viernes, 29 de febrero de 2008

La Guerra de Troya contada por un andaluz

El vídeo esta dividido en dos partes. Para ver la continuación, pincha aquí.

jueves, 28 de febrero de 2008

Los caminos que conducen a Roma

Continúo con mi particular obsesión por desentrañar qué hay de cierto y qué es lo inventado en la serie Roma.

Livia aparece como la primera mujer de Octavio Augusto, cuando lo cierto es que el emperador ya había estado casado antes en dos ocasiones: la primera con Claudia, hija del cuestor Publio Claudio Pulcro; y la segunda con Escribonia, con la que tuvo a su única hija, Julia, que más adelante cobraría un papel fundamental al casarse sucesivamente con Marcelo, el hijo de Octavia; con Agripa, con el que tuvo cinco niños; y, finalmente, con el emperador Tiberio.


Precisamente a Tiberio sí que se le menciona en la serie. Por entonces debía ser un niño pequeño y aparece como hijo de Livia, ya que ésta se encontraba casada y, para contraer matrimonio con Octavio, tenía que pedir el divorcio de su hasta entonces marido, Tiberio Claudio Nerón. No debió ser muy difícil conseguir la nulidad, ya que éste hacía tiempo que había huido de Roma y era enemigo declarado de Octavio, combatiendo primero del lado de los asesinos de César, después con Marco Antonio y, por último, junto a Sexto Pompeyo en Sicilia. Sin embargo, Livia y Tib. Claudio Nerón tuvieron otro hijo, aparte de Tiberio, que fue su hermano pequeño Druso (38-9 a.C.).

En la batalla de Filipos (42 a.C.), Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino no mueren como se cuenta en la serie, sino que ambos se suicidaron. En realidad la batalla consistió en dos enfrentamientos que se desarrollaron en días distintos. En el primero, el 3 de octubre de aquel año, Bruto entabló combate con Octavio, mientras las fuerzas de Marco Antonio se batían contra las de Casio. En un primer momento, Bruto hizo retroceder a Octavio y se adentró en su campamento; pero en otra parte, al mismo tiempo, Casio era derrotado por Marco Antonio y, tras recibir un informe equivocado en el que le comunicaban que Bruto también había fracasado --lo que no era cierto--, le ordenó a su liberto Píndaro que le clavase una espada. Bruto regresó pensando que la victoria había sido completa y se encontró a Casio muerto. El segundo enfrentamiento se desarrolló veinte días después y, entonces sí, el triunfo de los triunviros fue demoledor. Bruto, vencido y desolado, se arrojó sobre su propia espada (Plut., Brut., XLIII-XLIV).


Bruto estaba casado con la hija de Catón, su prima hermana Porcia Catonis, de la cual no se oye hablar en toda la serie. Y sobre Bruto precisamente quería volver a incidir por algo que ya comenté. El que a César, justo antes de morir, se le oyera decirle aquello de Tu quoque, filii mihi? («¿Tú también, hijo mío?») nos lo cuenta William Shakespeare en su tragedia sobre el dictador. Entre los autores clásicos, sólo Suetonio nos relata que le dirigiera unas palabras parecidas, aunque según dice, las pronunció en griego (Suet., Caes., LXXIII). En contra de lo que se suele repetir por ahí, César nunca consideró designar Bruto su hijo adoptivo, ni mucho menos su sucesor; aunque, a pesar de sus diferencias políticas, ambos mantenían muy buena relación y sentían una admiración mutua --y esto aparece muy bien reflejado en la serie--. El único a quién César tomó en adopción fue Octavio, y como tal sería luego su principal heredero. Por eso, algunos historiadores consideran que, más que una queja afectuosa, tales palabras dirigidas a Bruto no pretendían sino ironizar sobre las relaciones adúlteras que César había mantenido con su madre, Servilia.

martes, 26 de febrero de 2008

Cine «made in Cáceres»

Desde hace un mes para acá me ha dado por ver todas las películas en las que aparecen escenas que se hayan rodado en la parte antigua de Cáceres. Es el caso de 1492: La conquista del paraíso, de Ridley Scott, con Gérard Depardieu en el papel de Cristóbal Colón; o La fierecilla domada, con una estupenda Carmen Sevilla; Los señores del acero, de Paul Verhoeven --el director de Instinto Básico--… u otras más recientes como La Celestina --pésima adaptación del clásico de Fernando de Rojas, con una aún peor e insufrible Penélope Cruz-- o Teresa, el cuerpo de Cristo, con Paz Vega, que todavía no he tenido tiempo de ver. Pero, entre todas, me he llevado una sorpresa al encontrarme el siguiente corto que circula por la red, que no sólo tiene el mérito de estar rodado íntegramente en Cáceres y sus alrededores, sino porque sus creadores, bastante ingeniosos, por cierto, también son cacereños.

lunes, 25 de febrero de 2008

Atia, Octavia y Servilia

Hace más de dos semanas me dedicaba a comentar algunos aspectos de la serie Roma, que en su momento emitieron en la Cuatro. Luego he corregido aquella entrada, pues lo que dije respecto a las calzadas romanas no era del todo correcto. No fuera a ser que alguien se llevara a equívoco. En esta semana he terminado de ver la segunda temporada, que todavía no se ha estrenado en abierto. Puedo adelantar, para el que todavía no la haya visto, que no me ha defraudado y que, en cuanto al argumento y la interpretación, sigue prácticamente la misma línea que la anterior temporada. La trama se desarrolla, esta vez, durante los años que transcurren entre el asesinato de Julio César y el suicido de Marco Antonio y Cleopatra, que tiene como desenlace la coronación de Octavio Augusto como emperador.

Como ya hice antes, quisiera puntualizar algunos aspectos en los que la serie no es fiel a la realidad histórica, aunque, reitero, que junto a clásicos del cine como Ben-Hur o Espartaco, a mi humilde entender, es la mejor recreación de la vida cotidiana y los sucesos políticos de Roma que se ha visto en mucho tiempo por televisión.


En este caso, quisiera centrar la atención en el personaje de Atia, la madre de Octavio, interpretada por la actriz Polly Walker. Atia Balba Cesonia (85-43 a.C.) era hija de Julia, la hermana mayor de Julio César, y de Marco Atio Balbo. Aunque son muy pocos los testimonios sobre su persona con los que contamos, tradicionalmente fue considerada como una mujer respetable y muy piadosa, nada que ver con la arpía intrigante y viciosa que nos retrata la serie. Tácito la consideraba como el ideal de la matrona romana.

Su romance con Marco Antonio forma parte de la ficción de la serie. En realidad, en esa época se encontraba casada con su segundo marido, Lucio Marcio Filipo, que fue cónsul en el 56 a.C y gobernador de Siria desde el 59 a.C. Por motivos obvios este marido no forma parte de la trama de la serie ni se le menciona en ningún momento. Aunque no tuvo descendencia con Atia, sí fueron criados por ésta sus dos hijos de un matrimonio anterior. La hija, Marcia, se casó con Marco Porcio Catón «el Joven», del que ya hablé porque también sale en la serie. En la ficción Atia es de los pocos personajes que permanecen con vida hasta el final, pero lo cierto es que se sabe que su muerte ocurrió en el 43 a. C., durante el primer consulado de su hijo Octavio, que se encargó de rendirle los más altos honores en su funeral. Por tanto, de acuerdo con lo que nos dice la Historia, Atia tendría que haber fallecido en el capítulo 3 de esta segunda temporada. Al haberse quedado viudo, Filipo se casó después con una hermana de Atia.


Por otra parte, el personaje de Octavia (64 a.C.-11 d.C.), la hija de Atia y hermana del emperador Octavio, no ha sido tan adulterado como el de su madre. Octavia, y su hermano Octavio, eran hijos del senador Cayo Octavio Turino, fallecido en el 59 a.C. Octavia era conocida como «la Menor», para diferenciarla de su hermanastra Octavia «la Mayor», hija del primer matrimonio de su padre.

