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martes, 13 de enero de 2009

Tintín cumple 80 años


Aunque quién lo diría, a la vista de que sigue pareciendo un chaval. Y eso que durante estas ocho décadas no se puede decir que haya tenido tiempo para descansar: cuando no andaba buscando tesoros entre los restos de un galeón hundido en el fondo del mar; ayudaba a la policía a desmantelar redes criminales de narcotraficantes, falsificadores de dinero, comerciantes de armas o negreros; combatía con los guerrilleros de las selvas sudamericanas; desbarataba los planes de un golpe de estado contra un monarca en los Balcanes; escalaba las cimas del Himalaya y conocía al Yeti… e incluso fue el primer hombre en pisar la superficie de la Luna. En todas estas aventuras siempre contó con la compañía de su inseparable Milú, y con la ayuda inestimable de sus amigos el Capitán Haddock, el Profesor Tornasol, los detectives Hernández y Fernández o la soprano Bianca Castafiore. Demasiados viajes no exentos de riesgo que, sin embargo, no parece que le pasaran demasiada factura: más aún, antes que arredrarse, su espíritu rebosaba ímpetu y juventud, a la vista de una nueva aventura. Siempre fue el mismo, sin despeinarse el mechón pelirrojo, y sin necesidad de quitarse sus pantalones bombachos, hasta que en la década de los setenta alguien le dijo que mejor con unos vaqueros, por eso de no hacer el ridículo.


Conocéis de sobra mi afición por los cómics del joven reportero belga, pues en más de una ocasión lo he mencionado en este blog. Se trata de una pasión que me acompaña desde la infancia, y con el tiempo, en vez de disminuir, ha ido en aumento. De las pocas situaciones que todavía puedo recordar de cuando era niño, no se me borrará de la memoria cuando me sentaba al lado de mi padre y éste me leía las aventuras de Las siete bolas de cristal y El templo del Sol, que por entonces, me acuerdo, publicaban por entregas cada domingo en el suplemento de El País. Cuando aprendí a leer, fueron los primeros libros que me regalaron; y quizá por este motivo, también serían para siempre mis episodios preferidos de la serie, en los que Tintín viaja a Perú y descubre una civilización inca que sobrevive oculta en las montañas.


Después, poco a poco, me iría comprando toda la colección, y por ese cariño especial que se le concede a las primeras lecturas, y a pesar de conocerme todos los álbumes de memoria, hasta el más nimio detalle, conservo cada uno en perfecto estado y ordenados cronológicamente en una estantería. Junto a ellos tengo otras obras, más específicas y propias de coleccionistas, o de otros personajes creados por Hergé, como los traviesos Quique y Flupi.



En mi reciente viaje a Bruselas, aunque me quedé con ganas de ver el Museo del Cómic, no pude resistir la tentación de gastarme el dinero en una de las tiendas de Tintín. En Bélgica, todo el merchandising que rodea a las aventuras de Tintín está monopolizado por las tiendas oficiales, que, por cierto, son un poco caras. Aun así, cedí a la tentación y además de un Milú de peluche, postales, llaveros y otros zarrios, acabé comprándome esta maqueta, que reproduce la portada de El cangrejo de las pinzas de oro. Lo sé, no tengo remedio… ni remordimiento.


No quisiera soltaros más rollo, además tampoco son horas, aunque podría ponerme a contar y no parar… Por ejemplo, también me gustaría comentaros que, si bien todo el mundo sabe que la profesión de Tintín es la de reportero, nunca se le ve escribiendo una crónica, ni tampoco se sabe para qué periódico trabaja. Sólo en La oreja rota aparece tomando notas para un hipotético artículo sobre un robo en el museo, que después no llega a escribir. ¿Era un vago? ¿De dónde obtenía sus ingresos? Son preguntas que tampoco vienen al caso, y que quizá trate de contestar en otra ocasión. Por ahora, os dejo con estos capítulos de la serie de dibujos animados, que recrean los dos cómics que antes mencioné y dije que son mis favoritos: Las siete bolas de cristal y El templo del Sol. Buenas noches.



