lunes, 19 de mayo de 2008

Crónica de la batalla de La Albuera

El 16 de mayo de 1811, tropas francesas provenientes de Sevilla y dirigidas por el mariscal Soult se aproximaban a la ciudad de Badajoz con el propósito de romper el cerco al que los aliados la sometían desde hacía apenas una semana. Pero antes de que pudieran atisbar las murallas que se yerguen sobre el Guadiana, el mariscal Beresford reunió un contingente de tropas españolas, británicas y portuguesas que salieron al encuentro de los franceses, plantándoles cara en los llanos que rodean La Albuera.

Las fuerzas españolas estaban al mando del general Joaquín Blake, quien contaba con la inestimable compañía del general Castaños, el héroe de Bailén. En total, el ejército aliado lo componían unos 14.600 españoles, 10.000 británicos y 10.000 portugueses. Frente a ellos, las fuerzas de Soult, aunque menores en número (sumaban unos 24.200 hombres), superaban a sus enemigos en habilidad táctica y experiencia en el combate.


La batalla comenzó cuando Soult lanzó en un ataque frontal sobre el pueblo a cuatro compañías de ulanos --los temidos jinetes lanceros polacos--, que cruzaron el río y sembraron el caos entre las filas aliadas. Pero esta primera embestida no era más que una estratagema para desviar la atención de los aliados, mientras el grueso del ejército francés se desplazaba hacia el sur con la intención de acometer una maniobra envolvente sobre su adversario.

Sin embargo, el coronel alemán Bertold Schepeler, que años atrás había combatido a las órdenes de Soult y ahora formaba parte del ejército aliado, advirtió las intenciones del mariscal francés y hubo tiempo suficiente para movilizar las tropas que pudieran repeler el ataque. A partir de entonces todo se complica y ambos ejércitos entablan una dura batalla, sucediéndose toda una serie de maniobras que no entro a detallar, por no aburrir. La lluvia y el granizo hacen acto de presencia, dificultando aún más la acción de soldados y jinetes, que tienen que combatir empapados y manchados de barro hasta las trancas. Con la niebla y el humo de la pólvora, la visibilidad se hace casi imposible, y en más de una ocasión tanto aliados como franceses no se percatan de que están disparando contra sus propias filas. El 57º Regimiento de Línea británico es aniquilado, y cuando su comandante, el coronel Inglis, es herido de muerte y le retiraban del campo de batalla, aún le quedan fuerzas para gritar: Die hard! Die hard! («¡Morid peleando!»). Desde entonces, a los miembros de este regimiento se les conocería como the diehards.

El mariscal Jean de Dieu Soult (1769-1851)

Las bajas para ambos contendientes fueron inasumibles: más de 13.000 entre muertos y heridos, lo que hace que esta batalla sea una de las más sangrientas de la Guerra de la Independencia. Los campos de La Albuera quedaron repletos de cadáveres sin enterrar. Ambos ejércitos se adjudicaron la victoria, aunque en tales circunstancias ni unos ni otros podrían presumir de ella. Se puede considerar que los aliados obtuvieron una victoria táctica, ya que Soult dio marcha atrás y regresó a Sevilla; pero poco después británicos, españoles y portugueses tuvieron que abandonar el asedio de Badajoz, que no pudo ser tomada hasta un año después, cuando el mismo general Wellington se presentó ante sus puertas.

Marshal Beresford disarming a Polish lancer at the Battle of Albuera, de T. Sutherland (1831). Beresford estuvo a punto de ser derribado por un ulano polaco, al que derribó un granadero de la escolta del mariscal.

Ayer, como todos los años, el pueblo de La Albuera revivió las horas trágicas de aquella batalla. Las tropas de Soult y Beresford volvieron a batirse frente al puente, los lanceros polacos sembaron el terror entre las filas aliadas y los cañones retumbaron contra las formaciones de los regimientos de voluntarios españoles y portugueses. Como ya he comentado en otras ocasiones, a veces las lecciones de historia no se aprenden en los libros, sino que es preciso vivirlas. Ayer fue la ocasión.

El mariscal Beresford, supongo, acompañado de su señora y un lacayo.

Oficial de gastadores.

El autor de este blog junto a las veteranas tropas de la Grande Armée y una portuguesa con bigote dispuesta a que le pidiera matrimonio.

¿El general Castaños?

Granaderos del Ejército Imperial.