Su primer marido, como aparece en la serie, fue Cayo Claudio Marcelo, y aunque es cierto que su familia intentó anular este matrimonio para que Octavia se pudiese casar con Pompeyo, Marcelo no fue asesinado, a pesar de ser un destacado opositor a César. Tampoco dicen nada en la serie, pero Octavia y Marcelo tuvieron tres hijos: Marco Claudio Marcelo (43-23 a.C.), Claudia Marcela Maior y Claudia Marcela Minor. El romance de Octavia con Vipsanio Agripa también forma parte de la ficción; sin embargo, su hija Marcela «la Menor», varios años después, sería la segunda esposa del famoso general.

De su matrimonio con Marco Antonio, aunque estuvo motivado por razones políticas, tuvo dos hijas, que esta vez sí aparecen en la serie. Fueron Antonia «la Mayor», que sería la abuela de la emperatriz Mesalina; y Antonia «la Menor», madre del emperador Claudio (esposo de Mesalina), abuela de Calígula y bisabuela de Nerón. Sí es cierto, como también aparece reflejado en la serie, que, a pesar que en el 32 a.C. Octavia se divorciara oficialmente de Marco Antonio, tras la muerte de éste en Egipto, se hizo cargo de la crianza de los hijos que había tenido con Cleopatra: los gemelos Cleopatra Selene y Alejandro Helios, y Tolomeo Filadelfo. Alejandro Helios y Tolomeo Filadelfo murieron a los diez y a los cuatro años aproximada y respectivamente de su llegada a Roma. Por su parte, Cleopatra Selene recibió una educación romana y se convirtió en reina de Mauritania tras casarse con el rey Juba II.

Por último, y para no calentarnos la cabeza con más nombres y genealogías, me referiré al tercer personaje femenino principal de la serie, Servilia, la madre de Marco Junio Bruto, el más conocido de los asesinos de César. Servilia Cepionis era hija de Quinto Servilio Cepión --nieto del militar del mismo nombre, cónsul en el 140 a.C. que luchó contra Viriato y levantó el campamento de Castra Servilia, en las inmediaciones de Cáceres--. Por parte de su madre, Livia Drusa, era hermanastra de Marco Porcio Catón «el Joven», y creo recordar que esto sí se llega a mencionar en la serie.

También es cierto que Servilia fue amante de César, aunque ¿cómo podemos estar tan seguros de que esta afirmación sea verdad y no se tratase sólo de rumores difundidos en la época? Las fuentes coinciden al señalar que, durante la reunión del Senado en la que Cicerón acababa de desenmascarar la conspiración de Catilina, César había permanecido ajeno a todo, enfrascado en la lectura de una carta. Catón, que le había estado observando, le acusó de estar involucrado en la conjura y de haber recibido una carta del propio Catilina o de sus secuaces. César afirmó que el mensaje era de una amante, pero Catón no le creyó. Entonces, César le entregó la carta con toda naturalidad. La misiva resultó estar firmada por Servilia, por lo que Catón --que recordemos era su hermanastro--, furioso y avergonzado tras la lectura de la carta, se la arrojó a César gritándole «¡Toma, borracho!» (Plut., Cat., XXIV). Así fue como de paso toda Roma se enteró que la noble Servilia mantenía una relación sentimental con Julio César.

Los amores de César y Servilia también son relatados por Suetonio:

Pero, más que a ninguna otra, amó a Servilia, madre de Marco Bruto, a la que ya durante su primer consulado le había comprado una perla, valorada en seis millones de sestercios, y luego, durante la guerra civil, aparte de otros obsequios, le hizo adjudicar, en una venta en subasta pública, una enorme y espléndida hacienda a bajísimo precio. Y así, Cicerón, en una ocasión en que un grupo de gente comentaban sorprendidos aquella ganga, les dijo con gran socarronería: «Para que entendáis mejor qué gran compra ha hecho, restad además un tercio»; pues se pensaba, en efecto, que Servilia intentaba liar a su hija Tertia con César.

(Suet., Caes., L)

Servilia contrajo matrimonio en dos ocasiones. La primera con Marco Junio Bruto, un partidario de Mario, que fue el padre del ya citado y del mismo nombre, amigo y asesino de César. Tras la muerte de aquél se casó con Décimo Junio Silano, cónsul en el 62 a.C., con el que tuvo tres hijas, todas llamadas Junia, aunque ninguna de ellas es mencionada en la serie; y eso que la más joven de todas, Junia Tertia, fue la esposa de Cayo Casio, otro de los asesinos de César, y la mediana, Junia Secunda, de Marco Emilio Lépido, el triunviro, ambos personajes que aparecen en la serie, aunque en ningún momento que redordemos se hace referencia a estos parentescos.

A pesar de su romance con César, es cierto que los conjurados que acabaron con la vida del dictador se reunieron en la víspera del crimen en casa de Servilia e, incluso, que su consejo fue tenido en cuenta, aunque no existen pruebas de que ella misma estuviera involucrada en la conspiración y, menos, que fuera su cerebro. Servilia falleció por causas naturales después del 42 a.C., por tanto, al menos un año después que Atia, su acérrima enemiga en la serie. Sin embargo, tal rivalidad también es ficticia y --¿quién sabe?-- puede que se tratase de amigas del alma; aunque en ésta, como en otras ocasiones, las fuentes guardan silencio y es entonces cuando la imaginación de los guionistas cobra protagonismo.

viernes, 22 de febrero de 2008

La crisis que se avecina

Ayer no vi el debate entre Solbes y Pizarro. Siempre tengo cosas mejores que hacer. De todas maneras, ni uno ni otro me iban a contar nada nuevo. Lo poco que sé de economía creo que lo tengo bastante claro y se resume en principios muy simples. Uno de estos axiomas es el siguiente: «o las cosas van bien o se joden y van mal.» Ahora, es complementario con este otro: «siempre habrá unos pocos que tendrán mucho y otros muchos que tendrán muy poco.» Ayer precisamente encontré esta otra máxima, que añadiré a mi manual básico de economía. Creo que la pintada es del metro de Madrid:

jueves, 21 de febrero de 2008

Harpócrates, el dios del silencio

Continuamos donde lo dejamos ayer, haciendo un repaso de los más recientes descubrimientos arqueológicos. Leo en el último número de Foro, el boletín informativo del Consorcio de Mérida, que en los trabajos de excavación que se vienen llevando a cabo en un solar de la Barriada de San Agustín, en esta ciudad, se han encontrado una serie de enterramientos del siglo I d. C. En uno de ellos ha aparecido un espectacular ajuar funerario, compuesto por diferentes objetos de vidrio, cerámica, bronce… Entre todos estos materiales destaca una figura de unos 3 cm., fabricada en bronce, que representa a un niño con pelo ensortijado, que se lleva la mano derecha a la boca, como si indicara su deseo de guardar silencio.

Se corresponde con la imagen tradicional del dios Harpócrates, una divinidad egipcia --cuyo nombre original era Hor-pa-jard-- asimilada en el panteón romano como una especie de genio protector; por esta razón y su pequeño tamaño, la figurilla encontrada habría tenido un valor como talismán. «En la antigüedad, Harpócrates encarnaba al secreto que, como en el presente, se fortalece por el silencio pero se debilita y desvanece por la revelación. Los orígenes del mito se remontan al antiguo Egipto, donde era personificado por el dios Horus --hijo de Isis y Osiris--. En Grecia comparte atributos con Hércules, Baco y Eros niños. Con este último llega a sincretizarse hasta el punto de conocerse, con las dos denominaciones, a un mismo dios, con idénticos atributos.»

«Harpócrates» en lenguaje jeroglífico.


Estatua de Harpócrates encontrada en Begram (Afganistán).