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jueves, 25 de diciembre de 2008

De paseo por Bélgica III

Me quedaba pendiente terminar de colgar las últimas fotos de mi escapada por tierras flamencas. Precisamente hoy hace ya un mes que estuve por allí. El tiempo se pasa volando, y más aun el mes de diciembre, entre tanto puente, celebraciones, comidas y demás. De aquí en adelante espero que todo me cunda más, porque si no este año que viene lo voy a tener que pedir con prórroga.


Más fotos de la fachada del Ayuntamiento. Todas las hornacinas estaban a rebosar de personajes, cada uno de ellos con su propia historia, por supuesto.

Monumento dedicado a Everard’t Serclaes, vecino de Bruselas que fue ejecutado en 1388, tras haber defendido la ciudad frente a las tropas de Luis II, conde de Flandes. Dicen que da buena suerte tocarle el brazo. Así está de desgastado, como el dedo gordo del pie del San Pedro de Alcántara en la Plaza de Santa María.

Una calle dedicada al Profesor Tornasol, nada menos...

... y un curioso trampantojo con Tintín y el Capitán Haddock.

Edificio de la Bolsa, de estilo paladiano, construido por el arquitecto Léon Suys entre 1867 y 1873. Algunos de los bajorrelieves y esculturas que decoran la fachada son obra de Auguste Rodin.

El Teatro Real se levantó en 1817 sobre el solar de una posada del siglo XV conocida como Hôtel des Monnaies, pero debido a que un incendio lo arrasó en 1855, sólo se conserva del primitivo edificio neoclásico la fachada y el frontón. El arquitecto Joseph Poelaert volvió a alzar el teatro después del desastre. El 25 de agosto de 1830, tras escuchar un encendido himno patriótico titulado Amour sacré de la patrie, la audiencia se lanzó a la calle, dando comienzo así la revuelta nacionalista que finalmente conduciría a la independencia de Bélgica respecto al Reino Unido de los Países Bajos.

Me llamó la atención: la «calle del puterío». En España somos más finos, y los solemos llamar barrios chinos.

Estatua de Alberto I, rey de los belgas entre 1909 y 1934.




Edificio Old England, joya del art nouveau construido en 1899 por el arquitecto Paul Saintenoy para albergar unos grandes almacenes.

Iglesia de St-Jacques-sur-Coudenberg, en la Place Royale. Pude haber sacado más fotos por esta zona, pero, como siempre, íbamos corriendo con la hora pegada al culo.


Place du Petit Sablon. Recibe este nombre por encontrarse situada en unos terrenos que antaño fueron unas marismas arenosas. La valla que encierra los jardines está rematada con cuarenta y ocho estatuas de bronce realizadas por el escultor de art noveau Paul Hankar; cada una de ellas representa un gremio medieval de la ciudad. También se puede contemplar una fuente construida en recuerdo de los condes de Egmont y Horn, que promovieron el levantamiento de los Países Bajos contra la corona y española y por este motivo Felipe II les mandó decapitar en la Grand Place. A cada lado se ubican otras doce estatuas de personajes de los siglos XV y XVI, entre ellos, Gerhard Mercator, el geógrafo flamenco que inventó el sistema de proyección cartográfica que utilizamos hoy en día.


Notre-Dame du Sablon, uno de los pocos ejemplos que quedan del gótico en el ducado de Brabante.

Y después de la caminata, nada mejor que un almuerzo. Tenía tan buena pinta, que no pude resistir a sacarle una foto para el recuerdo.

De vuelta a casa, nos encontramos con el europarlamentario y locutor de la COPE Luis Herrero, que muy amable accedió a hacerse una foto con nosotros y a firmarnos autógrafos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

De paseo por Bélgica II

El día 25 por la mañana nos dedicamos a visitar las instituciones europeas, motivo principal de este viaje. Desayunamos, como no podía ser menos, un tazón de chocolate con dulces también rellenos de chocolate… pero chocolate de verdad, no como el que te sirven en España, que como le echan vete a saber qué para espesarlo, acaba no sabiendo a nada.

A la salida del hotel, la torre del Ayuntamiento al fondo, construida en 1449 por Jan van Ruysbroeck.

Bruselas se despierta como cualquier otra ciudad europea: la gente corre para no perder el metro, los niños van en bicicleta al colegio, los comerciantes descargan las furgonetas…

Las famosas maisons de maître (casas de los maestros), viviendas de los antiguos artesanos que evidencian el pasado gremial de la ciudad.

