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martes, 20 de enero de 2009

Soy un friki

No se trata sólo de Tintín o el Capitán Trueno… también soy un fanático de La Guerra de las Galaxias. Por eso mismo, mi habitación parece más la guarida del androide --o del amo del calabozo--, donde las figuras de C-3PO y R2-D2 comparten sitio, además de con tantos libros que no me caben ya en las estanterías, con maquetas, peluches, fósiles y demás enredos. A veces me cuesta encontrar un poco de espacio para guardar, por ejemplo, la ropa. Parece como si mi cuarto estuviera invadido por una especie de horror vacui, en donde cada personaje o período de la Historia reclama su puesto. En el fondo, no se trata más que de los efectos colaterales de varias pasiones que arrastro desde mi infancia.

Una de esas pasiones, como digo, tiene que ver con la saga cinematográfica de George Lucas, esa serie de películas que alguien definió como las antiguas novelas de caballerías adaptadas a los viajes interestelares. Desde pequeño me gustaron este tipo de aventuras, y aún hoy, si me encuentro con alguien que comparte mis mismas aficiones, puedo pasarme horas disertando sobre la similitud entre la orden de los Jedi y los caballeros templarios, o si el conflicto entre la Alianza Rebelde y el Imperio no es más que una traslación de la crisis de la República en la antigua Roma.


La última vez que estuve en Madrid, hace cosa de dos meses, sin poder resistirme y dejarlo para otra ocasión, tuve que ir a ver la exposición sobre Star Wars, que todavía se puede visitar en el centro del Canal de Isabel II, en la Plaza de Castilla. No me esparciré con detalles sobre la misma, porque pienso que es para verla; todo lo que pueda contaros es poco, en comparación con lo mucho que disfruté: más que un niño pequeño. Si no sois seguidores acérrimos de la saga (o si acaso sois fans de Star Trek), tampoco os preocupéis; la exposición vale por sí misma, su montaje es espectacular y los criterios museográficos son tan cuidados e incluso mejores que los que se emplean en muchos museos o exposiciones convencionales.



«Star Wars: The Exhibition» se puede visitar hasta el 15 de marzo en la Sala de exposiciones Arte Canal, Plaza de Castilla (Madrid).
Abierto todos los días de 10’00 a 21’00 horas.
Entradas, en taquilla: 10 € (general), 5 € (reducida).

viernes, 12 de diciembre de 2008

Tesoros sumergidos de Egipto

Tras regresar de Bruselas, el resto de la semana lo pasé en Madrid. Aproveché que hasta el viernes por la tarde carecía de obligaciones, para visitar exposiciones y recorrer las calles de la capital, imbuidas por completo de ambiente navideño. Afortunadamente se ha prorrogado varios meses la exposición de los Tesoros sumergidos de Egipto, que desde antes de verano tenía pendiente de visitar, y esta vez por fin pude acercarme a verla. Simplemente puedo decir que me pareció impresionante, tanto por la calidad y la cantidad de piezas expuestas, como por el planteamiento museográfico y los recursos empleados.


Salí de allí pensando que quizá el promotor de esta muestra, el arqueólogo submarino Frank Goddio, esté a un paso de revolucionar el concepto de patrimonio arqueológico. Me refiero en el sentido de que no sólo en la investigación, sino también en su protección, cada vez tengan más peso intereses privados y menos el capital público, ya sea estatal, regional o local, sin que por ello signifique un detrimento de los resultados científicos ni tampoco de la difusión de los descubrimientos para el común de los mortales --caso específico de esta exposición--, sino más bien lo contrario.

Aún así me da miedo pensar que haya que sacrificar la propiedad del patrimonio histórico-artístico, que como siempre se ha repetido «es patrimonio de todos», para evitar que le alcance la ruina, la desidia y finalmente el olvido. En el caso concreto de la arqueología, hasta el momento la administración pública se había reservado la propiedad de las piezas y los yacimientos, pero qué pasaría si al igual que la gestión de las excavaciones y la elaboración de informes, se cedieran a empresas privadas. ¿Dejarían de existir los aburridos museos tradicionales que todos conocemos para dar paso a exposiciones-espectáculo como ésta de las que os hablo? ¿Con qué criterios se seleccionarían las piezas y se montarían salas y vitrinas: científicos o económicos? ¿Quién velaría por qué algunas piezas, las más valiosas e importantes, no acabasen en manos de coleccionistas privados?

Quizá se trate de un nuevo concepto, o no sea más que una prolongación del mercantilismo propio de este mundo cada vez más globalizado; sin embargo, pase lo que pase, sea quien sea el titular, nunca podremos soportar que sean otros los que gestionen nuestra memoria.