Resulta muy sugerente contar con una divinidad como ésta, alguien a quien poder encomendarse para guardar un secreto. Me imagino que más de un romano o una romana le dedicarían sus plegarias, aunque supongo que para mantener el secreto no sería necesario desvelárselo al dios, por eso de que las paredes oyen. Y si los secretos se mantienen con el silencio, pero también con las mentiras; en estos días de campaña que nos esperan, a algún que otro político le convendría tener al divino Harpócrates bien presente.

Sendos artículos sobre el hallazgo han sido publicados, entre otros, en los periódicos Hoy (20-II-2008) y La Vanguardia (17-II-2008).
Sobre Harpócrates se puede encontrar más información en la
Wikipedia. Un artículo muy interesante, también aquí.

En cuanto a la noticia de ayer, sobre la aparición de restos humanos relacionados con el antiguo cementerio de la parroquia de San Mateo, hoy es tratada con más profusión por los periódicos Hoy y
Extremadura.

miércoles, 20 de febrero de 2008

El cementerio de San Mateo

Para completar la jornada, termino hablando de más hallazgos. Esta mañana leía en el periódico que en el transcurso de las obras que se están realizando en la Calle Ancha, creo que para la acometida del gas, habían aparecido huesos humanos, en concreto «fragmentos de dos cráneos y un fémur casi entero». Afortunadamente la obra ha contado desde el principio con un seguimiento arqueológico, así que éstos y otros restos que quizá se descubran en los próximos días van a poder ser debidamente documentados.

No obstante, presiento que no se va a encontrar mucho más, ya que este mediodía estuve por allí curioseando y he visto que la zanja que se está abriendo no es nueva, sino se está aprovechando la que hace décadas se excavó para meter otras tuberías. La tierra está muy removida, con mucho escombro de relleno, y por los laterales del hueco se puede apreciar que ésta primera zanja fue abierta en gran parte sobre la roca madre de pizarra. La potencia del suelo es poco profunda, por lo que no es probable que en una trinchera de apenas un metro aparezca algún enterramiento intacto. Por eso, los que temían que más de una procesión no iba a salir esta Semana Santa pueden respirar tranquilos. El resto tendremos que esperar otra oportunidad.


Los huesos, sin duda, pertenecen al cementerio de San Mateo. Pero, como digo, va a ser muy difícil encontrar algún enterramiento in situ que nos permitiera identificar exactamente dónde se situaba, ya que el terreno está muy arrasado. Recuérdese que durante toda la Edad Media y Moderna la gente se enterraba alrededor de sus parroquias, como es el caso. Sin embargo, tampoco haría falta decirlo, los nobles gozaban del privilegio de poderse sepultar en el interior de las iglesias y conventos. Hasta bien entrado el siglo XVIII, no se comenzaron a aplicar en las ciudades medidas higiénicas que incluían la construcción de los camposantos fuera de las mismas. En Cáceres, el primer cementerio de estas características se situó al lado a la ermita del Espíritu Santo, y del mismo actualmente no queda más que el arco que se encuentra a la entrada de la Avenida de la Hispanidad. El vecindario no empezó a enterrarse en el cementerio municipal hasta mediados del XIX.

Hace más de un siglo, Juan Sanguino se refería a los cementerios parroquiales en sus Notas referentes a Cáceres. Explicaba la ubicación de cada uno de los que se tenía noticia y hablaba también del hallazgo de algún que otro hueso en el transcurso de obras de canalización, como ha sucedido esta semana en San Mateo u ocurrió hace varios años alrededor de la iglesia de San Juan:

Al hacer excavaciones alrededor de las iglesias parroquiales para la conducción de aguas de las Minas u otras obras se han encontrado los restos humanos de los enterrados allí en otros siglos. Aun en el Potro de Santa Clara, al rebajar el piso para dar más suavidad a la acera que pasa por delante de la portería del convento, se encontraron huesos y alguna moneda, que no llegué a ver.

En algunas piedras de las casas que rodeaban la parroquia se esculpía la palabra
Cementerio, como pueden verse aún hoy en variadas abreviaturas. Refiriéndose al de San Mateo, se hallan en la Casa del Sol, esquina a la calle de la Monja, y en la esquina de la casa que lleva los blasones de los Ulloas en la calle Ancha, que hace esquina a la Plazuela, dando su frente a la Parroquia la inscripción, por cierto, poco visible, por la contextura del granito.

Junto a Santa María puede leerse lo mismo, bajo el balcón de esquina de la primitiva casa de los Carvajales, y en la pared de lo que es hoy jardín de la misma casa, frente a la verja de Santa María o del antiguo Convento de Jesús. En esta piedra pocos se habrían fijado, pues está baja, tocando con la acera, y confusa su lectura. Dicen si las tapias en que está, donde se ve que hubo una puerta, y hay una reja, fueron de una casa que algunos señalan con el nombre de Casa Quemada.

Junto a Santiago, en la casa esquina a la calle de Caleros, también se nota la inscripción, aunque blanqueadas; y en San Juan se lee en el mismo muro de la sacristía, en la parte que da hacia la calle de Gallegos en su entrada.

(J. Sanguino Michel, Notas referentes a Cáceres, ed. Norba, 1996 [facsímil del original de 1903-1920], n. n.º 10, pp. 19-20)


Sobre el cementerio de San Mateo, todavía hoy puede distinguirse una de las abreviaturas de las que nos habla Sanguino, inscrita sobre un sillar en la esquina de la Casa del Sol.

La noticia sobre el hallazgo de huesos humanos en la Plaza de San Mateo aparece publicada en el periódico Hoy. V. también en A. Bueno Flores: Cáceres: historia escrita en piedra. Badajoz: Asamblea de Extremadura, 2006; págs. 98-99.

Dos importantes hallazgos arqueológicos

Hoy el día parece dedicado a la arqueología. En esta semana ya de plena campaña electoral y en la que el futuro internacional parece barruntar complicaciones, mientras los demás se preocupan, prefiero mirar al pasado y deleitarme con historias de antiguos tesoros escondidos y el recuerdo de civilizaciones que estuvieron muy por encima de la nuestra.

Las dos noticias son de lo más interesantes (y espectaculares). Una se refiere a que unos cazatesoros alemanes dicen haber encontrado dos toneladas del oro que en su día los nazis robaron del Salón de Ámbar, en el Palacio de Invierno de los zares en San Petersburgo, y que se halla escondido en unas minas de sal abandonadas en la frontera entre Alemania y la República Checa:

http://www.dw-world.de/dw/article/0,2144,3132501,00.html

La otra noticia ha aparecido incluso en algún telediario y, aunque no tan sorprendente como la anterior, no deja de suscitar interés. Un arqueólogo español acaba de desenterrar intacta la tumba de un arquero egipcio de la XVIII dinastía, de hace nada menos que 4.000 años:

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/02/18/cultura/1203342004.html

Vegas del Mocho

Ayer leía en la prensa que, supongo que desde una promotora, se solicitaba licencia al Ayuntamiento para incrementar el número de viviendas que se pretenden construir en la urbanización Vegas del Mocho. Para el que no lo sepa, pues el nombre no es muy familiar, este lugar se encuentra en la margen izquierda de la Ribera, en la zona donde está el centro de oportunidades del Corte Inglés y donde hasta hace unos años se ubicaban los viveros municipales. No sé si la petición de ampliar la urbanización carecerá de sentido, dado el actual estado de crisis del sector inmobiliario, o si se trata de una bravuconada especuladora; lo único que espero es que al menos se haga caso, por una vez, a la opinión de los técnicos, pues supongo que el comienzo de estas obras habrán contado con el pertinente seguimiento arqueológico.

