas. Et colligant eas maiordomos et dent terciam partem querenti, et terciam concilio, et terciam alcaldes, et VI, et escriuan, et mayordomos qui guardant feriam. Et si algun destos que guardan la feria non pudiere con el que fiziere buelta o liuores, et fiziere testigos a los uizinos que ly aiuden et noluerit ei adiuuare, unusquisque pectet X morabedis a los alcaldes et a los VI. Et en feria diganlo los alcaldes que la guardan , II, per la iura qua fecerint concilio, quod illi uiderunt, et prestet. Et eas (?) calunnias accipiant maiordomos, ut supra dictum est. Tod omne que comprare en ferias, et despues le conoscieren alguna cosa o demandaren per furto, firme con III uicinos (o dos jurados) de la uilla que enna feria lo compro et non responda pro illa causa. Todo latrone que furtare en la feria enforquenlo, si eum inuenerint.

El Fuero de Cáceres (s. XIII), fol. 78.


Puesto que la duración de las ferias también fue considerada entonces algo excesiva, a los pocos años el concejo acudió al rey, pidiéndole que se modificaran las disposiciones del fuero y que el mes que duraba el encuentro comercial se pudiera dividir en dos. Alfonso X el Sabio accedió y, mediante una carta dada en Burgos, el 8 de julio de 1266, permitió que se convocasen dos ferias en lugar de una, pero ambas de menor duración: la primera tendría lugar los últimos ocho días del mes de abril y los ocho primeros de mayo, y la otra abarcaría desde el día de San Andrés (30 de noviembre) hasta el 14 de diciembre. Este sería el antecedente de celebrar dos ferias en Cáceres, que estuvieron vigentes hasta 1987 cuando se suprimió la feria de San Miguel (se celebraba a finales de septiembre).

Sea como fuere, con sus más y sus menos (teniendo en cuenta períodos de sequías, epidemias, guerras…), con alguna que otra variación de fechas, las ferias de Cáceres en su formato medieval se siguieron celebrando hasta 1863, para casi desaparecer por completo y no volver a despegar hasta 1896; pero esa es ya otra historia…

miércoles, 26 de mayo de 2010

Edward Bernays

El pasado sábado tuvo lugar el acto de graduación de mi hermana, que en menos de un mes será licenciada en Psicología. Además de volver a manifestar mi enhorabuena, como prometí, pensaba dedicarle una entrada relacionada con su futura profesión. Suele ser habitual que todo hijo de vecino, desde el fontanero al panadero, pasando por insignes políticos, se las den de saber y haber leído mucho sobre Psicología… pero como mi hermana también suele decir, no basta con echarle un vistazo de vez en cuando al consultorio sentimental de la Pronto. Por ese motivo, para tratar de ser humilde y no meterme en camisas de once varas, quiero referirme a un tema, más bien a un personaje, del que pueda decir algo desde el punto de vista histórico, sin temor a meter la pata. En mi opinión, se trata además de uno de los personajes más influyentes del siglo XX y, quizá --eso me lo tendrá que confirmar mi hermana--, el primero que aplicó las teorías del psicoanálisis en el campo de la sociología, es decir, con el firme propósito de estudiar (y manipular) el comportamiento de las masas.


Posiblemente muy poca gente haya oído hablar de él, pero me refiero a Edward L. Bernays (1891-1995), que además de ser conocido por su parentesco con Sigmund Freud --era su sobrino--, está considerado como el creador de la teoría de las relaciones públicas. Aunque había nacido en Viena, siendo niño sus padres emigraron a Estados Unidos, donde cursaría estudios universitarios de agricultura, para después dedicarse a su verdadera pasión: el mundo de la publicidad y el periodismo.

La carrera de Bernays comenzó con el estallido de la Primera Guerra Mundial, cuando el gobierno de los Estados Unidos y su presidente, Woodrow Wilson, contrataron sus servicios y los del periodista Walter Lippmann, con la intención de que convencieran a la opinión pública norteamericana de la necesidad de que el país interviniese en el conflicto armado europeo, modificando de este modo las preferencias mayoritarias por alemanes y austriacos, ya que Inglaterra todavía representaba en las mentes de los ciudadanos estadounidenses la opresión de la antigua potencia colonial. Para alcanzar este propósito, Bernays y Lippman convirtieron las apelaciones al inconsciente colectivo en un arma de propaganda y manipulación de masas, a fin de persuadir a la opinión pública de que el país debía ir a la guerra. Siguiendo sus consejos, el presidente Woodrow Wilson anunció que Inglaterra estaba luchando, no para restaurar su imperio, sino para extender la democracia en el mundo.


Cuando la guerra terminó, Bernays acompañó al presidente Wilson a la Conferencia de Paz de Versalles, en cuyos debates intervino activamente. Años más tarde, el propio Bernays manifestó: «Si se puede utilizar la propaganda en tiempos de guerra, también se podrá hacer en tiempos de paz. Y como la palabra propaganda llegó a estar mal vista por su uso en Alemania, entonces decidí inventar el término Relaciones Públicas».

A comienzos de la década de los veinte, Bernays decidió utilizar las poco conocidas teorías de su tío en el campo de las relaciones públicas, un término que él mismo inventó más tarde para diferenciarla de la propaganda nazi. Bernays enseñó a las corporaciones norteamericanas la manera de lograr que las personas quisieran cosas que no necesitaban, persiguiendo de esta manera un consumo masivo por parte de la sociedad, que a su vez satisficiera el incremento de la producción industrial que siguió a la guerra.

Bernays empezó sus experimentos de psicología de masas con la manipulación de las mentes de las clases populares. Se interesó por el psicoanálisis que su tío había desarrollado y utilizó sus teorías sobre el subconsciente para manipular la opinión pública, lo que enfureció a Freud, que creía que era una acción indigna. Al respecto, es muy ilustrativa la definición que Bernays nos ofrece sobre el concepto de «opinión pública»:

La opinión pública es un término que describe un grupo de juicios individuales, mal definidos, vivaces y cambiantes, a la vez que es el resultado colectivo de la opinión individual, ahora uniforme, ahora conflictiva, de los hombres y las mujeres que constituyen la sociedad o cualquier grupo social.