La exposición «Tesoros sumergidos de Egipto» se puede visitar hasta el 31 de diciembre en el Matadero de Legazpi (Madrid).
Abierto todos los días de 10’00 a 21’00 horas.
Entradas, en taquilla: 11 € (general), 9 € (reducida), 6 € (niños), 30 € (tarifa familiar). De lunes a viernes, promoción 2 x1 .

martes, 26 de agosto de 2008

Massa Solís

Hace unas semanas, los medios de comunicación se hicieron eco de una nueva polémica relacionada con la política cultural de nuestra ciudad. No voy a entrar al trapo, ni quiero señalar culpables ni víctimas, porque como ya he repetido en otros momentos, la intención de este blog no es cargar en discusiones que no llevan a ninguna parte, sino compartir y conversar sobre asuntos que me interesan y de los que me apetece hablar.

Por eso, aprovecho la ocasión para hacer sentir mi más sincera admiración por el que quizá sea el artista cacereño más reconocido internacionalmente. Digo cacereño porque vive en esta ciudad, aunque como todos sabemos, y él se siente bien orgulloso de ello, nació en Miajadas. También he comentado en alguna ocasión que el arte no es objetivo, y lo que a mi me puede parecer fantástico, como es el caso, a otro resultarle indiferente. Pero lo que hay que reconocer de Massa Solís es que sus cuadros se han convertido en iconos identificativos de la ciudad de Cáceres. No sólo porque los encontremos reproducidos en postales y catálogos, sino porque todos esos colores son los que vemos a diario en las calles y monumentos de Cáceres, pero que muy pocos se atreven a expresar.

A continuación, traigo una muestra de sus obras más características, de paisajes y rincones de la parte antigua, tantas veces paseados, y que algunos aún se empeñan en no querer valorar.

Cáceres, Patrimonio de la Humanidad (1997)
Acrílico sobre lienzo (116 x 89 cm.)
Colección del artista

Cáceres
Acrílico sobre lienzo (195 x 130 cm.)
Excmo. Ayuntamiento de Cáceres

Arco de la Estrella y Adarves (2002)
Acrílico sobre lienzo (130 x 97 cm.)
Colección del artista

Plaza Mayor (2005)
Acrílico sobre lienzo (100 x 81 cm.)
Colección del artista

Cáceres (2003)
Acrílico sobre lienzo (73 x 60 cm.)
Colección del artista

Aljibe árabe (Cáceres) (2000)
Acrílico sobre lienzo (100 x 81 cm.)
Caja de Extremadura, Palacio de Mayoralgo

Plaza de San Jorge (1991)
Acrílico sobre lienzo (73 x 60 cm.)
Palacio de la Isla

Adarves de la Estrella (Cáceres) (1991)
Acrílico sobre lienzo (73 x 60 cm.)
Palacio de la Isla

Torre de Bujaco (Cáceres) (1996)
Acrílico sobre lienzo (55 x 46 cm.)
Palacio de la Isla

Cáceres monumental (1989)
Acrílico sobre lienzo (73 x 60 cm.)
Palacio de la Isla

http://www.massasolis.com/

miércoles, 14 de mayo de 2008

La muerte del teniente Ruiz

Viendo la exposición sobre el 2 de Mayo en Madrid, de la que ya he hablado y que se encuentra en el centro Arte Canal, en la Plaza de Castilla, me enteré que el teniente Ruiz, el héroe de Monteleón, había fallecido en la provincia de Cáceres, concretamente en Trujillo.

Jacinto Ruiz y Mendoza (Ceuta, 1779 – Trujillo, 1809) era teniente de infantería y el 2 de mayo de 1808 se encontraba convaleciente de unas fiebres. Al enterarse de que el pueblo madrileño se había levantado en armas contra el invasor, saltó de la cama y se dirigió al cercano cuartel de Monteleón, donde los capitanes Pedro Velarde y Luis Daoíz habían repartido el poco armamento con el que contaban entre la población civil y a duras penas conseguían mantener a raya a los franceses, sólo con la ayuda de unos cuantos cañones.

Defensa del parque de artillería de Monteleón, obra de Joaquín Sorolla.

El teniente Ruiz fue herido en un brazo, pero tras ser curado, inmediatamente se reincorporó a la lucha. Caídos Daoíz y Velarde, cuando ya todo parecía perdido, Jacinto Ruiz se hizo cargo de la última y desperada defensa del cuartel. Finalmente una bala le atravesó el pecho, pero antes de que los franceses pudieran capturarle y cumplir con las órdenes que Murat les había dado, que eran las de fusilar a todos los defensores que hubieran quedado con vida, sus compañeros consiguieron sacarle allí y le condujeron hasta su domicilio. El doctor don José Rives trató de curarle las heridas, pero en vista de que el enemigo no tardaría en encontrarle, aquella misma noche preparó su huida de Madrid.