Aunque muy poca gente lo sabe, en ambas orillas de este tramo del Marco es posible encontrar restos del Paleolítico Inferior, con una antigüedad comprendida entre los 800.000 y los 150.000 años. No es de extrañar, pues aunque se trate de un suelo arcilloso y calizo, abundan materiales de aluvión, como la cuarcita, con que nuestros antepasados tallaban los instrumentos que hoy por allí se encuentran (bifaces, hendidores…). Tengo entendido que el equipo de investigación de los Primeros Pobladores, dirigido por los profesores Toni Canals y Eudald Carbonell, andan detrás de que se proteja el yacimiento, con la posibilidad de poder excavarlo. Y no es para menos, pues la información que se podría extraer de él sería complementaria a la de otros cercanos, como el de Vendimia o las cuevas de Santa Ana, el Conejar y Maltravieso. Esperemos que muy pronto este lugar se incluya en la lista de lugares protegidos, por el bien de nuestro patrimonio y en defensa de nuestros intereses culturales.

En el Museo de Cáceres se guardan algunas piezas realmente extraordinarias, como éstas que encontró precisamente un jardinero del antiguo vivero municipal, de manera casual, cuando se arrancó algún árbol y aparecieron entre sus raíces.

Bifaz de cuarcita, 116 x 75 mm. (n.º de inventario: D-7007)


Bifaz de cuarcita con restos de córtex en su superficie, 120 x 68 mm. (n.º de inv.: D-7048)

Bifaz de cuarcita, 132 x 91 mm. (n.º de inv.: D-7049)

Como se puede observar, los utensilios estaban realizados con cantos rodados de la Ribera. Empleando una técnica de talla adecuada, mediante golpes transversales con otras piedras, se conseguía darle forma al útil y obtener un filo cortante. Este tipo de industria se podría considerar dentro del modo Achelense.

Para completar con más ejemplos la abundancia de hallazgos con que se prodiga esta zona, también muestro otros utensilios que encontré hace tiempo paseando por allí. Éstos están elaborados en cuarzo blanco y, aunque no son tan impresionantes como los depositados el Museo, resultan igualmente interesantes.

Bifaz (140 x 105 mm.); cuchillo (121 x 60 mm.); pequeño bifaz o raedera (100 x 52 mm.)

La noticia sobre la posibilidad de construir más viviendas en las Vegas del Mocho aparecía publicada ayer, 19 de febrero, en los periódicos Hoy y Extremadura.

martes, 19 de febrero de 2008

Sócrates

Para conocer y comprender la Historia no siempre hay que recurrir a voluminosos y aburridos tomos, escritos con letra diminuta y que no contagian un ápice de entusiasmo o sensibilidad. La Historia --y la Filosofía, en este caso-- pueden resultar disciplinas incluso divertidas, dependiendo de quien las cuente. Es lo que sucede con las viñetas de mi compañero de carrera Luis M. Pelaz, en las que, en mi opinión, no creo que ridiculice, sino que retrata vivamente al filósofo más importante e influyente de la Grecia Clásica.

Le deseo a Luis (y a su socio David) mucha suerte en su recién estrenada andadura empresarial. Espero con impaciencia que en su blog aparezcan en los próximos días nuevas aventuras y ocurrencias de Sócrates, en compañía de sus disícpulos Alcibíades y Platón.




lunes, 18 de febrero de 2008

Ahora resulta que soy de izquierdas

Los que me conozcan quizás crean que estoy de guasa. Pero no, es el resultado de un cuestionario que acabo de rellenar, que te indica tu posición ideológica y orientación política. Cualquiera puede probar suerte, la página es la siguiente: http://www.politicalcompass.org/


A mí lo de ser de izquierdas o de derechas siempre me ha parecido una soberana memez. Pienso que no responde más que a la necesidad que tiene el ser humano de identificarse y sentirse identificado con algo, por la misma razón que un tipo puede ser del Betis o del Sevilla. Además, si por votar a un partido o a otro se puede considerar que uno es de un lado o el contrario, tampoco tendría por quien definirme, ya que durante estos años de mayoría de edad ningún partido ni ningún candidato han sido dignos merecedores de mi sufragio. Sin embargo, si ahora alguien me pregunta, podré responderle objetivamente que soy de izquierdas (ni autoritario ni demasiado liberal), aunque hasta el momento mi familia y mis amigos ni siquiera lo habían sospechado.

Por cierto, no entiendo que hace el Papa en el cuadrante de la izquierda y alguien como Romano Prodi en el de la derecha.

sábado, 16 de febrero de 2008

Ya falta menos...

Puede que su método diste mucho del de Harris o Carandini, pero los que nos dedicamos a esta profesión hemos de reconocer que en nuestra infancia siempre deseamos ser como él…



Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, la cuarta entrega de la saga, se estrena el 22 de mayo en los cines de todo el mundo.

viernes, 15 de febrero de 2008

Sólido de Constancio II

En la exposición que conmemora los 75 años del Museo de Cáceres en su actual establecimiento del Palacio de las Veletas, podemos ver, en una de las vitrinas, esta espectacular moneda de oro del emperador Constancio II. Apareció en el transcurso de los trabajos de excavación que se llevaron a cabo en la ciudad romana de Cáparra durante el 2001. En el Museo Nacional de Arte Romano me parece que se expone otra moneda, si no igual, muy parecida a ésta, encontrada en Mérida.


Módulo: 22 mm.
Peso: 4,6 gr.
Anverso: Busto del emperador de frente, diademado y con casco, coraza cubriéndole el pecho, apoya una lanza sobre el hombro derecho y sostiene una adarga decorada con un caballo con la mano izquierda. Leyenda: FL(avius) IVL(ius) CONSTAN-TIVS PERP(etuus) AVG(ustus).
Reverso: Alegorías de Roma y Constantinopla entronizadas, la primera de frente y la segunda girada a la izquierda con un pie sobre la proa de una galera. Ambas sostienen un escudo con la leyenda inscrita: VOT(a) XXX MVLT(is) XXXX. Alrededor: GLORIA REI-PVBLICAE. En el exergo, nombre de la ceca: S(acra) M(oneta)
N(icomedia) Bv.

(RIC VIII 74; Cohen 112)

Se trata de un sólido (solidus aureus), moneda que comenzó a ser acuñada entre los años 309 y 310, a raíz de la reforma monetaria emprendida por emperador Constantino «el Grande». Equivalía a 1/72 de libra y también tenía divisores: los semises, que valían la mitad, y los tremises, una tercera parte. En el nombre de solidus se encuentra la etimología de la palabra actual «sueldo», aunque, a más de uno, ya nos gustaría a final de mes que nos pagasen con monedas de oro. Creo que el precio de una como ésta en el mercado de antigüedades puede rondar los 900 €.

Constancio (317-361 d. C.) era el tercer hijo de Constantino «el Grande» y la emperatriz Fausta. A la muerte de su padre, ocurrida en el 337, con sus hermanos Constantino y Constante --por lo que se ve, no debieron quebrarse mucho la cabeza a la hora de elegir los nombres--, se dividió el Imperio. Constantino II recibió Britania, la Galia e Hispania; Constante reinó sobre Italia, África y las provincias ilíricas, y a Constancio II le correspondió Constantinopla y todo Oriente.

Este reparto se modificó en el 340, cuando Constantino II murió tratando de derrocar a Constante en Italia, y éste quedó como único soberano de la parte occidental del Imperio. Otro cambio en la división se produjo en el 350, año en que Constante falleció en una batalla frente a las tropas del usurpador Magnencio. Hasta entonces, Constancio II sólo se había preocupado de combatir contra el Imperio Persa, pero el desarrollo de los acontecimientos le obligó a elevar a su primo Constancio Galo a la categoría de césar y colaborador suyo, y de este modo poder prestarle más atención a la insurrección de Magnencio. Un año después, éste fue derrotado en la batalla de Mursa Major, una de las más sangrientas de la historia de Roma.

Sofocada la rebelión, Constancio II ordenó el asesinato de su primo Galo, por miedo a que pudiera encabezar un nuevo golpe de estado. Durante el resto de su vida se destacó por perseguir tenazmente la religión pagana, que todavía se practicaba y contaba con buen número de seguidores a lo largo y ancho del Imperio. Sin embargo, su punto de vista era coincidente con el del arrianismo, y trató de favorecer esta rama del cristianismo frente a la oficial surgida del concilio de Nicea (325).

