sábado, 10 de mayo de 2008

Mayo del 68

A veces pienso en que me hubiera gustado nacer cuarenta años antes. Algunos acontecimientos me quedan muy lejanos, tanto que incluso mis padres eran unos niños cuando sucedieron. Pero a veces he pensado que de haber nacido cuarenta años antes, me hubiera gustado estar presente, primero en las protestas estudiantiles de mayo del 68, y después en la revolución de los claveles en Portugal.

En el fondo tendré que resignarme y sentirme afortunado por haber nacido el mismo año que la selección española le empaquetó doce goles a Malta. De venir al mundo unas décadas antes, tengo por seguro que me habría llevado ostias hasta en el cielo de la boca. Uno que no se puede quedar callado, aunque antes a los que no se limitaban a verlas venir les llamaban inconformistas.


De haber vivido la primavera del 68, seguramente estuviese entre los que se encaramaron a los tanques en las calles de Praga; los que arrancaban adoquines en Saint-Denis, con la esperanza de encontrar debajo alguna playa; o corriendo delante de los grises por los pasillos de la Complutense --pues por aquel entonces en Extremadura ni siquiera había universidad--, y puede que hasta yo fuera el descerebrado que les tirara a la cara un crucifijo.

Aquellas jornadas gloriosas fueron para haberlas vivido. De nada sirven que nos cuenten lo que pasó. Sobre todo porque de la ilusión que entonces estalló no nos queda nada. Otra cosa son las ideas, con las que algún que otro freak podemos seguir comulgando. En un graffiti pintado en París durante aquellos días se podía leer: «Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas». Y así sucedió. Aunque creo que precisamente no cavaron las suyas propias, sino las de sus hijos.


Los héroes del 68, los líderes estudiantiles, aquellos rebeldes sin remedio, pertenecen a una generación que, próximos a la jubilación, tienen la vida resuelta. Después de cuestionar la sociedad, de poner el Estado patas arriba y levantar barricadas, hoy en su mayoría se sienten cómodos en sus cargos políticos, sus cátedras de universidad y enfundados en sus trajes de burgueses satisfechos. Mientras tanto, los que nacimos con la vista puesta en la televisión y los dedos pegados a los mandos de una videoconsola, miramos al futuro con indiferencia, sin necesidad de trastocar ni conseguir nada, porque para cambiar de canal ya existe el mando a distancia.


Los motivos para transformar el mundo son los mismos ahora que en mayo del 68, pero nos faltan los huevos que nuestros padres tuvieron, o quizá es que éstos nos pesan demasiado. Aunque, la verdad, si después de hacer la revolución me veo encumbrado a lo más alto de escala política y social, a lo mejor me lo pensaba dos veces. Como rezaba otro graffiti de aquella época, «no quiero un mundo donde la garantía de no morir de hambre supone el riesgo de morir de aburrimiento».


Por ahora, del mayo del 68 me quedo con frases lapidarias como esta otra: «En una sociedad que ha abolido toda aventura, la única aventura que resta es abolir la sociedad»; también con las niñas en minifalda, con lo que nos quedó dicho Luther King, con la música de Simon y Garfunkel... En aquel mes de mayo, seguramente habría estado arrojando adoquines al ritmo de esta canción:



Para despedirme, permitidme hacerlo con otro epitafio: «Tomemos en serio la revolución, pero no nos tomemos en serio a nosotros mismos». Y, por supuesto, aunque para alguno le resulte tópico...

5 comentarios:

Minerva dijo...

Hola Antonio!

Estaba echando un vistazo al link que has puesto en tu post sobre los acontecimientos de mayo de 1968 la verdad no conocía del tema, definitivamente los franceses tienen una vena de lucha bastante fuerte, jajaja. Interesante el tema, y de los slogans que vi en esa página me quedo con: "La imaginación al poder".

Personalmente a mi no me atrae esa onda de protesta, debe que ser que soy demasiado tranquila o un tanto egoista, jajaja. Pero hay que reconocer que ese tipo de luchas han traído también cambios beneficiosos.

Y por cierto felicitaciones por esa mención especial que te hicieron.

Un abrazo

Antonio Norbano dijo...

Muchas gracias por tu felicitación, Minerva.

Me extraña que te declares tan ajena a cualquier movimiento de protesta, cuando en Hispanoamérica contáis con la más dilatada tradición revolucionaria. Aunque, como he dicho, en realidad a toda nuestra generación todo aquello le parece algo lejano y sin sentido. Efectos colaterales de la globalización.

Por cierto, no me he hecho referencia, pero los acontecimientos más sangrientos del mayo del 68 tuvieron lugar en México, cuando fueron reprimidas las protestas estudiantiles en la Plaza de Tlateloco. Después del baño de sangre, se inauguraron los Juegos Olímpicos, como si nada hubiese pasado... (lo cual me recuerda a lo que hoy está sucediendo). Luego está la muerte del Che en Bolivia, aunque de esto sería para hablar aparte.

Quién sabe. Puede que un día nos demos cuenta de lo que realmente nos rodea, y entonces no tengamos más remedio que retomar la revolución.

Un abrazo,

JUAN dijo...

Buenas, antonio:

Como dices que no te escribo, aquí te planto hoy mis divagaciones:

Me encanta la canción de Serrat y me emociono solo de escucharla. Es interesante el movimiento del mayo del 68 que terminó extendiéndose por muchos países. Pero interesante es también la posterior revolución de los claveles en Portugal, en la que el publo que se mezcló en las calles con los militares demostró como la vía del pacifismo puede ser útil para lograr las aspiracines de la sociedad.

A la sudamericana saludarla y decirle que sí que es verdad que cuentan con grandes brotes de revolucionairos por aquellas tierras mágicas que estoy deseando visitar. La historia de Sudamérica es apasionante y rica en ese sentido.La lástima es que el populista, el yankee y el cura han hecho de apagafuegos de la revolución.Todavía hoy la Iglesia, como veo por algunas amistades de allí, tiene bastante peso en la sociedad e inocula al pueblo la anestesia de la resignación. Salvo esa magnífico movimiento de la teología de la liberación. Así que a vosotros os quedan aún algunas revoluciones para acabar con esos que os alienan- no se me tome en el sentido marxista. Así que ya sabéis, ¡ abajo los oligarcas y la virgen de Guadalupe!

Antonio Norbano dijo...

Juan Antonio, la canción es de Ismael Serrano. ¬¬

Anónimo dijo...

Ah vale, vale.

Ya sabía que era de Serrano. Ha sido un despiste. Es que como de Serrat se habla tanto ahora me ha traicionado el subconsciente. Además la última que escuché la canción era de su tu disco de Serrano que lo pusiste hace unos años en casa de Mari Ángeles. Más tarde fuimos juntos al concierto como recordarás.

Por cierto que estoy apuntándome al curso de " Represión..." que organiza Chaves en Castuera. No sorprende el tema por cierto. Animaos y a ver si arrastro yo a gente de por aquí. Un abrazo para todos de vuestro amigo Juan.
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