Tras un periplo del que poco se conoce, durante el que el teniente Ruiz, gravemente herido, ha de eludir constantemente los controles franceses, llega a Badajoz, ciudad que por el momento no estaba controlada por el invasor y donde además cuenta con la hospitalidad de su tío, el teniente coronel Juan Cebollino, al mando del regimiento de esta plaza. Allí se incorpora a la Guardia Valona y, en reconocimiento a su heroísmo, es ascendido a teniente coronel. Pero sus heridas, lejos de cicatrizar no hacen sino empeorar su maltrecho estado de salud.

Estatua del teniente Ruiz en la Plaza del Rey, Madrid (obra de Mariano Benlliure, 1891)

Quizá buscando un lugar donde poder reposar y recuperarse de las heridas, Jacinto Ruiz se traslada a Trujillo en compañía de su tío. Pero cada vez alberga menos esperanzas y el 11 de marzo de 1809 otorga testamento militar, donde hace declaración de sus bienes, entre los que se encuentran una cantidad de dinero en efectivo, un reloj de plata, unas espuelas y dos cubiertos del mismo metal, dos sortijas de oro, una maleta, varias prendas de vestir, tres pistolas y un caballo con los arreos de montar.

Dos días después fallecía sin haber cumplido los treinta años. Se le dio sepultura en la parroquia de San Martín, y en este lugar estuvo su sepultura hasta que, en junio de 1823, sus cenizas fueron trasladadas a Cádiz junto con las de Daoíz y Velarde, para ser colocadas en un monumento en la catedral.


Fuentes:
- J. Muñoz Maldonado:
«La Guerra de la Independencia en Extremadura. Efemérides de julio, 1808: el teniente Ruiz en Badajoz», Revista de Extremadura, X, nº 7, julio 1908; págs. 289-295.
- A. Baeza Herrazti (ed.): Jacinto Ruiz, hijo de Ceuta, héroe de España. Ceuta: Caja de Ahorros y Monte de Piedad, 1983.
- A. Sotelo Azorín: «Jacinto Ruiz Mendoza», Boletín de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, nº 8-9, 1987-1988, págs. 41-53.
- J. A. Ramos Rubio: «El testamento del Teniente Coronel de los Reales Ejércitos Jacinto Ruiz de Mendoza. Vida y hechos de un héroe» , XXII Coloquios Históricos de Extremadura. Homenaje a frey Nicolás de Ovando, comendador mayor de la orden de Alcántara y primer gobernador de Indias (Trujillo, 1993). Cáceres: Junta de Extremadura, 1996; págs. 427-432.
- J. Lozano Ramos y J. Luengo Blázquez: «Trujillo durante la Guerra de la Independencia y su intervención en ella», XXIII Coloquios Históricos de Extremadura. Homenaje a Luis Chamizo, poeta extremeño, en el primer centenario de su nacimiento (Trujillo, 1994). Cáceres: Institución Cultural «El Brocense», 1997; págs. 203-218.
- S. Nadales Zayas, «Retrato del teniente Jacinto Ruiz Mendoza», Militaria: Revista de Cultura Militar, nº 16, 2002, págs. 83-85.
- J. A. Ramos Rubio: «El teniente coronel de los reales ejércitos Jacinto Ruiz de Mendoza, vida y hechos de un héroe», Anales de la Real Academia de Doctores, vol. 8, nº 2, 2004; págs. 39-44.
- Idem: «Homenaje al Teniente Coronel de los Reales Ejércitos Jacinto Ruiz de Mendoza, natural de Ceuta», Ceuta en los siglos XIX y XX. Ceuta: Instituto de Estudios Ceutíes, 2004; págs. 423-430.

lunes, 5 de mayo de 2008

Crónica madrileña del 2 de mayo

Me he dado cuenta de que aunque me pase una semana sin escribir nada, el blog sigue recibiendo visitas. Una de dos: a la peña le gusta releer las entradas, o acaso hay quien tiene como rutina entrar en mi página cada mañana al encender el ordenador, esperando impaciente que ese día haya escrito algo. Seguramente os sorprenda y estaréis diciendo: «Vaya, este tío viene sobrado después del puente». Pues sí, vengo sobrado. Aunque, bromas aparte, realmente me pregunto si hay alguien a quién le interesa lo que escribo en este blog. Ya tendré tiempo de meditar sobre ello.