Su más ambicioso experimento fue convencer a las mujeres de que fumaran, algo que por aquel tiempo no estaba bien visto. Uno de sus mejores clientes, George Hill, presidente de la American Tobacco, quería encontrar la manera de romper con ese tabú. En el año 1991, el propio Bernays contaba ante una cámara de televisión cómo sucedió todo:

Estábamos perdiendo la mitad del mercado por un tabú de los hombres contra el hecho de que las mujeres fumaran en público. «¿Puedes hacer algo al respecto?», me preguntó el presidente de la tabacalera. «Déjame que piense», le dije. Y entonces fui a un psicoanalista para preguntarle qué significaba el tabaco para las mujeres. Tuve que llamar a uno de Nueva York porque mi tío vivía en Viena.



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En The Century of the Self, una extraordinaria y muy ilustrativa serie documental realizada hace unos cuantos años para la BBC, en la que se trata de analizar la influencia de los medios de comunicación durante el siglo XX, Adam Curtis relata como Bernays consiguió estimular el consumo de tabaco entre las mujeres. En tal sentido, comenta que uno de los primeros psicoanalistas en Estados Unidos, E. April, le contó a Bernays que en el subconsciente femenino el cigarrillo era un símbolo fálico que otorga un poder masculino y sexual. Le dijo que si podía conectar el hecho de fumar con disputar el poder masculino, las mujeres fumarían porque entonces tendrían su propio pene. Cada año en Nueva York se suele celebrar un cabalgata por la fiesta de Pascua, a la cual acuden miles de personas; Bernays decidió montar un evento en ese desfile, persuadiendo a un grupo de mujeres de la alta sociedad para que llevaran escondidos unos cigarrillos y, ante una señal suya, los encendieron de manera ostentosa. Bernays había avisado a la prensa de que un grupo de sufragistas pretendían realizar un acto de protesta reivindicando sus libertades bajo el lema antorchas de la libertad.


El experto en relaciones públicas, Pat Jackson, explicaba en el citado documental las claves ocultas de esa estrategia del sobrino de Freud:

Él sabía que todos los fotógrafos estarían ahí y que esto provocaría muchas protestas. Y estaba preparado con la frase clave: «antorchas de la libertad». Ahí enarboló el poder del símbolo; mujeres, mujeres jóvenes fumando cigarrillos, con un lema. Todo el que quiera unirse a ese lema, que es la libertad, tendrá que apoyarla. La Estatua de la Libertad es el símbolo de América, con su antorcha en la mano. Todo esto alude a la emoción, a la memoria, a los instintos inconscientes. Al día siguiente, la noticia de las mujeres que reclamaban su derecho a fumar no sólo estaba en los diarios neoyorquinos, sino de todo Estados Unidos y del resto del mundo. Desde ese momento se disparó la venta de cigarrillos a las mujeres. Bernays consiguió que fuera socialmente aceptada con un solo acto simbólico, asociando la idea de que las mujeres que fuman son más independientes, libres y poderosas.


Una idea que todavía persiste, y que fue amplificada por las inversiones que las compañías tabaqueras hicieron en las películas de Hollywood, en las que las estrellas más glamorosas siempre aparecían con un cigarrillo en la mano. No hace falta que mencionemos ningún ejemplo, pues estaríamos hablando de algunas de las mejores escenas de la historia del cine. En definitiva, Bernays consagró de esta manera el uso de los medios de comunicación para manipular a las masas. Inventó las modernas técnicas de publicidad (el llamado marketing) y con ello inauguró un nuevo período en la Historia: el de la sociedad de consumo de masas.

A lo largo de su vida, Bernays contó entre sus clientes a varios presidentes estadounidenses, como Coolidge, Wilson, Hoover, Eisenhower, Reagan o George H. W. Bush, a los que ayudó primero a alcanzar la Casa Blanca, y después como asesor en sus respectivos gabinetes. También se relacionó profesionalmente con importantes personajes de la vida pública, como el inventor Edison, el cantante Caruso, el bailarín Nijinsky, el industrial Henry Ford o el multimillonario Rockefeller; y, por supuesto, prestó sus servicios en importantes empresas transnacionales, que todos conocemos (Cartier, Dodge, CBS…). Se rumorea que Bernays recibió atractivas ofertas para trabajar en Alemania, al servicio de Adolf Hitler y su servicio de propaganda, dirigido por Joseph Goebbles; pero quizá porque era judío, o porque acabó primando más su lealtad a los principios democráticos, se negó en rotundo a colaborar con los nazis. También fue tentado para trabajar al servicio del dictador nicaragüense, Anastasio Somoza, o sin ir más lejos, de nuestro general Franco, a quien, por cierto, no le hubiera venido nada mal contar con un asesor de relaciones públicas.


Después de la Segunda Guerra Mundial, Bernays trabajó en una campaña de propaganda a favor de la United Fruit Company (hoy United Brands), que como sabemos estuvo detrás del golpe de estado que, con ayuda de la CIA, derrocó al gobierno electo de Guatemala en 1954. La empresa se servía de la mano de obra casi esclava para producir plátanos baratos que luego vendía en el lucrativo mercado de Estados Unidos. Cuando el gobierno de Guatemala, que era ligeramente reformista, trató de frenar el poder de la compañía, Bernays manipuló a los medios de comunicación para tratar de mostrar ante la opinión pública que el gobierno guatemalteco era un peligro comunista: eran los paranoicos años cincuenta y se comenzaba a vislumbrar la Guerra Fría. A Bernays le pagaron por este trabajo 100.000 dólares al año, un salario que no estaba nada mal para la época.