Tras las purgas con que el emperador había tratado de librarse de posibles enemigos, no tuvo más remedio que nombrar césar a su cuñado Juliano, casado con su hermana Helena, el único varón de su familia que permanecía con vida. Pero este nombramiento le costó caro al emperador, pues Juliano se alzó en armas y fue proclamado augusto por sus tropas en la Galia. El 3 de noviembre de 361 Constancio murió cerca de Tarso a causa de unas fiebres, dejando a su enemigo el campo expedito para proclamarse emperador del Imperio Romano y restituir la religión pagana, de ahí su apodo de «el Apóstata».

Busto del emperador Constancio II en el Museo Centrale Montemartini (Roma).

La moneda que aquí nos ocupa conmemora el cumplimiento de los votos decenales por parte del emperador Constancio II. La expresión vota tricennalia multis votis quadracennalibus viene a indicar que se han cumplido treinta años del ascenso al trono del emperador y que éste espera renovar esos votos dentro de otros diez años. Por tanto, si consideramos como fecha del inicio del reinado de Constancio II la de su coronación como césar (324), podemos deducir que esta moneda fue acuñada en torno al 354.

Otro aspecto interesante es el de la representación alegórica de las ciudades de Roma y Constantinopla, que identifica la doble capitalidad establecida por el emperador Constantino con la fundación de la segunda en el año 330, quedando Roma como la ciudad más importante en el Imperio de Occidente y Constantinopla en el de Oriente. La marca de la ceca nos indica que esta moneda fue acuñada en Nicomedia, capital de la provincia de Bitinia (actual Izmit), y las letras Bv señalan la denominación de la oficina o el taller. Una moneda acuñada en una ciudad frente a la costa del Mar Negro que aparece en el otro extremo del Imperio, en este caso en la Lusitania, da pie a interesantes interpretaciones acerca de la fluidez de los contactos comerciales, en una época que tradicionalmente se consideró por parte de la historiografía como de decadencia y de crisis, aunque la evidencia de los hallazgos arqueológicos nos vienen a demostrar más bien lo contrario.

La cantidad de datos que se pueden extraer de una simple moneda, aparte del valor material que éstas puedan tener, es lo que hace de la numismática una de las disciplinas más sugerentes y entretenidas. También, por esta misma razón, es tan importante que los hallazgos monetarios tengan lugar en su contexto arqueológico, pues fuera de él, como en el caso de los expolios que tanto proliferan de manos de desaprensivos y piratas, las monedas pierden buena parte de su valor y la información que nos pudiera haber proporcionado.

Arco de Cáparra.


Para ver otras monedas acuñadas durante el mandato de Constancio II, se puede visitar la página: http://www.wildwinds.com/coins/ric/constantius_II/i.html

La exposición «En delicada forma. 75 años del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas» se puede visitar hasta el 13 de abril en la Casa de los Caballos,
de martes a sábados: 9,00 - 14,30
domingos: 10,15 - 14,30
(entrada gratuita)

jueves, 14 de febrero de 2008

Leopoldo vive

Ayer recibí una grata sorpresa al leer en el periódico Hoy que Leopoldo, «el hombre de la bici», del que nadie tenía noticia desde hacía tiempo, se encontraba en perfecto estado de salud, y si no se sabía nada de él era porque estaba ingresado en el psiquiátrico de Mérida. Leopoldo fue el anti-héroe de mi infancia. Lo recuerdo con su inseparable bicicleta; sus varios pares de abrigos, vestido con unos encima de los otros, aunque estuviéramos en pleno mes de agosto; y aquellas barbas de ogro, aunque nunca me lo pareció, sino más bien todo lo contrario, un hombre reservado pero respetuoso y pacífico. Era un personaje singular, una especie de don Quijote sobre ruedas. Me parece que hace años un periodista logró hacerle una entrevista, pero aún así, el mayor misterio de Leopoldo continuó siendo su origen.


En una ciudad como Cáceres, tan provinciana y dada a elucubraciones, todos especulaban por qué Leopoldo un buen día había decidido disfrazarse de aquella guisa y recorrer el mundo --entiéndase su mundo por Cánovas, Gil Cordero, Avenida de Alemania, Hernán Cortes, etc.--, pocas veces montado en su bicicleta, como si no quisiera gastar neumático y la reservara para un viaje más importante. El caso es que unos decían que si era trapecista de un circo que había llegado a Cáceres hacia años, que se cayó intentando atravesar la cuerda floja y del golpe en la cabeza se quedó majara. Aunque lo más recurrente era atribuirle la profesión de afamado cirujano --pero eso sí, nacido en Malpartida--, y que en un difícil trance, tuvo que operar a su propio hijo a vida o muerte, y, desgraciadamente, éste se le fue entre las manos. Reconozco que tampoco me interesé por saber realmente quién era Leopoldo, pero quizá fue mejor así, y en mi recuerdo siempre seguirá manteniendo un halo legendario; ya que en esta ciudad, desde que Francisco de Godoy regresó de las Indias allá por el 1545, no hemos gozado de la presencia de muchos personajes mitológicos.

Hace ya varios años circuló el rumor --difundido además por la policía local-- de que se habían encontrado a Leopoldo muerto en un portal. Creo incluso recordar que me dijeron que al lado del Bingo Cánovas. Pero una vez más la mentira había tratado de eliminar a uno de nuestros hombres ilustres. Hace seis años, en verano, me encontré a Leopoldo en Mérida: su inconfundible silueta nos había abandonado por la capital de la provincia (romana, me refiero), porque, según parece, aquí unas beatas insistían en incordiarle para que se dejase asear y, continuamente, le ofrecían alimento y atenciones. Pero Leopoldo era muy suyo. Y en Mérida sigue, vivo y disfrutando de buena salud, y aunque haya aparcado para siempre su bicicleta, el mito de Leopoldo seguirá siempre presente en nuestros corazones.


El artículo al que me refiero fue publicado ayer, 13 de febrero, en el periódico Hoy:
http://www.hoy.es/20080213/caceres/nueva-vida-leopoldo-20080213.html

miércoles, 13 de febrero de 2008

... en delicada forma...


A finales de 1932, el director del entonces Museo Provincial de Bellas Artes y Arqueología de Cáceres, a la sazón don Miguel Ángel Orti Belmonte, consideraba la opción más prudente de no inaugurar las nuevas instalaciones del centro que dirigía hasta que éstas no se pudiesen presentar «en delicada forma». Pocos meses más tarde, el 12 de febrero del año siguiente, el Museo abría sus puertas en el Palacio de las Veletas. Al acto acudieron las autoridades y representantes de las fuerzas vivas de la ciudad, y antes de la visita de rigor por las flamantes salas y descender al aljibe, un grupo de alumnas de Orti, ataviadas con trajes típicos, amenizaron a los allí presentes con una exhibición de bailes regionales.

Ayer, 75 años después, se quiso rememorar la misma escena. Los componentes del grupo El Redoble cantaron y bailaron su repertorio de jotas, redobles y, por supuesto, esa danza, tribal diría yo, que tanto nos identifica y que es el candil. Tras el acto, llegaron las autoridades, aunque esta vez pocas fuerzas vivas había, y procedieron a inaugurar la exposición que precisamente venía a conmemorar el establecimieno del Museo en tan emblemático edifico hace tres cuartos de siglo.

Casi no tuve ocasión de ver la exposición, como me hubiera gustado, detenidamente, pero os aseguro que promete. Esta mañana me acercaré de nuevo y, seguramente, en los próximos días le dedique otra entrada a algún aspecto de la misma que llame mi atención. También aprovecho para felicitar otra vez, no ya personalmente sino desde el ciberespacio, a los responsables del montaje de la misma, a Primi y a Ana, y, sobre todo, a Juan, el director del Museo, a los que sé que tantos desvelos les ha provocado esta conmemoración, aunque se pueden sentir satisfechos del buen trabajo realizado.