Ahora vamos al grano. Esta introducción con tono fanfarrón se me ha ocurrido porque de lo que hoy toca hablar es de la conmemoración de la revuelta del 2 de mayo en Madrid, cuando el pueblo se levantó en armas para darle su merecido al ejército del mayor fanfarrón de la Historia: Napoleón Bonaparte.


Para celebrar tan señalada fecha, el miércoles cogí el tren y a eso de las ocho de la tarde me había plantado en Atocha. No era cuestión de comenzar con excesos el largo puente que se avecinaba, aunque las buenas intenciones pocas veces se cumplen. Así que allá nos fuimos, y para qué contaros… Habíamos quedado con una amiga que acababa de llegar de Londres, y que se presentó con su flamante novio inglés. Ya no nos faltó entretenimiento en toda la noche, nos lo llevamos de un sitio a otro, sin que faltara a probar la leche de pantera del Chapandaz, y estuvimos recordando a sir Arthur Wellesley, primer duque de Wellington, y las palizas que ingleses, portugueses y españoles, fundamentalmente, les propinamos a los franceses en Talavera, La Albuera, Arapiles, Vitoria…


A la mañana siguiente, lógicamente nos levantamos tarde. Así nos ahorramos desayunar. Fuimos directamente a comer en bufet oriental donde te preparan la comida al wok. De camino, pasé por los túneles de la M-30, una prodigiosa obra de ingeniería digna de visitar. En el transcurso de la sobremesa estuvimos perfilando un proyecto empresarial que, quién sabe, pensamos que tendría un éxito seguro. Como la idea es demasiado buena, no doy más detalles, sólo puedo decir que todo surgió con unas toallitas perfumadas de esas que reparten para que te limpies los dedos después de comer.

La digestión fue un poco pesada, así que nos quedamos reposando en casa hasta eso de las ocho. Luego fuimos al barrio de Lavapiés, no a nada raro, sino a ver una representación teatral. Aunque exactamente no podríamos decir que se tratara de una función al uso. Aquí la valía de los actores no se medía en su capacidad para interpretar un personaje como Hamlet, sino en su destreza para improvisar, para salir airosos de los apuros. Eso que tanto miedo provoca a la mayoría de los actores, era el motivo en torno al que se desarrolla Deprisa y Corriendo, un espectáculo que aprovecho para recomendar a todo el que tenga ocasión de pasarse por la Sala Mirador de Madrid. Como he dicho, en el barrio de Lavapiés, concretamente en la calle Doctor Fourquet. Actuaba una chica de Cáceres, y tanto ella como sus compañeros nos hicieron sentir dolor de barriga de la risa que pasamos.


Una vez más, cenamos copiosamente y como señores, y después pusimos rumbo al barrio de Malasaña, para celebrar lo que habíamos venido a celebrar: el 2 de mayo. Como muchos sabréis, el barrio se encuentra donde antes estuvo el parque de artillería de Monteleón, en el que aquella jornada heroica un grupo heterogéneo de chisperos, artesanos… con los capitanes Daoiz y Velarde, y el teniente Ruiz a la cabeza, resistieron hasta tres veces las embestidas de los franceses, que no tuvieron agallas para pisotear el orgullo de los madrileños sino después de muertos. La zona recibe su nombre de Manolita Malasaña, una chiquilla de quince años que estuvo ayudando a su padre, llevándole la pólvora que necesitaba para el trabuco, y que murió alcanzada por una bala de los gabachos.


No nos encontramos con ningún francés en la Plaza del 2 de Mayo, en cambio lo que sí había era mucha policía. Mientras que los chisperos y las manolas de antaño habían sido sustituidos por yonkis, fumaos y demás calaña posmoderna. Esta vez sí, nos fuimos tempranito a acostar, no más allá de las cinco, para poder aprovechar el día siguiente.


El viernes me acompañó Felipe a ver la exposición Un pueblo, una nación. El 2 de mayo en Madrid, en el centro cultural del Canal de Isabel II, en la Plaza de Castilla. Impresionante, no me caben palabras para describirla. Además, es para verla, por eso sólo os animo a que, si podéis, le hagáis una visita. Después de haber estado trabajando durante un año en un museo, algo entiendo del tema, por eso creo que es perfecta, desde todos los puntos de vista… Se nota que detrás anda la mano de Pérez-Reverte, aunque seguro que el mérito es compartido. Una pena que se tratase de una exposición temporal, porque podría funcionar perfectamente como un gran centro de interpretación de la Guerra de la Independencia. Reitero mi recomendación: estáis a tiempo porque dura hasta septiembre.