El sobrino de Freud siempre destacó por su notable franqueza, en una industria, la de las relaciones públicas, que el mismo había inventado, caracterizada por el dominio de las evasivas y los eufemismos:

La manipulación consciente e inteligente de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática (…). Aquellos que manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder gobernante de nuestro país (…). En casi cualquier acto de nuestra vida cotidiana, ya sea en el ámbito de la política o los negocios, en nuestra conducta social o nuestro pensamiento ético, estamos dominados por un número relativamente pequeño de personas (…) que entienden los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos los que al tirar de los cables, controlan la mente del público.

La manipulación de la opinión de masas por los medios de comunicación ha estado presente a lo largo de todo el siglo XX, y resulta especialmente llamativa cuando se trata de legitimar invasiones y guerras, desde la de Vietnam a la de Irak (¿o acaso no os acordáis de las armas de destrucción masiva?). Según confesaron algunos asesores y responsables de la carrera presidencial de Barack Obama en 2008, la campaña electoral del candidato demócrata estuvo basada en gran parte en las aportaciones y estudios de Edward Bernays: en concreto, aspectos de tal interés como la coincidencia del interés público con el privado, así como la construcción e influencia de los líderes para arrastrar a las masas.

Algunos malintencionados continúan asegurando que todas estas estrategias fueron un invento de los alemanes, pero se equivocan, se las debemos exclusivamente a Edward Bernays. Él mismo escribió en sus memorias que se sorprendió al enterarse de que Goebbels contaba con sus libros en las estanterías de su biblioteca, y que por tanto sus teorías habían contribuido al éxito y ascenso del Tercer Reich. El sobrino de Freud fue capaz de cambiar el punto de vista de mucha gente y convencerlas de que hagan lo que se les sugiere, una habilidad que pocos hombres tuvieron y que muchos desearían poseer.

Bibliografía:
- E. L. Bernays: Biography of an idea: memoirs of public relations counsel Edward L. Bernays. Nueva York: Simon & Schuster, [1965].
- Keith A. Larson: Public relations, the Edward L. Bernays and the American scene: a bibliography. Westwood, Mass.: F. W. Faxon Co., 1978.
- Idem: Los últimos años: radiografía de las relaciones públicas, 1956-1986. Barcelona: PPU, 1990.
- J. D. Barquero Cabrero: Relaciones públicas: de las técnicas comunicativas a la aplicación de las ciencias sociales en los procesos de administración de las relaciones públicas: ensayo biográfico del doctor Edward L. Bernays. S.l.: s.n., 1990.
- E. L. Bernays: Cristalizando la opinión pública: un libro para relaciones públicas, empresarios, economistas... Barcelona: Gestión 2000, 1997.
- Idem: Propaganda. [Barcelona]: Melusina, [2008].
- E. L. Bernays, J. D. Barquero Cabrero, M. Barquero Cabrero: Relaciones públicas. Palma de Mallorca: Fultwagen, [2008].

martes, 30 de marzo de 2010

1000 días para el fin de los tiempos

Esta mañana me he levantado con el ánimo apocalíptico, es decir, con ganas de meter miedo al personal. Pero luego, reflexionando, he caído en la cuenta que para eso ya están los periódicos y telediarios; así que me voy a reprimir y explicaré las cosas tal como son, sin añadir ni quitar nada a la verdad.

Sí es cierto que a partir de hoy comienza la cuenta atrás: quedan mil días para el 24 de diciembre del 2012, fecha en la que según los antiguos mayas se acabará el mundo. Aprovechando la efeméride, más de uno se ha puesto a escribir y publicar libros --y también a rodar películas--, tratando de sacar partido del inevitable armagedón. Y ahora yo me pregunto: ¿y si es el fin del mundo y todos nosotros, y lo que nos rodea, nos iremos al carajo (por emplear términos coloquiales), por qué ese ansia de hacer negocio a última hora? ¿De qué les puede servir ese dinero en el Juicio Final? ¿Acaso piensan que también se puede sobornar al tribunal de última instancia?


En fin, dejando de lado temores y a quienes se aprovechan de ellos, vamos con lo que nos interesa. Es absurdo considerar que los mayas, ni ninguna otra civilización, pronosticaran el fin del mundo, al menos como nosotros entendemos el «fin del mundo». Los mayas disponían del calendario más perfecto jamás inventado, mejor incluso que nuestro actual calendario gregoriano, que no es más que calendario juliano reformado, que utilizaban los romanos, y que a su vez lo copiaron de los antiguos egipcios. Como todos los sistemas cronológicos, el calendario de los mayas se dividía en períodos y eras, y al final de cada uno de ellos les sucedían otros, así sucesiva y cíclicamente. El 24 de diciembre de 2012 el calendario maya concluirá un ciclo y comenzará otro, simplemente; por eso no tiene sentidos hablar del «fin del mundo», sería más correcto referirnos al «final de los tiempos» (despojando a esta expresión de su componente apocalíptico), o mucho mejor al «final de la era».

Pero ya que estamos, voy a explicar un poco más en profundidad en qué consistía y como funcionaba el calendario maya. Como he comentado, el calendario de los antiguos mayas era una los más perfectos que se conocieron en la antigüedad, y se utilizó sobre todo para registrar las fechas en inscripciones sobre columnas o estelas de piedra, erigidas en las ciudades mayas durante el Período Clásico (300-900 d.C.).


Para entender el calendario maya es necesario comprender el sistema numérico y reconocer los diversos glifos o signos que identificaban a los distintos días (cada uno de los cuales tenían un nombre, como nuestro lunes, martes, etc.). Además es preciso saber cómo se creó el propio calendario.

La numeración maya es relativamente sencilla. Una concha estilizada significaba cero, un punto «uno» y una barra horizontal «cinco».



En realidad, los mayas utilizaron dos sistemas calendáricos: la rueda calendárica y la cuenta larga.