Antes de la inauguración de la exposición, fue muy emotivo y aún más interesante escuchar a los hijos de Miguel Ángel Orti y Carlos Callejo contar como transcurrió su infancia entre los muros del Museo, cuando sus padres eran directores. Después también hablaron todos los que habían desempeñado el mismo cargo desde 1970, incluido algún profesor mío de la facultad. He de reconocer que disfruté con la oportunidad de poder escuchar, por boca de sus protagonistas, como Cáceres fue cambiando, poco a poco, durante estos últimos 75 años, para lo bueno y para lo malo, y como el Museo, que siempre estuvo ahí, fue y es el reflejo y el termómetro de buena parte su vida cultural. Me siento satisfecho de que si, por mi edad, no he conocido ni la tercera parte de los años que ayer se conmemoraban, al menos me puedo sentir identificado con gente que, antes que yo y ahora, compartió y comparte mis mismas inquietudes.

Aunque el Museo celebraba ayer el 75 aniversario de su emplazamiento en la Casa de las Veletas, no hay que llevarse a engaño y es preciso reconocer que como tal llevaba ya funcionando desde antes de 1917. En ésta fecha, la de su fundación oficial, ocupaba un exiguo espacio en una de las salas del Instituto de Segunda Enseñanza (en el edificio del antiguo colegio de los jesuitas, donde hoy se encuentran los servicios territoriales de la Consejería de Cultura). Y, aunque ayer se habló poco de ellos, no quisiera terminar esta crónica sin citar a quienes considero los verdaderos padres no sólo del Museo, sino también, y he aquí su importancia, de la Historia de nuestra querida ciudad. Me refiero a los miembros de la Comisión Provincial de Monumentos, un grupo de heterogéneo de profesores y aristócratas, que, reunidos en torno a una publicación, la Revista de Extremadura, comenzaron a hacer en Cáceres lo que hacía décadas ya se hacía en el resto de Europa: interesarse por la investigación de nuestro pasado en todos sus aspectos, desde la arqueología a la genealogía, sin olvidar la dignidad literaria y, por supuesto, sin desdeñar el trabajo de campo. No podría citarlos a todos: Publio Hurtado, Vicente Paredes… pero si de alguno hay que hacer mención obligada, ese es, por derecho propio, don Juan Sanguino Michel, que fue el primer director del Museo y quien a principios del siglo XX, en una ciudad levítica sumida en la apacible conformidad provinciana, quiso interesar a sus conciudadanos por la riqueza artística e histórica que les rodeaba, siendo el iniciador de las primeras campañas de lo que hoy llamaríamos defensa del patrimonio. Pocos fueron los que le escucharon, aunque en la actualidad muchos otros tampoco lo habrían hecho. En todo caso, su nombre debería estar escrito con letras de bronce, a falta de panteón de hombres ilustres, en el friso de la fachada del ayuntamiento, junto al de otros próceres de nuestra cultura y nuestra ciudad, como Simón Benito Boxoyo o Tomás Pulido.


La noticia de los actos de ayer en el Museo de Cáceres viene recogida en los periódicos Hoy y Extremadura.

La exposición «En delicada forma. 75 años del Museo de Cáceres en la Casa de las Veletas» se puede visitar hasta el 13 de abril en la Casa de los Caballos,
de martes a sábados: 9,00 - 14,30
domingos: 10,15 - 14,30
(entrada gratuita)

martes, 12 de febrero de 2008

Cáceres 1934

Leo esta mañana en la prensa, con gran satisfacción, que por fin, se acaba de digitalizar el archivo fotográfico de Juan Ramón Marchena y ya se puede consultar en el Palacio de la Isla, donde los investigadores e incluso --pues sería lo deseable-- cualquier cacereño nostálgico y curioso de nuestro pasado, podrá tener acceso a las más de 4.000 fotografías que componen el fondo.

El artículo con que el periódico Hoy se hace eco de la noticia, viene acompañado de la siguiente foto y, auque en el pie no lo dice explícitamente, el periodista parece que quisiera referirse a que la imagen recoge el momento de «la entrada de las tropas nacionales» en Cáceres tras el golpe de estado de julio de 1936. No es la primera vez que se confunde la fecha y las circunstancias de esta fotografía. Desafortunadamente, no se conserva ningún testimonio gráfico de aquella jornada del 19 de julio del 36, cuando un batallón al mando del comandante José Linos Lage se encaminó desde el cuartel de la Infanta Isabel hasta la Plaza Mayor, con banda de música incluida, donde se procedió a dar lectura al bando de guerra. Esta fotografía, sin embargo, corresponde también a una declaración del estado de guerra, pero fue tomada casi dos años antes, con motivo de los sucesos revolucionarios de octubre de 1934, que conmocionaron al país y supusieron el principio del fin para la República española. Los soldados que aparecen en la foto pertenecían al Regimiento Argel n.º 27 y, seguramente, algunos de ellos participaron dos años después en la sublevación militar que dio comienzo a la guerra civil.


La noticia sobre la digitalización y apertura al público del Archivo Marchena se puede leer en el períodico Hoy y en el Extremadura.

domingo, 10 de febrero de 2008

Las relaciones Iglesia-Estado

Últimamente hay bastante alboroto a cuento de las declaraciones de los obispos en contra de la política y algunas medidas del Gobierno. Tampoco debería extrañarnos esta situación, ya que desde que el Cristianismo se legalizó allá por el 313, políticos y curas siempre han andado a la greña. Pensando en esto, me acabo de acordar de un romance, quizá de los que más me gustan del ciclo del Cid, donde al héroe castellano le toca bastante los huevos que el Papa le diga lo que tiene que hacer:

A concilio dentro en Roma
el Padre Santo ha llamado;
por obedecer al Papa,
allá fue el rey don Fernando;
con él iba el Cid Ruy Díaz,
muchos señores de estado.
Por sus jornadas contadas
en Roma se han apeado;
el rey, con gran cortesía,
al Papa besó la mano;
no lo quiso hacer el Cid,
que no lo había acostumbrado.
En la iglesia de San Pedro
don Rodrigo había entrado,
viera estar las siete sillas
de siete reyes cristianos,
viera la del rey de Francia
junto a la del Padre Santo,
y la del rey su señor
un estado más abajo.
Vase a la del rey de Francia,
con el pie la ha derribado;
la silla de oro y marfil
hecho la ha cuatro pedazos.
Tomara la de su rey
y subióla en lo más alto.
Habló allí un honrado duque,
que dicen el Saboyano:
-¡Maldito seas, Rodrigo,
del Papa descomulgado,
porque deshonraste un rey,
el mejor y más preciado!
-Dejemos los reyes, duque,
ellos son buenos y honrados,
hayámoslo los dos solos
como muy buenos vasallos.
Y allegóse cabe el duque,
un gran bofetón le ha dado.
El Papa, cuando lo supo,
al Cid ha descomulgado;
oyéndolo don Rodrigo,
ante el Papa se ha postrado:
-Si no me absolvéis, el Papa,
seríaos mal contado,
que de vuestras ricas ropas
cubriré yo mi caballo.
El Papa, padre piadoso,
tal respuesta le hubo dado:
-Yo te absuelvo, don Rodrigo,
absuélvote de buen grado,
con que seas en mi corte
más cortés y mesurado.