Querría haber visto el espectáculo que la Fura dels Baus tenía preparado en torno a la Plaza de la Cibeles, pero me dijeron que estaba imposible llegar hasta allí. Así que me tuve que conformar con verlo por la televisión, y aquí os traigo un video de alguien que sí tuvo la suerte de asisitir en directo.




Por la noche, como era nuestra intención, hubo fiesta. Primera en la maravillosa terraza con vistas al último vestigio que la memoria histórica no ha podido borrar: el hospital militar Generalísimo Franco. No es recomendable mirar hacia allá con más de dos cubatas, porque os aseguro que se ven fantasmas. Después continuamos hasta altas horas escuchando la discografía al uso en cualquier otro sitio. Por cierto, he descubierto que si hablas en otro idioma, determinado tipo de gente parece que te toma más en serio.

El sábado madrugamos: a las dos estábamos en la Plaza Mayor metiéndonos un bocata de calamares entre pecho y espalda. Y a las tres --puntualidad británica, oiga--, en el Prado, para ver la exposición sobre Goya. Allá fuimos con Alberto, una víctima de la LOGSE, como tantos otros de su generación, que era la primera vez que pisaba la pinacoteca --y me dirá: «¿qué es eso?»--. Al pasar por delante de Las lanzas de Velázquez, sorprendido pensó que se trataba de los 300.

Por si no lo he dicho, Goya es mi pintor preferido. Por eso siempre que puedo me paso por el Prado para admirar sus cuadros, sus dibujos y sus grabados. Ahora había que ir a ver la reciente restauración de los lienzos que conmemoraban la fecha en la que estábamos. La exposición, aunque titulada Goya en tiempos de guerra, no era más que una sucesión de sus obras más importantes, de todas las épocas y sin que muchas tuvieran nada que ver con el conflicto bélico. La verdad es que no entendí muy bien el sentido ni la distribución del recorrido, pero disfruté como siempre con las pinturas del de Fuendetodos.


Aprovechamos también para ver la ampliación del Prado, ya que contaba con la inestimable compañía de dos futuros arquitectos. Moneo siempre me ha impresionado, aunque le veo un poco repetitivo en todo lo que hace. Luego también estuvimos paseando por la recién estrenada sede de Caixa Forum. En ambos casos, me parecieron geniales desde el punto de vista estético, pero enseguida te percatas de graves errores que hacen a estos magníficos edificios muy poco funcionales y hasta incómodos, tanto para quien los visita como quien trabaja en ellos.


Después de habernos saciado con tanta cultura, nos entró la sed. Y he aquí que comenzó nuestro peregrinar. Primero estuvimos en un hawaiano en la Plaza de Santa Ana, después en otro sitio donde fabricaban su propia cerveza --muy rica, por cierto--, para acabar en un clásico, bebiendo sangría en las Cuevas de Sésamo, también por la zona de Sol.

La ocasión lo merecía, no siempre vamos a poder celebrar el bicentenario de la serie de derrotas que le infringimos a la Grande Armée. Así que después de cenar continuó la fiesta. Primero en la terraza y después en un sitio de esos a los que uno piensa que no va a ir en la vida. Pues sí, estuve en Kapital. Me cobraron quince eurazos por entrar, así que pienso que estuve bailando toda la noche rodeado de los hijos de los narcotraficantes más famosos de Sudamérica, de los dictadores más sanguinarios de África o de los políticos y presidentes de corporaciones empresariales de nuestro país. Es una suposición nada más, uno que es muy prejuicioso. Quien sí estaba por allí era Juan el Golosina, aunque el primo Pedro, acostumbrado a confundir el nombre de la gente, se empeñara en llamarme Antonio.


El domingo no dio para mucho. Me hubiera gustado despedirme de don Leopoldo Calvo Sotelo, pero también había cola para entrar en la capilla ardiente. De todas maneras, me quedó con el emocionado recuerdo del que, de haber estado más tiempo, habría sido el mejor presidente de la democracia española. No conseguí pillar un autobús hasta las nueve de la noche. De estación en estación, acabé devorando en las revistas de Historia lo que aún no había aprendido en este fin de semana sobre la Guerra de la Independencia. He pretendido resumirlo todo lo más que he podido, por eso durante estos días a lo mejor sigo desgranando detalles, no tanto festivos como culturales, sobre este emocionante puente del 2 de mayo.


lunes, 31 de marzo de 2008

Una inscripción de Cáparra

En la exposición titulada En delicada forma…, que estos días se puede visitar en el Museo de Cáceres, en una de las vitrinas se muestra el siguiente fragmento de un ara votiva de mármol, procedente de las excavaciones llevadas a cabo en la ciudad romana de Cáparra en el año 2001.