La rueda calendárica se utilizaba en la mayoría de los asuntos cotidianos. Incluía dos métodos de recuento. El primero es la rueda sagrada de 260 días, que se usa todavía en algunas zonas de las tierras altas mayas. Imaginemos dos ruedas dentadas engranadas, una con números del 1 al 13 y la otra con 20 nombres de días. El día 1 (para utilizar nuestra terminología) será el 1 Imix, el día 2 el 2 Ik, el día 3 el 3 Akbal, y así hasta el día 13, que es el 13 Ben. Pero entonces, el día 14 es el 1 Ix y de este modo continúa el sistema. La secuencia vuelve a coincidir después de 260 días y la nueva rueda sagrada comienza una vez más con el 1 Imix.


Con relación a esto, se registraba el año solar, consistente en 18 meses designados con un nombre, de 20 días cada uno, más un período final de 5 días. El Año Nuevo maya comenzaba el 1 Pop (Pop era el nombre del mes); al día siguiente era el 2 Pop y así sucesivamente.


Estos dos ciclos se desarrollaban simultáneamente, de modo que se podría designar cualquier día con ambos (p. ej., 1 Pop 1 Kan). Sólo se podía producir una combinación específica de este tipo una vez cada 52 años. Por lo tanto, este calendario bastaba para la mayoría de los asuntos cotidianos y el ciclo de 52 años tenía un significado simbólico para los mayas.


La cuenta larga se utilizaba para registrar fechas históricas. Como cualquier sistema calendárico único, necesitaba tener una fecha cero o de inicio, que para los mayas era el 13 de agosto del año 3113 a. C. (según la correlación comúnmente aceptada con el calendario cristiano). Una fecha de la cuenta larga se compone de cinco números (p. ej., en nuestra propia numeración, 8.16.5.12.7). La primera cifra representa el número de unidades más largas transcurrido, el baktun (de 144.000 días o unos 400 años). El segundo es el katún (7.200 días o 20 años), el tercero un tun de 360 días, el cuarto un uinal de 20 días y finalmente el kin, el día.

Se utilizaba una notación posicional, empezando arriba con el número de baktunes y descendiendo hacia las unidades inferiores. Por lo general, cada número iba seguido del glifo de la unidad en cuestión (p. ej., 8 baktunes), de forma que las fechas de las estelas pueden ser reconocidas de inmediato.
La fecha más antigua conocida hasta hoy de una estela del área maya, propiamente dicha, es la de la estela 29 de Tikal, que indica el 8.12.14.8.15. En otras palabras:

8 baktunes = 1.152.000 días
12 katunes = 86.400 días
14 tunes = 5.040 días
8 uinales = 160 días
15 kines = 15 días
---------------------------
ó 1.243.615 días

Contando desde el año cero en el 3113 a. C., la fecha equivaldría al 6 de junio del 292 d. C.


El 24 de diciembre del 2012 el calendario maya se pondrá a cero y comenzará de nuevo la cuenta larga. Para pensar que esta fecha nos señala el fin del mundo, es necesario echarle mucha imaginación. Así que ya sabéis, si queréis hablar con propiedad, referiros a ella como el «fin de una era».


Fuente: Colin Renfrew y Paul Bhan: Arqueología: Teorías, métodos y práctica. Madrid: Akal, 1998; págs. 120-121.

lunes, 29 de marzo de 2010

El hundimiento de la URSS

Continuamos recopilando ejemplos de cómo acercarnos a la Historia y su conocimiento de una manera más amena y desenfada. A continuación vamos a tener ocasión de analizar un vídeo, en que en versión rock´n roll se resume quién fue Mijaíl Gorbachov y qué papel desempeñó en el desmantelamiento de la Unión Soviética. A finales de los años ochenta del siglo XX, su Perestroika supuso el final de un sistema de corte socialista en Rusia y su sustitución por el modelo de los países del bloque occidental: el capitalismo, caracterizado a su vez por el libre mercado, como principal característica económica, y una sociedad inmersa en el consumo masivo.




Over mother Russia
There are moans and cries
The convicted ones are marching
To the never lands to die.
The sound of birds' singing
Is a farewell song,
But this endless plain
is where they belong.

But one escaped
Out of guardman's sight
With his only dream –
To let his country rise.

Freedom was the goal
He was dreaming of,
And that person's name
Is Mijail Gorbachov
Against the oppressor –
I'm the new tsar successor!

Hey, it's time to spill the masters' blood,
Time for us to rise up from the mud.
Gorbachov, a simple Cossack man,
By his side we'll free our native land.

sábado, 27 de marzo de 2010

El rap de la Historia

Mi opinión respecto a la enseñanza de la Historia difiere, creo, de la mayoría. Tradicionalmente el modelo pedagógico empleado para enseñar Historia se fundamentaba en explicaciones teóricas, por parte del profesor, seguidas de la memorización fechas, datos y acontecimientos, por parte del alumnado. En la actualidad muchos profesores de instituto y universidad permanecen fieles a estos principios, sin percatarse que las clases magistrales suelen conducir al aburrimiento más evidente. Para motivar a los alumnos (tarea difícil en estos tiempos que corren) se ve preciso recurrir a nuevos canales de comunicación, aun con riesgo de perder seriedad y rigor en los contenidos. Pero debemos preguntarnos qué es preferible: alumnos asqueados por la asignatura, que no saben absolutamente nada sobre el pasado; o alumnos motivados y con interés por aprender, aunque con una visión sesgada y acaso trucada de la Historia. Sólo es cuestión de elegir… Yo me quedo con la segunda opción y me sirvo del siguiente videoclip para ilustrar mis argumentos: un ejemplo de herramienta que emplearía en la necesidad de motivar a mis alumnos, adolescentes en este caso, para que se acercaran al maravilloso mundo del conocimiento histórico. Que lo disfrutéis.




Toda una vida es poco para un hombre,
la Tierra me entregó un cuándo y un dónde,
atrapado ahora en esta era insomne,
quiero vivir más vidas que la que me corresponde,
viajar a los paisajes que toda memoria esconde.