Las tropas invasoras del mariscal Soult.

Regimiento de Dragones del ejército de Su Majestad.

Las tropas británicas desfilan por las calles de La Albuera.

Las descargas de la artillería provoca estragos en las filas enemigas.

Batería aliada.

Un voluntario catalán acompaña a una pareja de cazadores afanados en hacer blanco.

Fusilero escocés cargando su arma.

Infantería de línea británica.

El autor de este blog junto a algunos oficiales del ejército aliado. El primero por la izquierda es Daren Norris, descendiente Thomas Norris, un británico que combatió en La Albuera con el 57th Foot Regiment (Middlesex Regiment).

El coronel William Inglis al frente del 57º Regimiento Middlesex.

Tropas francesas y aliadas toman posiciones en el campo de batalla.

Tropas españolas con un estandarte donde declaran luchar por el rei Fernando VIIº. Así nos ha ido siempre, tomando por redentor al soplagaitas más inepto.

La Cruz de San Andrés, enseña de los antiguos Tercios, ondea orgullosa sobre los campos de La Albuera.

La niebla y el humo provoca momentos de confusión entre ambos ejércitos, que desorientados llegan a disparar contra sus propias filas.

La Guardia Valona cruza el puente al encuentro del invasor francés.

Fusileros del 23º Regimiento Royal Welch.

La artillería francesa trata de despejar el puente.

La insolencia de los gabachos se pasea sobre los cadáveres de los soldados aliados caídos en la batalla.



La carnicería ha sido igual para ambos bandos. Y para el incauto que se viera envuelto en el fuego cruzado...

Confraternizando con los supervivientes de la batalla.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Antonio:
Soy una participante de la Batalla de La Albuera y la verdad que me parece muy interesante todas las fotos y comentarios.
No se si tendras mas fotos para ver si me las podrias pasar por correo.
Gracias

Antonio Norbano dijo...

Amigo anónimo,
Lo siento. Estas son las fotos más aceptables que tengo. El resto o no salen muy bien o son tiernas estampas familiares posando con los figurantes.
Por cierto, ¿en qué regimiento ibas? Te reitero mi enhorabuena y a todos los demás participantes en la recreación.
Un saludo,

Anónimo dijo...

Hola Antonio:
Gracias a tu contestación, la verdad que es una pena que no tengas mas fotos, porque yo no pude hacer ninguna y me gustaria tener algunas.
Yo iba en el regimiento de los Buffs, ese en el que tienes puesta una fotos con dos de ellos y sus vendas en la cabeza.
Muchas gracias por tu asistencia al pueblo, la verdad que es muy gratificante ver como vienen cientos de personas a ver lo que con tanto esfuerzo e ilusión llevamos desde varios meses antes preparando.
Por cierto, las fotos son buenas, me gustan bastante.
Un saludo

Anónimo dijo...

Estimado amigo Antonio:

Cada vez me gusta más este Blog. Qué buenas fotos has hecho de la Albuera. Tampoco sabía yo que Lord Byron tuviese un poema dedicado a la Batalla. Por cierto que yo la última vez que estuve me encontré allí a Juan Sánchez y me presentó a su encantadora esposa. Por cierto, que apenas habló.

Ya que te escribo una nota nuevamente, te comento que por qué no le dices a Cecilia que el día de nuestro examen de oposición echemos después un rato por Badajoz, si hubiese tiempo. Un abrazo para los dos, y dale ánimos de mi parte. Yo, no sé, lo llevo con cierta tranquilidad.

Juan Antonio, desde Talavera.

Antonio Norbano dijo...

Me alegra que te guste el blog, Juan Antonio. El poema de Lord Byron no está dedicado por completo a la Batalla de La Albuera, pero tiene algunas estrofas dedicadas a ella. Se trata de una de sus obras más famosas: Las peregrinaciones de Childe Harold (Childe Harold's Pilgrimage). Por ciero, aquí puedes encontrar el texto completo: http://www.english.upenn.edu/Projects/knarf/Byron/charoldt.html
Un abrazo,
ANTONIO

elmiradordetenerife dijo...

Que maravillas de fotografías Antonio, por lo que se ve la gente disfruta bastante con esta festividad. Pienso participar el próximo año si las vacaciones me lo permiten, porque creo que no hay que perderse algo importante de la historia de España, además que se ve un ambiente genial y una coordialidad que no pensaba. Saludos