Dimensiones: 13 x 10 cm.
Tamaño de la letras: 1,5 cm.
N.º de inventario: D-7057

Trazo de las letras recto y grabadas a bisel. Interpunciones triangulares.

Inédita.

L(ibens) · A(nimo) · S(olvit) / EX / [- - - - - -]

«Lo cumplió con agrado y por su propia voluntad (…)»

En la parte superior presenta un pequeño foculus (orificio), que seguramente habría servido para sostener una pequeña vela o cirio. La preposición EX seguida de un sustantivo en ablativo, indica el motivo de la ofrenda: ex visu, porque ha tenido una visión o se le ha aparecido el dios; ex iussu, por encargo de otra persona; ex testamento, en cumplimiento de un testamento… En esta inscripción en concreto, podemos suponer que fue dedicada por alguna de estas causas, pero desconocemos, porque falta en el fragmento que se ha perdido, tanto el nombre del donante como de la divinidad a la que iba dirigida.

La exposición «En delicada forma. 75 años del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas» se puede visitar hasta el 13 de abril en la Casa de los Caballos,
de martes a sábados: 9,00 - 14,30
domingos: 10,15 - 14,30
(entrada gratuita)

sábado, 22 de marzo de 2008

Cincinato

Ya he hablado en otra ocasión de la exposición que estos días se puede visitar en el Museo de Cáceres y que rememora sus 75 años de historia en la Casa de las Veletas. Al final del recorrido de la exposición podemos ver en una pantalla una recreación virtual de cómo era una sala del Museo en los años cincuenta. Llama la atención que las vitrinas, repletas de piezas arqueológicas de la índole más variada, se mezclaran con cuadros colgados de las paredes, también de muy distintas épocas. Si nos fijamos bien, podemos comprobar que algunos de esos cuadros ya no se encuentran en el Museo: unos están expuestos hoy día en la Casa Pedrilla, pues son propiedad de la Diputación, mientras que otros se corresponden con depósitos que en su día realizó el Museo del Prado, pero que a mediados de los ochenta se devolvieron a la pinacoteca, ya que existían dificultades para garantizar su perfecta seguridad y conservación.

Uno de estos cuadros es el siguiente, una obra maestra del neoclasicismo español, que sorprende que durante tantos años estuviese expuesto en un modesto museo de provincias, sin que hubiese llamado la atención ni de los técnicos del Prado, que autorizaron el depósito, ni de los visitantes del museo, que seguramente desconocían la trascendencia artística de la obra que tenían ante sus ojos.

Juan Antonio Ribera y Fernández (1779-1860)
Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma (c. 1806)
Óleo sobre lienzo (160 x 215 cm.)
Colección Real del Museo del Prado

Juan Antonio Ribera es quizá el pintor más representativo del neoclasicismo español, movimiento que no tuvo un desarrollo muy notable ni llegó a adquirir una identidad propia en nuestro país. Fue discípulo de Francisco Bayeu --el cuñado de Goya--, y muy pronto marchó a París, donde trabajó a las órdenes del mejor maestro que pudo encontrar: Jacques Louis David. De esta etapa parisina parece que puede proceder el cuadro que ahora nos ocupa. Después sería pintor de cámara de Carlos IV, durante el tiempo que a familia real pasó exiliada en Roma, y más tarde lo fue de su hijo, Fernando VII, y de su nieta, Isabel II, ya que gozó de una larga vida, durante la cual trató de mantenerse fiel a los postulados clasicistas, de pureza de las líneas y proporción en las formas, que aprendió en Francia.

El personaje que da título a la obra es quizá uno de mis favoritos de la Historia de Roma. Lucio Quincio Cincinato (519-439 a.C.) fue considerado, además de un héroe de la República, el arquetipo que resumía las principales virtudes romanas: austeridad, integridad moral y genio político y militar. Alcanzó el consulado en el 475 a.C., pero sus continuos desacuerdos con los tribunos de la plebe --algo parecido a los sindicalistas de hoy en día-- le condujeron a acabar aburrido de la vida pública y desencantado con la política. Por ello decidió retirarse al campo para dedicarse a las labores agrícolas, que era lo que en el fondo anhelaba cualquier romano pudiente de la época. Pero la tranquilidad y el sosiego no le duraron mucho al bueno de Cincinato, pues apenas había pasado un año cuando una delegación del Senado fue a buscarle para convencerle de que se hiciera cargo del ejército romano, que a duras penas trataba de impedir la invasión de los ecuos y los volscos. Según se cuenta, Cincinato estaba con las manos en el arado cuando se le presentaron los senadores. Se le otorgaron poderes absolutos y se le nombró dictador, y con esas venció a los invasores en apenas dieciséis días. Después rechazó todos los honores que le ofrecieron tras la victoria y regresó a su finca, donde siguió arando por donde lo había dejado (T. Liv., III, 25-29). Tito Livio nos cuenta que, cuando ya había cumplido los ochenta años, el Senado nombró dictador por segunda vez a Cincinato, en esta ocasión para que hiciera frente a las maquinaciones conspiratorias de Espurio Melio (T. Liv., IV, 13-15). La capital del estado norteamericano de Ohio, Cincinnati, recibe su nombre de este héroe de la Antigüedad, pues su virtud patriótica sirvió de ejemplo e inspiración a los promotores de la independencia de los EEUU.