Verme al principio de los tiempos sin autoconciencia,
homo sapiens cuya ciencia es la supervivencia,
con la piel en carne viva mi paciencia doma el fuego,
Madre Tierra da la esencia que alimenta luego.

Habitar el Nilo antes de Jesucristo,
ser escriba del Antiguo Egipto,
ver que existo y aún resisto junto a Keops, mi faraón,
saber que es dueño de los sueños que poseo y de mi razón.

Civilización en gracia como Grecia,
sentir en vivo la pasión de Platón, cosmovisión.
Desde el Partenón, su herencia
entre columnas corintias, sus lecciones limpian mi conciencia y son
luz para el corazón, luz para la Historia,
luz como magnolias en Mongolia,
sentirme un samurái con sed de gloria,
defender mi imperio, conquistando como único medio para hacer Historia.

Mil vidas, quisiera vivirlas todas, una sola es poco y yo choco entre las olas
del tiempo, horas yendo a la deriva: por qué sólo una época, por qué sólo una perspectiva.

Mil vidas, quisiera vivirlas todas, una sola es poco y yo choco entre las olas
del tiempo, horas yendo a la deriva: por qué sólo una época, por qué.

Las olas del tiempo llegan al Renacimiento,
allí Leonardo me anticipa un nuevo invento,
me siento junto a Copérnico en un mundo esférico y metálico,
mientras la Inquisición sigue mis pasos sin aliento.

Viena, 1700, ciudad llena de cultura,
palpo la hermosura de un lugar lejano,
gozar al rozar a Mozart, verle tocar
y acariciar la eternidad entre sus notas de piano.

Sinfonía en armonía,
querer vivir las vidas que no fueron mías, no es absurdo,
como entrar al palacio de un zar en San Petersburgo
y gritar (¡Revolución!) para cambiar el mundo.

Y mientras cambia yo lo observo:
pueblos invaden pueblos, siglos y derrotas, civilizaciones rotas,
verme al lado de Toro Sentado, ser un chamán
meditando iluminado entre los prados de Dakota.

Y brota en mis manos magia, cura del hombre blanco
y la locura que contagia, y así el futuro se presagia
mientras el sol desde su trono vigila y dicta:
el ser humano es sólo un parpadeo de todo lo que ha visto.

Ven a chocar en las olas del tiempo, milenios que se funden en un solo momento, quiero vivir mil vidas.

Mil vidas, quisiera vivirlas todas, una sola es poco y yo choco entre las olas
del tiempo, horas yendo a la deriva: por qué sólo una época, por qué sólo una perspectiva.

Mil vidas, quisiera vivirlas todas, una sola es poco y yo choco entre las olas
del tiempo, horas yendo a la deriva: por qué sólo una época, por qué.

Chicago, años 20, visto gabardina, zapatos de charol,
siento el descontrol mirando en cada esquina,
la Ley Seca se impone, yo acudo a un cabaret
para olvidarme que la mafia de Al Capone se propone liquidarme.

Viajar a Woodstock y desde el amanecer yacer
entregado al amor libre y al placer,
ver en concierto a Jimmy Hendrix, Janis Joplin y a Tim Hardin,
colocao de LSD, este es mi jardín, mi camping.

Mi libertad sin fin y allí me veo, buceo
entre los prados de la Historia y su fortuna,
quiero escapar junto con esta pluma de un presente que me abruma,
estar en la pupila de Neil Armstrong al pisar la Luna.

Ser un pantera negra, con mi puño en alto, pelo afro,
sentarme con Rosa Parks atrás en aquel auto,
aprender de Crazy Legs y de T-Kid, y de sus primeras firmas,
fin de los 70, sur del Bronx, no hay mas enigmas
que el deseo de vivir más vidas que una sola.
Madrid 83, movida, yo en la puerta del Rock-Ola
fumándome un pitillo, absorto,
pensando que el camino que separa cuna y cementerio es corto.

Mil vidas, allí donde quise estar, y todo lo que quise ver.

miércoles, 17 de febrero de 2010

«Extremadura misteriosa»

Hablando de novedades editoriales, hace unas semanas también adquirí este libro que leva por título Extremadura misteriosa, del periodista José Manuel Frías y publicado por Almuzara. En el mismo se relatan en un extenso recorrido los sucesos paranormales acontecidos en nuestra comunidad autónoma desde la Prehistoria hasta nuestros días: los extraños sucesos de diversa naturaleza ocurridos en las Hurdes; las leyendas de la Serrana de la Vera, la Virgen de Guadalupe o Santa Eulalia; el misterio de las momias de Llerena; avistamientos de ovnis en distintas localidades; enigmas arqueológicos en torno a yacimientos como Cancho Roano; presencias espectrales en edificios antiguos, como podría ser el caso de la Casa-Museo árabe Yusuf Al-Burch en Cáceres; las apariciones diabólicas de Garganta la Olla…, y muchos más hasta completar un largo etcétera. En palabras del autor, «pocas regiones españolas guardan en sus entrañas tantos enigmas como la extremeña; pero a la vez, Extremadura es uno de los territorios menos investigados y divulgados en cuanto a cuestiones de misterios y fenómenos paranormales. Se pueden contar por centenares los relatos de sucesos extraordinarios que están condenados a desaparecer de la memoria popular en el transcurso de poco más de diez años. Todo aquello que no se plasme por escrito en nuestros días, se perderá para siempre.»

El libro resulta de entretenida lectura y, aunque la mayoría los capítulos nos son de sobra conocidos, no hemos dejado de sorprendernos por la aportación de nuevos datos. Algunos episodios son verdaderamente escalofriantes; otros, más llamativos e, incluso, los hay que provocan una sonrisa. Decidir cuáles entre ellos son verdaderos misterios y cuáles fraudes o leyenda, queda a elección del lector, según sea su grado de escepticismo o suspicacia.