Chapelle de la Madeleine. Esta pequeña iglesia se ubicaba en el lugar que ahora ocupa la Estación Central, pero a principios de la década de los cincuenta, se trasladó, piedra a piedra, algo más abajo para permitir la construcción de la estación art decó y un aparcamiento.

Galeries St-Hubert, la primera galería comercial de Europa y una de las más elegantes. Inauguradas en 1847 por Leopoldo I, el primer rey de Bélgica, fueron diseñadas en un estilo neorrenacentista por Jean-Pierre Cluysenaar. Comprende tres galerías: Galerie du Roi, Galerie de la Reine y Galerie des Princes, todas ellas cubiertas por una bóveda de vidrio. En ellas se concentran tiendas de lujo, cafés, restaurantes, un cine y un teatro.


El Parlamento Europeo cuenta con tres sedes: una permanente en Estrasburgo (Francia), donde se celebran una vez al mes las sesiones plenarias; el centro administrativo que se encuentra en Luxemburgo; y ésta, donde se desarrollan las reuniones del comité y los períodos ordinarios de sesiones. Se trata de un enorme complejo de acero y vidrio, y por su espectacularidad popularmente es conocido como caprice des dieux («el capricho de los dioses»).

Junto a la alegoría del euro, premonición de quizá este año (esta vez sí) me toque la lotería de Navidad.

Raro, ¿verdad?

¿A quién no le gustaría ser europarlamentario? No solo por sus sueldos y dietas millonarias, sino por esos sillones tan cómodos…

Edificio Justus Lipsius, sede del Consejo de la UE.

El edificio Berlaymont, cuartel general de la Comisión Europea. Durante la década de los noventa tuvo que ser desalojado y prácticamente desmontado entero para volver a construirlo de nuevo, ya que sus estructura contenía amianto en grandes proporciones, lo que suponía un grave riesgo para la salud de los miles de funcionarios europeos que trabajan allí.

Comimos en el restaurante del edificio de la Comisión, y por cierto, todo estaba para chuparse los dedos. Un motivo más para pensarse en preparar unas oposiciones para funcionario europeo. Después del almuerzo, nos recibieron en la Oficina de Extremadura en Bruselas; y acompañados de compatriotas, nos fuimos a tomar unas cervezas a la Grand Place y a cenar en el Chez Léon, uno de los restaurantes más típicos de Bruselas.



El Ayuntamiento (Hôtel de Ville) del siglo XV, impresionante demostración del poder civil. La torre mide 96 m de altura y está ligeramente torcida.

Detalle de la fachada del palacio de los duques de Brabante, conjunto neoclásico de raíz flamenca diseñado por Guillaume de Bruyn.

Edificios gremiales de la Grand Place. En el centro, la sede del sindicato de los cerveceros (brasseurs). A estos me afiliaba yo sin dudarlo…

La Maison du Roi, construida en 1536 y reformada en 1873. Fue la residencia de los monarcas españoles y actualmente acoge el Musée de la Ville, con pinturas del siglo XVI, tapices y los trajes del Manneken Pis. (Los adornos navideños me impedían hacer fotos panorámicas).


Estuvimos tomando unas cervezas en Le Roi d’Espagne, el bar más famoso de la Grand Place. El busto dorado que hay sobre la puerta representa a Saint Aubert, patrón de los panaderos, con lo que deducimos que este edificio fuese propiedad de dicho gremio.

En la tercera planta de Le Roi d’Espagne se encuentra este busto de Carlos II, el rey más subnormal de todos los que nos han caído en gracia a los españoles.


A la izquierda se encuentra Le Cornet, edificio de estilo flamenco italianizante, que fue la sede del gremio de los remeros (1697). Es muy conocido por su frontispicio, construido en forma de fragata del siglo XVII.


La Grand Place iluminada por la noche, con espectaculares juegos de luz y color.

Cenamos en el Chez Léon, uno de los restaurantes más típicos de Bruselas. No faltaron los famosos Moules-frites: mejillones al vapor en su jugo con cebolla y vino blanco, servidos con patatas fritas y mayonesa. Estaban muy buenos, pero prefiero los mejillones gallegos, mucho más gordos y con mejor color.

Resumen de nuestro viaje a Bruselas en la página web del Ayuntamiento de Cáceres.
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