La exposición «En delicada forma. 75 años del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas» se puede visitar hasta el 13 de abril en la Casa de los Caballos,
de martes a sábados: 9,00 - 14,30
domingos: 10,15 - 14,30
(entrada gratuita)

jueves, 20 de marzo de 2008

La relatividad del arte

Antes de nada, quiero advertir que detesto los programas de televisión que pretenden mezclar la información con el sensacionalismo. Y éste es uno de ellos; o al menos lo era, porque me parece que ya no lo emiten, o tiene otro nombre. También reconozco que la broma no es original, pues quiero recordar que a otros se les había ocurrido antes. De todas maneras, creo el vídeo es significativo y puede servirnos de argumento para la reflexión.



¿Cuál es mi opinión? Me da la sensación de que con el arte ha sucedido algo muy parecido a lo de los pisos en estos últimos años. La especulación ha llevado a que, tanto por uno como por otros, se paguen precios muy por encima de su valor real. Pero en el caso de la pintura, la escultura… se añade la gravedad de que, en función de su precio, se considera arte algo que ni por el más subjetivo de los principios nadie se creería que lo es. Reconozco un margen de error, pero algunas cosas que no hay quien se las trague. Aunque para convencernos ya existen los críticos, igual que para vendernos un piso en el que no viviría ni una rata hay agentes inmobiliarios. En este mundo existe tal cantidad de dinero negro, que cualquier motivo es bueno para blanquearlo. Es un resultado inherente del capitalismo. Ahora, me pregunto: ¿puede llevarnos el libre mercado a la aniquilación del arte (al menos como muchos lo entendemos)? ¿Cómo sabremos si estamos ante la libertad y la creatividad del artista o ante un engaño y una tapadera para lavar las miserias de los nuevos ricos? No me gustaría caer en la cuenta de que el arte florece más estando al lado del poder y de la religión, que cuando la democracia mal entendida permite que se convierta en algo vulgar (en el peor sentido del término).

viernes, 15 de febrero de 2008

Sólido de Constancio II

En la exposición que conmemora los 75 años del Museo de Cáceres en su actual establecimiento del Palacio de las Veletas, podemos ver, en una de las vitrinas, esta espectacular moneda de oro del emperador Constancio II. Apareció en el transcurso de los trabajos de excavación que se llevaron a cabo en la ciudad romana de Cáparra durante el 2001. En el Museo Nacional de Arte Romano me parece que se expone otra moneda, si no igual, muy parecida a ésta, encontrada en Mérida.


Módulo: 22 mm.
Peso: 4,6 gr.
Anverso: Busto del emperador de frente, diademado y con casco, coraza cubriéndole el pecho, apoya una lanza sobre el hombro derecho y sostiene una adarga decorada con un caballo con la mano izquierda. Leyenda: FL(avius) IVL(ius) CONSTAN-TIVS PERP(etuus) AVG(ustus).
Reverso: Alegorías de Roma y Constantinopla entronizadas, la primera de frente y la segunda girada a la izquierda con un pie sobre la proa de una galera. Ambas sostienen un escudo con la leyenda inscrita: VOT(a) XXX MVLT(is) XXXX. Alrededor: GLORIA REI-PVBLICAE. En el exergo, nombre de la ceca: S(acra) M(oneta)
N(icomedia) Bv.

(RIC VIII 74; Cohen 112)

Se trata de un sólido (solidus aureus), moneda que comenzó a ser acuñada entre los años 309 y 310, a raíz de la reforma monetaria emprendida por emperador Constantino «el Grande». Equivalía a 1/72 de libra y también tenía divisores: los semises, que valían la mitad, y los tremises, una tercera parte. En el nombre de solidus se encuentra la etimología de la palabra actual «sueldo», aunque, a más de uno, ya nos gustaría a final de mes que nos pagasen con monedas de oro. Creo que el precio de una como ésta en el mercado de antigüedades puede rondar los 900 €.