José Manuel Frías presenta desde hace algún tiempo una sección que, con el nombre de Extremadura insólita, se emite en el programa El día es nuestro, de la televisión autonómica (de lunes a viernes, de 9:00 a 12:00 horas). Enlazo aquí algunos vídeos de la misma con historias tan interesantes como las que se narran en el libro:

- Bestiario extremeño I (12 de mayo de 2009).
- Ovnis (18 de mayo de 2009).
- Bestiario extremeño II (9 de junio de 2009).
- Bestiario extremeño III (7 de julio de 2009).
- El antropomorfo de Casar de Cáceres (14 de julio de 2009).
- Las piedras de sangre (28 de julio de 2009).
- El gigante extremeño (22 de septiembre de 2009).
- El gigante de Calzadilla (6 de octubre de 2009).
- El grifo de Higuera la Real (27 de octubre de 2009).
- Las Hurdes (17 de noviembre de 2009).
- Las brujas extremeñas (24 de noviembre de 2009).
- Apariciones marianas (21 de diciembre de 2009).

viernes, 15 de enero de 2010

¿Por qué ocurren los terremotos?

Qué extrañas coincidencias no suele deparar esta vida. Resulta que este martes me regalaron un libro (como la persona que me hizo el presente seguramente lea estas líneas, aprovecho para agradecérselo de corazón): se trataba de Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson (RBA, 2003), un interesante compendio sobre la Historia de la Ciencia, que recomiendo a todo aquel que desee saciar su curiosidad respecto a tantas preguntas que nos suscita la naturaleza. El caso es que por la noche me puse a hojearlo y, entre lo poco que me dio tiempo a leer, estuvo un capítulo dedicado a los terremotos. Como si se tratase de una cruel premonición, a la mañana siguiente me despertaba con la noticia de que un movimiento sísmico de 7 grados en la escala de Richter acaba de asolar Haití. Las fatales consecuencias de este terremoto las estamos viendo casi en directo gracias a Internet y la televisión. Ante estos dramas, uno no sabe muy bien cómo actuar… la impotencia es tal, que quizá sólo nos queda rezar, aunque ni siquiera creamos en nada.

Antes de Navidades, el 17 de diciembre, un pequeño temblor de tierra me levantó de la cama, a eso de las tres de la madrugada. En aquella ocasión la magnitud en el epicentro, que se encontraba frente a las costas del Cabo de San Vicente, apenas pasó de los 6 grados en la escala. Fue una experiencia, más que un susto. Con todo ello, considero la ocasión que no está más para compartir lo que dice al respecto el citado capítulo del libro de Bill Bryson:


Sabemos asombrosamente poco sobre lo que sucede debajo de nuestros pies (…). «Aunque pueda parecer extraño --escribió Richard Freynman--, tenemos una idea más clara de la distribución de la materia en el interior del Sol de la que tenemos del interior de la Tierra.» (…). Hasta hace poco menos de un siglo, lo que los científicos mejor informados sabían sobre el interior de la Tierra no era mucho más de lo que sabía el minero de una mina de carbón… es decir, que podías cavar en el suelo hasta una cierta profundidad y que luego habría roca y nada más (…).

[Hacia 1936] dos geólogos del Instituto Tecnológico de California estaban buscando un medio de establecer comparaciones entre un terremoto y el siguiente. Estos geólogos eran Charles Richter y Beno Gutenberg, aunque, por razones que no tienen nada que ver con la justicia, la escala pasó a llamarse casi inmediatamente sólo de Richter. (No tuvo tampoco nada que ver con Richter, un hombre honesto que nunca se refirió a la escala por su propio nombre, sino que siempre la llamó «la escala de magnitud».)


La escala de Richter ha sido siempre bastante malinterpretada por los no científicos, aunque esto suceda algo menos ahora que en sus primeros tiempos. La gente que visitaba la oficina de Richter solía preguntarle si podía enseñarles su famosa escala, creyendo que era algún tipo de máquina. La escala es, claro está, más una idea que una cosa, una medida arbitraria de los temblores de la Tierra que se basa en mediciones de superficie. Aumenta exponencialmente, de manera que un temblor de 7,3 es 50 veces más potente que un terremoto de 6,3 y 2.500 veces más que uno de 5,3.

Teóricamente al menos, no hay un límite superior para un terremoto… ni tampoco hay, en realidad, uno inferior. La escala es una simple medición de fuerza, pero no dice nada sobre los daños. Un terremoto de magnitud 7, que se produzca en las profundidades del manto (a, digamos, 650 kilómetros de profundidad), podría no causar absolutamente ningún daño en la superficie, mientras que otro significativamente más pequeño, a sólo seis o siete kilómetros por debajo de la superficie, podría provocar una devastación considerable. Depende mucho también de la naturaleza del subsuelo, de la duración del terremoto, de la frecuencia y la gravedad de las réplicas y de las características de la zona afectada. Todo esto significa que los terremotos más temibles no son necesariamente los más potentes, aunque la potencia cuenta mucho, claro está.

El terremoto más grande desde que se inventó la escala fue --según la fuente a la que se preste crédito-- uno centrado en el estrecho del Príncipe Guillermo de Alaska, que se produjo en marzo de 1964 y que alcanzó una magnitud de 9,2 en la escala Richter, o uno que se produjo en el océano Pacífico, frente a las costas de Chile, en 1960, al que se asignó inicialmente una magnitud de 8,6 en la escala pero que se revisó más tarde al alza por fuentes autorizadas (incluido el Servicio Geológico de Estados Unidos) hasta una magnitud verdaderamente grande: de 9,5. Como deducirás de todo esto, medir terremotos no siempre es una ciencia exacta, sobre todo cuando significa que hay que interpretar lecturas de emplazamientos lejanos. De todos modos, ambos terremotos fueron tremendos. El de 1960 no sólo causó daños generalizados a lo largo de la costa suramericana, sino que provocó también un maremoto gigantesco que recorrió casi 10.000 kilómetros por el Pacífico y arrasó gran parte del centro de Hiro, Hawái, destruyendo 500 edificios y matando a sesenta personas. Oleadas similares causaron más víctimas aún en lugares tan alejados como Japón y Filipinas.


