miércoles, 7 de mayo de 2008

¡Larga vida al choricero!

Me paso todo el fin de semana en Madrid, celebrando el 2 de mayo, y cuando llego a casa me encuentro con la siguiente noticia:

«Una representación del PP de Badajoz lleva flores a la tumba de Manuel Godoy en París»

En primer lugar, hay que reconocer que el Partido Popular no está atravesando uno de sus mejores momentos. En segundo, como historiador no me gusta valorar, mucho menos en lo personal, a determinados personajes importantes de la Historia de nuestro país. No por respeto hacia nadie, sino porque uno no se puede considerar experto ni en todas las materias ni en cada una de las etapas históricas, y además ya existen suficientes profesionales que se encargan de escribir documentadas y rigurosas biografías. Aunque me supongo que estos señores que se fueron de excursión a París han debido leer más bien poco sobre el que en su día llamaron el Príncipe de la Paz. Una vez más, me da la sensación que estamos ante un nuevo episodio de historia contrafactual.

Recientes estudios, de los que a continuación indicaré algunos títulos, han tratado de rehabilitar la figura y la memoria de Manuel Godoy, presentándolo como un hombre ilustrado, promotor de las ciencias, las letras, el arte… y no como el cazurro mentecato que la historiografía tradicional se había encargado de difundir. Sin embargo, es mi opinión, la torpeza política del valido de Carlos IV, más interesado en su propia promoción y en conservar el poder a toda costa, en detrimento de los intereses del país y la monarquía, nos llevaron --y le llevaron-- a vivir episodios tan lamentables como la derrota de Trafalgar, el Motín de Aranjuez o la invasión napoleónica. Pero como antes he dicho, yo no quiero ser el crítico que que se arriesgue a meter la pata, por eso a continuación transcribo parte de un artículo de Arturo Pérez-Reverte, que, sin duda, sabe captar con refinada precisión qué papel desempeñaron determinados personajes de la Historia de nuestro país y en qué contexto deberíamos valorarlos, sobre todo teniendo en cuenta a las imponentes personalidades que sobresalieron en otras naciones, frente a las que las nuestras nos les llegaban ni a la altura de la suela de la bota.

Mientras Francia tenía a Fouché y a Talleyrand, Austria a Metternich e Inglaterra a Pitt, España tuvo a Godoy, príncipe de la Paz y ministro universal, cuyo mérito principal --Trafalgar e invasión napoleónica aparte-- consistió en hacerle la pelota al rey y calzarse a una reina más golfa que María Martillo. Y a continuación, para rematar el paisaje, vino un vil zurullo llamado Fernando VII, con el canónigo Escóiquiz apuntándole al oído a quién tenía que encarcelar y a quién tenía que fusilar. Quiero decir con esto que, hasta en el reparto de malvados, a los españoles nos tocaron siempre los desechos de tienta y los mierdas sin remedio. Aquí, hasta para mentir, robar, manipular, nuestros hombres públicos fueron --y lo siguen siendo--, salvo contadas e ilustres excepciones, bajunos, mediocres, torpes, y a menudo analfabetos de cultura kleenex sin clase ni luces.


Breve bibliografía sobre Manuel Godoy:
- C. Pereyra: Cartas confidenciales de la reina María Luisa y de don Manuel de Godoy. Madrid: M. Aguilar, 1935.
- Carlos Seco Serrano: Godoy: el hombre y el político. Madrid: Espasa Calpe, 1978.
- I. Rose-de Viejo, E. la Parra López y E. Giménez López: La imagen de Manuel Godoy. Badajoz: Editora Regional de Extremadura, 2001.
- E. la Parra López y M. A. Melón Jiménez (coords.): Manuel Godoy y la Ilustración. Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2001.
- E. la Parra López: Manuel Godoy: la aventura del poder. Barcelona: Tusquets, 2002.
- M. A. Melón Jiménez, E. la Parra López y F. T. Pérez: Manuel Godoy y su tiempo. Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2003.
- E. Rúspoli (ed.): Memorias de Godoy. Madrid: La Esfera de los Libros, 2008.