Constancio (317-361 d. C.) era el tercer hijo de Constantino «el Grande» y la emperatriz Fausta. A la muerte de su padre, ocurrida en el 337, con sus hermanos Constantino y Constante --por lo que se ve, no debieron quebrarse mucho la cabeza a la hora de elegir los nombres--, se dividió el Imperio. Constantino II recibió Britania, la Galia e Hispania; Constante reinó sobre Italia, África y las provincias ilíricas, y a Constancio II le correspondió Constantinopla y todo Oriente.

Este reparto se modificó en el 340, cuando Constantino II murió tratando de derrocar a Constante en Italia, y éste quedó como único soberano de la parte occidental del Imperio. Otro cambio en la división se produjo en el 350, año en que Constante falleció en una batalla frente a las tropas del usurpador Magnencio. Hasta entonces, Constancio II sólo se había preocupado de combatir contra el Imperio Persa, pero el desarrollo de los acontecimientos le obligó a elevar a su primo Constancio Galo a la categoría de césar y colaborador suyo, y de este modo poder prestarle más atención a la insurrección de Magnencio. Un año después, éste fue derrotado en la batalla de Mursa Major, una de las más sangrientas de la historia de Roma.

Sofocada la rebelión, Constancio II ordenó el asesinato de su primo Galo, por miedo a que pudiera encabezar un nuevo golpe de estado. Durante el resto de su vida se destacó por perseguir tenazmente la religión pagana, que todavía se practicaba y contaba con buen número de seguidores a lo largo y ancho del Imperio. Sin embargo, su punto de vista era coincidente con el del arrianismo, y trató de favorecer esta rama del cristianismo frente a la oficial surgida del concilio de Nicea (325).

Tras las purgas con que el emperador había tratado de librarse de posibles enemigos, no tuvo más remedio que nombrar césar a su cuñado Juliano, casado con su hermana Helena, el único varón de su familia que permanecía con vida. Pero este nombramiento le costó caro al emperador, pues Juliano se alzó en armas y fue proclamado augusto por sus tropas en la Galia. El 3 de noviembre de 361 Constancio murió cerca de Tarso a causa de unas fiebres, dejando a su enemigo el campo expedito para proclamarse emperador del Imperio Romano y restituir la religión pagana, de ahí su apodo de «el Apóstata».

Busto del emperador Constancio II en el Museo Centrale Montemartini (Roma).

La moneda que aquí nos ocupa conmemora el cumplimiento de los votos decenales por parte del emperador Constancio II. La expresión vota tricennalia multis votis quadracennalibus viene a indicar que se han cumplido treinta años del ascenso al trono del emperador y que éste espera renovar esos votos dentro de otros diez años. Por tanto, si consideramos como fecha del inicio del reinado de Constancio II la de su coronación como césar (324), podemos deducir que esta moneda fue acuñada en torno al 354.

Otro aspecto interesante es el de la representación alegórica de las ciudades de Roma y Constantinopla, que identifica la doble capitalidad establecida por el emperador Constantino con la fundación de la segunda en el año 330, quedando Roma como la ciudad más importante en el Imperio de Occidente y Constantinopla en el de Oriente. La marca de la ceca nos indica que esta moneda fue acuñada en Nicomedia, capital de la provincia de Bitinia (actual Izmit), y las letras Bv señalan la denominación de la oficina o el taller. Una moneda acuñada en una ciudad frente a la costa del Mar Negro que aparece en el otro extremo del Imperio, en este caso en la Lusitania, da pie a interesantes interpretaciones acerca de la fluidez de los contactos comerciales, en una época que tradicionalmente se consideró por parte de la historiografía como de decadencia y de crisis, aunque la evidencia de los hallazgos arqueológicos nos vienen a demostrar más bien lo contrario.

La cantidad de datos que se pueden extraer de una simple moneda, aparte del valor material que éstas puedan tener, es lo que hace de la numismática una de las disciplinas más sugerentes y entretenidas. También, por esta misma razón, es tan importante que los hallazgos monetarios tengan lugar en su contexto arqueológico, pues fuera de él, como en el caso de los expolios que tanto proliferan de manos de desaprensivos y piratas, las monedas pierden buena parte de su valor y la información que nos pudiera haber proporcionado.

Arco de Cáparra.


Para ver otras monedas acuñadas durante el mandato de Constancio II, se puede visitar la página: http://www.wildwinds.com/coins/ric/constantius_II/i.html

La exposición «En delicada forma. 75 años del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas» se puede visitar hasta el 13 de abril en la Casa de los Caballos,
de martes a sábados: 9,00 - 14,30
domingos: 10,15 - 14,30
(entrada gratuita)
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