Pero, por lo que se refiere a devastación pura y concentrada, el terremoto más intenso que se ha registrado históricamente es muy probable que haya sido el que afectó a Lisboa, Portugal, el día de Todos los Santos (1 de noviembre) de 1755, y la hizo básicamente pedazos. Justo antes de las diez de la mañana se produjo allí una sacudida lateral súbita que se calcula hoy que tuvo una magnitud de 9 y que se prolongó ferozmente durante siete minutos completos. La fuerza convulsiva fue tan grande que el agua se retiró del puerto de la ciudad y regresó en una ola de más de 15 metros de altura, que aumentó la destrucción. Cuando cesó al fin el temblor, los supervivientes gozaron sólo de tres minutos de calma, tras los cuales se produjo un segundo temblor, sólo un poco menos potente que el primero. Dos horas después se produjo el tercero y último temblor. Al final, habían muerto sesenta mil personas y habían quedado reducidos a escombros casi todos los edificios en varios kilómetros a la redonda. El terremoto que se produjo en San Francisco en 1906, por su parte, se calcula que alcanzó sólo una magnitud de 7,8 en la escala de Richter y duró menos de treinta segundos.


Los terremotos son bastante frecuentes. Hay como media a diario dos de magnitud 2, o mayores, en alguna parte del planeta, lo que es suficiente para que cualquiera que esté cerca experimente una sacudida bastante buena. Aunque tienden a concentrarse en ciertas zonas (sobre todo en las orillas del Pacífico), pueden producirse casi en cualquier lugar en Estados Unidos, sólo Florida, el este de Texas y la parte superior del Medio Oeste parecen ser (por el momento) casi totalmente inmunes. Nueva Inglaterra ha tenido dos terremotos de magnitud 6 o mayores en los últimos doscientos años. En abril de 2002, la región experimentó una sacudida de magnitud 5,1 por un terremoto que se produjo cerca del lago Champlain, en la frontera de los estados de Nueva York y de Vermont, que causó grandes daños en la zona y --puedo atestiguarlo-- tiró cuadros de las paredes y niños de sus camas en puntos tan alejados como New Hampshire.

Los tipos más comunes de terremotos son los que se producen donde se juntan dos placas, como en California a lo largo de la Falla de San Andrés. Cuando las placas chocan entre sí, se intensifican las presiones hasta que cede una de las dos. Cuanto mayor sean los intervalos entre las sacudidas, más aumenta en general la presión acumulada y es por ello mayor la posibilidad de un temblor de grandes dimensiones. Esto resulta especialmente inquietante para Tokio que Bill Mugiré, un especialista en riesgos del Colegio Universitario de Londres, describe como «la ciudad que está esperando la muerte» (no es un lema que se encuentre uno en los folletos turísticos). Tokio se encuentra en el punto de unión de tres placas tectónicas, en un país bien conocido por su inestabilidad sísmica. En 1995, como sin duda recordarás, la ciudad de Kobe, situada casi 500 kilómetros al oeste, se vio afectada por un terremoto de una magnitud de 7,2, en el que perecieron 6.394 personas. Los daños se calcularon en 99.000 millones de dólares. Pero eso no fue nada (bueno, fue relativamente poco) comparado con lo que le puede pasar a Tokio.


Tokio ha padecido ya uno de los terremotos más devastadores de los tiempos modernos. El 1 de septiembre de 1923, poco antes del mediodía, se abatió sobre la ciudad el terremoto Gran Kanto, diez veces más potente que el de Kobe. Murieron 200.000 personas. Desde entonces, Tokio se ha mantenido extrañamente tranquilo, lo que significa que la tensión lleva ochenta años acumulándose en la superficie. Tiene que acabar estallando. En 1923 Tokio tenía una población de unos tres millones de habitantes. Hoy se aproxima a los treinta millones. Nadie se ha interesado por calcular cuántas personas podrían morir, pero el coste económico potencial sí se ha calculado y parece ser que podría llegar a los 7.000 millones de dólares.


Son todavía más inquietantes, porque sabemos menos de ellos y pueden producirse en cualquier lugar en cualquier momento, los temblores menos frecuentes denominados endoplacales. Éstos se producen fuera de las fronteras entre placas, lo que los hace totalmente imprevisibles. Y como llegan de una profundidad mucho mayor, tienden a propagarse por áreas mucho más amplias. Los movimientos de tierra de este tipo más tristemente célebres que se han producido en Estados Unidos fueron una serie de tres en Nuevo Madrid, Missouri, en el invierno de 1811-1812. La aventura se inició inmediatamente después de medianoche, el 16 de diciembre en que despertó a la gente, primero, el ruido del ganado presa del pánico --el desasosiego de los animales antes de los terremotos no es ningún cuento de viejas, sino que está en realidad bien demostrado, aunque no haya llegado a entenderse del todo el porqué-- y luego, por un terrible ruido desgarrador que llegaba de las profundidades de la Tierra. La gente salió de sus casas y se encontró con que el suelo se movía en olas de hasta un metro de altura y se abría en grietas de varios metros de profundidad. El aire se llenó de un olor a azufre. El temblor duró cuatro minutos con los habituales efectos devastadores para las propiedades. Entre los testigos estaba el pintor John James Audubon, que se hallaba por casualidad en la zona. El seísmo irradió hacia fuera con tal fuerza que derribó chimeneas en Cincinnati, a más de 600 kilómetros de distancia, y, al menos según una versión, «hizo naufragar embarcaciones en puertos de la costa atlántica y... echó abajo incluso andamiajes que había instalados en el edificio del Capitolio de la ciudad de Washington». El 23 de enero y el 4 de febrero se produjeron más terremotos de magnitud similar. Nuevo Madrid ha estado tranquilo desde entonces..., pero no es nada sorprendente porque estos episodios no se tiene noticia que se hayan producido dos veces en el mismo sitio. Se producen, por lo que sabemos, tan al azar como los rayos. El siguiente podría ser debajo de Chicago, de París o de Kinshasa. Nadie es capaz de empezar siquiera a hacer conjeturas. ¿Y qué es lo que provoca esos enormes desgarrones endoplacales? Algo que sucede en las profundidades de la Tierra. Eso es todo lo que sabemos.