Si se callase el ruido

La leyenda de las yeguas lusitanas

Ayer estuve de excursión en Alter do Chão, una bonita localidad en cuyas inmediaciones se encuentra el mayor criadero de caballos de Portugal, la Coudelaria Alter-Real, fundada por el rey D. João V en 1748. Durante toda la mañana recorrimos sus instalaciones y tuvimos la ocasión de admirar los ejercicios de monta y doma de los alumnos de la escuela de equitación. En los pastos de alrededor, los caballos más jóvenes disfrutaban de la vida al aire libre, mientras que en las cuadras estaban los machos elegidos para la competición y las yeguas dedicadas sólo a dar a luz. Entre éstas había un buen número de las famosas yeguas lusitanas, de la raza también conocida como garrana, características por su color tordo y complexión musculosa.


Admirando la belleza y el porte de estos animales, enseguida vino a mi mente el recuerdo del mito clásico. Quizá se trate de una de las más antiguas leyendas relacionadas con Hispania, a la que incluso Homero hace referencia en la Ilíada, y que nos cuenta que estas yeguas lusitanas eran fecundadas por el viento del Oeste, el Zephyrus, como lo llamaban los griegos. De tal unión las yeguas daban a luz unos potros veloces «como el viento», aunque solían tener muy corta vida. Los caballos lusitanos fueron admirados en las carreras que se celebraban en cada uno de los confines del Imperio romano, y era tal la pasión que se sentía por ellos que, en no pocas ocasiones, aparecen representados en mosaicos, como el tan conocido en la villa de Torre de Palma, en Monforte, muy cerca precisamente de Alter do Chão.


Recientemente, Alicia M. Canto defendía la posibilidad de que el mito de las yeguas lusitanas tuviera un trasfondo racional. La profesora de la Universidad Autónoma proponía la teoría de que podíamos estar ante un caso de partenogénesis provocado por una bacteria. Ésta, cuyo nombre científico es Wolbachia, puede desencadenar la procreación de las hembras, sin intervención de ningún macho. El resultado es que la yegua siempre va a parir una hembra, idéntica genéticamente a su madre: lo que en nuestro lenguaje cotidiano conocemos desde hace tiempo como un clon. Esta circunstancia explicaría también el porqué de la corta vida de los potros lusitanos, pues si se recuerda el caso de la oveja Dolly, los animales que hasta el momento han nacido mediante técnicas de clonación no alcanzaron en ningún caso la esperanza de vida de su especie.

Me pregunto si la Ciencia podrá explicar en adelante el significado de otros mitos, como, por ejemplo, el de las alas de Pegaso o los cabellos de serpiente de Medusa.

viernes, 8 de febrero de 2008

El poder de tu voz

Leo en el blog de Francisco Acedo que el Gobierno ha censurado un video de Amnistía Internacional y se niega a que los canales de televisión puedan emitirlo, por considerarlo «políticamente incorrecto». Yo, como la «corrección política» de cualquier gobierno me la paso por donde cada mañana echo los restos de la cena de la noche anterior, no me resisto a colgar el video e intentaré divulgarlo cuanto pueda.


Tito Pullo y Lucio Voreno


Ayer hablaba de la serie Roma. Los protagonistas, el centurión Lucio Voreno y el legionario Tito Pullo, se inspiran en dos personajes con los mismos nombres citados en los Comentarios a la guerra de Galias. Según nos cuenta el propio César, ambos eran dos valientes centuriones de la IX Legión, aunque en la serie se diga que pertenecían a la XIII:

Había en esta legión dos centuriones excepcionalmente valientes, que estaban a punto de alcanzar los primeros grados, Tito Pullo y Lucio Voreno. Constantemente discutían entre sí por ver cuál sería antepuesto al otro, y todos los años rivalizaban por los primeros puestos con el mayor ardimiento. Uno de ellos, Pullo, cuando más encarnizada era la lucha en la fortificación, dice: «¿Por qué vacilas, Voreno? ¿Qué ocasión aguardas para hacer gala de tu valor? Esta jornada decidirá nuestra disputa». Dicho esto, sale fuera de la fortificación y se lanza allí donde parece haber más enemigos. Tampoco Voreno se queda dentro de la fortificación, sino que, preocupado por lo que todos pudieran opinar, sigue sus pasos. A corta distancia, Pullo lanza su jabalina contra los enemigos y atraviesa a uno que venía corriendo de entre la multitud. Éste recibe el impacto y cae muerto. Lo protegen los enemigos con sus escudos, y todos a una disparan contra él sus dardos, cortándole la retirada. Atraviesan el escudo de Pullo y un venablo se le clava en la bandolera. Este accidente hace que se le gire la vaina. Mientras intenta sacar la espada tiene ocupada la mano derecha: se encuentra atascado y los enemigos lo están rodeando. En este difícil trance, corre en su ayuda su rival Voreno. Al punto, todo el tropel se vuelve contra él y se desentiende de Pullo, creyendo que había sido atravesado por el venablo. Voreno combate con la espada, cuerpo a cuerpo: mata a uno de ellos y obliga a los otros a retirarse un tanto. Mientras los acomete, llevado de su fogosidad, cae en un hoyo y rueda por tierra. Cercado a su vez, es ayudado por Pullo. Ambos regresan a la fortificación sanos y salvos y cubiertos de gloria, después de haber causado un buen número de bajas. De esta manera, en la competición y en la lucha la Fortuna dispuso para ambos que cada rival ayudase y salvase al otro, y que no fuera posible decidir cuál de ellos se debía anteponer al otro en valor.

(Julio César, Comentarios a la guerra de las Galias, V, 44)

jueves, 7 de febrero de 2008

La noticia a pie de calle

Por lo que se ve en Cáceres nunca sucede nada de relevancia y, cuando no hay bronca en el Ayuntamiento, se busca rellenar las páginas de los periódicos como sea:

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=353753

He-Man

Ver esto ha sido como retroceder a mi más tierna y remota infancia. También me ha hecho reflexionar sobre qué diferentes somos la gente de mi edad respecto a la generación de mis hermanos, tres o cuatro años menores, esos aún más jóvenes que crecieron con los Pokemon y la Game Boy Color.

Roma


En su momento no pude ver la serie Roma, que emitieron en la Cuatro hace más de dos años. He esperado a tener los DVDs que vienen con la Historia National Geographic para disfrutarla del tirón. Después de haberme ventilado los doce capítulos, coincido con aquellos que me la recomendaron: es la mejor serie de la historia de la televisión. También es cierto que ha sido la que más dinero ha costado.

Nunca ninguna película o serie había retratado de una manera tan profundamente realista la vida cotidiana y había relatado con tanta fidelidad los avatares políticos de los últimos años de la República romana. La serie Roma tiene un precedente en Yo, Claudio de mediados de los setenta, pero bien es cierto que ésta se basaba en las novelas del genial Robert Graves. Tampoco quisiera abrumar con argumentos que justifiquen porque considero que esta serie es la mejor que he visto por la televisión en mucho tiempo, pero es que lo tiene todo: aparte del vestuario, la ambientación y los decorados, que son lo más fidedignos posibles (he ahí los buenos asesores históricos con que habrá contado), la trama encaja perfectamente con los sucesos de las últimas guerra civiles, antes de que Roma se convirtiese en imperio; los diálogos son muy inteligentes, con algunos guiños a los textos clásicos; y la interpretación es magnífica, con actores perfectamente caracterizados y que representan a la perfección los estereotipos de los personajes más conocidos de este convulso periodo de la Historia.

