viernes, 28 de marzo de 2008

Continúa la represión en el Tíbet

Desgraciadamente la situación no parece que haya variado mucho desde hace unas semanas para acá. A pesar de las declaraciones del Dalai Lama, que amenazó con «dimitir» si continuaba la violencia, los disturbios se han seguido sucediendo en las calles de Lhasa y otras ciudades del país. Como ya comentaba en una entrada anterior, el gobierno chino mantiene un férreo control informativo e, incluso, ha llegado a vetar qué información y qué imágenes podían distribuir portales de Internet como Yahoo y YouTube, siendo lo más grave que las compañías han accedido a las exigencias de retirar algunos contenidos. ¿Por qué? Muy sencillo: el mercado es el que manda y en China viven 1.300 millones de chinos, y muchos de ellos ya cuentan con ordenador y pagan su tarifa plana.

Apenas hay datos, los telediarios pasan por encima de las informaciones, aunque poco a poco se han ido colando imágenes que hablan por sí mismas. Mientras en algunos países, como India o Nepal, también se reprimen con brutalidad las manifestaciones de los exiliados tibetanos; algunos líderes mundiales ya han propuesto, aunque tímidamente, que de no solucionarse la crisis del Tíbet y seguir vulnerándose los derechos humanos en China, estarían dispuestos a boicotear los Juegos Olímpicos. En concreto, tales declaraciones corresponden al presidente francés, Nicolás Sarkozy, a quien precisamente no le profeso mucho aprecio, todo lo contrario que a su mujer… Pero ese es otro tema.

Algunos atletas han afirmado que no piensan participar en los Juegos Olímpicos, entre ellos el plusmarquista etíope Haile Gebrselassie, medalla de oro en las maratones de Atlanta y Sydney, aunque entre las razones que ha dado para no acudir a los juegos pesa más la contaminación atmosférica de Pekín, que según dice podría afectar a su salud.

En fin, como los telediarios están bastante ocupados con el frío que hace o deja de hacer estos días o con el reparto de la Mesa del Congreso, aquí van algunas imágenes que he podido encontrar, donde se demuestra la brutalidad de la represión de las fuerzas militares chinas y cómo sus países vecinos también hacen todos lo posible por acallar las protestas de los exiliados tibetanos.









Por cierto, me acabo de acordar: ¿sabíais quién fue el primer europeo que llegó al Tíbet? Pues un jesuita portugués, António de Andrade (1580-1634), que nació en la villa de Oleiros, muy cerca de Castelo Branco y, por tanto, de la provincia de Cáceres. Perdonadme la digresión histórica, pero me salen solas…

La manipulación y la ocultación informativa respecto al asunto del Tíbet es tal que en la página de vídeos de YouTube si haces una búsqueda relacionada, lo primero que aparece es la siguiente apología de la anexión, obra, sin duda, de algún agente del gobierno chino.



Algunos mapas históricos que se incluyen en este intento de documental son completamente falsos. China no ejerció ninguna influencia política sobre la región del Himalaya hasta el siglo XVIII, pero aun poco después fue sustituida por el protectorado británico. Antes, allá por el siglo XIII el Tíbet había formado parte del imperio mongol; pero los mongoles, lejos de la imagen de saqueadores que nos transmite la historiografía tradicional, gobernaron con benevolencia tanto ésta como otras regiones, promocionaron la cultura tibetana y llegaron a adoptar la versión del budismo que se practicaba por estas tierras, difundiéndola a la postre por el resto de Asia. El budismo mahayama es hoy día el mayoritario en el resto del mundo, incluso en la oficialmente atea China, mas que les pese a sus gobernantes. Hasta el siglo XVII, el Tíbet continuó siendo regido por dinastías mongolas independientes, que dieron su respaldo a la supremacía religiosa y moral del Dalai Lama, que actuaba como una especie de moderador entre los distintos nobles y regiones. Para ver un resumen más completo de la historia del Tíbet, se puede consultar la siguiente entrada de la Wikipedia.

Ahora bien, si en esta cartografía lo que se pretendía era plasmar que las rutas comerciales que por allí pasaban y ponían en relación a China con el resto del mundo, por las mismas, los límites del Imperio Romano deberían incluir al reino de los Partos o los desiertos de Arabia. El tránsito continuado por las rutas comerciales no quiere significar necesariamente que tenga que haber un control efectivo sobre las mismas.

Es muy fácil tratar de engañar al personal cuando se habla sobre asuntos que no son bien conocidos por la mayoría; más aún, cuando se utiliza la demagogia para equiparar procesos históricos que nada tienen que ver, como si la situación del Tíbet se pareciera en algo a la de los Balcanes, Canadá o, incluso, el País Vasco. Esto, además de falso, demuestra un resentimiento y una maledicencia superlativa. Por último, el argumento de que China ha traído el progreso y el desarrollo a una región secularmente pobre como el Tíbet no lo voy a discutir, pero servirse de ello para justificar el exterminio cultural y la represión, no nos llevaría sino a defender el colonialismo europeo del siglo XIX o el expansionismo de los nazis, por poner dos ejemplos.

Mapa en el que se muestra el Tíbet histórico, hoy dividido entre las provincias chinas de Qinghai, Sichuan y la región autónoma del Tíbet.