martes, 10 de junio de 2008

El fantasma del Teatro Principal

Hace más o menos un mes, la alcaldesa, con varios concejales y algunos miembros de la plataforma que pretende recuperar el antiguo Teatro Principal, o al menos lo que queda de él, visitaron los restos del inmueble que se encuentra en la Plaza de las Canterías y se plantearon seriamente que el Ayuntamiento adquiriera este edificio para dedicarlo a usos culturales. Una magnífica propuesta, que esperemos que prospere y finalmente se lleve a cabo, por el bien de la ciudad.


El Teatro Principal, también conocido como Teatro de Pedrilla o de la calle Sande, fue el primero que con carácter estable se levantó en la entonces villa de Cáceres. El 5 de diciembre de 1798 se dio cuenta de un memorial suscrito por el comerciante Ventura Carlés y Busquet, donde pedía permiso al consistorio para edificar a sus expensas un patio de comedias en el lugar donde tenía unas casas de su propiedad, situadas entre la calle de Peña y de los Peces (actualmente la plazuela de las Canterías). Según Publio Hurtado, «en noviembre de 1801 se terminaron las obras, presentando el teatro un aspecto no sólo decente sino hasta lujoso, dadas las exigencias de los espectadores de aquellos días y las necesidades de la escena».


A primeros de junio de 1802 tuvo lugar su inauguración, a la que acudió no sólo la flor y nata de la sociedad cacereña, sino hasta el último hijo de vecino. Las representaciones elegidas para aquella ocasión fueron El desdén con el desdén, de Agustín Moreto, y La Casa de Tócame Roque, de Ramón de la Cruz. Así, durante los años siguientes, el Teatro Principal siguió acogiendo las más diversas actuaciones de las compañías dramáticas que pasaban por Cáceres, e incluso vio la puesta en escena de obras escritas por autores cacereños, como Antonio Hurtado Valhondo, y otras interpretadas por algunos vecinos aficionados a la farándula.

Don Antonio Hurtado Valhondo (1824-1878)

En 1923 el teatro fue adquirido por el controvertido obispo Pedro Segura Sáez, que le cambió el nombre por el de Salón Extremadura y lo dedicó a proyecciones cinematográficas y funciones benéficas. Por cierto, que este sería el primer cine estable que hubo en la ciudad, muchos años antes de que se levantara el también desaparecido Cine Norba. En los años cuarenta el edificio de la calle Peñas se encontraba en desuso y fue comprado por la familia Alonso, que instaló en él una panadería, llamada Panadería Principal en recuerdo del antiguo teatro. Aunque se derribó buena parte de la edificación original para construir unas viviendas, la propietaria de la panadería tuvo el acierto de conservar a la vista las columnas de piedra que separaban los palcos del desaparecido coliseo y sostenían una galería superior. Y estos mismos restos son los que se conservan actualmente.

La Plaza de las Canterías, con las obras el solar donde su día estuvo el Teatro Principal, al fondo.

Hace unos días me contaron una historia sorprendente. Resulta que esta misma señora, la dueña de la panadería, a la que llamaban La Rumalda, solía decir que en más de una ocasión había visto un fantasma. En un pequeño patio que debía haber junto a lo que antes fue el teatro, más de una noche se encontró con el espectro de lo que parecía una monja, sentada en el brocal de un pozo que allí se conservaba, con aire melancólico y atisbando la profundidad del mismo.


Pero esto no me hubiera parecido más que una simple anécdota, si no es porque resulta que en el mismo lugar donde durante décadas había estado el Teatro Principal, no se sabe cuánto antes, parece ser que hubo un convento u oratorio de monjas. De hecho, tampoco hace mucho, en el transcurso de unas obras en la Plaza de las Canterías, aparecieron unos huesos humanos, que bien podrían haber sido del cementerio de este convento. Luego, existe la leyenda popular de que una novicia se enamoró de un apuesto caballero que la cortejaba, y como no podía romper sus votos ni su familia tampoco vería aquella relación con buenos ojos, más aún después de haber pagado la dote; la frágil muchacha, desesperada, decidió terminar con su vida arrojándose a un pozo.


Bibliografía:
- Germán Sellers de Paz: Cáceres visto por un periodista (20.000 años de vida). Cáceres: EdiSell, 1995; págs. 408-409.
- Miguel Muñoz de San Pedro, conde Canilleros: La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia. Cáceres: Ayuntamiento de Cáceres, 1999; págs. 44-45.
- Publio Hurtado: Recuerdos cacereños del siglo XIX. Sevilla: [s.n.], 2000; págs. 282-309.
- José Luis Bermejo: «El primer teatro estable cacereño», El Periódico Extremadura, 18 de enero de 2004.
- José Luis Bermejo: «SOS, salvemos el Teatro Principal», El Periódico Extremadura, 18 de febrero de 2005.
- Cristina Carrasco Roncero: Teatro Principal. Cáceres: la autora, 2007.