No obstante, como los que me conocen saben que una de mis aficiones preferidas es destripar las películas y que mi ojo crítico disfruta encontrando errores y anacronismos, aunque, lo repito, he disfrutado como nunca viendo Roma y la considero la mejor serie de la historia de la televisión, no me resisto ha hacer algunas puntualizaciones, sobre todo respecto al tratamiento y la caracterización de algunos personajes. La personalidad y la fisonomía tanto de Marco Antonio como de Cicerón han sido bordadas. Sin embargo, sobre Catón tengo que decir que, aunque se le retrata de acuerdo con la imagen que la iconografía literaria nos ha transmitido, esto es, como un tipo severo e incorruptible, un estoico de los de verdad, no era tan mayor como lo pintan. Quizá porque se le confunde con Marco Porcio Catón, su bisabuelo, al que apodaron «el Viejo», pero lo cierto es que era más joven que Cicerón, Pompeyo e incluso que César. Otro aspecto que no aparece bien reflejado es el de la muerte de este mismo personaje: tras la derrota de Tapso, Catón decide suicidarse en Útica --por cierto, que estas escenas están rodadas en Tozeur (Túnez)--, pero la tradición nos cuenta que no falleció en el momento, sino que fue socorrido por un esclavo que, a su vez, llamó a un médico que logró detener la hemorragia que se había provocado en el vientre. Pero Catón, que deseaba haber puesto fin a su vida, para no caer en manos de César, en cuanto tuvo la ocasión de quedarse sólo, se arrancó los vendajes y con sus propias manos se extrajo los intestinos, completando de esta forma tan horrible su suicidio. Puede que los guionistas no considerasen esta cruel escena como la más idónea para la sensibilidad del espectador, y por eso decidieron suprimirla.

Sobre el personaje de César, reitero lo que ya he dicho, en este caso respecto a la interpretación del actor que hace del conquistador de las Galias: es magnífica. Su personalidad y sus actitudes son tal como, por ejemplo, las describe Suetonio. Ahora bien, se les ha escapado algo importante en la caracterización: César sufría de alopecia, que trataba de ocultar --como muchos hoy día-- peinándose desde la coronilla hacia delante su escaso pelo (Suet., Caes., XLV). En el último capítulo, cuando es asesinado por un grupo de senadores conjurados, también hay algo que no aparece. Aparte de que no le dirige a Bruto la lapidaria frase Tu quoque, filii mihi? --aunque vayamos a saber si, de verdad, le dijo eso o cualquier otra cosa--; nos cuentan las fuentes que, mortalmente herido, llegó arrastrándose hasta los pies de la estatua de su antes amigo y después enemigo Pompeyo, donde se desplomó desangrado.

Mientras espero que se me descargue del eMule la segunda temporada, podemos ir haciéndonos una idea de cómo continuarán las aventuras de Lucio Voreno y Tito Pullo, sabiendo que de telón de fondo transcurrirán los años posteriores al asesinato de César y el desarrollo de la última guerra civil entre Marco Antonio y el joven Octavio. Para ello aquí va un adelanto, aunque (lo siento) está en portugués.

Imagen de Extremadura


Desde hace más de una semana, se reparte gratuitamente en la calle un nuevo número de la revista Imagen de Extremadura (el 8, concretamente). La publicación viene acompañada esta vez por un suplemento, en el que se recogen espectaculares fotografías de nuestra región, que no son más que un aperitivo para promocionar el libro --también editado por Marca Extremadura-- donde aparecen muchas más. Tuve la suerte de que me lo regalaran en el acto del que voy a hablar; y sobre el mismo tan solo diré que, al hojearlo, uno no puede reprimir un vuelco en el corazón al ver tanta belleza plasmada en imagen. No voy a hacer propaganda ni de la revista, ni de mi tierra, pues creo que falta no les hace, ya que en ambos casos la calidad se aprecia a simple vista.

Pero si me refiero a este número de la revista es por puro egocentrismo, porque un servidor aparece en ella. En noviembre, se me invitó al edificio de la Asamblea, en Mérida, para compartir una mañana con otros jóvenes de mi misma quinta, la del 83. El motivo no era otro sino porque este año se cumplen 25 de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura, que es precisamente la edad que los jóvenes convocados cumpliremos en breve. Nos juntamos allí desde informáticos, ingenieros, un peluquero, pasando por un torero y una concejala… hasta yo mismo, de profesión arqueólogo. Tras las entrevistas y la sesión de fotos que aparecen reflejadas en el reportaje, compartimos la ocasión de hablar con el presidente de la Asamblea y, entre nosotros, pusimos en común experiencias y valoramos cómo habíamos vivido y qué habían supuesto, desde la perspectiva de cada uno, estos veinticinco años.

Para acceder a la edición digital de la revista, pincha aquí.

Las huellas de Sefarad

Ayer leí en la prensa que el Ayuntamiento había publicado un libro titulado Las huellas de Sefarad en Cáceres, con el que se pretende difundir y potenciar el rico legado cultural que la comunidad judía dejó en nuestra ciudad durante los siglos que estuvo asentada en cada uno de los dos barrios que todavía hoy se conservan: ya sea el primitivo (el que aparece en las guías, aunque sigue sin atraer lo suficiente a los turistas) o la judería nueva (desconocida para la mayoría de los cacereños, aunque, tan cerca de la Plaza, que más de uno en alguna ocasión seguro que habrá aliviado sus necesidades en cualqiera de sus esquinas).

Espero en breve conseguir algún ejemplar, sobre todo para disfrutar de la buena pluma con que mi amigo Fernando Jiménez Berrocal --como siempre sabe hacer-- habrá plasmado la ardua investigación en la que ha estado inmerso estos últimos meses.

No quiero entrar en la polémica sobre las fotos que ilustran el libro, pues, como digo, éste aún no ha llegado a mis manos. Sólo quería llamar la atención acerca de la que ilustraba la noticia de ayer y que es la que aquí muestro. La puerta que aparece tras Al Pacino no tiene nada que ver con el pasado hebreo de Cáceres. Corresponde a lo único que queda en pie del cementerio musulmán, que se creó en la guerra civil para enterrar a los soldados moros que combatieron en el ejército de Franco.

Precisamente el pasado Día de los Santos, me hicieron una entrevista para Televisión Española en este mismo lugar, donde tuve la ocasión de hablar al respecto. Para el que no lo sepa, este cementerio musulmán se encontraba en las traseras del municipal, justo en el lugar donde recientemente se ha construido el crematorio. Según pude averiguar, leyendo el libro de registro del cementerio, en él se enterraron un centenar de soldados magrebíes fallecidos durante la guerra civil. El que a ambos lados del arco de herradura de esta puerta aparezcan sendas estrellas de seis puntas, no tiene nada que ver con la fe hebraica ni con el pasado judío de nuestra ciudad.

La noticia y la fotografía aparecieron publicadas ayer, 6 de febrero, en el periódico Hoy: http://www.hoy.es/20080206/caceres/critica-libro-sobre-caceres-20080206.html

De regreso

Hace exactamente un año inauguré este blog con la ingenua intención de que, al menos cada semana, podría escribir un par de entradas, y que, según me sintiera inspirado, hablaría aquí de uno u otro tema, ya fuera sobre lo personal o sobre lo ajeno, sobre lo humano o sobre lo divino, sobre lo cercano y conocido o acerca de lo universal e ignorado. Al final, el 2007 ha resultado ser un año intenso, me habrían sobrado motivos para redactar líneas y líneas, pero si no lo hice fue por falta de tiempo, por dejadez, o por ambas.

2007 será un año que recordaré con especial cariño. En este tiempo he disfrutado con mi trabajo en el Museo de Cáceres y, gracias a esta circunstancia, fue publicado mi primer libro. También terminé (al fin) y pude presentar mi Memoria de Licenciatura, un trabajo del que me siento muy satisfecho, con el que me he recreado investigando y escribiendo (y quizás por eso he tardado tanto), y que de aquí a un tiempo espero completar y enriquecer, para que también vea la luz en una futura publicación. Y así podría seguir enumerando actividades y circunstancias, que me hubiera gustado plasmar y compartir en este blog, pero que precisamente, al haber sido tantas y estar tan ocupado, me arrastraron a olvidar este proyecto que me planteé hace un año.

Espero en las próximas semanas poder echar la vista atrás, para rescatar del naufragio algunos recuerdos de este año que se marchó; aunque al principio parecía eterno, luego resultó ser como el amor, efímero y evanescente. Sólo el recuerdo nos puede salvar de que Saturno, amenazante con su guadaña y su reloj de arena, nos devore como a uno de sus hijos.