jueves, 31 de diciembre de 2009

El genio que todo lo adivina

Siempre por estas fechas suele caer en mis manos alguna revista del corazón, en donde se dedican varias páginas a las predicciones que hacen unos supuestos adivinos sobre lo que nos va a deparar el nuevo año. En más de una ocasión me he sentido tentado de arrancar y guardar esos artículos y, pasados doce meses, comprobar qué pudieron acertar… aunque seguramente me reiría a carcajadas al comprobar que ocurrió justo lo contrario de lo que vaticinaban. Por eso, este año tampoco voy a cumplir mi propósito.

Sin embargo, se ha hecho famoso en la red un gracioso genio de la lámpara, que ya puedes preguntarle por la identidad de cualquier persona o personaje que tengas en ese momento en mente, que, esta vez sí, por arte de magia, acabará adivinándolo. Pincha aquí para comprobarlo… aunque no sé cómo lo hace, os aseguro que no falla nunca.


Por cierto, FELIZ AÑO 2010!!!... Cuidado con la resaca, porque espero veros por aquí pasado mañana.

sábado, 31 de octubre de 2009

Cine de terror en Cáceres

Dejando aparte la polémica y sin entrar a discutir si se trata de un ejemplo más de la aculturación yankee, cada año que pasa nos consta que la fiesta pagana de Halloween encuentra más arraigo en nuestra sociedad. Aunque no comparto el ideal consumista que acompaña a ésta y otras tantas (la Navidad, por ejemplo), no me parece mal celebrar cuantas más mejor. Ojalá todas las semanas tuviéramos una fiesta con la que distraernos y olvidar las penalidades que nos afligen… Sería de necios negarse a disfrutar de un día festivo por la banal circunstancia de no compartir los principios o el origen de la celebración.

Esta noche conmemoramos uno de nuestros instintos más primarios: el miedo a la muerte. Por eso toda la celebración gira en torno a la sutil aduana que separa el mundo de los vivos del de los muertos (ya sea en la versión pagana o cristiana): siempre unos y otros van y vienen, unos disfrazados y otros de verdad.

Desde que Dante escribiera La Divina Comedia, las difíciles relaciones entre vivos y muertos ha sido objeto primero de la literatura y del cine después, dando origen al muy apreciado género de terror. Por esto, hoy quisiera compartir esta versión local de las películas de serie B… Luego dicen que en mi tierra no hay talento, cuando lo que sucede es que nos sobra para exportarlo. Os recomiendo unas palomitas para disfrutar del mejor cine y espero que… no paséis mucho miedo.

domingo, 4 de octubre de 2009

La botica de la abuela

Hablando de drogas. Resulta bastante curioso, y hasta divertido, comprobar cómo determinadas sustancias que en el pasado fueron consideradas remedios medicinales, hoy son peligrosos estupefacientes que, por tanto, no se pueden encontrar en ninguna farmacia legal. En cierto modo, esto me hace pensar que el límite que separa a los farmacéuticos y a los camellos no es más que una delgada línea roja. Como ejemplo de lo que digo, estos productos rescatados del botiquín de alguna de nuestras abuelas… «Mano de santo», que dirían ellas.



Las gotas de cocaína para el dolor de dientes (1885) eran populares para los niños. No solo acababan con el dolor, sino que también mejoraban el humor de los pacientes.



Un frasco de heroína Bayer. Entre 1890 y 1910 la heroína era divulgada como un substituto no adictivo de la morfina y un remedio contra la tos para niños.



El vino de coca Metcalf era uno de la gran cantidad de vinos que contenían coca disponibles en el mercado. Todos afirmaban que tenían efectos medicinales, pero indudablemente eran consumidos también por su valor recreativo.



El vino Mariani (1865) era el principal vino de coca de su tiempo. El papa León XIII llevaba siempre un frasco del mismo y premió a su creador, Ángelo Mariani, con una medalla de oro.



Este vino de coca fue fabricado por Maltine Manufacturing Company de Nueva York. La dosis recomendada señalaba: «Una copa llena junto con, o inmediatamente después, de las refecciones. Niños en proporción».



Estas tabletas de cocaína eran «indispensables para los cantantes, maestros y oradores». También calmaban el dolor de garganta y tenían un efecto reanimador para que estos profesionales rindieran el máximo de su performance.



Un peso de papel promocional de C.F. Boehringer & Soehne (Mannheim, Alemania), «los mayores fabricantes del mundo de quinina y cocaína».



Antiguamente para aquietar a los bebés recién nacidos no era necesario un gran esfuerzo de los padres, pero sí el opio. Este frasco de paregórico (sedativo) de Stickney & Poor era una mezcla de opio y alcohol, que era distribuida del mismo modo que otros condimentos por los cuales la empresa era conocida. «Dosis para niños de cinco días, 3 gotas. Dos semanas, 8 gotas. Cinco años, 25 gotas. Adultos, una cucharada llena». El producto era muy potente y contenía un 46% de alcohol.



Propaganda de heroína Martin H. Smith Company, de Nueva York. La heroína era ampliamente usada no sólo como analgésico, sino también como remedio contra el asma, tos y neumonía. Mezclar heroína con glicerina (y comúnmente azúcar y edulcorantes) volvía al opiáceo amargo más agradable para su ingestión oral.



Este Vapor-OL Treatment nº 6 estaba indicado «para el asma y otras afecciones espasmódicas». El líquido volátil era colocado en una olla y calentado con una lámpara de queroseno. Igualmente contenía opio y alcohol en elevada proporción.

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